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Janet Parker, última víctima de la viruela: la tragedia más triste del mundo

La última víctima mortal de la única pandemia erradicada del mundo en una peripecia de increíble irresponsabilidad

Foto: Janet Parker, el día de su boda.
Janet Parker, el día de su boda.

Su estado empeoró durante el fin de semana a finales de agosto de 1978. Parecía deprimida, según la observación de su médico, y no paraba de repetir: "Vergüenza, vergüenza". Para entonces, su cara había desaparecido debajo de lo que podría ser una masa informe de costras. Todo su cuerpo. Afortunadamente, no podía verlo, porque ya se había quedado ciega.

Janet Parker, 40 años, casada, sin hijos, con dos perros, se apagaba sola, sin su marido ni sus padres cerca. Era ya una cruel deformación de aquella joven que sonreía ilusionada el día de su boda. 'Shame'. Vergüenza. Lo último que dijo antes de hundirse en un coma del que no despertaría. ¿Por qué o de quién? La irresponsabilidad mata. Mata a quien la comete y a todo al que se acerca. Una historia falseada en la red.

Dejen de leer si son sensibles a las historias de terror. Las reales. Las que se viven ahora todos los días en España. En tiempos del covid, de restricciones y advertencias, es útil recordarlo: un virus letal aprovecha cualquier posibilidad para infectar a un huésped y saltar de él para aniquilar a toda la población.

De Birmingham a Somalia

Pocos días antes, los médicos que la atendían habían confirmado un diagnóstico imposible: viruela major. Imposible porque era en Birmingham, Reino Unido. Imposible porque había sido erradicada: la OMS había certificado el último caso tres años antes, en 1975, en Somalia. Imposible, porque Janet no había salido del país. Posible, porque los signos clínicos ya no dejaban otra opción: era viruela y de la cepa más mortal.

Ali Maow Maalin, el último infectado por transmisión humana.
Ali Maow Maalin, el último infectado por transmisión humana.

Un misterio que se resuelve en un trágico puzle que conecta a Henry Bedson, un investigador científico también de Birmingham que se cortó el cuello mientras Janet Parker agonizaba, con la historia de un mal que comienza a derrotarse con un coordinador de la OMS, Ali Maow Malin, en el puerto de Merca, Somalia, último huésped conocido del virus y que sigue con una cepa conocida como la 'dinastía Abid' en Pakistán con parada en Bangladés y la URSS.

Ella misma había sido vacunada de la viruela en 1966, 12 años antes. Una vacuna que no la salvó. La explicación estaba en los laboratorios

Claves para desmadejar por qué Janet Parker fue la última víctima mortal de la única pandemia erradicada del mundo cuando ella misma había sido vacunada de la viruela en 1966, 12 años antes. Una vacuna que no la salvó.

El peso de la culpa

Janet trabajaba de fotógrafa en la Universidad de Birmingham. Justo en el piso de arriba donde se encontraba el cuarto oscuro en el que revelaba sus fotos había un laboratorio de investigación vírica al mando de Henry Bedson, el epidemiólogo que se suicidó por el peso de la culpa. La irresponsabilidad mata.

El virus, por un fallo de seguridad, habría salido del laboratorio hasta encontrar su camino hacia el piso de abajo por los conductos de aire, tal y como se explica en cientos de webs. Solo que no pudo ocurrir así. Es, sin embargo, la versión de la comisión que investigó cómo uno de los virus más mortales que ha habido en la historia y que había sido prácticamente erradicado con un gran esfuerzo de la OMS había escapado del laboratorio para sembrar el pánico en las calles de Birmingham y la tragedia en las familias Parker y Bedson. Una historia inconsistente.

Henry Bedson.
Henry Bedson.

¿Por qué no contar la historia cuando se desató la pandemia del covid? La prensa británica la detalló hace años con un especial del Birmingham Live. Sin embargo, estaba incompleta. Mark Pallen lo arregló con su libro 'Last days of smallpox: Tragedy in Birmingham'. Se publicó en 2018. Costó tiempo y mucha investigación plasmar las ideas de un ensayo sobresaliente y, más aún, valiente. La ciencia no debería hacer juicios morales. La explicacción canónica de la tragedia de Birmingham, la de la comisión era iverosímil. Pallen la cuestionó.

Enigma médico

A finales de agosto de 1978, Janet fue al trabajo a pesar de encontrarse ya mal con síntomas probables de un resfriado. Una semana después, comenzaron las erupciones, los dolores y las visitas de médicos y el cuidado de su familia. En dos semanas, su estado era tan preocupante que acabó en el hospital. Un primer diagnóstico apuntó a la varicela. Pero los exámenes médicos llevaban a un callejón sin salida porque sus síntomas no eran explicables.

Según el investigador Mark Pallen, solo había dos posibilidades totalmente desquiciantes: varicela o viruela. Su madre dijo que ya había pasado la primera de pequeña y Janet no había salido de Inglaterra. Peor aún, estaba vacunada de la misma viruela. Todo era inexplicable hasta que la historia clínica llegó a manos de Alasdair Geddes, jefe de enfermedades infecciosas en el Hospital Este de Birmingham.

Dejó de ser una víctima para convertirse en una amenaza biológica que aterrorizaba a todos los expertos epidemiólogos del país

A diferencia de sus colegas, no necesitó análisis ni muestras. Geddes sabía lo que tenía delante porque había estado en Bangladés en la década de 1970 y sabía reconocer la viruela major. Aun así, la clave no era esa. También a diferencia de sus colegas, Geddes conocía a Bedson, y lo que es más importante, sabía lo que hacía en su laboratorio en el piso que estaba justo encima de donde Janet Parker revelaba fotografías. Bedson trabajaba con muestras de viruela.

La casa de Janet y Josh Parker en Birmingham.
La casa de Janet y Josh Parker en Birmingham.

En ese momento, Janet dejó de ser una víctima para convertirse en una amenaza biológica. Para entonces, ya estaba sola en una cama aislada. Su marido, Josh, no podía acercarse. Su padre había muerto unos días antes de un ataque al corazón del impacto y su madre se encontraba también aislada en otra cama de hospital porque presentaba también síntomas. Básicamente, el peor virus de la historia acababa de atenazar no ya Birmingham sino a todo un país. La prioridad comenzó a ser la de proteger al resto.

La muestra de Pakistán

Geddes fue a ver a Bedson con unas muestras que tenían como objetivo delimitar la más terrible de las cuestiones. Esa cepa no había salido de Somalia. No era la misma de Ali Maow, el último en ser infectado por otra persona cuando se dedicaba precisamente a suministra la vacuna en el país. No lo era porque esa cepa, de menor intensidad, correspondía exactamente a la misma que prevenía la vacuna que había recibido Janet Parker 12 años antes y que no la había inmunizado ahora.

La cepa que la infectó provenía no de Somalia sino de Pakistán de donde la habían obtenido vía Moscú para la investigación médica

Bedson se desmoronó: ese virus solo podía ser de su laboratorio. Pertenecía, concretamente, a la muestra de la dinastía Abid de Pakistán: cuando fue erradicada la pandemia en el país, los científicos de la URSS se llevaron muestras para su laboratorio en Moscú. Después, las cedieron para la investigación a algunos países. Reino Unido, Birmingham, Henry Bedson, era el responsable de una de ellas. La cepa que había infectado a Janet era, por decirlo de alguna forma, su responsabilidad.

Poco después de agonizar balbuceando “vergüenza”, Janet Parker murió. No hubo un funeral al uso, por el riesgo de contagio. Se incineró el cuerpo y se aisló el ala del hospital donde había sido tratada. Tres años después del mayor esfuerzo internacional sanitario para erradicar un virus mortal, el terror había vuelto.

Tragedia griega

Mientras, Henry Bedson, el jefe del laboratorio, fue puesto en cuarentena y la crisis saltó a la prensa. Explicó hasta la extenuación ante los expertos del gobierno y los medios las medidas de seguridad de su laboratorio. Era más que improbable, imposible, que el virus hubiera salido de su planta, que hubiera viajado por el conducto del aire y, en condiciones totalmente adversas para un organismo en otras circunstancias letal, haber llegado al cuarto oscuro donde Janet Parker revelaba sus fotos para representar una amenaza.

Henry Bedson se cortó el cuello con un cuchillo de cocina en su jardín. Su mujer encontró su cuerpo aún con vida, pero murió en el hospital

La prensa le achicharró. Y mientras Parker agonizaba, Henry Bedson, abrumado, se cortó el cuello con un cuchillo de cocina en su jardín. Su mujer encontró su cuerpo aún con vida y corrió al teléfono para pedir auxilio. Era difícil porque cuando alcanzó el aparato, sonó, como llevaba sonando sin descanso varios días, ocupando la línea por preguntas de la prensa. Colgó y volvió a buscar línea. Otra llamada. Otro violento golpe para colgar. Bedson, con la yugular seccionada, acabó en el mismo hospital que Janet. Duró apenas tres días -'The Last Days of Smallpox: Tragedy in Birmingham'.

La madre de Janet Parker fue realmente la última persona que ha sufrido la viruela. Sobrevivió a su hija, que murió poco después que Bedson. Una comisión del gobierno estableció que el virus, increíblemente, salió del laboratorio y llegó hasta el cuarto de revelado en la Universidad de Birmingham de Janet. Científicamente imposible pero humanamente más piadoso.

La dolorosa verdad

La pregunta del millón ¿Si el virus no llegó a Parker por el conducto del aire, cómo lo contrajo? El abogado que defendió a la Universidad de Birmingham, Escott-Cox, lo reveló hace unos años. La única explicación era que Janet fue hacia el virus. ¿Por qué?

Todo comenzó a finales de julio, según los datos de Escott.Scox. Se acercaban las vacaciones y Janet, que tenía acceso a precios especiales para película y cámaras por su cargo de fotógrafa, repartía material a precios ventajosos entre sus colegas de la universidad, incluidos los del laboratorio de Bedson. Solo así, confiando en su vacuna y en los años que llevaba haciéndolo, pudo cometer, junto con los responsables del laboratorio, la imprudencia fatal. El abogado no lo reveló entonces, pero los testigos situaban a Janet en la planta de arriba: es más dificil asegurar el motivo.

Sin las medidas de seguridad necesarias, el virus se introdujo en su piel por el contacto con alguna superficie. La forma en la que lo que incubó -más días de lo habitual-. apuntalaban la versión. Es cierto que no es concluyente, pero sí la única posibilidad: sólo dentro del laboratorio Janet habría podido contagiarse. El último detalle era impagable para los epidemiólogos: 10 años antes, el predecesor de Janet Parker en el cargo de fotografía de la universidad, Tony McLellan, había contraído también el virus de viruela. Demasiado caprichos para un fallo.

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