consecuencias de la pandemia

Los trabajadores del espectáculo no pueden más: "Necesitamos un rescate ya"

Tres trabajadoras de la órbita de los espectáculos y eventos relatan las desastrosas consecuencias de la pandemia y la falta de medidas por parte del Gobierno

Foto: Stéphanie Magnin, durante el rodaje de 'Ventajas de viajar en tren', antes de la pandemia. Después, los trabajadores se han quedado así, en cueros.
Stéphanie Magnin, durante el rodaje de 'Ventajas de viajar en tren', antes de la pandemia. Después, los trabajadores se han quedado así, en cueros.

El sector del espectáculo y los eventos ya no puede más. Ya no habrá más vídeos ni campañas en las redes sociales pidiendo ayuda. Se acabaron las cadenas de WhatsApp porque ya en algunos casos no hay ni para pagar el teléfono. La forma tradicional de protesta es la última opción y por eso este jueves sus trabajadores saldrán a la calle en 28 ciudades para pedir a los ministerios de Cultura, Hacienda, Industria y Turismo “que se pongan de acuerdo y podamos comenzar el diálogo y la negociación para la reestructuración legislativa de la puesta en marcha de las medidas. La situación es lamentable y necesitamos un rescate ya”, explica a El Confidencial Iván Espadas, portavoz de Alerta Roja, la plataforma que ha convocado las concentraciones y que engloba a MUTE (Movilización Unida de Trabajadores del Espectáculo) y otras 37 asociaciones. En definitiva, una enmienda total a todas las administraciones del Estado y en particular al Gobierno.

“La situación está así porque no tenemos permitido trabajar. Y como no tenemos permitido trabajar, deberíamos acceder a ayudas, pero a estas ayudas no podemos acceder una mayoría de los profesionales, es decir, más de 700.000 personas”, afirma Espadas, que sostiene que solo en el mundo de la música se han perdido 660 millones de euros en los últimos seis meses. Y por la parte de MICE, el acrónimo de Meetings, Incentives, Conventions and Exhibitions, es decir, reuniones, incentivos, convenciones y exposiciones, “no está trabajando ni el 20%, y es un sector que inyecta el 3,8% del PIB. Muchas de estas empresas organizadoras de eventos están cerrando”.

"La situación está así porque no tenemos permitido trabajar. Y como no tenemos permitido trabajar, deberíamos acceder a ayudas, pero tampoco"

El rifirrafe con los responsables de Cultura —y también con otros ministerios implicados, puesto que las medidas que se necesitan son bastante transversales— viene ya desde hace meses. Prácticamente desde el inicio de la pandemia. Si la famosa reunión con la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, pareció que calmaba las aguas, desde abril no han hecho más que embravecerse otra vez. Porque una gran mayoría no tiene trabajo, a muchos otros no les llegan las ayudas y para otros tantos pedir las líneas de crédito —deuda— que puso a disposición el Gobierno es inasumible.

El ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, el pasado mes de julio. (EFE)
El ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, el pasado mes de julio. (EFE)

Precisamente, para el 8 de julio ya se convocaron otras manifestaciones que finalmente fueron canceladas porque las asociaciones accedieron a una reunión con el ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes. “Se les garantizó que al día siguiente se iban poner en contacto con las diferentes administraciones para tratar problemas del sector y esto no ha sucedido en todo este tiempo”, lamenta Espadas. No fue hasta el pasado martes cuando Rodríguez Uribes anunció por Twitter que iba a convocar una reunión con los consejeros de Cultura de las distintas comunidades autónomas. Seis meses después del inicio de la pandemia.

Pero para estos profesionales, se llega tarde. “Muchos ya están teniendo que sobrevivir con ayudas de Cruz Roja y otras organizaciones sin ánimo de lucro. La situación es límite. Estamos devastados”, concreta Espadas.

No son números al aire. Detrás hay personas. Estas son algunas de ellas:

Magnin, en el rodaje de 'El Ministerio del Tiempo'.
Magnin, en el rodaje de 'El Ministerio del Tiempo'.

Stéphanie Magnin. Actriz

Seguro que su cara resulta conocida, ya que ha trabajado en cine, teatro y televisión. Desde películas como ‘Ventajas de viajar en tren’ hasta capítulos de ‘El Ministerio del Tiempo’. Y a pesar de su nombre, Stéphanie Magnin, de 30 años, es de Málaga, ciudad a la que ha vuelto ahora para estar con sus padres —francés e italiana—, ya que en Madrid, donde reside, hay poco o casi nada que hacer desde el confinamiento.

“Ahora mismo, para encontrar trabajo, todo es mucho más complicado. Hay menos oferta para currar, porque los teatros están a unos niveles que no son sostenibles. Se están haciendo las producciones que se tenían que haber hecho durante la pandemia. Y ahora todos los proyectos son para el año que viene, sin saber si el año que viene habremos terminado con esto o no. Se está currando sin saber si vamos a poder estrenar y ganar dinero en algún momento”, confiesa a este periódico. “Yo estoy en una situación económica que es una mierda total. No puedo ingresar”, añade.

La aprobación del estado de alarma la pilló en un proceso de 'casting' para la serie 'El vecino', de Netflix. Ya había pasado la primera fase y estaba en la segunda, junto a otra actriz. Solo le quedaba el 'casting' final con los directores. “Pero esa prueba ya no se pudo hacer porque nos confinaron. Además, el actor con el que teníamos que hacerlo tuvo coronavirus y le ingresaron”. Y se quedó sin trabajo.

Lo que ha venido después no ha sido mucho mejor, puesto que, según afirma, los 'castings' se hacen “en modo 'self tape', es decir, que te grabas a ti misma. Pero eso es super frío. No conoces a la persona y no hay una dirección real, no te pueden decir, 'pues házmelo más así o házmelo más asá'. Es mandar una cinta y a ver si tienes suerte y les cuadras”, explica.

Ha vuelto a casa de sus padres y pidió la prestación por desempleo, "que tardaron 3 meses en pagarme". Tiene que pedir otra, pero no tiene días cotizados

¿Y cómo vive desde entonces? De momento, en casa de sus padres sostiene que tiene menos gastos, aunque sigue pagando la hipoteca del piso que tiene en Madrid, “que me sale más barata que un alquiler”. Al principio, pidió la prestación por desempleo, pero “tardaron tres meses en pagarme”. Ahora, dice, tiene que pedirla otra vez porque aquella era solo por unos trabajos y ya se le acabó la prestación. “Pero me quedan 30 días para haber cotizado y poder pedirlo de nuevo”, manifiesta. Precisamente, esta intermitencia en el trabajo del sector de la cultura es uno de los grandes problemas ahora.

Ha pensado en pedir el “paro del artista”, una medida que se implementó estos meses, pero, como dice, “si lo pido, pierdo como he cotizado hasta este momento, ya que cuando cotizas como artista, te quitan un montón de IRPF, Seguridad Social, etc., así que no voy a poder llegar al máximo”. No obstante, está detrás de ello, aunque se encuentre con una yincana para la solicitud: “El SEPE tarda, y para el régimen de artistas tampoco está muy claro cómo se pide… Como están las oficinas cerradas, hay que mandar 5.000 solicitudes y luego te contestan cuando pueden”.

"Voy tirando, pero tengo ganas de volver a casa y de que todo se normalice un poco y volver a currar"

¿Y el futuro a corto plazo? Su planteamiento es seguir con el teatro al aire libre que ha podido hacer hasta la fecha en Málaga e intentar llevarlo a Madrid si se puede. “Y estoy escribiendo mucho, intentando ser autosuficiente para ver si puedo rodar por mi cuenta algo… Porque a la espera de que salga trabajo, intento crear trabajo para no depender tanto de los demás”, cuenta. Y volver a Madrid. “Es verdad que voy tirando, pero también tengo ganas de volver a mi casa y de que todo se normalice un poco y volver a currar, porque he estado currando un poco pero casi nada aquí en Málaga”, afirma.

Eva Tamargo, fundadora de El club de las mujeres (in)visibles (ESTHER LOBO)
Eva Tamargo, fundadora de El club de las mujeres (in)visibles (ESTHER LOBO)

Eva Tamargo. Organizadora de eventos

Eva Tamargo conoce al dedillo el mundo del espectáculo, ya que ha sido gerente del teatro Coliseum y Rialto en Madrid, también ha trabajado en la Sala Sol de la capital y en diferentes productoras. Hace casi tres años, fundó el El club de las mujeres (in)visibles, con el que intenta dar visibilidad a los proyectos de mujeres artistas. Para ello, organizaban exposiciones, proyecciones de películas de mujeres y conciertos, que eran su sustento. “Desde el confinamiento, todo eso cayó en picado”, resume Tamargo a El Confidencial. Ni siquiera lo salvó el 'streaming'. Y ahora menos: “Esto de las exposiciones virtuales… Ahora la gente tiene cosas que hacer y no es lo mismo que verlo directamente. Y el teatro es el teatro, te gusta vivirlo”, añade.

Todo eso ha afectado directamente a su plataforma, donde hasta marzo trabajaban tres personas y ahora solo está ella. “Y en el caso de las producciones, llevo sin hacer nada desde marzo. Yo iba a trabajar en un gran festival para abril y se cayó. Y era una de las entradas de dinero que tenía. Vas tirando de ahorros, pero no tengo entrada de dinero desde abril”, afirma.

"En el caso de las producciones, llevo sin hacer nada desde marzo. Iba a trabajar en un festival y se cayó: era una de las entradas de dinero que tenía"

Con respecto a los famosos créditos ICO que abrió el Gobierno, no se plantea pedirlos, puesto que “me parece que es generar deuda, así que voy a buscar trabajo de otra cosa”, manifiesta. Lo que lleva peor es que las subvenciones tampoco estén llegando. “Mi proyecto se sustenta bastante en la subvención. El año pasado, ya sabíamos si estábamos subvencionados y con qué importe. Y según sabemos por parte del ministerio, no vamos a saberlo hasta octubre, como pronto. El problema es que si sabes que te dan la subvención, ya tienes el dinero para ese año; si no, lo tienes que adelantar y ahora no se puede adelantar. Se están dejando de lado las ayudas y subvenciones cuando este año hacen más falta que nunca”, explica Tamargo.

Por estos motivos, ella alienta las manifestaciones de este jueves. “Me da la sensación de que se está mirando para otro lado. Una vez más, no se da en este país la importancia que merece la cultura en nuestras vidas. Si desde el ministerio no se le da la importancia que merece, cómo vamos a estar”, insiste. Ella misma conoce bien cómo funcionan los teatros y por qué las cosas se están haciendo mal: “Hay teatros que no se pueden abrir con la capacidad que proponen. Porque el gasto de un teatro lo vas a tener igual tanto si vienen 100 personas como 1.000. Si los metros van llenos, ?por qué los teatros no pueden estar con un porcentaje elevado? Por lo menos para que se pueda rentabilizar. Un teatro es mucha luz y miles de seguros”.

"Hay teatros que no se pueden abrir con la capacidad que proponen. El gasto lo vas a tener igual tanto si vienen 100 personas como 1.000"

Con respecto al futuro a corto plazo, lo único que señala es: “No se puede aguantar más. Hay gente que lleva desde principios de año sin generar ingresos. Por eso es la urgencia de la manifestación de este jueves, para levantar la mano y mostrar que nuestra situación está fatal ahora mismo”.

Espectáculo 'Forever King of Pop', en el que trabajaba Laura Sánchez.
Espectáculo 'Forever King of Pop', en el que trabajaba Laura Sánchez.

Laura Sánchez. 'Comunity manager'

A la canaria Laura Sánchez, de 39 años, licenciada en Historia del Arte, fotógrafa, Dj, diseñadora gráfica y ahora 'comunity manager' del teatro Nuevo Apolo de Madrid, el estado de alarma le cambió la vida de la noche a la mañana. El 9 de marzo acudió a la oficina, donde le dijeron que cogiera el ordenador y se fuera a casa a trabajar. Un día después, su empresa tomó una medida drástica con ella, mientras que a otros trabajadores les aplicó un ERTE: “Mi jefa me mandó una carta en la que por la situación del covid-19, me reducían la jornada de 40 horas a 10. Pasé de ganar 1.000 y pico euros a 300. Sin ERTE de reducción de jornada. Simplemente, me cambiaron el contrato”, cuenta a El Confidencial con pesadumbre.

Hasta entonces, había estado llevando las redes del musical 'Forever King of Pop', pero también se encargaba del diseño de marquesinas y lonas. Y es cierto que a partir del confinamiento el trabajo bajó, porque, obviamente, no había funciones, “pero sí había que contestar a los usuarios en redes que preguntaban por sus entradas, había que ir modificando la info de la web, pero como no tenían ingresos, me hicieron esto”, comenta. Estos meses, ha seguido trabajando para la empresa, que también organizó el Jazz Palacio Real este verano, “y sigo con el contrato de 10 horas”.

"Mi jefa me mandó una carta en la que por la situación del covid-19, me reducían la jornada de 40 horas a 10. No tenían ingresos, decían"

El posconfinamiento y la reapertura de teatros tampoco le han servido mucho en su caso, puesto que el Nuevo Apolo fue comprado en este tiempo por otra productora, Som Produce, y de momento lo mantiene cerrado, a la espera de posibles obras de rehabilitación. Así que tampoco han vuelto las funciones.

Las consecuencias que ha traído esta situación para ella son difíciles. Sus padres son los que pagan ahora el alquiler de su piso en Madrid. “Pero no sé cuánto más van a poder aguantar. Yo estoy bien, porque me está ayudando mi familia, pero el Estado no me está ayudando de ninguna manera”, reconoce. En parte, por su situación contractual complicada. “No puedo cobrar paro porque sigo trabajando. Sí estoy mirando lo del crédito ICO, pero es que aún no ha salido. Estoy desquiciada entre mirar ofertas de empleo, enviar currículos y renovarte un poco. Estoy deprimida ya. Es difícil mantener activa la cabeza en este estado”, comenta.

"No puedo cobrar paro porque sigo trabajando. Sí estoy mirando lo del crédito ICO, pero es que aún no ha salido. Estoy desquiciada"

Estos meses, no obstante, ha intentado moverse, “porque con 300 euros al mes, agua, luz, móvil, me quedo con 100 al mes, y porque he conseguido hacer una moratoria de mis deudas”. Como le gusta mucho cocinar, hizo menús para sus vecinos a precios económicos durante un tiempo. “Yo no tenía más dinero para comer y no tenía cara de pedir más dinero a mis padres, que en mi familia solo hay un sueldo”, manifiesta.

Además, sus padres viven en Santa Cruz de Tenerife, donde ella sigue empadronada. “Es que si me empadrono en Madrid, ya no voy a ver a mis padres nunca, porque es caro ir a Canarias si no eres residente allí”, sostiene. Por este motivo, tampoco ha podido recibir la mascarilla que daba la Comunidad de Madrid (lo que es otro embrollo, por el tema de los diferentes sistemas de salud).

Lo peor es que no tiene muy claro el futuro a corto plazo y no lo ve con buenos ojos: “Estoy pensando en enfocarme en la hostelería, porque ahora tienen que publicitarse más y la gente hace pedidos a domicilio. La gente quizás está entendiendo ahora cómo funcionan las redes”.

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