Emanuele Coccia: "La pandemia ha destruido las ciudades como las conocíamos"
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Entrevista

Emanuele Coccia: "La pandemia ha destruido las ciudades como las conocíamos"

El filósofo italiano reflexiona sobre el futuro de nuestras ciudades, de nuestra convivencia y sociabilidad y las consecuencias del aislamiento

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El filósofo Emanuele Coccia. (REINA SOFÍA)

El filósofo Emanuele Coccia es profesor de la Escuela de Estudios Superiores de Ciencias Sociales de París y estos días pasó por el Museo Reina Sofía de Madrid para participar en una conferencia sobre nuevas ideas para nuestro planeta ante el mundo que se está creando con la pandemia. Lo hizo de forma presencial y en una ciudad que le tenía totalmente sorprendido: "Aquí hay vida, hay restaurantes, los museos están abiertos... Eso en París no pasa", afirmaba asombrado. En la capital francesa llevan desde noviembre prácticamente confinados.

Esto le ha llevado a reflexionar sobre el futuro de nuestras ciudades, de nuestra convivencia y nuestra sociabilidad. Las consecuencias del aislamiento. El teletrabajo actual. La forma en la que están construidas nuestras casas, que ha provocado que muchas personas hayan vivido un 2020 casi en soledad. Porque no todo se arregla con las conexiones vía redes sociales, videollamadas y zooms.

De todos estos temas habla en esta entrevista en la que señala que nuestro mundo ha dejado de ser el que era, sobre todo las ciudades, y que por eso es necesario todo un rediseño. No arquitectónico, sino cultural. Ese es, para él, el verdadero reto de esta pandemia.

PREGUNTA: ¿Qué le parece la reacción de los seres humanos ante el ataque de otro ser de la naturaleza como es un virus en pleno siglo XXI?

RESPUESTA: Lo que ha pasado es que la criatura más pequeña del mundo ha entrado en todas las ciudades del mundo y las ciudades, con la excepción de Madrid, han sido destruidas. Es muy extraño porque, en un primer sentido, los virus son las más extrañas criaturas vivientes, están en la frontera entre la vida y la no vida… Es una vida biológica, pero tan simplificada que se puede decir que es vida química. Y ese ser viviente ha podido destruir o poner en enormes problemas a la civilización tecnológicamente mejor desarrollada de la Historia. Una reacción extraña fue decir que el problema no estaba en el virus sino en la humanidad. La idea de que ha sido nuestra culpa que haya este virus porque hemos destruido los bosques, etc.

La tentación de decir que todo lo que pasa en la Tierra empieza y termina en el hombre y que no es por la actividad de otros seres vivos. Tenemos muchos problemas para reconocer que otros seres vivos pueden producir desastres como nosotros. Vivimos en una forma de narcisismo negativo. Durante mucho tiempo el hombre se consideró el más perfecto de las criaturas. Ahora nos consideramos la más imperfecta, pero es otra forma de narcisismo porque queremos conservar nuestra excepcionalidad.

P: Ese es un pensamiento religioso que ha imperado bastante: debido a nuestros pecados tenemos esta pandemia. ¿Cómo puede el pensamiento racional ayudarnos a entender por qué se ha producido esta pandemia? ¿Cuáles son las pautas que da un filósofo y no un sacerdote?

R: Las pandemias siempre han existido. El problema no es la pandemia sino que estamos más conectados que en el pasado, por lo que es normal que haya sido mundial y no local. Pero ante esto la reacción no puede ser la de dejar de estar conectados porque eso es una reacción muy estúpida. Por otro lado, es muy extraño eso que has dicho de pulir nuestros pecados y hacer penitencia con algo que no depende de nosotros. Hay muerte en el universo, en el mundo… los seres se dan la vida y la muerte y no hay nada que hacer frente a eso.

"Una reacción extraña fue decir que el problema no estaba en el virus sino en la humanidad. La idea de que ha sido nuestra culpa"

P: Pero, ¿cómo superar este pensamiento de poner al hombre en el centro y que viene de hace por lo menos tres siglos? Quizá esto marca un antes y un después a la hora de entender que vivimos en la naturaleza con virus que nos pueden matar.

R: Hay distintos problemas. Uno es la manera de construir las ciudades. La ciudad moderna se construye en oposición a la Florencia de la Edad Media. Es un proyecto de la monocultura humana ya que solamente hay personas y piedras. Y si pones solo hombres y piedras lo que tienes es un desierto, no una realidad de vida. La idea es que la ciudad es el lugar del progreso, de la humanidad, la civilización; y luego están los bosques, etc. Y eso es algo muy peligroso porque el bosque, que en viene del latín ‘foris’ y que significa ‘al exterior de’, entonces se convierte en una especie de campo de refugiados no humanos. Lo que hay que hacer es construir ciudades más allá de la oposición entre el mineral, la piedra y la naturaleza, entre el hombre y la naturaleza. Y en este sentido, la comunicación entre distintas formas de vida puede ser más normal de lo que es hoy en día.

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Emanuele Coccia en el Museo Reina Sofía de Madrid

P: Precisamente en los últimos meses hay una especie de deseo de vuelta al campo o a ciudades menos pobladas, una cierta pasión por las plantas, un mayor movimiento por ciudades con menos coches… ¿La tragedia está provocando una regresión a este tipo de comunión primaria con la naturaleza? ¿Puede brotar de ahí algo interesante? Usted, de hecho, escribió el libro 'La vida de las plantas. Una metafísica de la mixtura'.

R: No sé si es una reacción a la tragedia, creo que es algo más primitivo. El hombre es una especie que ha habitado los árboles. Nuestro cuerpo está preparado para los árboles. El hecho de que podamos hacer una pinza con los dedos es para agarrar las ramas. Tenemos los ojos juntos en la cabeza porque así podemos ver en profundidad. Si vives en un árbol tienes que ver a qué distancia está la otra rama. Tenemos un pasado que ha sido arbóreo. Y en las ciudades también están presentes porque podemos vivir sin animales, pero no podemos vivir sin plantas. Es biológicamente imposible, ya que las plantas producen el oxígeno y toda la energía que los animales necesitan.

En los últimos cincuenta, sesenta años ha habido una especie de revolución en la botánica mundial, sobre todo cuando Lynn Margulis, una bióloga americana, descubrió el origen simbiótico de la célula eucariótica, la que está en la base de toda organización superior de seres vivos. Descubrió que la simbiosis y no la competencia es la base del desarrollo de la vida, de las formas de vida del planeta. Eso revolucionó la mirada. Y se estableció que las plantas son los seres que más cooperan, ya que ellas no tienen que matar a otros seres para sobrevivir. Puede vivir con CO2, agua y energía del sol. Una planta no es competitiva, no necesita depredar para vivir. Por eso, tras este descubrimiento las plantas han sido mucho más importantes en los estudios biológicos para comprender cómo funciona la vida en el planeta. Y este mecanismo de generosidad define a las plantas mucho más que a los animales.

Por eso, esta vuelta a las plantas es primitiva porque la planta representa el 85% de la biomasa del planeta. Por otro lado, la historia de la biología siempre fue la de la zoología. Todos los conceptos que tenemos sobre la vida son traídos de la observación de los animales. Por ejemplo, el concepto de que la inteligencia depende del cerebro es una idea que viene del hecho de que hemos preguntado solo a los animales. Pero ser inteligente no significa solamente tener un cerebro. Todos los seres vivos tienen que ser inteligentes porque tienen que sobrevivir y resolver problemas, pero hay algunos que han decidido no construir un cerebro. Son dos formas distintas de inteligencia.

P: ¿Y saldremos de esto con una mirada más hacia la necesidad de la cooperación, de la generosidad, con otra mirada también hacia la naturaleza?

R: Depende… La salida de lo que estamos viviendo depende totalmente de lo que decidamos hacer. Muchas personas han decidido abandonar las ciudades y hay una necesidad de un espacio más equilibrado, más abierto a los no humanos. Pero es difícil predecir cómo será el mundo después de la tragedia.

"La pandemia solamente ha acelerado tendencias que ya estaban. Geopolíticas, sociales, intelectuales..."

P: ¿Podemos decir que el mundo antes de 2020 es el mundo de ayer que decía Stefan Zweig?

R: Sí, sí, pero en un sentido era un mundo ya desaparecido. La pandemia solamente ha acelerado tendencias que ya estaban. Tendencias geopolíticas, sociales, intelectuales… Ha sido mucho más una revelación de la discontinuidad que una discontinuidad. Naturalmente ha sido una discontinuidad psíquica muy violenta, pero para mí ha sido una multiplicación de tendencias que ya estaban. Una cosa interesante son las consecuencias del confinamiento porque habíamos pensado mucho en las ciudades, pero nunca habíamos pensado en las casas, en las habitaciones. Y las casas que habitamos son una máquina muy obsoleta. Está pensada para una humanidad que ya no existe después del siglo XIX. Y para un modelo de familia que ya no existe… El padre, la madre, los hijos y una forma de vida que ahora es mucho más compleja. Pero las casas siguen siendo concebidas como si todavía estuviéramos en el siglo XIX. Esto tiene que cambiar.

Otra cosa extraña es que las casas están diseñadas para un modelo de familia antiguo, y a la vez tenemos otros espacios domésticos como Facebook, Instagram… donde la sociabilidad es doméstica y no urbana, pero que no tiene nada que ver con la familia. Por tanto, para mí la consecuencia importante de todo esto es que después de esta pandemia vamos a rediseñar totalmente las casas, las habitaciones… Ya no importa tanto la presencia de la naturaleza o de las plantas, sino que las casas se tienen que modificar de forma radical, exactamente como sucedió con la ciudad moderna. La ciudad ahora mismo ha sido destruida, ya no existe nunca más como ha sido hasta ahora.

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Emanuele Coccia

P: ¿Y hacia dónde tiene que cambiar la casa? Porque ahora también mucha gente vive en sitios muy pequeños, mucha gente sola también… Que esto también ha sido un tema durante el confinamiento. Por otro lado, ¿hacia dónde irá la nueva ciudad?

R: En la Antigüedad la casa era el centro de producción y las ciudades eran el lugar de discusión y de la vida pública. Cuando llegó la Modernidad, la idea fue que el centro de producción dejara de ser la casa y se trasladara a la ciudad. Así la ciudad se convirtió en el centro de las políticas y la producción. Es el invento de la política económica de la Modernidad. Pero ahora, el centro de producción con los teletrabajos, redes, etc. ha vuelto a las casas. El teletrabajo es precisamente algo totalmente revolucionario debido a esto, y significa que la casa se ha convertido en algo totalmente diferente a lo que era. Y esto también supone una revolución en cuanto a nuestra sociabilidad. La casa es una compilación de cosas que la gente necesita para ser feliz y la verdad es que no hemos pensado mucho en eso porque nos habíamos enfocado en las ciudades, que eran esos sitios en los que se podía disfrutar, vivir y hacer muchas cosas. Pero ahora las ciudades son lugares en los que hacer todo eso es muy complicado. Tendremos que buscar todas esas cosas, las personas, los amigos... en las casas.

"El teletrabajo es algo totalmente revolucionario y significa que la casa se ha convertido en algo diferente"

P: Pero conectados desde las casas nos puede convertir en personas muy solitarias, muy individuales ¿no?

R: No, no. No es eso. En esta pandemia nos hemos dado cuenta de que nuestras casas se construyeron siguiendo un modelo antiguo de privacidad familiar y en donde no cabía, por ejemplo, la amistad. Por eso muchas personas han pasado el confinamiento a solas. Y por eso tenemos que rediseñar las casas, no en el sentido de que sean de otra forma arquitectónica sino que tenemos que repensar nuestros modelos de cohabitación. Tenemos que implementar cómo podemos vivir cerca de nuestros amigos. Eso es lo que tiene que cambiar. Porque, por ejemplo, si esta pandemia dura otros dos años más es imposible estar solo todo ese tiempo. No tiene ningún sentido. Las casas se tienen que convertir en un laboratorio de nuevas formas de convivencia que nada tienen que ver con la familia, con la madre, el padre, el niño, etc.

P: ¿Y qué pasará con las ciudades? Porque si convertimos la casa en nuestro centro social, van a ser lugares fantasma. ¿Qué pasará con los cines, teatros, bares, restaurantes, etc.? ¿Se ha acabado esa forma social?

R: Sí… Depende de cuánto dure esto… Desde un punto de vista económico ahora es así. En París todo está cerrado desde noviembre. No sé qué pasará. Para evitar nuevos casos de aislamiento tenemos que inventar nuevas formas de sociabilidad, otra forma cultural de relacionarnos… Los gobiernos nunca van a poder parar en realidad la vida social. En París hay muchas fiestas clandestinas todo el tiempo. Por eso tenemos que repensar las casas desde este punto de vista, tenemos que repensar los bares desde este punto de vista. Es decir, abrir los bares, pero abrirlos de otra manera, no como se ha hecho hasta ahora.

"Los gobiernos nunca van a poder parar en realidad la vida social. En París hay muchas fiestas clandestinas todo el tiempo"

P: Todo esto es un gran reto. Exige mucha reflexión. ¿Están los gobiernos preparados para esto?

R: No, nadie está preparado para esto. Nadie estaba preparado para lo que nos está pasando, nadie sabe nada. Todo el mundo en todos los países, en Francia, en España, en Alemania, en Italia, ha hecho cosas estúpidas, pero es normal. El problema no son los gobiernos sino que este tipo de acontecimientos pueden sucederse una vez y otra vez y otra vez. El problema no es que la pandemia del covid dure un año más o dos, sino que este tipo de cosas volverán a suceder, por lo que tenemos que cambiar. Por tanto la pregunta es ¿cómo podemos cambiar nuestras casas para que no sean la prisión que son ahora? ¿Cómo se pueden convertir en espacios más abiertos? Y nadie está pensando en esto porque todavía se sigue pensando en modelos familiares normales, que en realidad cada vez son más raros. ¿Por qué vivimos tan lejos de nuestros amigos? ¿Cómo podemos vivir más cerca de la gente? Eso es lo que hay que transformar. Y eso es mucho más fácil que pensar en transformar las ciudades.

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