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Alimentar a la bestia: consejos para escalar (bien) una montaña

Libros del Asteroide publica en español el gran clásico de la literatura de montaña escrito por el poeta y aventurero inglés Al Alvarez

Foto: Detalle de portada de 'Alimentar a la bestia'
Detalle de portada de 'Alimentar a la bestia'

¿La escalada es un deporte? Uno de los mejores escaladores de todos los tiempos, el británico Mo Anthoine (1939 - 1989) lo negaba categóricamente: "Es un pasatiempo. Incluye el placer. Mientras que un deporte, por definición, incluye la competición. Cuando uno escala compite solo contra sí mismo". Anthoine completo una serie de prodigiosas aventuras en los sesenta y los setenta, desde las cordilleras alpinas al Himalaya, además de reinventar el equipamiento del alpinismo y participar como doble en películas de acción. Fue además un tipo tan inteligente como apasionado, buen compañero y autocrítico, un referente con un tesoro de historias para ser contadas. De esto último se encargaría su amigo, el también montañero y escritor Al Alvarez en un libro ya mítico del alpinismo que por fin se publica en España traducido por Juan Nadalini: 'Alimentar a la bestia' (Libros del Asteroide).

'Alimentar a la bestia' (Asteroide)
'Alimentar a la bestia' (Asteroide)

Al Alvarez (1929 - 2019) acompañó a su amigo Mo Anthoine en algunas de sus más portentosas escaladas. También fue jugador de póker, editor de poesía, descubridor de voces como las de Sylvia Plath y Ted Hughes y autor en 1971 de un impactante ensayo sobre el suicidio titulado 'El dios salvaje' con el que arrancaba su peculiar modelo narrativo construido siempre sobre sus propias experiencias personales. 'Alimentar a la bestia' (1988) es un libro delicioso en el que se despliega, a través de breves escenas, aventuras heroicas y magníficas descripciones, el amor por el alpinismo Y en el que también es posible espigar un puñado de excelentes consejos para escalar (bien) una montaña. Atiendan.

Sobre el equipamiento

"La escalada en roca es uno de los deportes más puros y menos desordenados que existen, y requiere de un equipamiento mínimo: calzado especial, una cuerda, un casco de seguridad y una colección de cintas de nailon y herramientas metálicas -mosquetones, estribos, pitones y fisureros de aleación- que servirán para proteger al escalador en caso de caída. El conjunto completo cuesta relativamente poco, dura años y se puede llevar colgado sin problemas alrededor del cuello y de la cintura. Así que, a diferencia de muchos otros deportes, si algo sale mal la culpa suele ser de uno, no del material".

Sobre el cuerpo

"En cierto modo, la escalada es incluso una actividad intelectual, aunque con un requisito indispensable: hay que pensar con el cuerpo. Cada largo plantea una serie de problemas puntuales y específicos: qué agarres usar, y en qué combinaciones, para subir a salvo y consumiendo la menor cantidad de energía posible. Hay que calcular cada movimiento con una suerte de estrategia física, en términos de esfuerzo, equilibrio y consecuencias. Es cómo jugar al ajedrez con el cuerpo".

Sobre los compañeros

"El compañero de escalada es casi tan importante como aquello que se va a escalar, sobre todo porque el quién influye en el cómo. Algunos escaladores están tan poseídos por su deseo de completar una vía que todo lo demás les resulta indiferente; ascender con ellos es como ir atado en el exterior de un tren de alta velocidad: llegaremos a destino, sí, pero sin divertirnos demasiado y casi sin disfrutar del paisaje. Otros confían tan poco en sus propias habilidades que solo parecen hallar algo de placer cuando su compañero encuentra dificultades en algún movimiento que a ellos les ha resultado fácil. Otros directamente son peligrosos y se exigen todo el tiempo más allá de sus límites, o no toman las precauciones más elementales. Aquellos que sobreviven y continúan escalando por lo general se van desprendiendo de esos vicios conforme envejecen; pero, hasta que lo logran, la vida en las alturas junto a ellos puede ser desagradable, brutal y corta".

Sobre los riesgos

"La escalada es un claro ejemplo de este concepto que Jeremy Benthan denominó juego profundo" y que él por supuesto, siendo el padre del utilitarismo, rechazaba de plano. Según Benthan, en casos así los riesgos son tan elevados que sería insensato siquiera participar; lo que se puede perder excede por mucho las exiguas utilidades que reportaría un posible triunfo. Para nosotros aquel día, la ganancia era la dudosa satisfacción de haber ascendido una vida difícil en condiciones también difíciles, lo que nos exponíamos a perder eran los dedos de los pies o de las manos, o incluso nuestras propias vidas. Sin embargo, y por más 'profundo' que fuera el juego, seguía siendo eso, un juego, y así es como lo recuerdo".

Sobre el momento más peligroso

"Cuando llegamos a la cumbre, nos tumbamos un rato al sol. De nuestra ropa húmeda emanaba vapor. Yo estaba exhausto más allá de toda medida, y algo mareado, imagino que por la sorpresa de haber sobrevivido. Mientras nos dirigíamos hacia la cara sur de la montaña para emprender un descenso más sencillo, Mo dijo:

-Bien, estamos a mitad del camino.

-¿Perdón?

-Ahora es cuando ocurren los accidentes -dijo- Cuando ha llegado a la cima y empiezas a relajarte".

Sobre el margen de seguridad

"Nunca escaló al límite de mis posibilidades", decía siempre Mo. "Si me encuentro en una situación en la que creo que puedo llegar a caerme, me retiro, fijo un pitón o descanso en una cinta. No me parece necesario volar 50 metros por el aire para demostrarme que el movimiento que intento ejecutar excede mis habilidades. Nadie piensa jamás que puede morir escalando; hasta los más chiflados creen que han calculado todos los riesgos y que se saldrán con la suya. Pero cuando se fuerzan tanto los límites, cuando el margen de seguridad queda reducido al mínimo, muchas cosas pueden salir muy mal. A mí me gusta tener siempre un margen de seguridad bien amplio como punto ese reaseguro es mi fortaleza.

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