Vivimos en un mal sueño de Phil Spector: la música moderna se lo debe casi todo a él
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TRES HIPÓTESIS Y UN ASESINATO

Vivimos en un mal sueño de Phil Spector: la música moderna se lo debe casi todo a él

El productor y asesino, fallecido a los 81 años, inventó una manera de entender la música y el negocio que hoy en día esta más vigente que nunca

placeholder Foto: Phil Spector. (Reuters)
Phil Spector. (Reuters)

Hipótesis número 1: la música actual le debe mucho más a Phil Spector que a los Beatles.

Eche un vistazo a los artistas más escuchados en Spotify durante 2020. Bad Bunny, Drake, Billie Eilish, J Balvin, Taylor Swift, Ariana Grande, Dua Lipa, The Weeknd. Ninguno de ellos ha publicado ningún homenaje —ni reproche— a Phil Spector, productor de una larga serie de éxitos durante los años sesenta y fallecido el pasado sábado tras haber sido contagiado de covid, mientras cumplía pena por el asesinato de Lana Clarkson en 2003. Sin embargo, son los hijos putativos del cerebro que creó 'Be My Baby', de las Ronettes, o 'Then She Kissed Me' de las Crystals, herederos de la genealogía pop y adolescente para los que la era rock fue solo una excepcionalidad histórica.

Existe un vago consenso que señala a los Beatles como el grupo más influyente de la historia de la música popular, y a Bob Dylan, como el solista más importante. Cada vez está menos claro. En las listas (de reproducciones) ya no hay grupos de guitarras fogueados a base de rock and roll ni cantautores con acústicas. Vivimos en la era de las pequeñas sinfonías para los chavales”, en palabras del propio Spector, y eso es Billie Elish. En la era de los listados interminables de productores, y eso es Dua Lipa o Lady Gaga. En la era de la conjunción entre el ritmo perfecto y la letra precisa, y eso es Bad Bunny o J Balvin. Y todo eso fue Spector.

También inventó la era de Harvey Weinstein: Spector fue el primer gran abusador, un desequilibrado que utilizó su poder, su dinero y su fama para controlar, amenazar y castigar a las mujeres con las que vivió (y, de paso, a algunos de sus colaboradores). Un manipulador que a simple vista parecía un frágil cerebrito de metro y medio.

No escribo como Cole Porter, pero tampoco hay presidentes como Lincoln

En su perfil sobre Spector publicado en 1964, Tom Wolfe utilizaba como leit motiv el motivo “el primer magnate del pop, el primer multimillonario adolescente” tantas veces que dejaba de ser un elogio para sonar a caricatura. Phil Spector fue el primer ‘youtuber’, un icono adolescente antes de que los Beatles saliesen de Hamburgo, y como tal, objeto de desprecio elitista e incomprensión por parte de la generación pre ‘boomer’. En el caso de Spector, como escribió el crítico Nik Cohn, “el odio es igual a dinero”.

Rebobinemos hacia su entrevista con David Susskind en agosto de 1964. Este coge la letra de 'A Fine, Fine Boy' y de 'Da Doo Ron Ron', y comienza a leerla en voz muy alta: "Es un buen, buen, buen chico, es un buen, buen, buen chico, es un buen, buen, buen chico". "Da doo ron ron ron da doo ron ron, da doo ron ron ron da doo ron ron". El veterano presentador no necesita más para que la audiencia repare en lo ridícula que es la música pop. Pueden hacer la prueba: cualquier letra leída sin música es patética. En respuesta, Spector comienza a golpear la mesa y le recuerda: “Te estás dejando el ritmo”. Cuando le preguntaban por qué no había ya compositores como Cole Porter, respondía que, bueno, tampoco había presidentes como Lincoln.

'Da Doo Ron Ron', de The Crystals

La música del siglo XXI es el imperio del ritmo y de la letra aparentemente banal, de la incomprensión y del estudio (o el ordenador portátil, en este caso) como laboratorio. El Muro de Sonido que caracterizaba la obra de Spector no es tan solo la acumulación de instrumentos (dos pianos, dos guitarras, dos bajos, batería, percusiones latinas, maracas y montunos, cuerdas y vientos, y más pianos, por favor), sino más bien un maridaje de sonidos, por utilizar la finolis metáfora culinaria, que sonaba maravillosamente bien en las radios de amplitud modulada y que suena sospechosamente bien en un altavoz ‘bluetooth’. Estamos viviendo en una pesadilla salida de la mente de Phil Spector, en una era de magnates y adolescentes.

Hipótesis 2: Phil Spector (re)inventó la adolescencia

La sociología suele situar en los años cincuenta el nacimiento de la experiencia adolescente moderna, producto de un ‘boom’ económico que hacía que un mocoso de 12 años con una paga lo suficientemente cuantiosa en su bolsillo pudiese permitirse comprar un disco de 45 revoluciones. Pero no podía ser de Frank Sinatra o de Perry Como. Si el rock’n’roll resultaba un poco sospechoso para demasiados padres, tendrían que ser canciones melódicas y melancólicas a las que lo máximo que les podrían reprochar los mayores era su superficialidad y la exacerbación de sentimientos frívolos (para el que no los experimenta) como el amor o el deseo. Había nacido el pop.

Spector gastaba tanto tiempo en una canción como otros en 20, pero siempre funcionaba

“Cuando estábamos grabando esas canciones, mis colaboradores no eran conscientes de que estaban produciendo obras de arte que cambarían el mundo. Yo sí lo sabía”, le contaría al periodista Mick Brown en un encuentro en su mansión que parece salido de ‘Ciudadano Kane’, apenas unas semanas antes del asesinato de Clarkson. En la entrevista, compara la grabación de sus clásicos con el momento en el que Thomas Jeffersson escribió la Declaración de Independencia. Spector escribió el acta de nacimiento de otro tipo de independencia, la de la adolescencia libre, sentimental y consumidora. “Mis discos están construidos como una ópera de Wagner”.

Antes y más aún que los Beatles, las canciones de Phil Spector dieron forma a una mezcla de fervor púber, romance de recreativos y angustias incomprensibles para los adultos que se convirtió en una máquina de hacer dinero. A diferencia de lo que ocurría en la industria musical del momento (y en la industria editorial actual), nada de disparar 20.000 balas esperando que una o dos alcanzasen el objetivo. Spector destinaba todo el esfuerzo de 20.000 canciones a una sola, y siempre funcionaron. Al menos, hasta que dejaron de hacerlo.

Spector, disparando al techo mientras graba con Lennon, dramatizado en 'Phil Spector', de David Mamet. La respuesta de Lennon: "Si vas a matarme, Phil, mátame, pero no me jodas los oídos porque los necesito"

Antes de los 21, ya había amasado dos millones de dólares de la época y se había convertido en el dueño más joven de un sello musical gracias a Philles, fundado junto a Lester Sills. Lo controlaba todo, menos la distribución. Ríete tú de ElRubius. Había llevado mucho más lejos las enseñanzas de su maestro Stan Ross, copropietario de Gold Star, el estudio de Los Ángeles donde se alumbraron sus grandes canciones, y de la escuela de compositores del Brill Building. Aunque se mudó de pequeño a la Costa Oeste, Spector, descendiente de judíos emigrados desde Ucrania, siempre tuvo un corazón del Bronx: sus canciones tenían más que ver con esa mezcla de razas, culturas e inspiraciones que era la propia Ronnie Spector que con el carácter bronceado y melancólico del Pacífico. Eso se lo dejó a los Beach Boys y a Brian Wilson, su gran heredero musical.

The Crystals primero y más tarde The Ronettes, como una versión perfeccionada de las primeras, serían el coro griego perfecto para recitar esos eslóganes: "Sé mi chico, di que serás mi nene", "me besó de una forma en la que no me habían besado antes", "me golpeó y me pareció un beso, me golpeó y supe que me quería", "hoy he conocido al chico con el que me voy a casar" y "Da Doo Ron Ron". ¿Qué significa "Da Doo Ron Ron", Phil? “No es lo que significa, es lo que te hace sentir”, respondía. A medida que avanzaba la década y los Righteous Brothers pasaron a formar parte de su ‘roster’, los estribillos comenzaron a ensombrecerse: “You’ve Lost That Lovin’ Feelin” es quizá la canción más famosa jamás salida de la factoría Spector.

'You've Lost That Lovin' Feelin', de The Righteous Brothers

Y entonces llegó 1966 y todo se acabó. El relativo fracaso de ‘River Deep, Mountain High’ de Ike & Tina Turner y una nueva era los álbums, psicodelia y una contracultura que no tenía nada que ver con el universo spectoriano le condujeron a un retiro en el que ya solo le llamaba el que le aguantaba (y muchas veces ni eso), mientras mantenía encerrada a su mujer Ronnie, a la que obligaba a salir a conducir con un muñeco imitando a Spector en el asiento de copiloto o a vivir sin zapatos por miedo de que echase a correr, como cuenta en su biografía ‘Be My Baby: How I Survived Mascara, Miniskirts and Madness’. Su papel como traficante en ‘Easy Rider’ anticipaba su inmediato futuro bizarro.

¿Quién le aguantaba? Básicamente, John Lennon y George Harrison, que recurrieron a él para torpedear a base de arreglos orquestales 'Let It Be' a las espaldas de Paul McCartney, así como para sus propios discos, desde 'Imagine' hasta 'All Things Must Past'. El Muro de Sonido se había quedado en pura apariencia: ni Spector escribía una palabra, ni su presencia cada vez más alcoholizada tenía sentido más allá del de figurar en los créditos del álbum o tener alguna anécdota que contar a los colegas en el Troubadour. “Ya sabes cómo es Phil, el otro día se presentó en el estudio y le pegó un par de tiros al técnico de sonido, hay que quererle como es”, bien podría haberle contado Lennon a Nilsson entre Brandy Alexanders.

"Tengo en mi interior diablos con los que peleo y soy mi peor enemigo"

Sobre la relación de Spector con las armas, Marky Ramone, batería del grupo punk, realizó una vez una maravillosa puntualización sobre la leyenda urbana que cuenta que en una ocasión retuvo a los cuatro macarras de Queens en su casa a punta de pistola: “Había armas, sí, pero tenía licencia. Nunca nos tuvo como rehenes, nos podíamos marchar si queríamos”. Leonard Cohen, con el dipsómano ‘Death of a Ladies’ Man’, y los Ramones, con ‘End of the Century’, fueron dos de sus últimos clientes con discos que hoy se recuerdan como simpáticas rarezas en las discografías de sus autores. La colaboración con Céline Dion no cuajó y su canto del cisne, irónicamente, fueron un par de canciones para Starsailor. Para entonces, Spector ya hacía décadas que estaba de salida.

Hipótesis 3: los magnates se salen con la suya, pero solo por un rato

“Estaba tullido por dentro. Emocionalmente. ‘Loco’ es una palabra muy dura, pero es maníaco-depresivo, bipolar. Tomo medicación para la esquizofrenia, pero no diría que soy esquizofrénico. Pero tengo una personalidad bipolar. Tengo diablos en mi interior con los que peleo. Y soy mi peor enemigo” (De la entrevista con Mick Brown realizada semanas antes del asesinato de Lana Clarkson)

placeholder Retrato policial de Phil Spector en 2009.
Retrato policial de Phil Spector en 2009.

Resulta significativo que Spector haya fallecido la misma semana que el otro magnate por antonomasia, Donald Trump, abandona la Casa Blanca. Si hay algo que nadie puede comprar es el perdón histórico, y parece que ni el uno ni el otro lo conseguirán. No ha habido mensajes cariñosos ante la muerte de Spector. Lo más cercano han sido las ambivalentes declaraciones de Steven van Zandt, guitarrista de la E Street Band de Bruce Springsteen: “Un genio irremediablemente conflictivo, era el ejemplo definitivo de que el arte es siempre mejor que el artista, al haber grabado algunos de los mejores discos de la historia, basados en la salvación del amor y al mismo tiempo ser incapaz de dar o recibir amor durante toda su vida”.

‘Phil Spector’, la fantástica TV movie de David Mamet, deja caer que fuese más o menos culpable, Spector era incapaz de representar un mínimo de inocencia. Es más, parecía no interesarle. En el clímax de la película, el Spector interpretado por Al Pacino se presenta con una tremenda peluca afro en homenaje a Jimi Hendrix, como ocurrió en realidad. Sus abogados suspiran al ver la estampa; saben que ha perdido el juicio, en todos los sentidos. No parece que Spector confiase sinceramente en su inocencia, ni tampoco que buscase perdón, pero sí parecía mostrar cierto alivio en haber sido castigado al fin: como pronto, podría obtener la libertad condicional en 2024, a los 84 años, pero en las fotos de la cárcel se le ve sonriente, sin peluca y con un par de sonotones. No hay peor castigo para un arquitecto del sonido que quedarse sordo.

Si Spector era un Charles Foster Kane pop, su Rosebud tal vez pudo ser su padre

No le ayudó que en el discurso durante el funeral de su amigo Ike Turner se dedicase a insultar a su viuda Tina. Tampoco ayuda que impidiese durante años cantar a Darlene Love la popular 'Baby Please Come Home' en televisión y le escamotase los ‘royalties’ de sus canciones hasta que consiguió recuperarlos a comienzos de los años 90. No ayuda que mucho antes del asunto Clarkson, todo el mundo supiese que Spector sufría una malsana fascinación por las armas. No ayuda que su hijo adoptivo respondiese tras el asesinato que, inocente o no, debía estar en la cárcel porque era un “enfermo”. No ayuda que le presentases a tu mujer los dos hijos que acababas de adoptar sin avisarle al grito de "¡feliz Navidad!". No ayuda que a nadie le caigas bien.

Las palabras más afectuosas han sido las de la propia Darlene Love y las de Ronnie Spector, quizá porque ellas no tienen que fingir indignación. “Si no fuese por Phil Spector, no tendría una carrera”, decía la primera en ‘Rolling Stone’ tras detallar todas las que le jugó el neoyorquino (y son unas cuantas). “Aquí estoy 50 años después, cosechando los beneficios de lo que ocurrió hace más de 50 años. Odio que muriese como murió y odio dónde estaba cuando murió. Ahora me siento muy, muy triste”. Ronnie, que nunca renunció al apellido, fue más directa: “Es un día triste para la música y para mí”, publicó en Instagram. “Era un productor brillante pero un marido lamentable”.

Si Spector era un Charles Foster Kane de la era pop con pistolas, whisky y cocaína, su Rosebud tal vez pudo ser su padre, de cuyo epitafio en la tumba sacó su primer éxito: “To Know Him Is To Love Him”, es decir, “conocerlo es amarlo”. Benjamin se suicidó cuando el pequeño Harvey tenía ocho años (Spector odiaba su nombre y lo cambió a Phil). El problema de Spector era que conocerlo era odiarlo, aunque el pequeño genio parecía más consciente de sus problemas de lo que la leyenda cuenta. En la caja ‘Back to Mono’, la mejor manera de introducirse en su obra (junto a ‘The Philles Album Collection’), Spector dedica su obra a su padre y reproduce estos versos anónimos que, asegura, suele repetirse cuando las cosas van mal:

“Para ser una estrella, debes desprender tu propia luz, seguir tu propio paso e ignorar la oscuridad, así es como las estrellas brillan más fuerte”. Pero, como Ronnie Spector matizó en su epitafio, “la oscuridad se instaló y eso hizo daño a muchas personas”.

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