¿Televisión basura? Por qué todas las series que veo en Netflix se parecen
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¿Televisión basura? Por qué todas las series que veo en Netflix se parecen

Netflix arrasa en las nominaciones de los Globos de Oro, pero también se está haciendo con el mercado de un tipo de cine de clase media hecho para gustar en todo el mundo

placeholder Foto: Edificio de Netflix en Los Ángeles. (EFE)
Edificio de Netflix en Los Ángeles. (EFE)

Una noche más. La aplicación de Netflix se abre y el usuario medio revisa los carteles de las películas que podría ver esa noche. Entre clásicos básicos y novedades, algunos títulos de producción propia. Desde su popularización hace menos de 10 años, Netflix se ha convertido no solo en la mayor distribuidora de cine y series del mundo, sino que también se ha erigido como una de las productoras más exitosas del mundo: en los próximos Globos de Oro, ha recibido 22 nominaciones en las categorías cinematográficas y 20 en las televisivas. Además, también ha convertido —gracias a su presencia en 190 países— películas locales, como 'Bajocero', en fenómenos internacionales: el 'thriller' de Lluís Quílez protagonizado por Javier Gutiérrez consiguió el top uno de la plataforma en todo el mundo. Netflix es la mayor pantalla para muchas producciones ajenas a la industria anglosajona que sortean la barrera idiomática y cultural y que acaban encontrando un público en Estados Unidos, en Alemania y en Japón, sin estar dirigidas por autores consagrados ni arrasar en la temporada de premios. ¿Cómo es esto posible?

Pero, ¿no he visto yo antes 'Bajocero' en algún sitio? Más allá de los grandes éxitos de autor anunciados a bombo y platillo, hay una sensación de que muchas de las películas locales originales de Netflix se parecen demasiado unas a otras. ¿Por qué 'The Decline', 'thriller' canadiense; 'Hogar', 'thriller' español; y 'Lost Bullet', 'thriller' francés, podrían ser primas hermanas? ¿Existe una fórmula Netflix que hace que muchas de sus películas se parezcan? "Hay un modelo de 'thrillers' violentos o eróticos con una narrativa muy televisiva, todos muy sobreproducidos y con un claro esfuerzo de 'grand gignol' que Netflix está explotando de manera muy efectiva", explica Luis Martínez, crítico de cine de 'El Mundo'. "Son producciones que están disolviendo las identidades. Disuelven aquello por lo que el cine europeo, por ejemplo, recibe subvenciones: la excepción cultural. ‘Bajocero’ podría haberse hecho en cualquier otro país. Son películas de código universal, películas de fórmula 'glocal' —que aúnan lo global y lo local—, fenómenos locales que de repente explotan internacionalmente y transmiten a la vez esa sensación de comunidad universal, porque atienden a unas reglas que les sirven a todos pero también ofrecen particularidades que los hacen exóticos. Al final todas las películas, se hagan donde se hagan, acaban pareciéndose demasiado, acaban siendo la misma película".

placeholder Javier Gutiérrez, en otro momento de 'Bajocero'. (Universal/Netflix)
Javier Gutiérrez, en otro momento de 'Bajocero'. (Universal/Netflix)

Netflix está construyendo su propia cantera de realizadores jóvenes y solventes que tienen la oportunidad de dirigir sus primeras películas al amparo de la plataforma. Estas producciones son mucho más rentables que cualquier película de gran autor que exija un presupuesto abultado porque, además, llegan a un público más amplio que busca entretenerse delante de la pantalla. La clave es que consiguen hacer éxitos mundiales sin gastarse el dinero de taquillazos como 'Los vengadores' que se hacen con el mercado global por avasallamiento. "Son las películas que se amoldan a un patrón", prosigue. "Suelen ser proyectos locales, de género y que reúnen una serie de características muy establecidas, aunque no me atrevo a aventurar que sigan un patrón narrativo. Todas son películas sobreproducidas, de género, pero casi paródico, porque están totalmente pasadas de rosca, y con una gran presencia de actores locales tipo Mario Casas o Javier Gutiérrez. Son películas muy protocolarias en su exageración. 'Bajocero' es el ejemplo: es un producto hecho para lucirse y con unos patrones estéticos muy estrechos que los exagera. Ha conseguido una marca pero para mal, en este caso. Es un cine popular con una serie de fórmulas: son reiterativas, el guion da más vueltas de las que debe dar, los actores están sobreactuados y los planos no duran más de cinco segundos cada uno. No sé si han creado una escuela, pero sí han creado un aroma de producción".

Para Eulàlia Iglesias Huix, crítica de este periódico, este tipo de producciones responden a ese tipo de películas fáciles de ver en un entorno doméstico en el que lo más importante no es captar la atención del espectador, sino que pretende distraer y, aun así, mantener el hilo. "Aunque eso lo veo más en algunas series, como ‘Lupin’, que me parece el horror", admite. "Desaparece la puesta en escena y está diseñada para que la gente no pierda el hilo y no hay ningún tipo de idea o lenguaje cinematográfico. Creo que las películas te intentan mantener un poco más. Y muchos directores han visto en Netflix la alternativa a una producción independiente que ha ido desapareciendo en los últimos años".

placeholder Mario Casas, en 'El Practicante'. (Netflix)
Mario Casas, en 'El Practicante'. (Netflix)

"La tercera vía", continúa, "lo que no era ni el ‘blockbuster’ ni el autor supercinéfilo que puedes ver en festivales, la habían borrado del mapa y ahora ha encontrado en las plataformas un espacio para desarrollarse. Yo no veo tanta diferencia con las líneas que se siguen desde ciertas escuelas de cine. Que Lluis Quílez de la ESCAC haya hecho una película para Netflix no me parece que rompa con la tradición del tipo de cine que enseñan en la ESCAC, que hace una traducción del cine muy global, por ejemplo a través del cine de terror. Rodabas las películas aquí pero lo hacías en inglés, sin que se notaran las marcas más autóctonas —ni la lengua ni ciertas idiosincrasias excesivamente locales— porque se tenía que ver en Japón".

Lo que sí ha detectado Iglesias es que en las producciones tanto televisivas como cinematográficas de ese cine medio que utiliza Netflix para engordar su catálogo es que no hace concesiones a lo que no sea mantener de forma fácil la atención del espectador. "Ha habido una renuncia a las posibilidades del lenguaje audiovisual como el uso del silencio o las escenas más contemplativas. Quizás lo que se ha visto más estandarizado en los últimos años es el 'tempo' interno de las películas. Es un audiovisual muy acelerado que está mandando 'inputs' constantemente para que no requiera esfuerzo mantener la atención".

placeholder Imagen promocional de 'Lupin'. (Netflix)
Imagen promocional de 'Lupin'. (Netflix)

Sin embargo, Martínez no cree que esta tendencia sea novedosa, sino que lo que antes ocurría en el cine español con los conglomerados mediáticos sucede de manera mastodóntica con Netflix por su condición de multinacional. "En España, Antena 3 y Telecinco también han producido películas con un estilo muy marcado. Telecinco Cinema ha producido 'thrillers' con un estilo en la órbita de Bayona pero más descafeinado y le han funcionado. Antena 3, que tiene una producción más variada, ha apostado por las comedias. Netflix, imagino, provocará ese mismo efecto".

¿Y por qué tienen éxito las películas que se parecen a otras? ¿Por qué el espectador medio ve una y otra vez los mismos capítulos de 'Los Simpson', 'Friends' o una película que es parecida a otra que ya ha visto y le gustó? El psicólogo Jaime Burque, del centro Hodgson & Burque y fundador de la revista 'Filmoterapia', cree que a las personas les cuesta salir de la zona de confort y tienden a buscar la recompensa inmediata. "El cine tiene que servir para desconexión, para el relax, para la distracción y ahí Netflix funciona demasiado bien", afirma. "El buen cine también fomenta el pensamiento crítico, la reflexión y la profundidad, pero los estudios apuntan a que hoy día pensamos más rápido pero menos profundo. Es decir, tenemos una capacidad de estimularnos muy rápido y con muchos estímulos a la vez, pero por otro lado hemos perdido la capacidad de concentración y de profundizar". Quizás por eso buscamos historias que nos resultan familiares y que nos facilitan la comprensión de la narración.

También ocurre el fenómeno de la fatiga de decisión, el síndrome que Elena Neira describía en este artículo de 'Business Insider', que explica que el usuario medio tarda en tomar una decisión de visionado entre 60 y 90 segundos, "un lapso de tiempo en el que el usuario "o bien encuentra algo de interés o el riesgo de que abandone el servicio aumenta sustancialmente". Una decisión que se enfrenta a un catálogo de miles y miles de títulos. Burque pone el ejemplo de un experimento llevado a cabo por el psicólogo Barry Scwatz y que concluye que el razonamiento "más opciones es más bienestar" no es necesariamente cierto. "En un expositor ponían muchos tipos de mermeladas para que la gente las comprase, pero los que se decidían a llevárselas eran muy pocos, mientras que en otro expositor reducían la variedad de mermeladas y una mayor proporción de clientes acababan eligiendo y comprando. Cuanto menos le pongas a la gente, pasado un umbral, mejor para elegir. Como el cerebro no tiene datos suficientes cuando maneja muchas opciones, se pierde. En Netflix han estudiado que, si tardas más de x minutos, te trabas". Quizás por ello, para no agobiarnos y no perder tiempo, acabemos eligiendo películas que intuimos que nos van a gustar. Y por ello Netflix acaba produciendo películas similares a las que ya han triunfado en todo el mundo.

El algoritmo

Otro factor que influye en esa sensación de estar viendo todo el rato la misma película también tiene que ver con el algoritmo de recomendación. El famoso algoritmo que elige las películas que se te muestran en el catálogo o las que se reproducen en el modo aleatorio. Por aquello de evitar la fatiga de decisión. "El algoritmo de Netflix está basado en el 'machine learning' y el 'deep learning'", explica Jorge Calvo, informático experto en inteligencia artificial y creador del blog 'Europeanvalley' sobre tecnología y educación. "Así funcionan todos, pero el de Netflix es el más llamativo porque es el sistema de recomendación de referencia. La propia inteligencia artificial es capaz de aprender y ofrecerte las opciones que cree que son mejores para ti. El porcentaje o la eficacia es bastante alto".

"En Netflix utilizan un sistema de recomendación basado en contenidos y el filtrado colaborativo", continúa. "El colaborativo se focaliza en el usuario y busca la similitud y disimilitud entre ciertos usuarios para poder darles las películas que les corresponde según su perfil. Si un grupo de usuarios que Netflix decide que se parecen a mí está viendo ‘Stranger Things’, me recomendarán también ‘Stranger Things’. ¿En qué se basa esa similitud? En operaciones matemáticas basadas en la gran cantidad de datos e información que recoge Netflix desde que nos registramos en la plataforma. Cualquier clic que hagas se contabiliza. También la hora: no es lo mismo por la mañana que por la tarde que por la noche. Si el perfil lo usan en una cuenta familiar un padre, una madre y un hijo, Netflix está empezando a diferenciar quién ve unas películas y quién ve otras dentro del mismo usuario. Todo cuenta. Cualquier movimiento que hagas ayuda a la clasificación. Multiplica esto por miles y millones de usuarios. Crea una matriz de probabilidades, como una tabla gigante, donde tú tienes un valor: por ciertas películas tienes una probabilidad de interés. Esa inteligencia utiliza fórmulas matemáticas como la distancia euclídea –es calcular la distancia que existe entre dos puntos en unos ejes de tres dimensiones– o la similitud coseno: en un eje de coordenadas lanzas un vector con otro vector, forman un ángulo entre ellos y ese ángulo se puede calcular. La distancia menor entre los ángulos puede significar que dos usuarios están más cerca en ese espacio tridimensional". Las películas que te recomienda están basadas en la cercanía a esos otros usuarios con los que tiene semejanzas.

"Luego está el de contenidos, que es muy parecido, pero basado en las películas que ve el propio usuario", prosigue. "Esas películas o series están clasificadas por comedias, aventuras, ciencia ficción… Eso se estudia, se hace otra tabla gigante y se busca esa similitud entre los contenidos. Si has visto ‘Superman’, a lo mejor te recomienda ‘Los Vengadores’. Estos algoritmos son cada vez más avanzados y esas redes neuronales que te recomiendan son cada vez más efectivas". Por eso si todos los 'thrillers' de Netflix te parece que son la misma película quizás sea porque te fías de las recomendaciones de la plataforma, basadas en las películas que ya has visto y en las películas que ya han visto otros como tú.

Cine de prestigio, también

Pero si el gran grueso –por cantidad– de la producción original de Netflix es formularia, también hay que reconocer que la plataforma se ha especializado también en un cine de autores consagrados y exitosos entre el gran público que se sale de la fórmula anterior. "Ha habido apuestas por una serie de cineastas con una marca autoral muy clara y que no han renunciado a ella en el caso de dirigir una película encargada directamente por Netflix", explica Iglesias. "En el caso de Kaufman, por ejemplo, es muy Kaufman y muy anti-Netflix: busca la confusión del espectador y no dar las cosas fáciles, que no puedas quitar la mirada de la pantalla para poder seguir lo que está sucediendo. O la de Sam Levinson, incluso aunque no acabe de convencer, se ha rodado en 35 mm en blanco y negro –’Mank’ también está rodada en blanco y negro–como una forma de resistencia típicamente cinematográfica".

Para Martínez, es un cine que busca el prestigio más que el público mayoritario pero que, además, ayuda a aumentar las suscripciones gracias al bombo de los premios y las críticas. "Son proyectos muy grandes que les vienen dados y cuyo único objetivo para Netflix es colocarse en el panorama de los premios y tener relevancia en los festivales. Este tipo de películas suelen ser muy descontroladas, películas en las que el productor no existe. Son grandes proyectos de autor y en las que Netflix solo pone el dinero. En algunos casos, como Cuarón, Scorsese, Fincher o Kaufman, son proyectos en los que Netflix apenas interviene, solo pone el dinero y se deja querer para conseguir relevancia. Eso también tiene su otro lado, como es el caso de 'Velvet Buzzsaw' de Dan Gilroy con Jake Gyllenhaal, que era una reflexión sobre el mundo del arte y que se presentó en Sundance, porque es una película claramente fallida en la que Gilroy ha aprovechado el dinero de Netflix para sobreproducir la película. Nadie se acuerda de ella, pero la hicieron con la misma intención con la que 'Roma' se presentó en Venecia".

"Porque lo que buscan estas producciones con denuedo es llegar a los Oscar", sentencia. "Lo que pasa es que en este caso no tuvo el éxito ni la acogida. O 'Okja', de Bong Joon-ho, que era un proyecto megalómano que llevaba mucho tiempo aparcado y si no llega a venir Netflix y pone el dinero encima de la mesa no hubiese salido adelante. Se acercan a un gran autor, le preguntan por el proyecto de su vida que no ha podido hacer y le dejan hacer. No sé si serán capaces de mantenerlo durante mucho tiempo. Esto obedece a una voluntad que existe ahora de colocarse en el mercado, de encontrar una posición de privilegio, de no ser discutido por los grandes estudios. Cuando esta burbuja de las plataformas se acabe, si se acaba si siguen con este criterio. En este sentido es cojonudo para el espectador, dejar que los grandes autores saquen adelante sus grandes proyectos".

En definitiva: igual que la Coca-Cola, todo acaba teniendo su fórmula.

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