Cercas: "En 1981, todos los militares de España querían dar un golpe de Estado"
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40 años del 23-F

Cercas: "En 1981, todos los militares de España querían dar un golpe de Estado"

Autor del ensayo más popular sobre la asonada, Javier Cercas analiza "los tres golpes del 23-F" y explica por qué es "nuestro mito fundacional" y "nuestro asesinato de Kennedy"

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El escritor Javier Cercas. (EFE)

El golpe de Estado de un loco (Tejero) al que el Rey le paró los pies. He aquí uno de los muchos relatos exitosos sobre el 23-F, del que mañana se cumplen 40 años. Un golpe con tantas ramificaciones como españoles e imposible de resumir en una sola frase... aunque vamos a intentarlo:

1) Dada la crisis del país y el achicharramiento del presidente, a muchos no les sonó mal que el general Armada presidiera un Gobierno de concentración nacional, otra cosa era cómo lograr tal cosa... 2)Tanto se echaron al monte los militares que querían echar a Adolfo Suárez que, cuando dimitió, ya era tarde para bajarles del monte (moraleja: si das cuerda al muñeco, luego no te quejes). 3) Armada y el Rey hablaron mucho antes de la dimisión de Suárez y el 23-F, y no precisamente del tiempo, pero como Armada era gallego, ladino, el Rey malinterpretó lo que pretendía. 4) El 23-F se solaparon tantos golpes a la vez (duro, blando, mediopensionista) que Tejero se lio y acabó desobedeciendo al elefante blanco. 5) Tejero era arrebatado e iba a pecho descubierto. Armada era zen y su (enorme) poder se basaba en lo que callaba, en no hablar claro, en el sobreentendido. Agua y aceite. Hielo y fuego. La medianoche del 23-F se produjo un épico choque de contrarios en una sala del Congreso.

O algo así. Si no lo entienden, lo mejor es dar paso al experto.

Hablamos con el escritor Javier Cercas, autor del libro de no ficción sobre la asonada con más tirón, 'Anatomía de un instante' (2009), que se reedita ahora tras vender 200.000 ejemplares en España.

PREGUNTA. Dice usted que el 23-F…

RESPUESTA. ¿Sabes cuál es el gran secreto del golpe de Estado?

"El gran secreto del 23-F es que no hay ningún secreto"

P. No.

R. El gran secreto del 23-F es que no hay ningún secreto. Ya conocemos lo esencial, pero cada año aparecen los mercaderes del 23-F vendiendo el gran secreto del golpe de Estado. ¿Sabes por qué?

P. Pues… no.

R. Tú eres periodista; sabes que las trolas venden más que la verdad y hay que rellenar páginas de periódicos y de libros. Si los periodistas no controláis eso, nos podemos ir todos yendo para casa.

P. ¿Sabemos todo sobre el 23-F?

R. ¿TODO con mayúsculas? ¡Por supuesto que no! De ningún acontecimiento de la historia humana lo sabemos todo. Ese conocimiento absoluto no pertenece a la Historia, sino a la ficción y a la mentira. Pero lo esencial del 23-F sí lo conocemos. Igual es el acontecimiento de la historia de España sobre el que más se ha escrito.

"¿Qué es un español? Un individuo que conoce una clave oculta sobre el 23-F. Es el único test infalible de españolidad"

P. ¿Por qué hay tanto escrito?

R. Porque el golpe de Estado del 23-F es el mito fundacional de la democracia española. Un mito está constituido de mentiras y de verdades, pero una mezcla de mentiras y verdades es una mentira. ¿Por qué el 23-F es un mito? Es nuestro asesinato de Kennedy. El punto exacto donde convergen todos los demonios del pasado español. En 1981, creíamos que éramos ya europeos, y de pronto, aparece un tipo con bigotazo y tricornio pegando tiros en el Parlamento. Como un personaje de García Lorca trayendo de vuelta nuestra historia de guerras civiles.

Todos los americanos tienen una teoría sobre el asesinato de Kennedy y todos los españoles tienen una teoría sobre el 23-F. ¿Qué es un español? Un individuo que conoce un secreto sobre el 23-F. Si no tienes una clave oculta sobre el 23-F, no eres español. Es el único test infalible de españolidad.

Yo quise hacer una novela sobre el 23-F, pero escribí un ensayo cuando entendí que el 23-F ya era una ficción colectiva escrita por todos. Como el asesinato de Kennedy: un hecho enterrado en verdades, medias verdades y teorías insensatas.

P. ¿Qué tiene de mito fundacional?

R. El 23-F es una paranoia colectiva. Una neurosis colectiva a la vista de todos. Es un día saturado de sentido; más concretamente, un instante, el que describí en 'Anatomía de un instante', cuando los golpistas entran a tiros en el Congreso, gritan "todos al suelo" y tres personas no se tiran, desobedecen y se juegan la vida. Adolfo Suárez, presidente del Gobierno, Santiago Carrillo, secretario general del PCE, y Manuel Gutiérrez Mellado, vicepresidente del Gobierno, los artífices fundamentales de la Transición.

"La Guerra Civil no duró tres años sino 43, el franquismo fue la prolongación de la guerra por otros medios. El fracaso del 23-F acabó con eso"

P. ¿Por?

R. Ninguno de los tres había sido educado en democracia, no sabían qué era eso, ni siquiera creían mucho en ello. Un general de Franco, un estalinista y Adolfo Suárez… nacido, vestido y criado bajo el franquismo, toda su carrera política en la Falange. Pero llegado el momento de la verdad, los tres se jugaron la vida por la democracia. En ese instante, acaban dos siglos de intervencionismo militar en España, terminan la Guerra Civil y el franquismo y empieza la democracia.

P. ¿Termina la Guerra Civil?

R. La Guerra Civil no duró tres años, como dicen los libros de Historia, es falso, duró 43 años, el franquismo fue la prolongación de la guerra por otros medios. El franquismo no trajo la paz.

P. Siga...

R. El gran secreto del 23-F lo grabaron las cámaras de televisión: Suárez, Carrillo y Gutiérrez Mellado en pie. Es un secreto a la vista de todos, como la 'Carta robada' de Edgar Allan Poe. Los tres son traidores para los suyos. Gutiérrez Mellado hizo la guerra con el franquismo. Sus compañeros jamás le perdonaron la democratización del ejército franquista. Era un odio furibundo. ¿Carrillo? No solo renunció al comunismo, ¡también a la república! Nunca se lo perdonarán. ¿Suárez? El traidor absoluto. Cuando le nombraron presidente del Gobierno, todo el mundo se horrorizó, menos los ultras del franquismo, contentísimos, porque Suárez era el tipo de los recados del régimen. Joven, guapete, encantador, graciosete, arribista… Esperaban que Suárez generara 20 años más de franquismo sin Franco, pero en un año desmontó el chiringuito. El gran traidor.

P. Dice usted que está todo contado, pero el 23-F también es un evento inagotable, por complejo: se solaparon varias operaciones a la vez. Según su libro, “el 23-F fue un solo golpe y tres golpes distintos”. ¿Tantos?

R. En 1980/1981, todos los militares españoles querían dar un golpe de Estado. Había conspiraciones a diario. Era un ejército golpista. Pero había un tipo especialmente obsesionado: Tejero. Lo intentó en la Operación Galaxia; le pillaron, pero aprendió algo: había que cerrarse todavía más para hacerlo. Los detalles del 23-F los conocía poquísima gente; civiles los cuento con los dedos de una mano, pero militares también pocos. Los conspiradores consideraban que el pueblo y el ejército estaban maduros para un golpe y no hacían falta muchos preparativos más.

¿Cuál era el esquema? Tomamos el Congreso con los diputados dentro, Milans del Bosch se levanta en Valencia y las demás regiones militares caerán una detrás de otra. Facilísimo. Además, creían controlar la unidad más importante del ejército, la Brunete, creada para controlar Madrid. Pero era todo tan secreto que la Brunete, el comandante Ricardo Pardo Zancada, se enteró del golpe el día anterior, cuando fue a Valencia a que se lo contaran.

"Los conspiradores consideraban que el pueblo y el ejército estaban maduros para un golpe y no hacían falta muchos preparativos más"

P. ¿Cuáles era los tres golpes?

R. Tejero quería un golpe franquista, con Milans de presidente y todos firmes. Milans, que era un militar monárquico, un golpe 'primoriverista', con una junta de jefes del estado mayor, Armada al lado del Rey y algún civil. Armada quería su versión del golpe blando de De Gaulle en Francia: hay una situación terrible en el país y los militares se quieren levantar, pero tranquilo, majestad, que esto lo arreglo yo con un Gobierno de concentración nacional. La situación, en efecto, era complicada: terrorismo bestial, crisis económica bestial, crisis política bestial y ruido de sables. Armada llevaba meses tanteando los partidos para montar un Gobierno de unidad presidido por él, y los periódicos se habían hecho eco de ello. No era ningún secreto.

P. Algo se empezó a torcer para el golpe blando nada más pisar el Congreso: los tiros.

R. Eso no estaba previsto en la escenificación. Cambió las cosas. Los tres protagonistas del golpe —Tejero, Milans y Armada— tenían un golpe diferente en la cabeza, no concretaron los detalles porque creían que no hacía falta. Todo iba a ser muy fácil. El ejército estaba tan dispuesto y el país tan maduro que solo necesitaban activar el plan.

Armada estuvo hasta el último momento del 23-F intentando el golpe blando.

"Suárez sabía que abrir una rendija a los militares golpistas era letal"

P. Ahí quería llegar yo. Armada llegó al Congreso a medianoche. Oficialmente, a ‘solucionar’ aquello, en modo salvador de la patria, pero en realidad quería convertir el golpe duro en golpe blando. Era lo que estaba hablado con Tejero... más o menos. Entonces, se produjo la escena más grotesca del 23-F: la reunión entre Tejero y Armada donde los dos golpes colisionan… y pierden los dos. ¿Qué pasó?

R. Armada cometió un error de soberbia. Soberbia de general cortesano enloquecido, porque podía no haberle contado sus planes a Tejero, pero se los contó. Su plan era proponer a los diputados un Gobierno de concentración nacional presidido por él y con ministros de todos los partidos, que igual era una fantasía, pero era la fantasía de Armada, que quería ser presidente de una semidemocracia sin autonomías, con partidos limitados, etc.

Armada podía haberle dicho a Tejero: misión cumplida, ya está aquí la autoridad militar competente, retírese usted. Pero le contó su plan, Tejero no lo aceptó y Armada salió derrotado del Congreso, pero no se acabó allí el golpe, hasta el final hubo coroneles de la Brunete dispuestos a salir a la calle.

P. ¿Por qué se produjo el malentendido entre Armada y Tejero? ¿Armada había preparado el golpe con sobreentendidos y Tejero no se había enterado de qué iba aquello? ¿No era parte del plan que Tejero tomara el Congreso hasta que llegara la autoridad competente/el elefante blanco?

R. No hubo ningún malentendido: simplemente, Tejero no quiso aceptar lo que le proponía Armada.

P. Claro, pero ¿no le pilló de sorpresa? Armada no informó a Tejero de sus verdaderos planes, ¿verdad?

R. ¡Es que Armada nunca quiso informarle! Armada estuvo todo el rato en el doble o el triple juego. Era un cortesano de los que se esconden detrás de las cortinas. A cada uno le decía una cosa. Al Rey: no se preocupe que yo controlo a los militares. A los conspiradores: no se preocupen que el Rey está de mi lado. No es que hubiera un malentendido, es que a Armada no se le pasó por la cabeza que un teniente coronel pudiera subírsele a las barbas. ¿Cómo iba un teniente coronel a oponerse al general que venía a solucionar el asunto? Era impensable.

"Aquello no fue una opereta: el golpe iba totalmente en serio, y pudo triunfar"

P. Pero pasó. Ni Milans logró aplacar por teléfono a Tejero, que 'echó' del Congreso a Armada, es decir, a su jefe. Fue una escena berlanguiana…

R. Pero aquello no fue una opereta: el golpe iba totalmente en serio, y pudo triunfar. Olvídate de Berlanga.

P. El discurso televisivo del Rey es simultáneo al final de la cumbre Armada/Tejero. Las palabras del Rey fueron sobre parar el golpe duro, ¿verdad? ¿Neutralizar la opción Armada quedó fuera del discurso?

R. Podría ser. El problema son las conjeturas, es decir, ¿qué hubiera ocurrido si Tejero acata las órdenes de Armada, Armada propone un Gobierno de concentración a los políticos secuestrados y estos aceptan? Es política ficción, pero… Los políticos dirían ahora que ellos nunca hubieran aceptado aquello, pero ¿cómo lo sabemos? Sobre todo si el dilema era o Gobierno de unidad o el tío del bigote se lía a tiros. Pero eso es especular. Era una situación muy compleja. Lo que está claro es que el Rey dijo no al golpe duro. Ahora bien: ¿una solución seudo constitucional? Cosas más raras se han visto.

Vender el triunfo del golpe blando como la solución al golpe. Ese es el golpe ideal que intentó Armada. Salir del Congreso sitiado con un Gobierno de unidad nacional bajo el brazo. Si los políticos llegan a proponer a Juan Carlos I un Gobierno de unidad, ¿qué iba a hacer el Rey? ¿Decirles que no y que se quedaran dentro del Congreso con Tejero?

P. Ya...

R. Pues eso. Pero estamos hablando de ciencia ficción.

"A Armada no se le pasó por la cabeza que Tejero pudiera subírsele a las barbas esa noche"

P. ¿Qué pasó el 24-F entre Suárez y el Rey?

R. Ese día pasaron muchas cosas. Armada era el gran enemigo de Suárez. Suárez había forzado al Rey a echar a Armada de Zarzuela porque no se fiaba de él (con razón). Pero cuando Suárez vio a Armada la mañana siguiente al 23-F, le dio un abrazo; aún pensaba que Armada había ido al Congreso a parar el golpe.

P. Corríjame si me equivoco. Una de las tesis de su libro es que el Rey participó en la operación para tumbar a Suárez, pero no en el golpe. Dos cosas casi simultáneas, pero diferentes, aunque Armada cogió carrerilla gracias a la primera. Tanta que, pese a dimitir Suárez, intentó un golpe de todos modos.

R. Eso es. El Rey cometió errores antes del 23-F, como como toda la clase dirigente. Es lo que yo llamo la placenta del golpe. Hay que tener en cuenta el año: 1981. La democracia se estaba estrenando y la gente no sabía bien cómo funcionaba aquello. El Rey no sabía qué significaba ser un rey constitucional… y cometió un error muy grave: participar en el acoso al presidente del Gobierno. ¿Te imaginas a Felipe VI pidiéndole a Casado que le quite de en medio a Sánchez? ¿O diciéndoles a los militares que está hasta las narices de Sánchez? En plan campechano.

"El Rey cometió un error muy grave: participar en el acoso al presidente. Pero el Rey no conocía el golpe, eso es un bulo"

R. Ja, ja.

P. Claro, a los dos nos hace gracia ahora, pero entonces era letal, porque fue una forma de avalar las ideas, fantasías y aspiraciones de poder de Armada. Ahora bien: si el Rey hubiera querido que triunfara el golpe, el golpe triunfa. Si el Rey hubiera querido que Armada fuera presidente, lo tenía fácil. Cuando Suárez dimitió, Juan Carlos I pudo haber sugerido la formación de un Gobierno de concentración nacional. ¿Era constitucional? Ya se vería.

Armada les dijo a todos que el Rey estaba de su parte, pero Juan Carlos I no conocía el golpe, eso es el gran bulo del 23-F, que el Rey lo urdió para consolidar la monarquía, cosa que acabó ocurriendo, pero no adrede. Lo que hizo el Rey fue cometer errores graves antes del 23-F, pero el Rey paró el golpe, porque solo él podía hacerlo. No había otro.

P. En su discurso de renuncia, Suárez insinuó que se iba para parar los golpes en marcha. ¿Suárez entendía cosas que no entendieron los demás?

R. Suárez tonto no era, tuvo una intuición total, vio que abrir una rendija a los militares golpistas era letal. Suárez sabía que la situación era muy peligrosa. Era el presidente y sabía muchas cosas, pero es que todo el mundo sabía que había una operación para sustituirle por un Gobierno de concentración presidido por un general. ¡Si se publicó en los periódicos! No es que Suárez tuviera ciencia infusa. Su dimisión se debió a muchos factores. Estaba machacado físicamente y triturado psicológicamente. Era un hombre roto. Había perdido el favor del Rey, lo que tampoco era un secreto, porque el Rey dijo en un discurso que se estaba aferrando al cargo. El Rey le había puesto ahí y ahora tenían una relación pésima, por celos, porque el país no iba bien, etc. No es que el Rey quisiera quitarse de encima a Suárez, es que todos querían hacerlo, con su partido a la cabeza. Todos querían muerto a Suárez... menos Santiago Carrillo.

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