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Las sombras de Montessori: la pedagoga afín al fascismo que abandonó a su hijo

Una biografía relata las luces y sombras de la vida de la profesora más famosa de los tiempos modernos

Foto: María Montessori.
María Montessori.

En 1928 Maria Montessori escribe una carta a Benito Mussolini, fundador del Partido Fascista y dictador de Italia: "Me quedan aún algunos años de energía activa: y solo su protección puede lograr que las energías que conservo consigan lleva a término el plan, que sin duda la Providencia de Dios ha trazado, para ayudar a los hombres en los niños de todo el mundo: y la ha puesto, Excelencia, ante Usted para que tenga el centro irradiante en su raza, de la que Usted es el Salvador". La carta la recoge la nueva la biografía titulada 'El niño es el maestro. Vida de María Montessori' (Lumen) y escrita por la periodista Cristina De Stefano a propósito del 150 aniversario de la que fuera conocida como "la italiana más famosa del mundo", una pedagoga cuyo métodos educativos siguen hoy inspirando a miles de escuelas y colegios por todo el planeta.

Es un hecho que la positiva relación de Montessori con el fascismo a lo largo de toda una década, desde la llegada de Mussolini a la jefatura del gobierno de Italia en 1924 a la ruptura de la maestra con el régimen en 1934, ha sido convenientemente eludida en todo tipo de notas biográficas y, por supuesto, en las numerosas instituciones educativas que dicen inspirarse en su método en la actualidad. Durante la segunda mitad del siglo XX, al tiempo que su influencia crecía y crecía, apenas se publicaron biografías dignas de tal nombre sobre una mujer identificada popularmente con los principios progresistas y pacifistas. Lo cierto es que la 'pedagogía Montessori' basada en el estímulo de la personalidad y responsabilidad del menor resultaba lo suficientemente ambigua como para apasionar al dictador italiano que vio en su apelación a la autocorrección y la disciplina un fermento ideal para forjar a las nuevas generaciones fascistas.

'El niño es el maestro'. (Lumen)
'El niño es el maestro'. (Lumen)

El primer estudio serio sobre aquellos años oscuros llegó en 1994 en forma de una polémica tesis doctoral escrita por la profesora Giuliana Marazzi, de la Universidad La Sapienzia de Roma: 'Montessori e Mussolini: la colaborazione e la rottura'. Allí escribe: "La importante colaboración que se desarrolló entre la famosa educadora María Montessori y Benito Mussolini, no es muy conocida. Baste decir que, precisamente en los años del fascismo, se fundó la Ópera Montessori que aún hoy desarrolla una actividad de difusión y control sobre este método de enseñanza. Ese silencio envuelve toda la vida de la gran educadora. El deseo de dejar en la sombra algunos aspectos de su vida, en particular el hijo ilegítimo y la adhesión al fascismo, pueden explicarlo, al menos en parte. La atención de la cultura italiana siempre se ha centrado en su método, ampliamente aplicado tanto en escuelas públicas como privadas. (...) Se impuso así necesidad de anular algunos episodios de la existencia de Montessori, como la adhesión al fascismo, que podría comprometer su imagen pública, que recibió una atención casi hagiográfica".

¿Un hijo ilegítimo?

La biografía recién publicada de Cristina De Stefano no llega a la hagiografía aunque sí es positiva con la figura de Montessori. Pero, leída con detenimiento, van emergiendo elementos chocantes: la citada colaboración con el fascismo, el ferviente catolicismo de la pedagoga muchas de cuyas iniciativas contaron con el apoyo entusiasta de la Iglesia y sus inquietantes tratos con la teosofía y el misticismo, especialmente en sus últimos años en la India, cuando llegó a ser considerada por numerosos discípulos como una especie de profeta. También los dramáticos sucesos en torno al nacimiento de un hijo ilegítimo a los 28 años, al que inscribió como "hijo de padres desconocidos" y abandonó durante años entregándolo al cuidado de una nodriza.

Su propia madre le escribió: "Tú has hecho lo que ninguna mujer ha hecho en Italia y ahora por un niño lo pierdes todo"

Maria Montessori era en 1898 una joven médico con un futuro prometedor. Idealista, con aspiraciones feministas y comprometida con la reforma social y educativa tras una iluminadora visita a un hospital infantil de oligofrénicos en Roma, recibió como un mazazo la noticia de su embarazo. Su relación extramatrimonial con el padre, su colega y gran amor de su vida Giuseppe Montesano la enfrentaba en aquellos tiempos al escándalo y casi con seguridad liquidaría su carrera. Su propia madre le escribió: "Tú has hecho lo que ninguna mujer ha hecho en Italia: eres una científica, una doctora, lo eres todo, y ahora por un niño lo pierdes todo". Así, Maria tuvo finalmente su hijo en secreto y se desembarazó de él. Años más tarde recuperaría el contacto con él aunque solía presentarlo como "mi sobrino".

Escribe De Stefano, intentando comprender a su biografiada coincide en que apenas le quedaba otra salida y añade: "Nada sabemos de los pensamientos de Maria durante ese episodio dramático. Nunca habló de ello. Solo muchos años después, confesará que desde el día que nació el niño todas las noches pedía a Dios por él con una plegaria: 'Señor, dame a mí todos los dolores y a él todas las alegrías. Amén".

El legado

1932. En la Conferencia Internacional de Desarme de Ginebra, Montessori se pronuncia en su discurso a favor de la educación para la paz mientras que en los colegios italianos se está educando, con su mismo método, para la guerra inevitable que tenía que llegar. Por otra parte, las injerencias educativas de los jerarcas fascistas resultan cada vez más opresivas para una pedagoga extremadamente celosa de su proyecto. Es el momento de romper con Mussolini. Montessori prosigue con su vida errante cada vez más alejada de su país natal no sin dejar por ello de enviar admirativas cartas al Duce declarando su "patriotismo".

María Montessori.
María Montessori.

En la actualidad el estatus de María Montessori es el de una suerte de heroína global laica. No solo por las innumerables instituciones educativas que aplican su célebre método sino también porque cambió radicalmente la visión del niño de una manera que ha afectado a la sociedad en su conjunto obligando a los adultos a abandonar su posición de fuerza y superioridad con que se miden con la infancia. Porque el niño "no juega, trabaja, a veces más duramente que los adultos, que sin embargo no dudamos en interrumpirlo".

Pero Montessori fue también una figura de tintes mesiánicos, en torno a la cual fue forjándose desde el inicio un culto a la personalidad que perdura en nuestros días con auténticos prosélitos. Un conocimiento más exacto de su vida y obra parece urgente para apreciar su valor. Concluye Cristina De Stefano: "He mostrado los aspectos positivos del personaje —la fuerza del carácter, la emancipación absoluta para su época, la capacidad de visión casi paranormal— y los negativos. Maria Montessori era un genio, y los genios raramente son personas fáciles. Era autoritaria, estaba convencida de que Dios le había confiado una misión y era muy oportunista a la hora de buscar apoyos en cualquier parte. Y además era una mujer que fundó una empresa económica, cosa que muchos no le perdonan fácilmente".

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