De ver Netflix y oír a Bad Bunny a disparar en un restaurante con un kalashnikov
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De ver Netflix y oír a Bad Bunny a disparar en un restaurante con un kalashnikov

Una joven escritora alemana publica la novela 'La arena del desierto' en la que cuenta cómo un chaval francés entra en la órbita de la propaganda yihadista

Foto: Foto: Fuerzas antiterroristas
Foto: Fuerzas antiterroristas

Siempre que se produce el horror intentamos comprender por qué ha ocurrido. Lo más habitual también es echarle la culpa a los otros, y si están a kilómetros muy lejanos, mucho mejor. Pero, ¿qué sucede cuando el chico que ha puesto las bombas o ha entrado disparando en ese restaurante con un kalashnikov en nombre del Estado Islámico lleva unas Nike como las nuestras, ha crecido escuchando a Bad Bunny, Ariana Grande o Dua Lipa y ha visto nuestras mismas series y películas? Esa es la pregunta que se intentó contestar la escritora Lotte Lentes (Alemania, 1990) en su primera novela, ‘La arena del desierto’, que ahora publica Lengua de Trapo en español. ¿Hay respuesta? Hay indicios. Y hay una cierta comprensión, que puede que no guste a mucha gente porque no alude ni a otras religiones ni a otras razones culturales. “Siento poca compasión por sus elecciones, pero sí por las circunstancias en las que fueron hechas. Creo que muchos jóvenes viajaron a Siria con la esperanza de una vida mejor, y no necesariamente con el deseo de convertirse en "terroristas", afirma la autora a El Confidencial.

'La arena del desierto'
'La arena del desierto'

Lentes, que tenía 24 años y que hasta ese momento no se había enfrentado de esta manera a la narrativa, escribió esta novela corta de poco más de 70 páginas, que cuenta en su edición española con un notable prólogo de Aixa de la Cruz, un año antes de los atentados de París. Justo ahora se cumplen cinco años de aquellas terribles imágenes de la discoteca Bataclán y de las terrazas en las que decenas de personas murieron tiroteadas.

La chispa de la novela surgió durante una visita a Bruselas que coincidió con un atentado en el Museo Judío en el que murieron cuatro personas. El autor fue un joven francés de origen argelino que había pasado un año en Siria. De aquello ella, sin embargo, apenas se enteró y solo fue consciente cuando regresó a casa. “Me pareció una bonita metáfora de la amenaza invisible del terrorismo y de cómo podemos esquivarla fácilmente, especialmente en Europa”, sostiene la autora.

La escritora Lotte Lentes
La escritora Lotte Lentes

Fue así como comenzó a pergeñar el personaje de Majid, un joven de Roubaix de origen árabe, pero cuya madre está completamente integrada en las costumbres occidentales y ni siquiera lleva velo. Es más, una madre que trabaja todo el día -tras ser abandonada por el padre-, que llega a casa destrozada con tiempo solo para las comidas y las lavadoras y que apenas ve a su hijo, el cual pasa las tardes con la pandilla en la calle. Pandilla con la que roba y trapichea. Hasta que es captado para acudir a la mezquita del barrio donde saben qué teclas tocar: la sensación de exclusión social, el racismo y la desesperanza socioeconómica.

La chispa de la novela surgió durante una visita a Bruselas que coincidió con un atentado en el Museo Judío en el que murieron cuatro personas

Este perfil Lentes lo obtuvo de una profunda investigación en libros, informes, documentales y distintas conversaciones con trabajadores sociales y con jóvenes que habían visto estos cambios en otros chicos (y chicas). Todavía no había muchas noticias sobre los chavales que se estaban marchando a Siria para ser instruidos y combatir con el Estado Islámico, pero el fenómeno ya estaba sucediendo.

Propaganda del ISIS

La escritora confirmó que habitualmente estos chicos eran inmigrantes de tercera o cuarta generación que no conocen otra cosa que la Europa en la que crecieron, pero que a menudo no son vistos como occidentales por el mundo exterior. “Ese sentimiento de no pertenencia es a lo que el ISIS, especialmente en los comienzos, respondió con una gran maquinaria de propaganda. Con la promesa de prosperidad, estatus y una razón de ser, por ejemplo. Viajar a Siria simbolizaba lo "bueno", todo lo que tenía que ver con el Occidente era "malo", comenta.

Viajar a Siria simbolizaba lo "bueno", todo lo que tenía que ver con el Occidente era "malo"

En su novela, Majid viaja primero a Ajtarin, donde le dejan ver la guerra por un rato, y después le llevan a Alepo, donde se va a redoblar su proceso de conversión con una especie de poli bueno -el viejo Abú- y el poli malo, al que llaman El Comandante (y que también tiene acento francés). Al principio, él hace algunas comparaciones con las películas y series que ha visto, pero el goteo antioccidental es constante. “El descarte de ese valores y normas occidentales, de la "vieja vida", era un ritual de iniciación y también se presentaba como una liberación: en el Occidente no hay lugar para ti, pero el califato te recibirá con los brazos abiertos”, manifiesta la escritora.

Un policía delante de las puertas de Bataclán esta semana, cinco años después de los atentados (REUTERS)
Un policía delante de las puertas de Bataclán esta semana, cinco años después de los atentados (REUTERS)

Lentes consigue que en ningún momento veamos a Majid como un terrorista. No es alguien malvado ni sanguinario. Muchas veces es un chico que echa de menos a su madre -quien nunca aplaudiría lo que está a punto de hacer: “entonces no es una buena mujer”, le llega a decir el comandante- , que se siente solo y al que tampoco le hace mucha gracia que le envuelvan en cinturones llenos de explosivos, le envíen a Damasco y le exploten contra una muchedumbre.

Pero también quiere coger un kalashnikov y cargarse a unos cuantos occidentales en una plaza pública europea. Es pura rabia.

La literatura y su misión

¿Y cómo contar el terrorismo? ¿Cómo abordar este tipo de decisiones desde el terreno literario? Lentes es de las que cree que “la ficción no es una forma de escapar de la realidad, sino más bien una forma más íntima de conectar con ella”. No tiene la obscenidad de la imagen y sí quizá mayor nobleza. El espacio de los matices, como ella misma sostiene, y de “todo lo que sigue a la reacción primaria. Interviene en la realidad sin consecuencias inmediatas. Da sentido a todo lo que parece incomprensible, horroroso o inútil, o al menos puede ser un intento de hacerlo”. Además, mediante la literatura se puede ir un poco más allá del horror de los atentados, de lo que nos impacta y nos entra por los ojos y nos sacude las entrañas. “Se trata de hacer espacio para el contexto en el que tal atrocidad se realiza”, afirma.

¿Por qué alguien nacido y criado en Europa comete un atentado contra Europa? Lean esta novela.

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