centenario

Ray Bradbury, el genio de la ciencia ficción que odiaba las nuevas tecnologías

El autor norteamericano hubiera cumplido cien años este agosto. Sus novelas eran un canto al humanismo y al poder de los libros, y una crítica hacia el mundo de las pantallas

Foto: El escritor Ray Bradbury
El escritor Ray Bradbury

Ray Bradbury quería llegar a los cien años y aunque no lo logró, le echó ganas: murió en junio de 2012, a los 92 años. Este 22 de agosto hubiera alcanzado su meta. Quería ser enterrado en Marte, pero reposa en el Westwood Village Memorial Park de Los Ángeles. Al final sus deseos quedaron en mera especulación. Como ocurre en su libro 'Crónicas Marcianas' (1950), que ponía al hombre en el planeta marciano en 1999. Aquel año, sin embargo, a lo máximo que se llegó fue a un programa de televisión con ese nombre. A un genio superdotado de la imaginación como Bradbury nunca le faltaron ideas.

El escritor norteamericano, prolífico hasta la náusea -él mismo decía que escribía todos los días y que en una noche de insomnio se le podía ocurrir el inicio de seis cuentos y una novela- está considerado hoy uno de los magos de la ciencia-ficción, aunque él prefería definirse como un escritor de fantasía. Y lo cierto es que fue un autor que estuvo más cerca de Stanislaw Lem o Arthur C. Clarke que de Philip K Dick o Isaac Asimov. Lo suyo no eran las predicciones científicas a lo Julio Verne, puesto que no hubiera dado ni una. Como alguien dijo alguna vez de él, y no le importaba, no era un escritor científico, era un sentimental.

Prolífico hasta la náusea, él mismo decía que escribía todos los días y que en una noche de insomnio se le podía ocurrir el inicio de seis cuentos y una novela

"Bradbury es ante todo un humanista. Lo que le interesa es salvaguardar aquello que hace al ser humano especial, como la capacidad de amar, la confianza en los otros, la búsqueda de la belleza... En sus relatos, enfrenta a sus personajes a aquello que amenaza con robarles su humanidad”, cuenta a El Confidencial Maite Fernández, coordinadora del curso Billar de Letras que ha traducido el relato 'Un sonido atronador', que publica ahora la editorial Nórdica. Sus grandes clásicos, por otra parte, están casi todos publicados en el sello Minotauro.

'Un sonido atronador' (N
'Un sonido atronador' (N

Precisamente este relato, como otros que se incluyen en su libro 'El hombre ilustrado' (1951) donde se detenía en el asunto del racismo -entre otros temas de debate moral- aborda el asunto de la naturaleza “y cómo el ser humano, en su inconsciencia, puede inmiscuirse en el devenir de la Historia. En 'Fahrenheit 451', por ejemplo, una de las principales amenazas está en unas pantallas de televisión que ocupan constantemente todos los espacios del hogar y hacen que las personas pierdan la conciencia de sí mismos y no tengan tiempo para pensar, ni para darse cuenta de quiénes son las personas con las que conviven”, afirma Fernández.

Contra las pantallas

La coordinadora insiste en que Bradbury "no estaba radicalmente en contra del progreso tecnológico, pero sí estaba preocupado por el hecho de que ese progreso nos pudiera privar de lo mejor que tenemos como seres humanos”. En este sentido cobra importancia la cruzada que mantenía contra las nuevas tecnologías (curioso en un autor que escribía sobre el futuro). Él se apegaba a lo palpable, lo físico y lo que, para él, hacía pensar. En numerosas entrevistas se postuló contrario a la televisión, que era el aparato que empezaba a estar de moda en los cincuenta. Y, de hecho, su gran historia ‘Fahrenheit 451’ es la frase de Groucho Marx hecha novela: un alegato en pro de los libros y contrario a la caja tonta. “Es el amor de un hombre -el bombero Montag- por las bibliotecas”, afirmó en varias ocasiones.

En realidad, era él mismo, que había sido un hombre que no pudo estudiar en la universidad por falta de recursos económicos y que todo lo había aprendido leyendo en las bibliotecas que frecuentó con asiduidad en su juventud. De ahí que nunca se cansara de exhortar a la lectura en los programas educativos. Consideraba que leer y escribir eran la base del bienestar del ser humano.

En numerosas entrevistas se postuló contrario a la televisión, que era el aparato que empezaba a estar de moda en los cincuenta


Pero en la cruzada contra los aparatos electrónicos llevaba todas las de perder porque si algo han hecho las pantallas desde los años cincuenta ha sido aumentar su número en los hogares. Al escritor le dio tiempo a ver los ordenadores y hasta Internet. Y nunca le gustaron, como señaló en entrevistas, porque para él todos estos aparatos e inventos tenían un punto deshumanizador si se usaban mal: “Estamos rodeados de demasiados juguetes tecnológicos, con Internet, los ipod, los ipad… La gente se equivocó”.

De sus últimos años de vida queda una predicción hoy un tanto tosca con respecto a los periódicos en papel publicada en una entrevista en ‘ABC’: “Seguirán estando, porque tenemos que volver a enseñar a leer. Con el paso del tiempo se volverá a leer el diario, porque nos cansaremos de Internet”. Quizá habría que decirle hoy algo al señor Bradbury y llevarle a su tumba un móvil con capturas de Twitter, Facebook, Whatsapp, Tik Tok e igual de este diario.

Talante conservador

Pese a todas sus reservas hacia estos aparatos masivos, lo que sí que consiguió el escritor fue entretener y que le leyeran millones de personas. Que incluso sus novelas y relatos fueran adaptados al cine y la televisión, como sucedió con 'Fahrenheit 451', que entusiasmó a François Truffautt y llevó la novela a la gran pantalla. Esta adaptación sí gustó a Bradbury, no como la miniserie de 'Crónicas Marcianas' de los ochenta. En general, el escritor nunca se mostró muy contento con cómo se llevaron sus relatos al cine o televisión, aunque hay algunos buenos trabajos, como los episodios que rodó Chicho Ibáñez Serrador para su programa ‘Historias para no dormir’ en los sesenta. La televisión no siempre hacía malas cosas. Por cierto, otro director de cine al que siempre le gustó Bradbury es José Luis Garci.

Fotograma de 'Fahrenheit 451' de François Truffaut
Fotograma de 'Fahrenheit 451' de François Truffaut


El escritor, que hizo buen dinero con estas adaptaciones, nunca se sintió cómodo con el mundo cultural e intelectual. Tampoco estaba muy cercano a los políticos progresistas de su país -era votante de Rudolph Giuliani, en los últimos años, por ejemplo- y tenía ideas conservadoras con respecto a lo moral, desde el divorcio, del que era contrario -aunque vivió con su mujer Marguerite solo para seguir manteniendo la figura de padre y madre con respecto a sus hijos- a las clases de familias (para él solo había una, la de toda la vida).

Verso suelto de la ciencia-ficción

Todas estas ideas le hacían mantenerse al margen. También dentro del mundo de la ciencia-ficción, donde no le tenían tanto como uno de los suyos. Aunque en este caso no por sus ideas políticas, "sino por su forma de escritura. Su literatura está llena de metáforas, de símbolos, incluso de alusiones a textos bíblicos o de otras religiones. Nos obliga a reflexionar, y conjuga la acción y el entretenimiento con la poesía, todo lo cual hace que su escritura adquiera una densidad que no tienen otros autores de ciencia ficción", añade Fernández.

Por eso, quizá como no predijo nada ni era ese su propósito, sus novelas mantienen cierta actualidad. Así lo observa Fernández, que indica que ‘Un sonido atronador’, “aunque está escrito en los años cincuenta, nos plantea cuestiones de absoluta actualidad. Por una parte, hay una reflexión sobre la intromisión del ser humano en la naturaleza; por otra, sobre el peligro de un progreso tecnológico ciego que no tenga en cuenta qué es lo importante para las personas y acabe obrando en su contra".

Murió hace ocho años. Quizá mejor que no llegara a los cien que cumpliría este sábado. Hubiera visto que su guerra contra las pantallas estaba definitivamente perdida.

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