'Por la sagrada causa nacional': de la matanza de Badajoz a la Inquisición militar
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'Por la sagrada causa nacional': de la matanza de Badajoz a la Inquisición militar

El historiador español Francisco Espinosa conecta en su último libro las iniciales e indiscriminadas muertes del año 36 con lo que sería la Causa General a partir del 40

placeholder Foto: Plaza de Toros de Badajoz, Agosto 1936.
Plaza de Toros de Badajoz, Agosto 1936.

En la plaza de toros de Badajoz, no ha muerto fusilado nunca nadie, sólo astados a estoque y descabello durante la fiesta nacional. Es así, porque se inauguró en 1967 en Pardaleras, en el extrarradio de la ciudad y sin una puerta grande por donde salir a hombros. Como si nadie quisiera salir con pompa de ese albero. Será porque la otra plaza, en la que habrían muerto asesinadas 1.500 personas durante dos días, sencillamente ya no existe pues se demolió a finales de los 90 para difuminar aún más si cabe la matanza a sangre y fuego del maldito verano del 36.

Lo sabe bien el historiador Francisco Espinosa Maestre que lleva años luchando por combatir la desmemoria de una ciudad en la que como en aquel capítulo de la obra de Gabriel García Márquez, ‘Cien años de Soledad’, parece que lo realmente acontecido, sencillamente no ocurrió o trató de borrarse. Pero la sangre manchó el albero de la ahora inexistente plaza de Badajoz, donde ahora se erige el Palacio de Congresos que inauguró el expresidente Ibarra en 2006. Se olvida que fue por toda la ciudad, corrió aún más por muchas de las calles de la ciudad y pintó las paredes de la catedral y el ayuntamiento, que en cambio, siguen en pie.

La Plaza de Toros desapareció pero lo que nadie ha podido borrar son los expedientes de la represión

Cuando han transcurrido más de 70 años, se siguen discutiendo detalles: ¿hubo asesinados en la plaza de toros o "solo" sirvió como lugar de detención previo paso a las tapias y cunetas de la ciudad donde fueron asesinados en total unas 3.800 personas? Precedió al Estadio Nacional de Chile en 1973 y a la matanza en otro estadio, Sabra y Chatila, en el Líbano en 1982. La Plaza de Toros desapareció, pero lo que nadie ha podido borrar son los miles de expedientes de la represión, la que sucedió inmediatamente después a la barbarie de los fusilamientos de los primeros días.

Consejo de nazi

La masacre de los días 14 y 15 de agosto de 1936 se sustentó con un mero bando militar, después, sobrevino la maquinaria inquisitorial que se puso en marcha a sangre fría en los despachos de los juristas militares sublevados. El consejo provino nada menos que de los nazis, tal y como explica el historiador Francisco Espinosa a El Confidencial: "Fueron los propios alemanes que estaban en España ya ayudando a los rebeldes quienes indicaron al incipiente estado franquista que dieran un poco de apariencia de legalidad a lo que estaban ya cometiendo con el tema de la represión". Es parte de su nueva obra: 'Por la sagrada causa nacional: historias de un tiempo oscuro. Badajoz '1936-1939', (Crítica).

placeholder 'Por la sagrada causa nacional' (Crítica).
'Por la sagrada causa nacional' (Crítica).

¿Por qué habrían de dotarse de un aparato legal? Es una de las claves del libro pues alude a ese periodo de la represión franquista que conecta las iniciales e indiscriminadas matanzas del año 36 con lo que sería la Causa General a partir del 40. Es decir, la creación y el verdadero engranaje de la maquinaria represiva del estado, que se elevaba por encima del mero ajusticiamiento de guerra de unos militares rebeldes. Es importante, porque implicaría también una interpretación de la progresiva fundación del régimen franquista durante la guerra.

También ocurrió en la zona republicana, la represión no se debió a incontrolados: se decidió fríamente y en el caso de los nacionales -cuya cifra sería superior porque la ganaron- con minuciosa premeditación. Lo que se abre entre los cientos de expedientes de la represión franquista durante la guerra que ha encontrado Francisco Espinosa en los archivos militares de Sevilla, ya que Badajoz quedó bajo jurisdicción del ejército del sur, es una buena muestra del funcionamiento de aquel simulacro de justicia. Es la base de 'Por la sagrada causa nacional', que desde el título viene a cimentar una interpretación muy concreta que es el carácter puramente inquisitorial que tuvieron los auditores militares designados a tal efecto y que incluso se excedieron a ojos de la propia justicia militar.

En Sevilla fueron rehechos los libros del cementerio para hacer desaparecer nombres y apellidos

"Cabe establecer ciertas características sobre la relación entre la represión y su plasmación en los archivos de Badajoz" apunta Espinosa: "sabemos que en Sevilla fueron rehechos los libros originales del cementerio para hacer desaparecer nombres y apellidos y dejar solo constancia numérica de los que día a día ingresaban en las fosas comunes; sabemos igualmente que en Huelva se hizo constar el número diario de 'desaparecidos', durante unos meses sin que apareciese nombre alguno. En ambas ciudades, el Registro Civil de defunciones recogió solo posteriormente, y siempre por debajo de las altísimas cifras resultantes de los Libros de Cementerio, las pérdidas humanas ocasionadas por la represión".

Pantomima jurídica

Lo que vendría después es el verdadero objeto del nuevo trabajo: "Cuando ya se implanta el sistema de los consejos de guerra son una pantomima jurídica organizada simplemente para dar una apariencia pero al menos tuvieron un aspecto positivo para el estudio posterior y es que dejaron huella con la instrucción de la Guardaa Civil, un parte médico final, un certificado de defunción y se inscribe en el registro. La documentación de los consejos de guerra se está intentando evitar que se suba a internet para que la gente tenga acceso a excepción de la de Huelva porque es muy delicada salen muchos nombres incluidos claros los de los represores y a diferencia de esa documentación que está vetada la Causa General está abierta desde hace muchos años en su contenido más significativo".

Es una vieja polémica ¿La instauración de la jurisdicción nacional supuso el fin del terror blanco?

"El proceso de las columnas de las subidas tras la implantación del golpe militar es muy significativo porque las zonas que caen rápidamente son un mapa en el que se puede estudiar perfectamente el proceso represivo: es donde primero se mata indiscriminadamente con el bando de guerra y enterrando a todo el que se pone en medio que es un poco donde se buscan las fosas a partir de la ley de Memoria Histórica de 2006".

Espinosa se refiere al momento en el cual se establecen de forma más aparente los Consejos de Guerra de Urgencia que coincide con la caída de Málaga, y más tarde con el nombramiento como ministro de Orden Público del general Severiano Martínez Anido. Es una vieja polémica ¿La instauración de la jurisdicción nacional supuso el fin del terror blanco?

La otra represión

Las cifras lo avalan. Una clásica interpretación franquista es que aún sumarísimos, tenían ciertas garantías. Espinosa matiza a El Confidencial que aunque sí hubo menos matanzas fue porque el grueso ya se había cometido. Aún hay más: "En un primer momento de los bandos de guerra se va matando de una manera que caen los primeros responsables y figuras relevantes de la política, sindical, las más significadas de la época republicana: detenciones masivas y asesinatos por el simple hecho de imponer el terror".

Se estableció la ilegitimidad de la República: vamos que los rebeldes no eran los militares sublevados

Los consejos de guerra cambiaron el guión del sangriento 36, se sigue matando, eso no se detiene, pero sí es verdad que ese elemento secundario que al principio también asesinaban no se aplica como se hacía antes: ya no es tan necesario el terror y a esa segunda fila, por decirlo de alguna forma, se les envía a las prisiones y por otra macabro cálculo que es el de los trabajos forzados que se prolongarían terminada la guerra".

Existe además otra represión -Espinosa divide los tipos de expedientes- que ha recibido menos atención como fue el expolio, el robo y la marginación de los vencidos y que entronca con lo que él compara a la forma de actuar de la Santa Inquisición. Es cierto que en el improvisado cuerpo jurídico que van creando los nacionales existen auditores -ni siquiera letrados- pero también fiscales que se adhieren y que acaban revirtiendo el orden democrático con la comisión Bellón, que sencillamente dio la vuelta a la tortilla: desde 1934, la II República era ilegal y las elecciones de febrero del 36 fraudulentas. Vamos, que los rebeldes no eran los militares sublevados. Eran los otros, los que fueron perseguidos.

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