Beethoven y la maldición del violinista mulato
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Beethoven y la maldición del violinista mulato

Una magnífica grabación de Lina Tur Bonet recupera la obra que el compositor dedicó a Bridgetower antes de arrebatársela y acabar designándola como la homónima novela de Tolstói: 'Sonata Kreutzer'

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Beethoven.

Una de las peculiaridades de la 'Sonata Kreutzer' de Beethoven consiste en que Rodolphe Kreutzer (1766-1831) no se atrevió a tocarla nunca. Era un violinista reputadísimo y virtuoso, pero no lo suficiente para atreverse a ejecutar los pasajes infernales del último movimiento. Es más, ni siquiera la dedicatoria de la sonata formaba parte originalmente de las intenciones de Beethoven.

El destinatario era George Bridgetower en unos términos fascinantes: “Sonata 'mulattica' compuesta para el mulato Bridgetower, gran lunático y compositor mulato”. Tiene sentido evocar el texto porque la violinista ibicenca Lina Tur Bonet acaba de grabar la obra. Porque está agonizando el año Beethoven. Y porque urge repescar la gloria y la desgracia del propio Bridgetower. Mulato, en efecto. Virtuoso del violín. Y artífice de la telúrica sonata una mañana vienesa de 1803. Beethoven estaba sentado en el piano. Y Bridgetower apenas había tenido tiempo de aprenderse la partitura, pero las contingencias predispusieron un fabuloso trance de improvisación en la cadencia del tercer movimiento. “Mi querido muchacho... ¡Una vez más!”, exclamó Beethoven impresionado por la cualificación lunática del joven violinista mulato.

placeholder La violinista española Lina Tur Bonet. (EFE)
La violinista española Lina Tur Bonet. (EFE)

Tenía 24 años Bridgetower. Y había irrumpido con extraordinaria fuerza e inusitado magnetismo en los círculos musicales de la capital imperial. No ya por lo extraña que resultaba la competencia de un solista mestizo entre los músicos más ilustres, sino porque el apadrinamiento de Beethoven precipitó la dedicatoria de la 'Sonata para violín y piano número 9, opus 47'.

¿Por qué se arrepintió Beethoven? ¿Qué razones le llevaron a renegar del mulato? Beethoven, es verdad, abjuró de la dedicatoria de la 'Tercera sinfonía' que hizo a Napoleón. Le desengañó la deriva cesarista del emperador. Los motivos que malograron la gloria de Bridgetpwer están menos claros, aunque la propia Lina Tur Bonet evoca que pudo tratarse de un desencuentro personal: a Beethoven le desagradó un comentario que el violinista hizo de una amiga común. Se supone que una grosería o una imprudencia. Una torpeza de consecuencias devastadoras.

Tentadora maldición

Resulta tentador, literario o más bien libresco recrearse en la idea de una maldición, de un anatema, aunque más literario todavía puede considerarse la novela que Tolstói escribió con el título de la 'Sonata Kreutzer'. La censuraron las autoridades rusas porque agredía a la moral. Y porque el feroz escritor exponía un truculento crimen por despecho amoroso, hasta el extremo de que el protagonista, Pózdnyshev, ejecuta a su esposa mientras ella, sentada en el piano, está tocando junto a su amante un pasaje de la obra de Beethoven. Lo que no consigue es capturar al violinista. "Quise correr tras él, pero estaba en calcetines. No podía correr tras él en esas circunstancias; mi intención era parecer furioso, no ridículo", expone Pózdnyshev.

placeholder Lev Tolstói.
Lev Tolstói.

La novela de Tolstói redunda en la reputación diabólica de la sonata lunática de Beethoven. Se le atribuyen cualidades pasionales, connotaciones pecaminosas. Por eso conviene escucharla como si fuera la primera vez. Despojarla de las leyendas y de la pátina del tiempo y del destiempo. Lo consiguen Lina Tur Bonet y Aurelia Viçovan en la grabación del sello belga Pasacaille. Nos trasladan a la atmósfera de un acontecimiento en directo, a la experiencia de un estreno, como si estuviéramos realmente en Viena, el 24 de mayo de 1803 a las ocho de la mañana. Tur Bonet y Aurelia Viçovan, ambas con instrumentos de época, interpretan la sonata como si fuera un acto revolucionario. Beethoven es un compositor en permanente estado de vanguardia, pero no siempre se interpretan sus obras con semejante crudeza y descaro. Ni con una ponderación alquímica tan elocuente entre el fuego, la poesía y el sentido del humor.

No hay rastro posible de Kreutzer en 'Sonata Kreutzer', aunque de alguna manera sobrevive el espíritu de George Bridgetower, cuyo padre, Frederic, dedicó muchos años de su vida a explotar el fenómeno del prodigio mulato. Vestía ropas extravagantes. Fantaseaba con los orígenes aristocráticos de la familia. Cobraba soberbios emolumentos. Y hasta aprovechaba los conciertos del chico para organizar reivindicaciones contra la segregación racial. Llegó incluso a disfrazarse de esclavo con en ánimo de conmover la sensibilidad de las cortes centroeuropeas.

Beethoven es un compositor en permanente estado de vanguardia, pero no siempre se interpretan sus obras con semejante crudeza

”Con la ropa de inspiración oriental en boga, Frederick aumentó su presunto exotismo vistiendo amplias túnicas turcas”, puede leerse en un reportaje del New York Times publicado el pasado septiembre. “Todo el mundo quería conocer a este 'príncipe africano' y a su prodigio. En el otoño de 1789, Frederick había conseguido que su hijo actuase ante el rey Jorge III y la reina Carlota, así como ante el príncipe de Gales, más tarde en presencia de Jorge IV”.

George Bridgetower había nacido 11 años antes en el Este de Polonia. La ascendencia africana de su padre desposó la blancura y modales refinados de frau Maria Schmid, germano polaca ella y cómplice de la 'explotación' progresiva de la criatura, hasta el extremo de que el pequeño George tenía seis años cuando lo presentaron en la corte del emperador José II. Las crónicas le llamaban 'el hijo del moro', el prodigio de las colonias, el diablo africano, aunque esta clase de etiquetas comerciales y discriminatorias también alcanzaron al propio Beethoven, conocido como 'el español' a cuenta de su tez oscura y de su cabello alborotado.

Tenían cosas en común. Y las conjugaron en una mañana vienesa cuyo desagravio ha requerido el transcurso de dos siglos y medio. Uno de los mayores y primeros biógrafos de Beethoven, Anton Schindler, sostenía en 1840 que George Bridgetower, era... capitán de un navío estadounidense. Sabemos que terminó arraigándose en Inglaterra. Y que adquirió cierto prestigio en los círculos académicos, pero la verdadera redención se la proporcionó un entrañable poemario que la escritora norteamericana Rita Dove escribió en 2008. Se titula 'Sonata Mulattica'. Y no parece, esta vez, que el libro se termine dedicando a Kreutzer. Bastante gloria concedió Tolstói a aquel Kreutzer que nunca tocó la 'Sonata Kreutzer'.

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