'Libelo de sangre', una novela histórica sobre la Inquisición española
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'Libelo de sangre', una novela histórica sobre la Inquisición española

La abogada Sandra Aza se estrena en la novela histórica 'Libelo de Sangre' sobre las falsas acusaciones de asesinatos rituales contra los judíos en época de la Inquisición

placeholder Foto: Ilustración de asesinato ritual de Simón de Trento (1475), según las Crónicas de Núremberg de Hartmann Schedel (Alemania, 1493).
Ilustración de asesinato ritual de Simón de Trento (1475), según las Crónicas de Núremberg de Hartmann Schedel (Alemania, 1493).

En el martirologio romano, y respecto a la causa que nos atañe, destaca la figura de Simón de Trento, un niño al que secuestraron en la ciudad -ahora italiana- en la Pascua judía de 1475. Al parecer, encontraron su cadáver mutilado y las autoridades obligaron a confesar a varios judíos que había sido un asesinato ritual y que habían utilizado su sangre para fabricar el pan de Pascua. Las autoridades eclesiásticas los declararon culpables y los quemaron vivos en una plaza. No fue ésta ni la primera ni la última acusación contra los judíos de ese tipo de infanticidios ceremoniales, a los que se llamó "libelos de sangre". Y, precisamente, alrededor de un caso de este tipo ha construido Sandra Aza, abogada devenida en escritora de novela negra histórica, su primera novela, 'Libelo de sangre' (Novacasa Editorial, 2020), ambientada en el Madrid de 1621, en pleno ascenso al trono del rey Felipe IV, en pleno Siglo de Oro español.

Abogada procesalista en un importante bufete, Aza decidió dejar su trabajo y buscar un puesto que le permitiese conciliar con la literatura. "Decidí ir a por ello, oposité y me busqué una actividad laboral que me permitiese compatibilizar con un horario más estructurado en la Administración, en Hacienda. Todas mis vacaciones, cualquier día libre que yo tuviera era para escribir". Cuatro años después de comenzar a escribir, la autora ha publicado su primera novela, salida justo al inicio del confinamiento. Cuatro años en los que se ha sumergido en el Archivo Histórico Nacional y la Biblioteca Nacional para empaparse de la época y del funcionamiento de un tribunal tan oscuro cono fue el de la Inquisición.

placeholder Portada de 'Libelo de sangre'
Portada de 'Libelo de sangre'

"La Inquisición siempre me ha llamado mucho la atención", confiesa Aza. "Siempre se ha hablado de la leyenda negra y me atrajo el morbo, pero luego empecé a adentrarme en la historia de la Inquisición. La Inquisición tiene mucho de leyenda, pero sobre todo era una institución con un procedimiento reglado. Como abogada procesalista que soy reconozco que no era nada garantista, pero dentro del contexto histórico es remarcable que fuese un proceso jurídico riguroso. En mi libro quise plasmar cómo era un proceso inquisitorial, pero sin morbos ni exageraciones. En España, para la Inquisición el primer objetivo eran los judaizantes, porque la Inquisición nació cuando a los judíos todavía no se les había expulsado de los reinos de Castilla y Aragón, mientras que en otros reinos de Europa sí".

Gracias a que todos los procesos de la Inquisición fueron transcritos, Aza ha podido encontrar mucha documentación de la época. "Aunque ‘Libelo de sangre’ es una novela y no un ensayo jurídico, hay metido un transcurrir jurídico por el que pasan los protagonistas", admite. "Para mí ha sido mucho más complicado sumergirme en el vocabulario de la época. Por ejemplo en la jerga del juego, de la picaresca, de los naipes. Todo ese lenguaje cifrado -porque los pícaros estaban perseguidos por las autoridades- me costó bastante más que entender el lenguaje jurídico, porque este último ha cambiado, pero no mucho. La base de todo son Las instrucciones de la Inquisición española que escribió Torquemada en 1484, aunque luego hubo modificaciones posteriores. No era un código como la Ley de enjuiciamiento civil, pero sí una guía, unos trucos, un decálogo para los inquisidores que se seguía de manera muy escrupulosa".

Aza se sumerge en el Madrid de 1621, justo cuando Felipe IV asciende al trono

En 'Libelo de sangre', Alonso, el hijo de 13 años de un escribano, Sebastián Castro, y su mujer, Margarita Carvajal, debe investigar la acusación que apunta a sus padres como autores de un libelo de sangre, es decir, de falsas acusaciones contra judíos por utilizar la sangre de niños cristianos para sus ritos religiosos. Si se "demuestra" la culpabilidad de sus padres, acabarán en la hoguera. Aza se sumerge en un Madrid de contrastes en el Madrid de 1621, poco después de que el Duque de Lerma se llevase en 1601 la Corte a Valladolid y de que Felipe III la volviese a traer tan sólo cinco años después en un movimiento de especulación urbanística sin precedentes. Madrid era entonces un lugar extremadamente pobre y sucio, pero también el foco de atracción de los grandes artistas del Siglo de Oro bajo el mecenazgo de Felipe IV.

"Madrid ya había sido capital -bueno, en ese momento no existía ese concepto, sino el de sede de la Corte-, pero el Duque de Lerma se la había llevado a Valladolid durante cinco años y la había vuelto a traer", concreta. "A raíz de ese cambio Madrid vivió una crisis económica brutal porque los bienes inmuebles como los palacios se devaluaron. Pero cuando la Corte volvió se produjo una revolución en ascenso y empezaron a construirse muchos conventos, la Huerta del Duque y se convirtió en un foco de excelencias culturales. Y es verdad que había mucha pobreza y que el dinero lo veía muy poca gente, pero sobre todo a partir del reinado de Felipe IV, que se convirtió en el auténtico mecenas de todos los artistas de la época".

placeholder Sandra Aza, autora de 'Libelo de sangre'.
Sandra Aza, autora de 'Libelo de sangre'.

Para Aza la novela histórica es uno de los géneros más complicados, "porque tienes que ceñirte al rigor histórico". "Tienes que tener muy interiorizado el contexto histórico porque en cualquier momento se te va y utilizas un término que es anacrónico, que no existía en la época". Muchos meses de lecturas de la época -tanto documentos como novelas-, para conocer la visión de la ciudad de quienes realmente vivieron en ella. "Eso fue una inmersión la literatura del Siglo de Oro, que es en la que los autores coetáneos describen lo que ven, no como, por ejemplo, un ensayo de Mesonero Romanos, que es bastante posterior, aunque también lo he leído. Si lees a los autores de la época, Quevedo, Góngora o Tirso describen lo que ven. Como lo cuenta Tirso en ‘El diablo cojuelo’, 'el Manzanares se llama río porque todo el mundo se ríe de él', porque debía de ser mucho más grande el Puente de Segovia de lo que el caudal del río pedía".

La autora ha aprovechado esta inmersión y el parón de la vida social provocado en la pandemia para empezar con la segunda parte de la novela. "El lanzamiento del libro fue un shock, porque me he pasado todos los años acariciando el momento de la presentación rodeada de toda tu gente y, de repente, te encuentras de que no puedes hacer nada de eso. Me llegaron los primeros ejemplares al poco del confinamiento y no podía ir a enseñárselos a nadie. El drama es tan grande, está muriendo tanta gente, que al final te das cuenta de que la presentación de un libro es lo de menos", lamenta. "Pero ya estoy escribiendo ya la segunda parte. Cuando ya te metes estás inmersa en el lenguaje, en la época. Con la promoción del libro y el trabajo te toca volver al siglo XXI, pero intenté por todos los medios no dejarlo, no salir del siglo XVII, la época a la que volvería si existiese una máquina del tiempo".

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