La música en directo arde: alarma tras la cancelación in extremis del 'Tomavistas'
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La música en directo arde: alarma tras la cancelación in extremis del 'Tomavistas'

La Junta de Arganzuela decidió no dar la licitación a los organizadores de Tomavistas Extra de Madrid solo tres días antes del inicio debido a los datos de contagios. El sector teme que no haya más conciertos

Foto: Asistentes al festival Tomavistas en mayo de 2019 (ADRIÁN YR)
Asistentes al festival Tomavistas en mayo de 2019 (ADRIÁN YR)

Las cosas no tienen buena pinta para el sector de la música. No la tuvieron desde el inicio de la pandemia en marzo, cuando se fueron cancelando los diversos festivales previstos para primavera y verano, y tampoco ahora cuando se anuncia que no es posible celebrar eventos organizados para los próximos meses. Ni con distancia de seguridad, ni con mascarilla ni con gel ni con nada. Como ya ocurriera con la Feria del Libro, así ha sucedido ahora con el Tomavistas Extra, que se iba a celebrar en Madrid del 3 al 11 de septiembre.

Se cumplía con toda la normativa y el protocolo del Covid-19, pero la Junta de Arganzuela, la autoridad competente, decidió el lunes a mediodía, solo dos horas y media antes de que entraran los camiones a montar, que no se les otorgaba la licencia a los promotores “debido al riesgo para la salud pública” y “a la evolución de la situación epidemiológica de la Comunidad de Madrid con los últimos casos publicados”, según el requerimiento enviado a los organizadores. Los contagios ayer alcanzaron los 459 positivos y los 1.832 ingresados en un solo día en Madrid. Si hace solo unas semanas se veía cierta luz, el virus vuelve a trastocar los planes de la cultura.

Desde la organización emitieron el lunes por la tarde un comunicado en las redes informando de que no se podrían celebrar los conciertos. Eran conscientes del contexto de la situación, pero afirmaron sentirse “tristes e indignados” por todo el esfuerzo realizado, ya que es un festival que se ha cancelado en varias ocasiones: la sexta edición estaba prevista para el 21, 22 y 23 de mayo de 2020, pero el 2 de abril, en plena pandemia y confinamiento, se anunció su aplazamiento a los días 3, 4 y 5 de septiembre. En principio para celebrarse tal y como estaba previsto porque septiembre quedaba aún muy lejano. El 26 de abril, vista la evolución de la pandemia, se aplazó al 27, 28 y 29 de mayo de 2021. En mayo se anunció el Tomavistas Extra, una serie de conciertos con aforo reducido -unas 1.300 personas al día, y no las 4.000-.5000 habituales del festival-, en mesas de dos y cuatro personas y todo muy ajustado al protocolo que exigía la Consejería de Sanidad, desde las mascarillas a los geles e incluso apps para no pedir en las barras. Tampoco pudo ser.

Este caso, no obstante, es un ejemplo paradigmático de cómo el virus cambia planes, normativas y cómo decisiones que hoy en día son válidas mañana no lo son tanto. Y cómo incluso ni siquiera desde el aspecto jurídico parecen estar las cosas muy claras. Como afirma a El Confidencial, Willy G. Blesa, director de producción del Tomavistas, “ahora mismo tenemos mucha inseguridad jurídica y se ha demostrado con esta no licitación del Tomavistas extra. Y la inestabilidad e inseguridad siempre son muy malos compañeros de viaje”.

Hace un mes, todo ok

Hace un par de meses desde la organización del Tomavistas Extra se envió al ayuntamiento de Madrid toda la documentación necesaria para poder celebrar el festival. En esta se incluía desde el proyecto de la actividad, un plan de emergencias, el plan de contexto Covid-19, una memoria medioambiental, de impacto. Excepto lo relacionado con el Covid-19, estos documentos se exigen siempre. Y todo estaba ok.

Ahora mismo tenemos mucha inseguridad jurídica y se ha demostrado con esta no licitación del Tomavistas Extra. Y la inestabilidad e inseguridad siempre son muy malos compañeros de viaje

Pero a partir del 18 de agosto comenzaron a cambiar las cosas, principalmente con la famosa Orden 1008/2020, que apareció publicada en el BOCM el 19 de agosto y es la que prohibía fumar en las terrazas de los bares y reducía el horario de los bares. También señalaba que la Consejería tenía que hacer una evaluación de riesgos en eventos de igual o más de 600 personas. Y el festival iba a contar con un aforo de más de 1.300 personas al día. No ocurrió nada porque solo un días después el juez Alfonso Villagómez dictaba un auto señalando que esta orden no podía entrar en vigor en Madrid.

“Registramos una serie de preguntas para la Comunidad y la Junta de Arganzuela para ver qué se podía hacer y si con nuestro expediente era suficiente para no hacer la evaluación de riesgos. No se nos contestó, pero el jueves pasado se nos dijo que en principio, tal y como estaban las cosas nosotros teníamos viabilidad para un evento de 1.300 personas”, cuenta Blesa.

El jueves pasado se nos dijo que en principio, tal y como estaban las cosas nosotros teníamos viabilidad para un evento de 1.300 personas

Como se ve es una historia de idas y venidas de normativas y de no saber muy bien qué hacer en tiempos de pandemia. El asunto se volvió a torcer el viernes cuando el Tribunal Superior de Justicia de Madrid dio la razón a la Comunidad. El Ayuntamiento y la Junta de Arganzuela indicaron entonces a los organizadores que el festival se podía desarrollar si se reducía el aforo a menos de 600 personas. “Esto ocurre el viernes por la tarde. Tuvimos que reubicar a todo el mundo el pasado fin de semana para que funcionara el sistema de rastreo y la trazabilidad exigida. Fue un trabajo titánico porque la venta anticipada había sido más tímida, pero en taquilla estos días estaba yendo muy bien. Eliminamos barras, baños porque iba a haber menos gente. Pusimos en los documentos la bajada de aforo a los 600 y los enviamos a la Junta”, explica Blesa. Y parecía que el festival salía.

Así se celebró el festival de música “La Fábrica del Vesu”, en la antigua Fábrica de Armas de La Vega en Oviedo, el pasado 22 de agosto (EFE)
Así se celebró el festival de música “La Fábrica del Vesu”, en la antigua Fábrica de Armas de La Vega en Oviedo, el pasado 22 de agosto (EFE)

Hasta que a las 13.30 llegó el mazazo, que ha dejado indignados a los organizadores: “Es que hemos hecho todo lo posible por estar dentro de la normativa y cumplir la legislación. Y somos totalmente legales”. Y, además, recalca que “entendemos que la actividad en Madrid no se ha parado. La gente sigue yendo al cine, al teatro y no estamos en estado de alarma. La decisión se toma desde la precaución, pero en el contexto de la ciudad debería permitirse realizar este tipo de eventos que son perfectamente legales y están dentro de la normativa”.

“Las circunstancias cambian”

Desde la Junta de Arganzuela indican a El Confidencial que entienden que los organizadores del festival estén tristes, pero también inciden en que “ellos siempre han sido conscientes de que se podía cancelar. De un día para otro cambian las circunstancias. Y son decisiones que se van tomando en el día a día y se van a tomar más”. También han querido recalcar que “a la concejala [Cayetana Hernández de la Riva] le ha costado tomar la decisión. Ayer estudió el planteamiento nuevo -la reducción a 600 espectadores- y entendió que era un riesgo según ha ido evolucionando la pandemia. Son los riesgos de entrada y salida, los posibles botellones que se pueden hacer en las inmediaciones y entiende que es prioritario pensar en la seguridad de los vecinos y por eso decidió no autorizarla”.

Concierto de Max Richter el pasado julio dentro de los Verano de la Villa (EFE)
Concierto de Max Richter el pasado julio dentro de los Verano de la Villa (EFE)

Con respecto a la celebración de otros eventos como los Veranos de la Villa, que ha potenciado la propia Área de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, cuya delegada Andrea Levy ha insistido a menudo en que la cultura es segura, desde la Junta de Arganzuela se ha manifestado que “se han celebrado en un formato distinto, se hizo en un espacio que permitía un control total y con medidas estrictas. Y sobre la marcha se han tenido que ir perfilando los diversos modelos de espectáculos”. También han insistido en que “ahora la evolución está yendo a peor y es verdad que en Arganzuela se han autorizado otros espectáculos, pero nunca con tanta gente, con 120 o 150 personas”.

¿Y 2021?

Así las cosas, con lo ocurrido con el Tomavistas Extra, en el sector musical se teme que no se levante cabeza para los próximos meses. “Nos vemos venir que estemos un año así, con una inseguridad constante, cancelando conciertos días antes. Hay que garantizar la salud y la seguridad, pero en muchos sectores de la economía se está optando por correr ciertos riesgos por reactivar las cosas, y en el nuestro parece que da igual”, comenta Joan Vich, manager de Melenas, un grupo que iba a actuar en el Tomavistas presentando su nuevo disco.

“Yo he ido a ciclos de verano estos meses y cuando me siento inseguro es cuando salgo. La industria de la música, teatros, cines, está cuidando muy al detalle la separación, con la atención en mesas en vez de ir a la barra a consumir. Si luego hay terrazas de los bares que tienen menos separación que en los conciertos. Desde luego, tal y como están los protocolos ahora, te vas a contagiar antes en un supermercado o en la terraza de un bar que en un festival”, añade este manager.

El año que viene todo se tendrá que normalizar porque los promotores no podemos estar dos años consecutivos sin música. Es insostenible, los gastos derivados de hacer un festival son enormes

Blesa, que ya piensa en la edición de 2021 - “queremos hacerlo, quedan nueve meses para mayo y esperemos que las vacunas... y podamos normalizar nuestra vida y seguir trabajando - entiende que “el año que viene todo se tendrá que normalizar porque los promotores no podemos estar dos años consecutivos sin música. Es insostenible, los gastos derivados de hacer un festival son enormes”.

Aunque son conscientes del contexto. De hecho, tampoco el Ministerio de Cultura ha dicho nada al respecto en las últimas semanas. “Las autoridades hasta que todo esto no esté solucionado no nos van a dar permiso para eventos con mucha gente y a nosotros nos va bien cuando viene mucha gente”, afirma mientras echa de menos a alguien como el primer ministro francés que incentivó a la gente a ir al cine y al teatro y a consumir cultura: “Y aquí parece todo lo contrario”.

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