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Ataque al patrimonio: el caso de los cascos celtibéricos robados (y devueltos)

Estos días ha sido devuelto al Museo de Zaragoza el octavo casco robado en los años ochenta durante el expolio al poblado celtibérico de Aranda del Moncayo

Foto: Casco celtibérico devuelto esta semana
Casco celtibérico devuelto esta semana

Entre los años 4000 y 800 antes de Cristo, en la época conocida como la Edad de Hierro, se fundó en el cerro de Castejón, en la actual Aranda del Moncayo (Zaragoza), un poblado llamado Aratikos. En aquel lugar y entre aquellas casas vivieron sus ciudadanos celtíberos hasta que Roma arrasó con todo entre los años 72 y 74 a.C. A partir de entonces, como sucedería en buena parte de Hispania, aquello sería romano. Sin embargo, aledaño al poblado se mantuvo su necrópolis celtíbera con sus aparejos y todo de instrumentos, ya fueran herramientas, armas o artilugios decorativos. Y algunos, veinte siglos más tarde, lo sabían.

En concreto, lo sabían Mariano Ostalé y Ricardo Granada, que en los años ochenta decidieron comprar unas parcelas en el cerro de Castejón. Desde entonces se dedicaron a peinar y expoliar una zona que, en principio, era suya. Incluso llegaron a meter maquinaria pesada para levantar los terrenos. Allí encontraron cascos celtíberos y otras miles de herramientas que no dudaron en vender a museos y otras instituciones culturales extranjeras. De hecho, 15 cascos acabaron en manos del acaudalado coleccionista austriaco Axel Guttmann. Otros dos fueron comprados entonces por un coleccionista de Londres, que revendió una de las piezas en Hong Kong.

Ostalé y Granada en los años 80 decidieron comprar unas parcelas en el cerro de Castejón. Desde entonces se dedicaron a peinar y expoliar una zona


El expolio duró más de veinte años, dos décadas en las que no hubo investigaciones sobre lo que ocurría en Aranda. En 2008 con la muerte de Axel Guttman sus herederos comenzaron a vender aquellas piezas. El Museo de Arte Clásico de Mouguins adquirió hasta ocho de estos cascos. Pero nada se movía. No había ninguna investigación. Hasta que denuncias como la del Römisch-Germanisches Zentralmuseum de Maguncia (Alemania), fueron escuchadas y el caso saltó a los medios.

En 2013 comenzó así la operación Helmet de la Guardia Civil. Algo raro estaba pasando en el mercado de antigüedades con aquellas piezas que eran de hasta V siglos antes de Cristo. Ostalé y Granada fueron detenidos por el largo expolio, aunque no serían condenados hasta 2018 con penas de tres años de cárcel por blanqueo de capitales y otros tres por robo y multas económicas por el ataque al patrimonio. Se comprobó que habían robado cascos celtíberos, lanzas, espadas, puñales, escudos, discos de corazas de pectorales y proyectiles (268 piezas de proyectiles para hondas, de los siglos III al I antes de Cristo, procedente del Ejercito Romano).

Absolución del blanqueo

Sin embargo, a finales del pasado mes de junio el Tribunal Supremo redujo las penas de los condenados y los absolvió del delito de blanqueo de capitales. Confirmó, sin embargo, la condena a tres años de prisión impuesta a Ricardo Granada como presunto autor responsable de un delito continuado de daños intencionados al yacimiento arqueológico celtíbero. Los magistrados sí redujeron la pena de 1 año y 9 meses a Ostalé por la receptación de los cascos expoliados al entender, en contra de lo argumentado por la Audiencia de Zaragoza, que este delito no está en concurso con otro de hurto. La anulación de la condena por blanqueo de capitales contra los dos acusados se debió a que este delito no se produce "si la acción no está presidida por la intención de ocultar la ilícita procedencia de los bienes", señaló la resolución. Los jueces consideraron a su vez que la exportación clandestina de los cascos celtíberos se produjo en un momento en que el blanqueo de capitales no contemplaba esta conducta.

Devolución de los cascos

El Museo de Arte Clásico de Mouguins, que había adquirido de forma legítima ocho de los cascos expoliados, decidió devolverlos el año pasado después de conocer cuál era su no tan ética procedencia. Siete de ellos llegaron al Museo de Zaragoza el pasado mes de diciembre, después de varias gestiones junto al Ministerio de Cultura. La historia del octavo casco es más rocambolesca.

Según ha informado Cultura estos días, en el acto de entrega de los siete cascos anteriores que se produjo el pasado mes de diciembre en la sede de la Unesco en París, el coleccionista Christian Levett, fundador y propietario del museo de Arte Clásico de Mougins (Francia), puso en conocimiento de las autoridades españolas allí presentes, que además de los siete cascos que entregaba en ese momento, adquirió en 2010 un octavo casco, del cual se había visto obligado a desprenderse posteriormente, pero sobre el cual creía que podría averiguar su paradero actual.

En plena pandemia, Levett comunicó que había localizado la pieza y que iba a tratar de recuperarla con la intención de entregarla sin contraprestación


Meses más tarde, ya en plena pandemia, Levett comunicó que había localizado la pieza y que iba a tratar de recuperarla con la única intención de entregarla sin contraprestación alguna al Gobierno de España, para completar lo ya hecho y demostrar su firme compromiso en la defensa del patrimonio histórico y la lucha contra la ilegalidad.

Finalmente, el pasado 21 de julio, la directora del Museo de Arte Clásico de Mougins informó que la pieza había sido encontrada, adquirida en el mercado internacional y depositada en el centro, quedando a disposición del Gobierno español para que fuera repatriada cuando así se considerase oportuno.

Al día siguiente, el Ministerio de Cultura y Deporte aceptó el ofrecimiento e inició las gestiones para la organización del transporte, la obtención del permiso de exportación del Ministerio de Cultura de Francia, contando para ello con la colaboración de la embajada de España en París, y la entrega de la pieza en el Museo de Zaragoza, actuando en coordinación total con el Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón.

Así es como el casco llegó esta semana al Museo de Zaragoza, donde se unirá a los siete que allí están depositados desde el mes de diciembre.

Cultura

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