El año que fue (II)

1989, el año que todo el mundo bailó la lambada: 'Chorando se fue'

Esta es la historia de una canción, un baile y dos tipos que quisieron hacerse de oro. Y durante unos meses lo consiguieron

Foto: Portada del disco de Kaoma
Portada del disco de Kaoma

En los inicios del verano de 1989 el canal francés TF1, que había sido privatizado solo dos años antes por el Gobierno de Jacques Chirac, comenzó a emitir sin parar un anuncio del refresco Orangina (más o menos como nuestra Fanta). La cadena basaba sus ingresos mayoritariamente en la publicidad por lo que estos paquetes audiovisuales estaban a todas horas. El de la orangina empezó a quedarse en el oído del espectador, además de por su repetición machacona, por su pegadiza melodía, una especie de cumbia brasileña que se iniciaba con la frase ‘chorando se fue’. Para finales de aquel verano, todo el planeta sabía que aquello era el baile de la lambada, había movido las caderas sin parar y el grupo Kaoma se había hecho espectacularmente famoso. Tristemente solo le dio para aquel verano, ya que poco después llegó una acusación de plagio del grupo boliviano Los Kjarkas, que ganaría el juicio. Su cantante, Loalwa Braz, además tendría un desgraciado final: moriría asesinada el 20 de enero de 2017 en Río de Janeiro.

Todo había sido una impresionante operación de márketing un tanto chusca que salió demasiado bien durante unos meses. La historia comienza cuando el productor Jean Karakos y el director de cine Olivier Lorsac descubren en el verano de 1988 la canción que en 1986 había popularizado la cantautora Marcia Ferreira, aunque no había tenido éxito fuera de Brasil. Precisamente su ritmo y su baile, que emula un latigazo -lambada es el látigo en portugués- se hizo muy popular en la zona del norte de Brasil. Estos dos avispados franceses se dan cuenta de aquello puede funcionar en una época en la que está tomando bastante relevancia la worldmusic y el multiculturalismo, impulsada por músicos como Peter Gabriel, Sting o Paul Simon. Nada como hacer un producto bien elaborado con lo que pega en el momento.

Así que con esta canción, tomada sin permiso de nadie (lo cual más tarde traería problemas), deciden montar un grupo también bastante multiculti con los integrantes de la banda Touré Kunta. Ahí había un bajo de la isla de Martinica, un guitarra de la isla de Guadalupe, la cantante brasileña Loalwa Braz, un teclista francés, otros dos bailarines brasileños… Este grupo da lugar a Kaoma que graba la canción y cuando esta comienza a subir como la espuma se decide montar todo un disco llamada Worldbeat -tampoco se lo pensaron demasiado- del que se llegarían a extraer otros dos sencillos más, 'Dançando Lambada' y 'Mélodie d'amour'. No tenían ni por asomo la misma fuerza que Chorando se fue pero el asunto se pudo alargar durante unos meses. Fue un buen pelotozado para CBS. En números: el disco ha vendido treinta millones de copias en todo el mundo. Solo al principio de aquel verano se habían despachado cuatro millones de copias, 200.000 de ellas en España, según señalaba una crónica de El País.

No fue un verano fácil para triunfar. La competencia fue bestial. Si hubo otra canción que sonó sin parar por estas latitudes fue ‘Aquí no hay playa’, de The Refrescos


No fue un verano fácil para triunfar. La competencia fue bestial. Si hubo otra canción que sonó sin parar por estas latitudes fue ‘Aquí no hay playa’, de The Refrescos (es The, no Los), que ha seguido sonando no pocas veces como sambenito para los madrileños (y qué, y qué). A este hit le seguieron muy de cerca Loco Mía, The Look, de Roxette y Los amigos de mis amigas son mis amigos, de Objetivo Birmania. Si se ha nacido antes de 1985 todas se tararean sin necesidad de cerrar los ojos. Lo cierto es que suena a veranazo.

El inicio de la globalización

Hay explicaciones un tanto sesudas sobre el éxito de esta canción y este baile. De hecho, hay hasta ensayos sobre el tema, como el de Leonardo García, músico y profesor del Centro Superior de Educación Artística de París, ‘El Fenómeno "Lambada": Globalización e Identidad’. En él, García señala que en Europa Occidental “la lambada vehicula un imaginario exótico-tropical dentro del cual el ideal Pan-brasileño se integra a un naciente ethos postmoderno. Sin llegar al extremo de evocar la utopía del "Fin de la Historia", el producto planetario propone una invitación al viaje, al pasatiempo y al relajo, valores que toman cada vez una mayor importancia en los países del "Occidente desarrollado" y que marcan una ruptura con respecto a la importancia social del trabajo y del deber, tan difundidos en la órbita soviética”. En definitiva, La lambada triunfa cuando se acaba la Guerra Fría y el poder de la Unión Soviética: es un paso hacia el mundo globalizado. Siguiendo a Fukuyama: con la lambada se acababa el siglo XX y empezaba el XXI. Desde luego, el gran impulso a la globalización llegó unos años más tarde con la Macarena y la campaña electoral de Bill Clinton en 1996. Pero La Lambada puso la primera piedra. ¿Tendría éxito en tiempos poscovid? ¿Y con un presidente como Jair Bolsonaro?

Siguiendo a Fukuyama: con la lambada se acababa el siglo XX y empezaba el XXI

Aunque ahora casi todo nos parezca histórico, los hitos de 1989 sí que son contundentes. Y dan cuenta de un mundo que está culminando. En febrero se desecandena la fatwa iraní contra Salman Rushdie por ‘Los versos satánicos’. El ayatolá Jomeini pone el grito en el cielo y se empiezan a quemar libros como no sucedía desde el nazismo. Por otro dios esta vez. En junio se suceden los acontecimientos de la plaza de Tiannamenn en Pekín con miles de jóvenes airados con el régimen. Poco a poco se van levantando las poblaciones de los países de la órbita soviética y en el RDA el runrun es tal que el 9 de noviembre un alto miembro del aparato comunista alemán acaba diciendo que se abran las fronteras del Muro de Berlín. Y el muro, claro, aquella noche acaba cayendo. Para finalizar el año los rumanos fusilan al dictador Nicolae Ceaucescu y su esposa Elena. La URSS desaparecía como un castillo de arena.

Y, sí, mientras tanto la gente bailaba la lambada.

España, 1989

¿Y qué pasaba en España? Pues que los socialistas volvían a ganar en octubre con otra mayoría absoluta. Aquel sería el tercer Gobierno de Felipe González. Y el camino a partir de entonces no sería tan cómodo: años después llegaría el escándalo de Juan Guerra por el que dimitiría Alfonso Guerra, y el de las adjudicaciones del AVE, por el que dimitiría Julián García Valverde, que era ministro de Sanidad.

Pero sucederían otras cosas como que la mujer pudiera incorporarse a todos los cuerpos de las fuerzas armadas, el robo del Dioni de un furgón con 320 millones de pesetas, y la puesta en marcha del Ibex 35. Por cierto, ese fue el año que despedimos con Marisa Naranjo y aquellos cuartos que no eran los cuartos… En definitiva, el año en el que nadie acabó comiéndose las uvas.

Dionisio Rodriguez, 'El Dioni'
Dionisio Rodriguez, 'El Dioni'


La tasa de desempleo se situó aquel 1989 en el 16,1%, perjudicando sobre todo a las mujeres, entre las que llegaba al 23,5%, y a los menores de 25 años, ya que se situaba en más del 30%. No extrañan las huelgas de entonces y el enfado que había entre la población más joven, si bien los datos estaban en una tónica de descenso. El salario medio se situaba en torno a las 174.600 pesetas mensuales (1.051 euros), unos 2.444.000 millones de pesetas al año (14.725 euros). En cuanto al precio de los productos, un coche utilitario como un ford fiesta costaba un millón de pesetas (6.000 euros) mientras que el precio medio de una vivienda de 70 metros cuadrados era de diez millones de pesetas (60.000 euros) . Si se calculan estos precios con la inflación, hoy nos salen peores cuentas, sobre todo en cuanto a la vivienda, mucho menos accesible.

Quizá por eso todavía ese verano se bailó la lambada, Aquí no hay playa, los abanicos de Locomía y lo que nos pusieran por delante.

El plagio

Hasta aquí la historia feliz, pero llega la parte oscura.

Como hemos dicho más arriba, La lambada fue un producto creado. Desde los inicios se buscó un gran hit. Y se consiguió llegando a todos los rincones del planeta. Incluso hasta Bolivia, donde un grupo de folclore, Los Kjarkas, montado por los hermanos Hermosa González, se había quedado ojiplático. Sobre todo Ulises, quien no podía entender cómo su canción, 'Llorando se fue', una letrilla que había compuesto en muy poco tiempo y que habían metido de relleno en el disco "Canto a la mujer de mi pueblo" de 1981, con un ritmo del altiplano andino (saya), tenía ese éxito tan espectacular cantado por un grupo que no sabía ni cuál era. Por supuesto, hubo demanda al canto, aunque el asunto tuvo sus líos. En 1990 señalaban en una entrevista en 'El País' que estaban hartos de la lambada: “Queremos que se olvide la lambada porque es un dolor". Lo cierto es que finalmente ganaron el juicio y recibieron una indemnización, aunque no se conoce cuál fue la cantidad. Ulises moriría poco después, en 1992, de una leucemia.

La cantautora Marcia Ferreira, que había adaptado al portugués la letra junto a José Ary para la canción ‘Chorando desaparecido’, también está desconcertada. Había tenido éxito en 1986 con la adaptación, pero todavía ni siquiera se llamaba lambada. Eso sí, los derechos de la versión en portugués tal y como la cantaba el grupo Kaoma eran suyos. Así que, junto a EMI, su compañía, demandó a los productores listillos Jean Karakos y Oliver Lorsac que le habían “robado” la canción y la habían registrado a su nombre en París. Y también ganó este proceso judicial.

Todo esto supuso el fin del éxito planetario del grupo Kaoma que vería cómo su lambada se iría apagando con el paso del tiempo. De hecho, no es una canción veraniega que haya envejecido demasiado bien.

El juicio supuso el fin del éxito planetario del grupo Kaoma que vería cómo su lambada se iría apagando. De hecho, no es una canción veraniega que haya envejecido demasiado bien

Curiosamente el productor Jean Karakos falleció sólo dos días después que la cantante de Kaoma. Fue recordado en su país, Francia, como uno de los primeros en montar festivales de rock en el país en los años sesenta, traer a grupos como Pink Floyd, Frank Zappa, movilizar el punk en los setenta y, obviamente, la lambada a finales de los noventa. Pese al plagio y los juicios, Karakos sobrevivió a todo aquello y vio venir la siguiente escena musical de los noventa: la electrónica. Por su parte, Oliver Lorsac, que se había encargado de grabar el videoclip (fue su única obra como director de cine, pese a que así se vendió durante mucho tiempo) desapareció del mapa después de todo aquello.

La historia de una canción, un baile y dos tipos que quisieron hacerse de oro. Y durante unos meses lo consiguieron.

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