Crónica cultureta

Pavor por los genitales: Mary Beard se desnuda contra el nuevo oscurantismo

Un documental presentado por la célebre historiadora en Movistar+ reflexiona sobre la ambigüedad del desnudo en la cultura judeocristiana y sobre su capacidad de escandalizar hasta hoy

Foto: Mary Beard y su nuevo documental sobre los desnudos en el mundo clásico.
Mary Beard y su nuevo documental sobre los desnudos en el mundo clásico.

Daniele da Volterra (1509-1566) fue un pintor manierista a quien todavía persigue la desdicha de haber censurado la escena del Juicio Final en la Capilla Sixtina. Solo cumplía las órdenes del pontífice Pío V, pero sus pinceles crearon las veladuras que recubrían los genitales de los protagonistas reunidos en la obra suprema de Miguel Ángel.

Es la razón por la que ha pasado la historia como Il Braghettone. Y el artífice de una paradoja que define la ambigüedad de la estética y cultura judeocristiana: exponer la exuberancia del cuerpo, pero esconder los símbolos sexuales. Se trata del requisito fundacional que conlleva la expulsión del Paraíso y el recurso logístico de la hoja de parra. El arte oficial del cristianismo —pretérito y contemporáneo— reniega de los genitales, los esconde, los oculta en veladuras de Volterra, pero las limitaciones no contradicen los atajos que derivan a la exaltación de la fertilidad y a la fascinación voluptuosa del cuerpo. Cristo se nos aparece 'prácticamente' desnudo sobre la cruz. El cuerpo martirizado expone el dolor, el tormento, pero también sobrentiende una fascinación anatómica, atlética y hasta sensual. La propaganda estética establecía sus tabúes, pero consentía un camino alternativo al erotismo. No digamos cuando a los artistas de postín se les encargaba ocuparse del éxtasis de santa Teresa o del torso perforado de san Sebastián. Pavor por los genitales. Pasión por el cuerpo. Ahí se retrata la paradoja judeocristiana.

El cuerpo martirizado expone el dolor, el tormento, pero también sobrentiende una fascinación anatómica, atlética y hasta sensual

Y ahí se resuelve buena parte del interés de 'El impacto del desnudo', un documental de la BBC disponible en Movistar+ y encomendado a la erudición y simpatía de Mary Beard. Es ella una divulgadora muy reputada de la antigua Roma y un personaje telegénico que se identifica por la melena plateada, la bicicleta, la ironía y la provocación. Ella misma promete al iniciarse el documental —dos capítulos de una hora— que terminará desnudándose y ofreciéndose a los pinceles de un retratista.

No termina de ocurrir, las cosas como son, la escena del destape, pero la advertencia sirve para reflexionar sobre los cánones de belleza y el pudor o pavor que todavía despierta un cuerpo desnudo. El de una 'anciana', como el suyo. Y el de los personajes mitológicos que Matteo Renzi, ex primer ministro italiano, tuvo que recubrir en plan Braghettone cuando recaló en Roma el presidente iraní Hassan Rouhani. No era cuestión de contaminar la sensibilidad del teócrata con la obscenidad de unos cuerpos desnudos, aunque el concepto de la obscenidad no formaba parte de las prevenciones morales que definieron la relación del cuerpo y la sociedad en la antigua Roma y en la civilización precursora que adoptó como modelo.

El cuerpo en la Grecia clásica

El cuerpo en Grecia, en efecto, adquirió una dimensión estética y filosófica, militar y propagandística, divina y transgresora, erótica y mágica, fundamentalmente porque el hombre era la medida de todas las cosas (lo decía Protágoras), y la armonía corporal, expuesta en los cánones de Polícleto, Lisipo y Praxíteles, representaba un principio atómico, nuclear, de la civilización.

Así tuvo ocasión de plantearlo una de las mayores exposiciones concebidas nunca en el Museo Británico. Abrumadora y difícil. Difícil, porque los espectadores se arriesgaban a la sobreexposición de la belleza. Y porque la concepción sagrada del recorrido, jalonado por la sugestión inicial del Discóbolo y del Doríforo en sus respectivas peanas, induce a patologías stendhalianas, igual que si fuera un viaje iniciático cuyo desenlace equivale a una prueba extrema de sensibilidad.

Torso Belvedere.
Torso Belvedere.

La razón estriba en que aparecía expuesto el imponente Torso Belvedere, un insólito préstamo de los Museos Vaticanos que el Británico contrapuso al Dionisos de Fidias, descendiéndolo del friso del Partenón y sugiriendo una relación dialéctica del arte en su dimensión arrebatadora, intimidatoria, teatral, cuando no sexual y trascendental. Y cardinal también, pues los avatares del tiempo y las amputaciones han concedido a estas 'viejas' esculturas una posición esencial, absoluta y hasta peligrosa, como si los visitantes pudiéramos terminar como aquel héroe de Cnido que se enamoró de una estatua y yació con ella, esparciendo su simiente en un muslo y asumiendo que aquella profanación, descubierta al amanecer en el altar mayor del templo, solo podía remediarse con la solución del suicidio.

El arte no solo imita. El arte trasciende, hasta el extremo de que los códigos de censura y mojigatería, vigentes en nuestra sociedad como expresión de un asombroso retroceso, siempre se encuentran con la soluciones antagonistas de los artistas. Es muy sencillo recubrir los genitales de Adán y esconder los pezones de Eva, pero no es posible castrar una sensación voluptuosa o una carga erótica implícita. Bien lo demuestran las pinturas de Caravaggio en el documental de Mary Beard. Y bien lo acreditan los escritos de George Bataille, consciente de que los genitales, el sexo, celebran la sexualidad sobre la fertilidad y desafían los ideales de moralidad que maldijeron a Volterra y que lo convirtieron en un inquisidor involuntario.

Es muy sencillo recubrir los genitales de Adán y esconder los pezones de Eva, pero no es posible castrar una carga erótica implícita

El esfuerzo divulgativo de Mary Beard es elocuente y necesario en este nuevo regreso al oscurantismo y a la vergüenza. No solo por la ferocidad del islamismo en la negación del cuerpo femenino, sino por las derivadas feministas más radicales, que abjuran de la exposición corporal de la mujer y que se escandalizan con los poderes afrodisiacos.

El desnudo nos sigue ofendiendo, en cierto modo o de cualquier manera. Y no cabe mejor ejemplo que la paradoja del propio documental de la BBC. Antes de empezar 'El impacto del desnudo', se nos advierte de que vamos a encontrarnos con escenas de cuerpos desnudos. Incluido el de Mary Beard, aunque sea recubierta con los velos de Il Braghettone.

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