Historia

La 'Contra Armada': la batalla desconocida en la que España humilló a Inglaterra

Tras el desastre de la Gran Armada, tuvo lugar la mayor derrota naval de toda la historia de Inglaterra... y fue contra el mismo rival: las tropas de Felipe II

Foto:  ‘Derrota de la Armada Invencible’, Philippe-Jacques de Loutherbourg (1796).
‘Derrota de la Armada Invencible’, Philippe-Jacques de Loutherbourg (1796).

"Después de la cena teníamos una comedia pero resultó más larga que placentera y en apariencia, la corte española no se puede comparar con la de Inglaterra, porque es como comparar una taberna de Norfolk con una posada de Londres". Así describía el conde de Corwallis su impresión sobre España poco después de haber desembarcado en La Coruña y haber viajado hasta Valladolid en donde le recibió el duque de Lerma, que le agasajó (I. A. A. Thompson, 'La monarquía hispánica en tiempos del Quijote').

Cornwallis venía como embajador del Reino de Inglaterra a dar fe de la ratificación por parte de Felipe III del Tratado de Londres de 1604, es decir el acuerdo de Paz que ponía fin a la guerra que había iniciado Felipe II con la Gran Armada. En esencia, el tratado le era más que favorable a la Monarquía Hispánica. Inglaterra renunció a impedir el comercio marítimo de España con Flandes y al corso inglés que hostigaba a los barcos españoles en el Atlántico y España, por su parte, a no imponer un rey católico en Inglaterra. ¿Cómo era posible si había sido la supuesta 'Armada Invencible' que debía conquistar Inglaterra la que había sido humillada y derrotada?

La Gran Armada.
La Gran Armada.

Porque la realidad es que ni 'Armada Invencible' derrotada por los ingleses, ni nada parecido. Tras el desastre de la Gran Armada se produjo la mayor derrota naval de toda la historia de Inglaterra, que fue contra el mismo rival, en Lisboa y La Coruña, apenas un año después de la supuesta gran victoria de Sir Francis Drake y los suyos contra los barcos de Felipe II. La Contra Armada una réplica inglesa más grande que la española —180 barcos y 27.667 hombres por 130 y 20.000 de los españoles— perdió a más del 70% de sus hombres cuando retornó a sus costas en julio de 1889, aún más maltrecha que la armada española que arribó un año antes a Santander.

Propaganda anglosajona

El relato de Cornwallis viene a resaltar lo más significativo de todo el episodio histórico: la verdadera victoria de los ingleses fue la de la propaganda. Desde mismo momento en el que se produjo el desastre español se dedicaron a difundirlo: fue impresa en panfletos e incluso se acuñó el célebre término de "Armada Invencible", que nunca fue empleado por los españoles. En ningún documento.

Es padre del mismo relato que continuó con esmero el historiador Geoffrey Parker, cuando en 2011 presentó en España una reedición de su clásico 'La Gran Armada' (Planeta), que ha dado la vuelta al mundo ahondando en una versión que no se ajusta del todo a los hechos.

Tratado de Londres en la casa Sommerset, 1604.
Tratado de Londres en la casa Sommerset, 1604.

Aunque su reedición es notable, ya que reveló la correspondencia hasta entonces oculta entre Felipe II, su secretario Mateo Vázquez, el Duque de Medina Sidonia, su segundo Juan de Recalde y el marino Antonio Leyva, ocultó el verdadero balance de la guerra. Especialmente respecto a la Contra Armada, la inmensa flota inglesa que atacó España y Portugal exactamente un año después y que en su obra despachó con apenas un párrafo en el que además no se dejaba claro que fue una gran derrota.

La flota española apenas perdió buques de guerra, ya que de los 20 galeones, solo se perdieron tres y ninguno capturado o hundido por los ingleses

Antes de la Contra Armada, habría que aclarar que la Gran Armada española apenas perdió buques de guerra, ya que del total de los 20 galeones que envió, solo se perdieron tres —ninguno de ellos capturado o hundido por los ingleses—. Consiguieron retornar al puerto de Santander en condiciones penosas eso sí, después de un operación militar que claramente fracasó. De 130 barcos se perdieron 80, la inmensa mayoría de ellos mercantes. El resto se repararon laboriosamente en Santander. Con los barcos habían llegado también miles de heridos que apenas pudieron ser atendidos porque entonces la villa no contaba ni siquiera con un hospital. Ahí acaba el relato de la derrota.

Desembarcar en Inglaterra

A diferencia de la versión anglosajona, no se puede ocultar que la célebre operación de embarco y desembarco anfibio planeada por Felipe II para derrocar a Isabel I fue un desastre. La inmensa flota, que era más bien un convoy, partió desde Lisboa hasta Flandes para embarcar a los tercios de Alejandro Farnesio con el objetivo de transportarlos hasta la costa de Inglaterra y comenzar la invasión. Básicamente algo parecido a lo planeado por Adolf Hitler cuatro siglos después con 'León Marino' durante la Segunda Guerra Mundial, que en aquella ocasión no pudo ni comenzar tras perder la Batalla de Inglaterra en el aire.

'Contra Armada' (Crítica).
'Contra Armada' (Crítica).

La Gran Armada se fue al traste por los problemas de una operación anfibia complicadísima para esa época y que contó con diferentes contratiempos, incluido, claro está, el hostigamiento de la flota inglesa en el Canal de La Mancha, además del mal tiempo y los errores a la hora de la elección del lugar y el momento del embarque, que finalmente fue Calais.

Sin embargo, tal y como señala ahora Luis Gorrochategui que rescata el meollo de la contienda que enfrentó a los dos reinos con 'Contra Armada: La mayor victoria de España sobre Inglaterra' (Crítica), no fue militarmente una derrota devastadora. Se salvaron prácticamente todos los galeones, el buque de guerra más preciado y otros tantos navíos de apoyo.

Silenciar una derrota

Lo importante de la historia es lo que vino después: silenciado con éxito por la historiografía inglesa en su propio país y en el mundo entero hasta convertir todo el episodio en una ridícula manipulación de los hechos. En España se hizo un sobresaliente esfuerzo por aclarar la historia con el I Congreso Internacional 'La Armada Española de 1588 y la Contra Armada Inglesa de 1589' que organizó el Museo Nacional de Arqueología Subacuático de Cartagena con más de 50 expertos españoles e internacionales y en el que estuvo el propio Gorrochategui.

Un congreso que aunó a españoles e irlandeses para poner la historia en su lugar y cuyo libro de pre actas se puede consultar aquí. Como explica el autor, tras comprobar que milagrosamente se había salvado de las temidas tropas españolas de los Tercios de Flandes, Isabel I decidió acometer su propio golpe para rematar lo que quedase de la armada española.

Tratado de Londres, 1605. Copia española. (Archivo Histórico Nacional)
Tratado de Londres, 1605. Copia española. (Archivo Histórico Nacional)

Tal y como relata Gorrochategui, la reina Isabel y sus consejeros, pese a ser plenamente conscientes de que los combates en el Canal de la Mancha habían dejado cuando menos en tablas las pérdidas de las dos flotas en cuanto a hombres, observaron que existía una gran posibilidad. Después de comprobar que la flota española que había escapado en dirección a Escocia no iba a regresar a la carga, sino a España, decidieron lanzar su propio contraataque antes de que pudieran recuperarse.

Primero lograron desembarcar en La Coruña, una ciudad de apenas 5.000 habitantes que consiguió repeler a la enorme fuerza de asalto con la legendaria actuación de María Pita —que sigue dando nombre a la bella plaza del centro—. Sufrieron grandes pérdidas y aunque arrasaron la ciudad tuvieron que reembarcar y desistir.

Poco después, en Lisboa consiguieron desembarcar de nuevo a la mayoría de sus fuerzas y asediar la ciudad, pero fueron atacados sin descanso por las tropas de Felipe II en tierra y mar y al igual que en La Coruña tuvieron que desistir. Después, la flota española en una serie de brillantes victorias navales —no a gran escala porque la mayoría de los barcos de la corona hispánica seguía en reparación— obligó a reembarcar los ingleses a duras penas y llegar a costas de Inglaterra tras ser perseguidos con más pérdidas de las que tuvo Felipe II un año antes. Es la razón por la que el conde de Cornwallis se quejase prácticamente de todo lo que veía en España: se habían restablecido relaciones diplomáticas, pero su misión era la de ratificar un tratado que para ellos significaba una derrota. La que no han querido contar jamás.

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