Madrid dividida como Berlín: ¿y si tras la Guerra Civil España se hubiera partido en dos?
  1. Cultura
libros

Madrid dividida como Berlín: ¿y si tras la Guerra Civil España se hubiera partido en dos?

Una sugestiva novela del periodista Luis Prados de la Escosura plantea la hipótesis de una España separada tras la contienda entre una dictadura comunista y una monarquía clerical

placeholder Foto: Vista panorámica de la Plaza del Sol vacía. (Foto: Hotel Europa Madrid)
Vista panorámica de la Plaza del Sol vacía. (Foto: Hotel Europa Madrid)

Año 1950: España es un país hambriento y miserable. Y dividido. El estancamiento del frente del Ebro en 1938 acabó alargando la Guerra Civil Española hasta convertirla en un episodio regional de la devastadora Segunda Guerra Mundial. Al concluir finalmente esta en 1945, las potencias aliadas decidieron dividir el país en dos pues "allí ya no es posible ni la venganza ni el perdón". Una diagonal que iba desde Navarra a Cádiz separaba la zona oeste, bajo una monarquía parlamentaria confesional y corrupta con don Juan como jefe del Estado, de la zona este, en la que imperaba la República Democrática Española (RDE), una dictadura comunista de obediencia soviética dirigida con puño de hierro por Enrique Líster. El católico País Vasco y la liberal Cataluña —con su autonomía erradicada— son los respectivos polos industriales de cada una de las dos zonas. ¿Y Madrid? En Madrid hay un muro que parte la capital en dos. 'El muro de Madrid'.

Tal es precisamente el título de la novela del periodista Luis Prados de la Escosura en Turner que desembarca esta semana en las librerías. Se trata de una ucronía brillante cuya imagen de un Madrid fracturado entre regímenes ideológicamente irreconciliables brinda una potente metáfora renovada al cariz de los últimos acontecimientos políticos ocurridos en la comunidad tras la reciente convocatoria electoral y el planteamiento guerracivilista de la campaña en la que los bandos enfrentados se acusan de "comunistas" o "fascistas" sin rubor. El autor confiesa a El Confidencial que le motivó precisamente "la extrema polarización política que sufrimos".

Intentar revivir batallas perdidas o ganadas desde la comodidad del presente es convertir la tragedia de millones en la farsa de unos pocos

"He intentado", prosigue Prados, "mediante un contrafactual, un 'qué hubiera pasado sí...', describir hacia donde puede conducir la frivolidad y la irresponsabilidad de los políticos que alimentan la mentira y el odio, dos conceptos que como decía Camus están muy relacionados. Intentar revivir las batallas perdidas o ganadas hace décadas alegremente desde la comodidad del presente es convertir la tragedia de millones en la farsa de unos pocos. Es injusto y peligroso. Hace unos meses oí a Eduardo Madina decir que él veía la democracia española como 'un largo proceso de paz'. Me gustó la idea y por eso creo que es de locos lo que estamos viviendo".

placeholder 'El muro de Madrid'. (Turner)
'El muro de Madrid'. (Turner)

Existe cierta tradición literaria de ucronías ibéricas que juegan con la posibilidad de un resultado distinto de nuestra guerra civil, aunque no tan abundante como la mucho más trillada variante de una victoria nazi tras la contienda mundial. Novelas de calidad desigual como 'El desfile de la victoria', de Díaz Plaja, 'Los rojos ganaron la guerra', de Vizcaíno Casas, 'En el día de hoy', de Jesús Torbado, 'El coleccionista de sellos', de César Mallorquí o 'Historia de la Segunda República Española', de Víctor Alba. La originalidad de Prados de la Escosura pasa por imaginar un final en tablas y por servirse de la cruda realidad histórica del Berlín dividido y su ominoso muro para trasladarla a Madrid, ese "rompeolas de todas las Españas".

Las armas y las letras

¿Y nuestros intelectuales, cómo ha quedado la dialéctica de "las armas y las letras" que acuñó felizmente Trapiello? Resume el autor: "Ortega y Gasset, Salvador de Madariaga, Ramón Menéndez Pidal y Josep Pla, que había abandonado su aislamiento en el Ampurdán para refugiarse en las montañas asturianas, daban brillo intelectual a la mitad monárquica; Rafael Alberti, León Felipe y Miguel Hernández imponían su dominio cultural en la otra mitad. Muchos se mantenían a la espera en el exilio como Américo Castro, Juan Ramón Jiménez, Luis Cernuda o Manuel Chávez Nogales, por citar unos pocos. Otros malvivían en un exilio interior como eran los casos de Antonio Machado, Max Aub o Arturo Barea en la zona republicana, y había quienes daban lustre de libertad artística a la RDE con su surrealismo, como Salvador Dalí o Luis Buñuel".

El muro de Madrid separa las dos zonas erizado de alambradas y torres de vigilancia

Sí, el panorama con el que arranca la novela es desolador. Como lo fue el Berlín comunista de la RDA, Madrid oriental es también aquí la capital republicana, privilegio que detenta Valladolid en el lado monárquico. En el palacio de Correos ondea la bandera roja y en sus cercanías nos encontramos con el diario 'Ahora', órgano del Gobierno. El muro de Madrid separa como una cicatriz zigzagueante las dos zonas erizado de alambradas y torres de vigilancia. Arranca en Ventas, tuerce en la plaza de Manuel Becerra hacia el noroeste, baja por Diego de León, atraviesa la plaza de Emilio Castelar, sube luego hasta Arapiles cortando Chamberí y concluye en Moncloa. Y en este escenario divisivo y estremecedor se va a desplegar la historia de amor de los protagonistas: el periodista Fermín Salvatierra que intenta eludir la censura comunista y la espía de la España monárquica Elena Arizmendi.

¿Amenazan a Madrid nuevamente los vientos de la división y de la 'stasis' con sus ráfagas de consignas y su consideración del enemigo como alguien a aniquilar? Concluye Prados: "Ese eslogan de 'comunismo o libertad' me parece un completo disparate, una disyuntiva falsa y un ejemplo más de la retórica vacía de la mayoría de nuestros políticos, que, por supuesto, llevan ya tiempo jugando con fuego. Habría que recordar que fue el PCE quien impulsó la política de reconciliación nacional, nada menos que en 1956, y que, tras grandes desgarros, las familias españolas fueron capaces de superar la guerra dos veces, tanto la que se libra en los campos de batalla como la que se libra en el recuerdo, para que ahora pretendan imponernos semejante tergiversación del pasado. Mi libro trata de defender la idea de que solo desde la reconciliación nacional puede prosperar la democracia española, que los españoles no son tan distintos entre sí ni nuestra historia más desgraciada que la de otros países. Como escribía hace unos días Nacho Torreblanca, la democracia es una cuestión de mayorías, no de mitades extremistas".

Libros Literatura Madrid Berlín
El redactor recomienda