Carme Pinós: "Parece que los arquitectos hoy solo rehabilitamos y no, hay que tirar cosas"
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Carme Pinós: "Parece que los arquitectos hoy solo rehabilitamos y no, hay que tirar cosas"

'Escenarios para la vida' es la primera exposición de una arquitecta en España. Se puede ver hasta el 9 de mayo en el Museo ICO de Madrid

placeholder Foto: La arquitecta Carme Pinós. (ESTUDIO CARME PINÓS)
La arquitecta Carme Pinós. (ESTUDIO CARME PINÓS)

Carme Pinós (Barcelona, 1954) es una de las arquitectas más reputadas de nuestro país y hacía tiempo que su obra pedía una retrospectiva. Ahora se puede ver en el Museo ICO de Madrid, que en 'Carme Pinós. Escenarios para una vida' ha reunido 80 trabajos realizados por su estudio más los ocho que llevó a cabo junto a Enric Miralles en los años ochenta. De estos, como el cementerio de Igualada o el centro social La Mina, solo se exponen las imágenes. Sin embargo, la muestra, organizada de forma laberíntica entre maquetas, planos y fotografías y comisariada por Luis Fernández-Galiano, se centra especialmente en el trabajo que emprendió en 1991 cuando abrió su propio estudio. Se pueden ver algunas de sus obras más icónicas, como las que ha realizado en México, donde es hoy una arquitecta prestigiosa tras trabajos como la Torre Cube, pero también el Caixafórum de Zaragoza o la Escuela Massana de Artes y Diseño de Barcelona. Es la primera exposición que se hace de una arquitecta en España.

En esta entrevista que atiende por teléfono, Pinós habla de sus inicios con Miralles, la etapa mexicana y cómo fue difícil abrirse camino, incluso en los tiempos de la euforia arquitectónica española. También de qué nos deparará el futuro y hacia dónde van las ciudades tras la pandemia. La arquitecta no se muestra muy optimista ante posibles cambios. Al contrario, cree que todo obedece a una lógica anodina del mercado y así no hay espacio para la creatividad.

PREGUNTA. La exposición comienza con imágenes de las obras que hizo junto a Enric Miralles. ¿Cómo ve estas primeras obras con perspectiva?

RESPUESTA. Fue una época gloriosa. Fue la época en la que la democracia empezaba, en los años ochenta, y había muchas cosas que hacer en España. La arquitectura no tenía tantas reglas como tiene ahora, hay muchos proyectos que sería muy difícil hacerlos ahora. Había mucha confianza en la gente joven, se nos dio una responsabilidad… Cuando nos dieron estos proyectos teníamos alrededor de 30 años. Fue una época muy clara de euforia en España. Había que hacer muchas cosas, escuelas, cementerios… todo estaba por hacer en lo público. Y nosotros con Enric lo abordamos con mucha libertad y también con responsabilidad, pero de una manera muy fresca.

"En los 80 había muchas cosas por hacer. La arquitectura no tenía tantas reglas, muchos proyectos sería muy difícil hacerlos ahora"

P: ¿Cómo fue empezar de nuevo y, además, en una época muy distinta?

R. No fue nada fácil. Continué trabajando igual, haciendo concursos, no ganando. Sí que hice el Puente de Preter, que costó bastante tiempo. El proyecto se hizo, pero después hubo cambios políticos… Es lo que siempre nos pasa a los arquitectos que trabajamos para la Administración, que cada Gobierno de un color tiene sus ideas y tienes que empezar desde una tabla rasa… Bueno, pues con el Puente de Preter tuve que lidiar con varios gobiernos y al final lo acabé…, pero tardé bastante tiempo en levantar la cabeza. Me ayudó mucho México. Me llamaron para formar parte de un equipo de arquitectura internacional. Teníamos que hacer un gran proyecto en Guadalajara y se me escogió a mí. Es verdad que había pocas mujeres entre las que escoger y querían a una mujer y tuve la suerte de que se fijaran en mí. Este gran proyecto no se llevó a cabo, pero sí que me dio otros clientes como el de la Torre Cube, que confió plenamente en mí y le encantó la propuesta que le hice. Para mí significó un punto de inflexión en mi carrera porque me hice más creíble. Con Torre Cube pude hacer un proyecto que tuvo gran repercusión.

placeholder La exposición 'Escenarios de una vida' en el Museo ICO. (MUSEO ICO)
La exposición 'Escenarios de una vida' en el Museo ICO. (MUSEO ICO)

P. ¿Cómo fue trabajar en México? Se lo pregunto, sobre todo, porque como me decía, no había por entonces muchas arquitectas.

R. Pues fue muy bien. Son dos socios y ahora estoy acabando una casa muy grande para uno de ellos. Creo que en Latinoamérica, cuando se confía, se confía. Recuerdo hace muchos años que la directora de la Universidad Católica de Santiago de Chile, que es una de las más importantes, era una mujer de origen catalán. Se llamaba Montserrat Palmer. Era el 91-92 y España apenas tenía profesoras en la universidad. En Sudamérica cuando estás en un nivel eres como los reyes… Es decir, yo no me sentí nunca que se me consideraba… Yo había entrado en un grupo de arquitectos internacionales con prestigio y se confió en mí desde el inicio.

P. Y, por tanto, no entra tanto en juego el género. ¿La clase social?

R. No sé si se puede decir así. No es tanto la clase social sino el grado académico o el prestigio. Pero no me sentí nunca cuestionada en México por ser mujer.

P. ¿Y en España?

R. Bueno, en España el camino ha sido duro. Pero nunca me he parado a pensarlo. Simplemente he trabajado. Es algo que pienso ahora. Si me cuesta me he esforzado más y he vuelto a intentarlo. No busco excusas ni me quejo, simplemente trabajo. Y trabajo también para las generaciones que vienen.

"En España el camino ha sido duro. Pero nunca me he parado a pensarlo. Simplemente he trabajado. Es algo que pienso ahora"

P. Desde luego, el número de mujeres que hay ahora en la arquitectura no tiene nada que ver con el de hace cuarenta años. De hecho, es una de las carreras de ciencia y tecnología más paritaria.

R. Claro, es que ya no hay vuelta atrás. La mujer dentro del ámbito del trabajo ya no hay vuelta atrás. Puede haber coletazos de gente conservadora, pero es imposible tirar atrás. Además es que la sociedad lo necesita. La agresividad, la competitividad, la poca flexibilidad… en este mundo tan abstracto que hemos creado, las mujeres creo que tenemos más empatía, somos más sensibles, sabemos mirar hacia otros lados, eso el mundo lo necesita. Somos imprescindibles para que avancen las cosas.

placeholder Carme Pinós en la exposición. (MUSEO ICO)
Carme Pinós en la exposición. (MUSEO ICO)

P. Nada que ver con cuando usted empezó.

R. Es que no había demasiada tradición de mujeres arquitectas. Ni siquiera de parejas. Ahora en las universidades el porcentaje de mujeres es muy elevado. Y de grupos mixtos está lleno. También todo esto ha cambiado porque el mundo de la arquitectura se ha vuelto muy complejo y la figura del arquitecto como el Don Quijote que lidiaba con todo ha desaparecido un poco. Hay pocas firmas que sean un solo arquitecto. Generalmente son asociaciones y muchas de ellas son mixtas.

P. ¿Usted por qué decidió estudiar Arquitectura?

R. Me fascina ser arquitecta. Y me fascina la responsabilidad de serlo. La arquitectura es el ámbito en el que nos relacionamos, el ámbito donde socializamos. Y los arquitectos tenemos esta responsabilidad de hacer que las relaciones sean… Tenemos en nuestras manos la posibilidad de dignificar a la sociedad. Hacer un mundo mejor. Pero el arquitecto en el fondo tampoco tiene tanto poder. Si hay un mercado que está presionando, hay políticos que no quieren riesgos y van a arquitecturas estándar… tenemos una gran capacidad de hacer cosas, pero después hay otros factores que nos condicionan muchísimo. Entre que el arquitecto siempre está del lado del poder y muchas veces se deja corromper... El mercado tira por un lado, los políticos por otro, muchas veces por querer demasiado monumento y el mercado que da el rendimiento es demasiado a corto plazo, y como el arquitecto está en el medio muchas veces se vende y no son lo que les toca ser.

P. Ahora que dice los de venderse... precisamente a finales de los noventa y en los dos mil las administraciones empezaron a encargar edificios monumentales que después no tenían ningún uso, surgieron algunos arquitectos "estrella", todo el mundo quería tener su museo, su ópera, su ciudad del cine...

R. En esto el Guggenheim de Gehry en Bilbao marcó un antes y un después. Se vio que esta arquitectura espectáculo era capaz de detonar la reconstrucción de una ciudad. Era el reclamo para que la gente fuera… Bilbao cambió. Y todo el mundo quería un Guggenheim. Todo el mundo quería esos detonantes que a veces eran ruido hueco de contenido. Fue un fenómeno también de la euforia, había dinero… Pero después se ha visto que la mayoría han sido fracasos que llevaban también un estilismo hueco. Yo reivindico la arquitectura singular, pero llena de contenido. Las ciudades se hacen con elementos con los que la ciudadanía se identifica porque es la que detona la actividad. Y puede ser un museo, una ópera, una iglesia… Y esto no puede ser anodino, como son las casas, deben ser elementos con los que la ciudadanía se identifique. Pero empezaron a hacer estos grandes gestos simplemente para ser consumidos con la mirada, para atraer público y muchas veces no llegaron ni a atraer el público. Pero fue la euforía de unos años… Ahora, sin embargo, se ha vuelto hacia el otro lado. Se pide discreción y que no se vea. Y ni una cosa ni otra.

"El Guggenheim marcó un antes y un después. Se vio que esta arquitectura espectáculo era capaz de detonar la reconstrucción de una ciudad"

P. ¿Ha adquirido un mayor valor cultural que quizá se había perdido con esa arquitectura espectacular y más politizada?

R. Bueno, la política es un bien. Si no hubiera políticos habría dictadores. Tenemos que reivindicar la buena política y a los políticos como personajes a nuestro servicio. Cualquier acto social también es político. Y los edificios responden a maneras de entender la sociedad.

P. ¿Y qué sociedad está reflejando ahora la arquitectura? Me decía antes que se pide más discreción y que no sean edificios tan espectaculares.

R. Hay un rebote… se ha ido al extremo, hacia una arquitectura discreta, que no se note… Es verdad que se ha de rehabilitar, no podemos continuar construyendo, construyendo, construyendo, pero tampoco es aquella cosa de que la arquitectura ahora se limite a rehabilitar. Habrá cosas que valga la pena rehabilitar, pero otras valdrá la pena tirarlas y empezar de nuevo. Ahora la arquitectura parece que está en todo rehabilitar… y no, tenemos que tener expresión de nuestra época y si un edificio no está bien pues sin complejos se tira y se hace una obra nueva.

placeholder Carme Pinós. (MUSEO ICO)
Carme Pinós. (MUSEO ICO)

P. Es cierto que hay movimientos ciudadanos bastante fuertes para que no se tire prácticamente nada.

R. Pues habrá cosas que no se tendrán que tirar y otras que valdrá la pena empezar de nuevo, porque si no, ¿qué pasará?, ¿que no tenemos expresiones de esta época?

P. Ahora estamos en una pandemia… ¿esto va a cambiar la arquitectura y el urbanismo que hemos tenido hasta ahora?

R. Para que cambien la arquitectura y el urbanismo ha de cambiar la sociedad. Mientras la sociedad lo único que quiera es rentabilidad a corto plazo, el mercado continúe marcando las pautas de nuestro existir, nada cambiará. Ha de cambiar la sociedad, los valores de la sociedad para que cambie la arquitectura. Los arquitectos en el fondo somos unos mandados y el cliente nos viene con unos conceptos muy claros y nosotros tenemos un margen, pero mientras no haya debate sobre cuál ha de ser nuestra ciudad… Y no solo los políticos, sino los ciudadanos tenemos que reivindicar una ciudad más amable, un espacio público más para todo el mundo…

"Ahora la arquitectura parece que está en todo rehabilitar… y no, si un edificio no está bien pues sin complejos se tira"

P. Bueno, sí que está en la conversación que quizá vayamos menos a las oficinas, haya un uso más local de los recursos, mayor proximidad… Y esto no sé si va a afectar al tipo de viviendas.

R. Parece que el mercado ahora está pidiendo casas más grandes aunque la gente tenga que irse un poco más lejos porque confían en el teletrabajo. Lo que pasa es que esto del teletrabajo, y lo digo por propia experiencia... no hay como intercambiar de forma presencial… Ahora en el estudio yo dejo trabajar en teletrabajo, pero a la gente le gusta venir y estamos todos con mascarilla. Haces el café, comentarios… Lo presencial es insustituible. Lo que pasa es que sí que descubres que se puede ser más flexible. No tiene que ser todo de 8 a 8. En un momento dado el teletrabajo te puede permitir, y lo digo porque así funcionamos nosotros ahora, acabarlo en casa. Estamos siempre con los ordenadores conectados y cualquier pregunta yo puedo entrar en su ordenador… Por tanto, creo en la flexibilidad. No todo se va a hacer en el teletrabajo porque si no la gente se volvería loca, pero habrá más flexibilidad. Y los empresarios tienen que confiar también en la gente. A mí lo que me preocupa es que todo se vea en clave de rentabilidad. Ayer me explicaban que un banco mandó una orden a sus trabajadores para el teletrabajo, y una chica dijo que no podía porque tenía allí al marido, a los niños… Al final acabó yéndose a casa de su madre porque allí tenía una habitación. Es decir, mientras la sociedad no cambie y que lo más importante sean los valores humanos y no la rentabilidad, vamos a estar en el mismo sitio.

"La evolución de la ciudad ha de ir por una reivindicación del espacio público más humano y una reducción de cada persona un coche"

P. Pero, por ejemplo, estamos viendo que hay ciudades europeas que están adaptándose para un mayor uso de la bicicleta. En España también se utiliza más, aunque hay ciudades como Madrid que todavía no han implementado nada en ese sentido. ¿El futuro es la ciudad de las bicis y no de los coches?

R. Es evidente que la evolución de la ciudad ha de ir por una reivindicación del espacio público mucho más humano y una reducción del individualismo; es decir, cada persona un coche. Tener más conciencia de comunidad. Y no decir mientras yo vaya caliente que se ría la gente, y mi coche, mi casa, mi oficina. No. El espacio más humanizado son las bicicletas.

P. ¿Pero esa es la transformación? ¿Qué pasará con los coches?

R. En Barcelona ya se está planteando… Entre otras cosas porque también hay una presión de la Unión Europea por la contaminación que tenemos en las ciudades, que es insufrible. La presión ya es global y la contaminación se tiene que cortar y con la actitud de todos, yendo en bicicleta, yendo más a pie, utilizando el espacio público… Una ciudad en la que se pueda pasear y no sea todo en situación de riesgo.

placeholder La exposición en Madrid. (MUSEO ICO)
La exposición en Madrid. (MUSEO ICO)

P. En la exposición, por cierto, habla de la sala de juegos, que es donde están las maquetas y usted dice que el arquitecto tiene que usar las manos y tiene que jugar. Me ha parecido interesante esto, sobre todo ahora que está todo tan tecnologizado.

R. En el sentido de hacerlo todo con alegría porque cuando juegas también te dejas llevar por el entusiasmo de descubrir cosas. Ese espíritu de alegría en el trabajo y de investigación. Y con las manos cuando haces una maqueta tienes una mayor percepción de lo que estás haciendo. Cuando trabajas en un ordenador, aunque trabajes en 3D, estás trabajando en 2D porque la pantalla es plana. La percepción total del edificio, de la volumetría, la tienes cuando estás haciendo maquetas. Tienes mucha más conciencia de lo que estás haciendo cuando ese edificio eres capaz de transformarlo en una pequeña maqueta que expresa claro lo que se está pretendiendo. Te ayuda a pensar. En un ordenador todo son líneas planas y abstractas. En un plano tú lo doblas con la mano; en el ordenador tienes que tocar no sé cuántas teclas y eso no hace que la cosa sea tan sensual ni tan directa.

"Ahora nadie quiere riesgos. Los concursos… es un drama. Porque para hacer un museo te piden que hayas hecho cinco los últimos cinco años"

P. Al principio hablábamos de esa frescura e innovación que había en los ochenta por parte de los clientes que os encargaban los trabajos. ¿Y ahora?

R. Ahora nadie quiere riesgos. Los concursos… es un drama. Porque para hacer un museo te piden que hayas hecho cinco los últimos cinco años. ¿Quién ha hecho eso? Solo las grandes empresas, que son muy anodinas. Todo se hace mucho más estándar. La creatividad siempre es coger riesgos y no hay.

P. ¿Vamos hacia ciudades más homogéneas y no solo por las marcas?

R. Absolutamente. Hace unos años viajé a Ámsterdam para ver las viviendas que habían hecho; me emocioné, era magnífico. Y fui el año pasado y me decepcionó todo lo nuevo que habían hecho. Todo es estándar. Ya no estaba en Ámsterdam, estaba en cualquier sitio.

"Los arquitectos no nos hemos levantado desde 2008. Ha habido una degradación de la profesión"

P. Habrá que ver si esto la pandemia lo cambia o lo acentúa.

R. La crisis del 2008 acentuó todo esto. Se decía con esta crisis aprendemos. Y no. Potenció aún más el sistema neoliberal, mucha más competitividad… Los arquitectos no nos hemos levantado desde 2008. Ha habido una degradación de la profesión, un no querer riesgos… La pandemia no sé a dónde nos va a llevar, pero de momento de lo que veo nada me da pistas de que se quiera cambiar. El mercado está esperando volver a ponerse en marcha y…vamos a ver.

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