Cristina Fallarás: "Madrid es Judea y Barcelona es Galilea"
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Cristina Fallarás: "Madrid es Judea y Barcelona es Galilea"

La autora aragonesa publica 'El evangelio según María Magdalena', una especie de falso ensayo sobre la compañera de Jesucristo que, en realidad, "es una novela económica"

Foto: La periodista y escritora Cristina Fallarás (EFE)
La periodista y escritora Cristina Fallarás (EFE)

En 2015 Cristina Morales publicó en Lumen 'Malas palabras'. El titulo no era del gusto de la joven Premio Nacional de Narrativa y en su reciente recuperación a manos de Anagrama lo cambió por 'Introducción a la vida de Teresa de Jesús'. En 2021 ve la luz 'El evangelio según María Magdalena' (Ediciones B), de Cristina Fallarás (Zaragoza, 1968). Las coincidencias más allá del nombre de pila de las escritoras podrían ser muchas, pero en realidad la única es reformular la existencia de esas mujeres controvertidas ayer como hoy.

Ambas plasman en sus relatos un tono intenso, de eso no hay duda; quizá una diferencia estriba en lo generacional, como asevera Fallarás tras preguntarle si su volumen es un falso ensayo. “Es fruto de la edad”, repite, y su sequedad se mezcla con la claridad de un lirismo bien distribuido, pues si algo tiene este texto es un tobogán armónico en el fluir de sus capítulos. La lectura de esta novela ha sido distinta por tener a Fallarás al otro lado del Whatsapp, y a partir de esta correspondencia casi inmediata emergieron las capas de la ficción, con los evangelios en una pizarra con chinchetas junto al escritorio para darles una vuelta de tuerca, centrándose, eso contesta, “en Mateo y los Apócrifos”.

placeholder 'El evangelio según María Magdalena'
'El evangelio según María Magdalena'

La sospecha de un falso ensayo es omnipresente, si bien es, asimismo, una sugestión por el personaje público de Fallarás, como si esperáramos de la protagonista declaraciones con el mordiente de su creadora, y claro, dado el contexto muchos supondrán feminismo en la envoltura. Tampoco irán errados, aunque el conjunto encierra más posibilidades temáticas, juntas y revueltas sin pisotearse al encajar en el rompecabezas propuesto.

El feminismo tiene peso en la autobiografía de la compañera del Nazareno, sin eclipsar todo lo demás y manchando su mayúscula por un pensamiento similar al expresado en Virginia Woolf en 'Tres Guineas', donde teorizaba que las mayúsculas de vocablos como Honor, Feminismo o Patria contenían el peligro de una violencia inapelable desde lo absoluto de su significado. Para combatirlas la risa podría ser un buen recurso, eso o eliminarlas del diccionario.

placeholder 'María Magdalena', de Jacinto Espinosa (MUSEO DEL PRADO)
'María Magdalena', de Jacinto Espinosa (MUSEO DEL PRADO)

Para dilucidar la influencia del feminismo lo más sencillo, casi pedagógico, es descubrir los referentes de mi mensajeada. “No leo autoras feministas.” No leerlas, intuyo, no supone ignorarlas. En la María Magdalena reinventada laten un haz de contradicciones. Una de las más fascinantes es su entrega a la causa de Jesucristo, “toda la novela es económica”, desde el amor físico y un patrocinio financiero, eso son milagros y embustes como el pan o los peces, señas de afirmación para aumentar la promesa de un paraíso cuando la tierra quema.

Magdalena de Magdala crece en un hogar de comerciantes en una época nerviosa con la emocionalidad política a flor de piel por las disensiones internas. “Galilea es Barcelona y Madrid, junto a la Meseta, Judea”. No avancemos acontecimientos. La residencia de la heroína de la trama es la de un gran señor, su padre, y mujeres dignísimas en su terquedad por dar vida mediante el parto, vida y muerte de la ruleta rusa por el altísimo porcentaje de defunciones durante el proceso. Esa comunidad es un empoderamiento desde la conciencia, con el dolor de la pérdida de tantos recién nacidos erigiéndose en clave para la filosofía de María Magdalena: nunca, eso insinúa, engendrará.

Esa mitad interior se complementa con la exterior, el puerto, las transacciones, los olores y la violencia. Zelotes, romanos, iras y odios empapan el aire, hasta atentar contra el progenitor de María Magdalena. Tras su asesino ella transcurrirá un período en la Ciudad Eterna, la mejor escuela para hacer suyos todos los velos y sutilezas del enemigo, dominándolos para sobrevivir.

La impostura y la trampa de lo universal

Esa omisión de las vivencias romanas es el salvoconducto para la impostura, casi una performance de control, la misma con otra actuación en Jesús de Nazaret, sanador de mentira, seguro de triunfar por pulsar las teclas justas en sus puestas escénicas. Para Fallaras es “la impostura mesiánica necesaria para el totalitarismo, aquí hacia una inmolación.” Jesús predica y vende una nada, “sí, pero una nada es todo.” Magdalena se sumerge en esa corriente adorada poco a poco por millares de personas y vislumbra en el ADN del movimiento la energía para derribar lo establecido. Esa senda, y la consecuencia de someterse a un credo, la conducirán con los demás hasta Jerusalén, pero en esa agonía de lento goteo la épica, desenmascarada, es la de unos idiotas obstinados en transportar en volandas a su líder hacia un suicidio travestido de martirio, porque, al fin y al cabo, tras una primera visita a la ciudad santa emprende la marcha hacia Betsaida, sinónimo de incredulidad, para virar de nuevo hacia su tumba, en plena Pascua, maniobra muy aconsejable para rebajar inmensas hogueras.

Este Cristo kamikaze es un mesías carismático con incomparables dones de pirómano. Cada lector, en función de ideas preconcebidas o lecturas con la actualidad, diseccionará lo narrado desde su subjetividad, más aún en esta tesitura, porque el evangelio es, según reza el dicho, la historia más grande jamás contada, y en su universalismo es, según Fallarás, “un dibujo con poros”. Todos tenemos noticia de lo emanado por Mateo, en la novela otro agente económico capital para la fe en el hijo del carpintero, y sus múltiples relecturas literarias o audiovisuales; por eso mismo su relato puede reinterpretarse al gusto del consumidor. Si uno quiere desmenuzarlo desde, por ejemplo, la metáfora del trumpismo y las extremas derechas otro lo analizará como una pirámide más global, con Roma en la cima por el Imperio y empecinada a reducir, hasta culturizar ciertas costumbres, a los vencidos, imbéciles por enfrentarse entre sí y quebrar el lema de la pax romana. Ambas visiones podrían ser acertadas, con otra constelación en la chistera, algo lógico al ser el evangelio un formato adaptable casi a la carta.

Idiotas

“La palabra que aparece más en mi María Magdalena es idiotas. Jesucristo es un imbécil, un puto idiota". Y esa idiotez se imbrica con la violencia, ejercida por el género masculino. La crucifixión no se reviste de dramatismo, salvo, y es bastante, por la crueldad deliberada y el lavarse las manos. Ciertas disensiones son buenas para apaciguar las aguas. Una Judea hecha añicos allanará el gobierno romano. La resurrección es la primera piedra para tergiversar lo acontecido, medio acallar las traiciones, confiriéndoles otro marchamo, y fundar una iglesia desde la perversión de la biografía del ocasional rey de los judíos.

“La palabra que aparece más en mi María Magdalena es idiotas. Jesucristo es un imbécil, un puto idiota".

La Historia la redactan los vencedores. Los relatos orales añaden hechos de boca en boca y al final tienen un cuajo casi uniforme. La Magdalena a punto de fallecer en Éfeso detesta las letras de Pablo de Tarso, el impostor por excelencia al manipular desde la oratoria la vida del Cristo y sus enseñanzas, y el pontificado de Simón Pedro. Al reescribir depositan una piedra deformadora de la original. Magdalena quiere refutarlos, sin mucha esperanza. Sus recuerdos son como un mensaje dentro de una botella, en inferioridad con los herederos masculinos del Mesías. Su voz es la de una derrotada partícipe de ese delirio hacia el vía crucis, no arrepentida, aunque sí asustada por la magnitud del artificio y su potencia posterior, retratada en el odio emanado en los parlamentos de Pedro y Pablo. “En Galilea sale el mal porque ahí puede crecer”. Amor y Vida era la frase a transmitir, tan simple como para defenestrarla o agotarla por machaconería, hasta vaciarla. En 'El evangelio de María Magdalena' ese Amor y Vida es el único resquicio para respirar, exiguo, elemental, urgente y siempre maltratado hasta evaporarse por ser esa nada que es todo. Un viejo proverbio vienés dice que ciertas cosas merecen no merecen siquiera ser ignoradas, porque si lo hacemos corremos el riesgo de darles demasiada importancia. El espectáculo piromusical de los idiotas, y su posterior reconstrucción hiperbólica, devora, digiere y aniquila esas esencias tan minúsculas, suspiros ahogados por el griterío.

Postdata de Fallaras: “No es el evangelio según Cristina Fallarás, es el evangelio según María Magdalena.”

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