Catherine Millet contra Emmanuel Carrère: choque de egos en la literatura francesa
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Catherine Millet contra Emmanuel Carrère: choque de egos en la literatura francesa

Entre finales de enero y principios de febrero aterrizan en las librerías españolas 'Amar a Lawrence' y 'Yoga', las dos nuevas novelas de los más polémicos y leídos escritores galos

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'Amar a Lawrence' y Yoga' (Anagrama)

Un choque de trenes imprevisible, más allá de su nacionalidad francesa y su traducción en el mismo sello (Anagrama). Emmanuel Carrère es uno de los faros mediáticos de la literatura europea, y, para muchos, un verdadero autor de culto con una década de gran esplendor. Entre 2000 y 2011 abandonó la senda de una errática y notable carrera de ficción para adentrarse en otra donde se inmiscuiría, como reza el título de uno de sus libros, en vidas ajenas, desde la de Jean-Claude Romand en 'El adversario' hasta la de Eduard 'Limónov'. Con la primera supo encontrar una veta válida para experimentar, mientras la última fue su cumbre, quizá por conseguir desprenderse de su omnipresencia textual para cederla a su protagonista.

Catherine Millet goza de todos los parabienes de la crítica artística. En 2001 su 'La vida sexual de Catherine M.' vendió millones de ejemplares desde el morbo por leer unas confesiones tildadas de manifiesto de liberación feminista o pornografía barata según el gusto e ideología del consumidor. Lo más fácil ante ese volumen es la segunda alternativa, pero si se conoce la trayectoria de su narradora tampoco puede analizarse lo relatado desde una sola capa.

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Catherine Millet (EFE)

Tras 'Limónov', Carrère dio otra vuelta de tuerca a su manual, casi regodeándose en la adoración de su ombligo. 'El reino' narraba sus vicisitudes con la religión católica, con San Pablo de segundo e impostado protagonista. En el recuerdo predomina la egolatría del BoBO, burgués-bohemio parisino, eso sí, encantado con sus amigos, los toboganes de la existencia, sus anécdotas cotidianas donde no oculta, ni quiere hacerlo, su holgura económica y el inevitable, pura marca de fábrica, final feliz y esperanzador. La diferencia con su anterior producción era esa preponderancia del yo.

placeholder Emmanuel Carrère (EFE)
Emmanuel Carrère (EFE)

'Yoga', su nueva novela disponible en España a partir del 24 de febrero, plantea así el interrogante de si su egolatría se incrementará en grado superlativo o regresará a su previo papel de observador con intervenciones muy subjetivas más o menos puntuales. Con Catherine Millet el misterio era intuir el contenido de su también nueva 'Amar a Lawrence' (en librerías desde finales de enero. Su pasado exhibicionista retrocede aquí a una primera persona presente por asociar fragmentos del británico con sus propias vivencias; pese a ello no hay afán acaparador y notamos una voz firme al dirigir sus tesis. Al final de un capítulo reflexiona sobre el desplazamiento y concluye que en literatura, es la demostración de que escribir consiste en decirlo todo, deliberadamente o no.

Las insatisfacciones

A finales de 2014 Emmanuel Carrère se ilusionó con dedicar al yoga su próximo libro. Era practicante desde hacía decenios, se preocupaba por profundizar en la materia y la temática enlazaba desde el contraste con 'El Reino'. Se apuntó a un retiro intensivo de diez jornadas, abandonándolo a la cuarta tras los atentados de Charlie Hebdo, o más bien por el asesinato de Bernard Maris, íntimo amigo suyo. Pronunció unas palabras en el funeral, siguió con su rutina de clase alta y, de repente, cayó en una hondísima depresión, ingresándolo su familia en una clínica especializada, donde lo sometieron a terapia de electroshock.

Carrère cayó en una hondísima depresión y fue sometido a terapia de electroshock

En este bienestar entre espiritual y paradisíaco, con demasiadas despreocupaciones y una complacencia brutal al desnudar toda una hilera de vanidades, acaece un derrumbe y algo nos aturde por un vacío, inexplicable, un hueco más clamoroso si cabe por la exigencia de Carrère en contarlo todo. Aquí, susurra, también lo hace, pero no puede relatar toda la verdad. La prosa transmite un hombre a la deriva. Cuando esta se instala no la entendemos, sobre todo si atendemos a las constantes del francés, puntilloso hasta el paroxismo con los detalles.

placeholder 'Yoga'
'Yoga'

Millet se sumerge en D.H. Lawrence desde una toma de contacto oscilante entre la reverencia y el temor. Reverencia por tener sus novelas en las estanterías, temor a toparse con un espejo al abrirlas. La inmersión será paulatina, derramándose por la mesa de trabajo durante dos años. 'Amar a Lawrence' es suave, esmerada y contundente. No es una falsa biografía, sino más bien la disección de una empatía a través de la recuperación de un legado modernísimo, aquí esgrimido desde el feminismo, sin gratuidad porque se asocian las relaciones, sugerencias y teorías del autor de 'El amante de Lady Chatterley' a través de su recorrido biográfico y literario.

D.H. Lawrence era hijo de mineros y tuvo la gran suerte de enamorarse de Frida Weekley, de soltera von Richtoffen, con quien convivió durante más de dieciocho años en un periplo por todo el Planeta. Era una mujer desacomplejada, sin ceñirse a los parámetros establecidos. Las heroínas de su compañero bebieron de su carácter, en fuga para seguir su camino, iconoclastas al no esconder sus infidelidades y sabias por aceptar la normalidad, transgrediéndola.

placeholder 'Amar a Lawrence' (Anagrama)
'Amar a Lawrence' (Anagrama)

Lawrence es retratado como un psicólogo excepcional de lo femenino. Su sambenito de pornógrafo -'El amante de Lady Chatterley' tuvo partes secuestradas hasta inicios de los años sesenta de la pasada centuria- emerge de lo explícito en las descripciones. La hegemonía del placer, o el proceso para obtenerlo, empequeñece su elegancia al glosar la insatisfacción física y mental posterior. En su tiempo rompió barreras por barrer con la cursilería dictada por la convención. En el siglo XXI, amparados por aquello de la perspectiva, sólo los más remilgados se ofenderán por la rigurosidad al desgranar el acto sexual. Lo interesante es lo sucesivo, el poso de malestares tras el éxtasis, no tanto desde la moral, sino desde lo social y la situación de la mujer dentro de la cadena capitalista. Lawrence, único en su lirismo para con el paisaje, detestaba la industrialización del país, la pérdida de la pureza y el cortocircuito para los que tenían memoria de otra época. Quién sabe si su vagar por Europa, Asia y América fue un intento de reencontrar ese momento mitificado.

Millete retrata a Lawrence como un psicólogo excepcional de lo femenino

Carrère despide su depresión y viaja a las islas griegas para recuperarse. Como se aburre da un salto a Leros, implicándose con un grupito de refugiados, alumnos de unas clases de escritura creativa para adolescentes. Los cuatro chavales tienen tanta energía como para anular al narrador durante cincuenta páginas extraordinarias, a rebosar de Historia con mayúsculas desde ángulos mínimos. Son un paréntesis. Antes y después la tónica se nutre más de cavilaciones sobre su propia valía, y la suficiencia de figurar entre los escritores de prestigio, o efemérides lineales con la cronología, entre ellas una noche de seducción con visos cinematográficos de domingo por la tarde.

Carrère lo ignora, pero es un puritano como Lawrence, quien sin embargo ostentaba esa condición desde una óptica beneficiosa por su creencia en un espacio sin tantas reglamentaciones ni velocidades debidas a la extinción de lo rural, auténtico por no haberse desfigurado el origen. Los hombres y mujeres de sus novelas acatan estas normas y rehúyen lo estipulado con gestos minúsculos, sumamente esclarecedores. Carrère en cambio padece una crisis con tintes de un poema citado por Millet. Baudelaire en 'Mi corazón al desnudo' dice “Follar es aspirar a entrar dentro de otro,/ y el artista no sale nunca de sí mismo”. El ensimismamiento de 'Yoga' no juega con esa fusión india. Es la guinda de un egotrip sumido en el caos y sin ninguna autocrítica.

Las omisiones

Lo narrado en 'Yoga' es banal, salvándose porque Carrère es un personaje en sí mismo y sus seguidores agradecen ese culebrón en volumen, aunque sea por mera curiosidad de ver cómo termina. Sería maravilloso trasladarse al cerebro de un novato en estas lides y asistir a un cierto estupor ante ese derroche de narcisismo, aderezado por la prepotencia de un estatus.

En Leros Càrrere quiere regalar un teléfono móvil a uno de los adolescentes. El fragmento conserva cierta similitud con una secuencia de 'L’eclisse', de Michelangelo Antonioni. Mientras sacan a un hombre ahogado del interior de un coche, Alain Delon se lamenta por los desperfectos del vehículo. Para el autor de 'Yoga' dar el teléfono al chaval es casi un acto de caridad cristiana. Se queda en la fachada sin penetrar más allá. La incapacidad para comprender al otro es total y absoluta, manchándose toda la trama por este defecto. ¿Tiene explicación? Si somos estrictos la respuesta sería negativa. El divorcio de Carrère arruinó 'Yoga' al incluir un documento donde se comprometía a no hablar de su ex cónyuge en sus próximos libros. Esta ruptura sentimental era la columna sostenedora de la arquitectura del edificio narrativo, frívolo en vez de emocional.

El divorcio de Carrère arruinó 'Yoga' al comprometerse a no hablar de su ex cónyuge

Millet se distancia de su rival en esta pelea al rechazar la impostura. Carrère, quizá para curarse en salud, insinúa haber mentido. Ella no lo necesita porque su meta radica en abordar a Lawrence de manera calidoscópica. Escribe como si tuviera razón sin querer imponerla, y lo hace con su yo entregado a una apuesta colectiva. Lawrence es un precursor de la liberación de las mujeres, un alma andrógina por aprehenderlas como si fuera una de ellas, cuyo mensaje se ha enmascarado desde los cuatro tópicos de malditismo.

La desinteresada erudición de Millet, experta autodidacta, es la antípoda de la pretensión de su oponente. 'Amar a Lawrence' es una declaración de amor con aspiración ecuménica, más cuando el feminismo está en todas las agendas de la actualidad. 'Yoga' es una sobredosis ególatra, un descenso multilateral a los infiernos. Quién nos iba a decir que la armonía era 'Limónov'.

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