El parado que se coló (dos veces) en la habitación de la reina Isabel II
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'THE CROWN' RECUERDA El ESCÁNDALO

El parado que se coló (dos veces) en la habitación de la reina Isabel II

'The Crown' ha recuperado el extraño suceso ocurrido en 1982, cuando Michael Fagan se coló ¡en un par de ocasiones! en Buckingham Palace; pero el implicado tiene su propia versión

placeholder Foto: Olivia Colman interpreta a la reina Isabel en 'The Crown'. (Netflix)
Olivia Colman interpreta a la reina Isabel en 'The Crown'. (Netflix)

El viernes 9 de julio de 1982, cuando la reina Isabel II de Inglaterra amaneció alrededor de las siete y cuarto, se encontró con un desconocido sentado al borde de su cama. Tenía las manos ensangrentadas y aspecto desaliñado. La monarca, asustada, le gritó que se marchara de la habitación, mientras pulsaba la alarma de aviso a los agentes de policía que hacían las rondas nocturnas, pero estos ya se habían marchado al terminar su turno. A las seis, cuando el personal de servicio empezaba a llegar, la policía solía abandonar el edificio. Según el informe de Scotland Yard, el lacayo de la reina se encontraba en los jardines ejercitando a los perros, mientras la doncella real limpiaba en otra habitación con la puerta cerrada para evitar despertar a la soberana. "Así que la campanilla, que está conectada al pasillo que da a la habitación de la reina y a la despensa, no llamó la atención de nadie".

Alrededor de las 7:18, la policía recibió una llamada procedente de palacio. Seis minutos después, la reina utilizó el teléfono de su dormitorio para preguntar por qué los oficiales no habían llegado todavía. Y antes de que los agentes apareciesen por el dormitorio, la reina, junto a una criada, consiguió sacar al hombre de la habitación con la excusa de invitarle a un cigarrillo. Hasta aquí, los hechos probados de aquella madrugada. A partir de aquí, comienzan las versiones y conjeturas sobre qué ocurrió durante aquel cuarto de hora en el que la reina y el asaltante permanecieron encerrados en la misma habitación.

placeholder Portada del 'Daily Mirror'.
Portada del 'Daily Mirror'.

Viernes 9 de julio de 1982, alrededor de las cinco de la mañana. Michael Fagan, 33 años, residente en el barrio de Clerkenwell —un suburbio depauperado al norte de Londres—, pintor-decorador de profesión, está borracho y lleva toda la noche vagando por las calles de Londres. No tiene trabajo y su mujer lo ha abandonado. Tiene cuatro hijos de los que encargarse, pero apenas tiene recursos y su piso es poco más que una escombrera. Un capítulo extraño y difícilmente explicable de la historia reciente del Reino Unido que ahora recupera la serie 'The Crown', donde Olivia Colman interpreta a la reina Isabel y el actor Tom Brooke, a Fagan.

En 1982, bajo el Gobierno de Margaret Thatcher, Inglaterra había llegado a una tasa de paro de más del 11% de la población activa, superando los tres millones de desempleados, las cifras más altas en 40 años, después de implantar una reforma económica e industrial basada en la privatización y en el recorte de gastos públicos. Y Fagan era uno de aquellos británicos que se habían quedado sin trabajo y sin ayudas sociales. Mientras, Reino Unido se había enzarzado con Argentina en la Guerra de las Malvinas y había enviado alrededor de 30.000 soldados al Atlántico Sur para proteger sus colonias del asalto planeado por el régimen autocrático de la Junta Militar argentina. Y pocos parados entendían por qué no había dinero para ayudas al desempleo pero sí para embarcarse en un conflicto bélico a miles de kilómetros de distancia.

placeholder Vista del Palacio de Buckingham en octubre. (Reuters)
Vista del Palacio de Buckingham en octubre. (Reuters)

Aun así, los problemas de alcoholismo de Fagan no eran nuevos y en su registro criminal aparecen detenciones previas relacionadas con el tráfico de heroína y algún delito menor. Es más, ese mismo día, Fagan se encontraba en libertad bajo fianza después de haber pasado tres semanas en una cárcel de Brixtol por haber robado un coche. Obsesionado con la idea de que su mujer había viajado hasta el festival 'hippie' de Stonehenge, el decorador había forzado su Ford Cortina para perseguirla, pero las autoridades lo habían arrestado cuando se le acabó la gasolina y se quedó tirado en medio de la nada. Digamos que Fagan no pasaba por su mejor época.

Esa noche, mientras paseaba por los alrededores de Buckingham Palace, la idea lo iluminó. "Eran alrededor de las cinco de la mañana y había gente dirigiéndose al trabajo. Yo pensé: ‘Voy a entrar y voy a ver a la reina’. Empecé a caminar en dirección al palacio, pensando que nadie iba a detenerme, y atravesé Saint James Park. Subí la verja y entré en el edificio en el mismo momento que pasaban algunos sirvientes y yo estaba con una resaca de muerte. Y no sé cómo, exactamente, de pronto me encontré en la habitación de la reina", contó el propio Fagan a la BBC en una entrevista en 1993. "Para asegurarme de que era ella, que seguía durmiendo, fui hacia la ventana —parecía tan pequeña en su cama, demasiado pequeña para ser la reina— y me senté a su lado en la cama, solo para cerciorarme. Ella abrió los ojos y mle preguntó: '¿Qué estás haciendo aquí?'. Así que me dije, tienes que ser directo y honesto. Y mientras estoy pensando en qué decirle, me gritó “¡Vete, vete!” y saltó de la cama".

placeholder Carlos y Diana, junto a la reina Isabel II. (Cordon Press)
Carlos y Diana, junto a la reina Isabel II. (Cordon Press)

A partir de aquí, que la imaginación vuele. En su primera declaración, Fagan contó que había roto un cenicero encontrado en una estancia previa para rajarse las venas delante de la reina. Pero luego lo negó. La prensa del momento también informó de que Fagan había aprovechado su visita para declararle su amor. En la prensa de la época, se especuló sobre que Fagan le había confesado a la soberana todos sus problemas matrimoniales y de empleo, y le habría pedido que interviniese en la política thatcheriana, criticando la reforma económica y la Guerra de las Malvinas. Sin embargo, en su entrevista de 1993, Fagan afirma que la monarca le dijo que tenía cara de necesitar una copa y que le sirvió un whisky y que, cuando ella le preguntó el nombre, él le contestó que era Michael Hess, hijo de Rudolf Hess, jerarca nazi encerrado en Spandau. En otra entrevista para 'The Independent' en 2012, aseguró que la reina Isabel salió corriendo de la habitación en cuanto pudo. En otra entrevista, afirma que para él "la reina representaba todo lo que me impedía levantar cabeza y lo que me había dejado sin voz. Solo quería que supiese lo que es ser un tipo normal intentando llegar a final de mes".

En una entrevista reciente con el 'Daily Mail', Fagan niega la versión ofrecida por 'The Crown'. "Tiene [Peter Morgan, el creador] su propia agenda política. Me apuesto lo que sea a que lo demás también es ficción. Solo lo hacen para crear polémica con la reina. Es una ficción absoluta, la parte mía en el palacio. No hubiese tenido ni una oportunidad con la reina. Ni hablé con la reina, ni vi a nadie, ni me escondí ni culebreé. Solo me senté y esperé a que viniese alguien".

placeholder Buckingham Palace. (Wikimedia)
Buckingham Palace. (Wikimedia)

Sobre cómo accedió al dormitorio real, Fagan también ha ofrecido varias versiones. En principio, alrededor de las 6:45, Fagan escaló las rejas cercanas a la Ambassador's Gate y entró a través de una ventana a una habitación que contenía la Colección Real de Sellos. Las demás puertas estaban cerradas, así que tuvo que volver a salir y trepó por un desagüe hasta el techo, hasta llegar a otra ventana que alguno de los criados había olvidado cerrar. Abandonó sus sandalias y calcetines en el techo y entró en la oficina del Maestro de la Casa Real, el vicealmirante sir Peter Ashmore. Estuvo media hora deambulando por los pasillos —el palacio tiene 775 habitaciones— y, según él, "siguiendo las pinturas" que había en las paredes llegó hasta el dormitorio real.

Pero lo más alucinante de la historia de Michael Fagan es que esta no era la primera vez que irrumpía en los dominios reales. El 7 de junio de 1982, es decir, apenas cinco semanas antes, el pintor había roto la seguridad del palacio. "Estuve dando vueltas por las calles de Londres y me encontré cerca de Buckingham y vi una ventana abierta. Fue algo como inconsciente, no lo pensé mucho. Me subí al muro, entré y di vueltas por los pasillos", cuenta en la entrevista de 1993. "Me quedé mirando los cuadros de las paredes, las pinturas. Pero no eran como yo me había imaginado; estaban polvorientas, el suelo crujía, todo era muy común. Después de un par de puertas, me encontré con una especie de sala del trono y me senté en él. La verdad es que yo no me estaba escondiendo".

placeholder La reina Isabel II, a principios de este año. (EFE)
La reina Isabel II, a principios de este año. (EFE)

Al parecer, Fagan estuvo dando vueltas otros 30 minutos, comiendo 'crackers' y queso y bebiendo vino. "Entré en una habitación en la que había regalos que la gente había traído de todas las partes del mundo. Había copas y también una botella de vino de California. No intenté robar nada, pero no podía encontrar un sacacorchos, entonces apreté la botella contra la mesa, la abrí y empecé a beber. Y entonces pensé: "¡Dios mío! ¿Qué estoy haciendo? ¡Estoy en Buckingham Palace!". No fue hasta que se topó con un miembro del servicio cuando salió corriendo por donde había entrado. Volvió a su casa, pero nadie vino a detenerlo. Hoy en día, resultaría inexplicable un suceso así. Primero, por la hipervigilancia de las cámaras de seguridad en espacios públicos. Y, segundo, porque no se hubiese entendido que Buckingham no hubiera querido dar parte del allanamiento.

Después de la detención de Fagan tras la segunda incursión nocturna, las autoridades británicas lo acusaron de robo —la botella de vino—, pero no de allanamiento. "La razón, explicaron, es que en Gran Bretaña la entrada ilegal es una violación de la ley civil, pero no un crimen", explica una noticia de la época de 'The New York Times'. "La decisión del Gobierno coincidió con una segunda revelación sorprendente sobre seguridad en el Palacio de Buckingham: el anuncio de que el oficial de policía a cargo de proteger a la familia real había renunciado después de reconocer que había tenido una relación homosexual con un prostituto durante varios años". Al final, las autoridades enviaron a Fagan a un hospital psiquiátrico en Liverpool, de donde salió medio años después. El caso produjo revuelo por la brecha de seguridad en el entorno de Buckingham, pero también fue el reflejo de una época de convulsión social y pérdida de derechos de los trabajadores. Un hombre llevado al extremo por su alcoholismo, pero también por la situación de precariedad a la que se vio abocado.

El viernes 9 de julio de 1982, cuando la reina Isabel II de Inglaterra amaneció alrededor de las siete y cuarto, se encontró con un desconocido sentado al borde de su cama. Tenía las manos ensangrentadas y aspecto desaliñado. La monarca, asustada, le gritó que se marchara de la habitación, mientras pulsaba la alarma de aviso a los agentes de policía que hacían las rondas nocturnas, pero estos ya se habían marchado al terminar su turno. A las seis, cuando el personal de servicio empezaba a llegar, la policía solía abandonar el edificio. Según el informe de Scotland Yard, el lacayo de la reina se encontraba en los jardines ejercitando a los perros, mientras la doncella real limpiaba en otra habitación con la puerta cerrada para evitar despertar a la soberana. "Así que la campanilla, que está conectada al pasillo que da a la habitación de la reina y a la despensa, no llamó la atención de nadie".

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