"Esto no va bien": el misterioso derrumbe del periódico del millonario comunista
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UN PROYECTO MALDITO

"Esto no va bien": el misterioso derrumbe del periódico del millonario comunista

El empresario y mecenas Teodulfo Lagunero intentó sacar un diario de tirada nacional hace 10 años, pero descarriló justo antes de salir y sus trabajadores estallaron. ¿Qué pasó?

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Redacción de 'La Voz de la Calle'. (Archivo Víctor Claudín)

¿Qué se le pasa a uno por la cabeza a los 84 años cuando resbala en el baño de su casa, queda postrado y el rescate tarda en llegar? Teodulfo Lagunero quizá recordó cuando entró a España con un Mercedes en el que estaba escondido Santiago Carrillo (1976). O cuando levantó las primeras grandes urbanizaciones en la Sierra de Madrid durante el franquismo (“Un minuto para comprar, cien meses para pagar”, rezaba el eslogan). Millonario, empresario del ladrillo y topo del Partido Comunista de España en la clandestinidad... Sí, la leyenda de Lagunero era difícil de superar, pero el octogenario no había renunciado a seguir apostando a lo grande, así que, postrado en el baño, quizá no pensó en los viejos tiempos, sino en el futuro explosivo. ¿Peligraba el último gran proyecto de su vida, el lanzamiento de un periódico nacional de izquierdas, tras el desafortunado resbalón?

El accidente casero de Lagunero tuvo lugar hace diez años; no fue lo único que pasó esos meses en España... Lanzar un periódico de izquierdas en papel y que surja por sorpresa el 15-M. Podría haber sido una coincidencia histórica afortunada, pero acabó siendo una paradoja rocambolesca: ‘La Voz de la Calle’, último intento de sacar un diario de tirada nacional en papel, se hundió antes de salir, y sus cuarenta trabajadores tuvieron que montar su propio 15-M (encierro y ocupación de la sede del rotativo en Cuatro Caminos) para cobrar los tres meses de trabajo.

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Detalle de portada.

Historia oral

¿Por qué no llegó a salir el periódico? ¿Qué pasó con el dinero? Cuatro periodistas de ‘La Voz de la Calle’ hablan (uno de ellos desde el anonimato) sobre qué falló.

Manu Tomillo (redactor de cultura): "Viendo la redacción del periódico daba la sensación de que la cosa iba en serio".

Pablo García (redactor de reportajes): "Era una redacción cómoda, con terraza, un espacio potente en contexto de crisis".

Manu Tomillo: "Hasta que no estalló el conflicto, no se hablaba mucho de Lagunero, aunque sí tenía el aura de figura exótica, más allá de que compartieras sus ideas políticas".

Trabajador anónimo: "Lagunero quería hacer un periódico desde su rol de histórico del Partido Comunista, de señor relevante que en sus últimos días decide dejar un legado a la sociedad. Lagunero se juntó con gente de confianza, pero igual les quedaba el proyecto grande a todos".

"Montaron un periódico de oídas. Alguien les dijo que para hacer un periódico hacían falta 40 redactores, y ficharon 40 redactores. Y ya"

Víctor Claudín (jefe de Nacional y responsable de la web): "Ficharon a un director honorífico, lo que fue el primer error, porque no había mucho cargo allí que supiera hacer un diario. Montaron un periódico de oídas. Alguien les dijo que para hacer un periódico hacían falta 40 redactores, y ficharon 40 redactores. Y ya".

Trabajador anónimo: "Los ordenadores llegaron tarde y los contratos no llegaban nunca, todo estaba mal montado, pero te decían, no pasa nada, tú tira para adelante. Eso sí, no era la primera vez, ni sería la última, que se hacen las cosas así en el periodismo".

Pablo García: "No tenían muy claro cómo querían que fuera el periódico, aunque ideológicamente viniera de la IU clásica. Recuerdo que Eugenio Viejo, uno de los subdirectores, nos dio la siguiente instrucción: teníamos que escribir para el obrero fordista extenuado tras su jornada laboral. Literalmente".

placeholder Los periodistas de 'La Voz de la Calle'. (archivo Víctor Claudín)
Los periodistas de 'La Voz de la Calle'. (archivo Víctor Claudín)

Trabajador anónimo: "Ante la falta de medios, maqueta y dirección, muchas tardes nos dedicábamos a planificar el vacío. Por las noches, íbamos al bar y decíamos: '¿Esto no va bien, no?".

Manu Tomillo: "Había buenos periodistas, pero los jefes no tenían las cosas claras. Cuando tratábamos de sacar un número cero, nos quedábamos en la redacción los chavales (yo tenía 23 años) decidiendo cómo salía el periódico. Estaba claro que algo no funcionaba bien. Los jefes decían que la cosa estaba controlada; la redacción pensaba que no".

Víctor Claudín: "Se precipitaron con la fecha de lanzamiento, porque no llegábamos ni de broma. Pocos días antes de presentar el periódico no habíamos sido capaces de sacar no ya un número cero, sino ni la décima parte, como mucho unas páginas sueltas. Todo ello doblando turnos. No había ni personal ni medios suficientes. Faltaba planificación, coordinación, la mayoría de los mecanismos internos necesarios para lanzar un periódico. Y encima había que montarlo en tiempo récord".

placeholder Maqueta de 'La Voz de la Calle'.
Maqueta de 'La Voz de la Calle'.

Pablo García: "Era una mezcla de gente incapaz de hacer un periódico y gente que sí".

Víctor Claudín: "Lagunero siempre había financiado proyectos mediáticos o culturales, pero ahora quería dar un paso más, implicarse directamente en la creación de un periódico, tomar decisiones, iba a ser su legado político. Pero tuvo un accidente casero en Fuengirola y no pudo supervisar personalmente la gestación (tenía un despacho reservado en el periódico, pero nunca pudo usarlo). Con él allí, igual podríamos haber reconducido la situación".

Trabajador anónimo: "Nos dijeron que Lagunero se había caído en la bañera, y a partir de ahí, todo empezó a ir mal. Decían que estaba medio muerto".

Pablo García: "Circulaban todo tipo de rumores, como que la familia de Lagunero se oponía a que se gastara el dinero en un periódico cuando, en teoría, le quedaba poco tiempo de vida".

"La dirección nos dijo que cómo le hacíamos eso a Lagunero, que le quedaban pocas horas de vida. ¡Pero 10 años después sigue vivo!"

Manu Tomillo: "Cuando la cosa se puso fea y comenzamos a protestar, la dirección nos dijo que cómo le hacíamos eso a Lagunero, que estaba muy enfermo y le quedaban pocas horas de vida. ¡Pero 10 años después sigue vivo!".

Víctor Claudín: "Antes de la fecha de lanzamiento, nos plantamos, no podíamos salir en esas condiciones, había que retrasarlo. Fue entonces cuando alertaron a Lagunero y empezó a echarse para atrás. A su familia tampoco le gustaba mucho que metiera su dinero en el periódico".

Pablo García: "En su momento, nos dijeron que Teodulfo cerró el grifo por un lío familiar, pero también puede ser que lo hiciera porque le salió de los huevos".

Trabajador anónimo: "Pretendían cerrar el periódico de un día para otro, esto ya no sale, venga, todos para casa; dijimos, hombre, pues no, y nos encerramos hasta que nos pagaron".

"Nos hicimos con la web y publicamos: 'Teodulfo Lagunero estafa a sus trabajadores"

Pablo García: "Nos hicimos con el control de la web y publicamos a todo trapo: 'Teodulfo Lagunero estafa a sus trabajadores'. Ocupamos la redacción y estuvimos durmiendo unas semanas, con sacos y esterillas".

Víctor Claudín: "Bajé con un compañero a Fuengirola a negociar con Lagunero en nombre de la asamblea de trabajadores. Fuimos a reclamar nuestros derechos, pero también me dio pena el hombre. Su sueño se había venido abajo".

Trabajador anónimo: "La Telemadrid de Esperanza Aguirre vino a cubrir el encierro. Lógicamente: '¡Mira los rojos cómo se pelean entre ellos!".

Víctor Claudín: "Nuestro gran error fue centrarnos en nuestra situación inmediata (queríamos cobrar, había gente que había dejado sus trabajos para lanzar el periódico), en lugar de plantear una alternativa: aprovechar para lanzar un semanario o una web; para eso sí había medios y buenos periodistas".

"La Telemadrid de Esperanza Aguirre vino a cubrir el encierro. Lógicamente: '¡Mira los rojos cómo se pelean entre ellos!"

Trabajador anónimo: "Quedaban semanas para el 15-M, y su eclosión de las redes sociales como herramienta política, pero ahí estábamos haciendo un periódico en papel con los ritmos, estilos y formas del siglo XIX. Igual ese era el problema de fondo: que tocaba hacer un periódico 'online', pero hicimos (o tratamos de hacer) un periódico del siglo XIX".

Pablo García: "Al final, conseguimos cobrar los meses de trabajo con la ayuda solidaria de un abogado de CCOO, Enrique Lillo. Lagunero acabó pagando. Fue un conflicto generado por la izquierda, pero resuelto también por la izquierda".

Víctor Claudín: "Durante el encierro, fuimos a una manifestación de Juventud Sin Futuro, en doble función: cubrirla para la web de ‘La Voz de la Calle’ y como trabajadores en lucha tras ser despedidos. Al final de la manifestación, estalló el 15-M".

Y Lagunero se tiró a la piscina

Teodulfo Lagunero tiene algo de arquetipo: el millonario comunista como figura salvadora para levantar grandes proyectos de izquierdas. El mecenas rojo como animal mitológico. Feltrinelli, Roures, Lagunero. Preguntado una vez si los cargos franquistas con los que se cruzaba en sus negocios sospechaban de sus actividades comunistas, Lagunero respondió: "Lo sabían, pero el dinero es Don Dinero". ¿Dónde acaba la militancia y dónde empiezan los negocios? Lagunero financió desde complejas operaciones en la clandestinidad durante la dictadura, hasta proyectos para la órbita cultural comunista en democracia, a veces a fondo perdido, pero esto era otra cosa: sacar un periódico cuando la industria del papel declinaba.

A veces parece increíble que un periódico veterano se publique al día siguiente, debido a las convulsiones internas, ergo alguna que tenía que pasar que un rotativo muriera antes de nacer. Fundar un diario no solo requiere inversión y pérdidas fuertes para arrancar, sino niveles altos de gestión periodística. El contexto en el que nació 'La Voz de la Calle' tampoco ayudó. Con lo que ahora sabemos, si tuviéramos una máquina del tiempo y viajáramos a 2011 a fundar un periódico de izquierdas (o de derechas), lo haríamos online: tras el hundimiento de ‘La Voz de la Calle’, vino el de la edición en papel de ‘Público’, la caída en barrena de las ventas de prensa en papel, y el lanzamiento exitoso de ‘El Diario.es’ (y ‘Ok Diario’), pero en 2011 todavía se creía que la batalla por la opinión pública se jugaba en papel (al menos hasta que llegó el 15-M).

"Fue terrible... Me ha costado mucho dinero y la salud. Duele mucho que te traicionen"

¿Tenía sentido que un hombre de 84 años financiera (en exclusividad) y editara un periódico nacional en papel en 2011? En principio, no, salvo que uno se llamara Teodulfo Lagunero. Cosas más increíbles había logrado este hombre/cualquiera le paraba los pies.

En efecto, por homérico que fuera el proyecto, casaba con el carácter de Lagunero, osado y torrencial, aunque camaradas como el mismísimo Santiago Carrillo trataron de convencerle de que no era un desafío prudente, según conocedores de la gestación del proyecto.

Lagunero, que a sus 94 años lleva tiempo retirado del mundanal ruido, dio en 2012 una escueta versión a ‘El Confidencial’ sobre el escalabro de ‘La Voz de la Calle’: “Eso fue terrible... Me ha costado mucho dinero y la salud. Duele mucho que te traicionen”.

¿Quién traicionó a Lagunero? Probablemente él mismo, pero todo se resolvió en 2011 bajo el juego del reparto de culpas. Con Lagunero atrapado en Fuengirola, el conflicto en ‘La Voz de la Calle’ derivó en choque entre la redacción y la autoridad que había a mano, el director (Lorenzo Contreras) y los dos subdirectores (Eduardo Viejo y Rodrigo Vázquez de Prada y Grande), personas de confianza de Lagunero, pero sin capacidad ejecutiva sobre la empresa. La cosa ya venía caliente antes de que Lagunero diera la espantada, ante la dificultad de levantar un periódico en pocas semanas. Pero una cosa eran los problemas periodísticos y otra los empresariales.

La gestión de 'La Voz en la Calle', en definitiva, no estaba suficientemente profesionalizada.

"Es más fácil montar una urbanización que un periódico", cuenta una persona que trabajaba entonces con Lagunero

Acostumbrado a montar grandes proyectos desde cero y al ordeno y mando, Lagunero tenía lagunas sobre, por ejemplo, la existencia de las centrales (publicitarias) de medios. “Es más fácil montar una urbanización que un periódico”, cuenta una persona que trabajaba entonces con Lagunero.

¿Por qué no llegó a salir ‘La Voz de la Calle’? La versión oficial de Lagunero se plasmó en un mail a los trabajadores para anunciar el cierre “por no poder hacer frente a un aval bancario que pide la distribuidora”.

¿Era verosímil la explicación? No y sí. No porque Lagunero se había comprometido a financiar al menos un año el periódico, y manejaba planes de viabilidad hechos por él mismo (que incluían la contratación de hasta 53 periodistas y un gasto superior a los once millones de euros el primer año), luego resulta extraño que se retirara al primer contratiempo. Pero igual los avales no fueron tanto un imponderable económico como una “espoleta” psicológica, según un conocedor de las interioridades del recule. La gota que colmó la paciencia de un Lagunero con varios fuegos cercándole. Los periodistas le pedían más tiempo y medios para sacar el periódico, su familia presionaba para que no quemara el dinero en un proyecto de alto riesgo, su salud se resentía tras el accidente doméstico. A Lagunero no le salían de pronto las cuentas, ni las económicas, ni las físicas, ni las familiares.

Un cierre desafortunado a una vida pública de altos vuelos, pero con coherencia biográfica volcánica: Teodulfo Lagunero, siempre a lo grande, hasta para estrellarse.

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