PATRIMONIO CULTURAL

El 'Indiana Jones' de la música de cine: así se recuperan bandas sonoras perdidas

José María Benítez lleva 25 años dedicado a editar bandas sonoras originales (BSO) y desde su sello de música recupera la música perdida de grandes obras cinematográficas

Foto: Algunas de las bandas sonoras editadas por José María Benítez. (Quartet Records)
Algunas de las bandas sonoras editadas por José María Benítez. (Quartet Records)

Nadie —o pocos— en España sabe más que él sobre la obra de Ennio Morricone. En los últimos años, su sello Quartet Records ha editado diecinueve discos y un vinilo con las bandas sonoras del maestro italiano, de películas tan conocidas como 'Cinema Paradiso' a títulos menos populares, como 'Quando la preda è l'uomo' (1972), también conocida como 'Spogliati, protesta, uccidi!', de Vittorio Sisti, o 'La monaca di Monza' (1969), del Visconti menos exitoso —sobrino de Luchino—, Eriprando. El sevillano José María Benítez lleva más de un cuarto de siglo dedicado a rescatar y editar bandas sonoras de cine desde que con 19 años coordinó para el sello BMG Ariola las ediciones discográficas de 'Todos los hombres sois iguales' (1994), la comedia romántica de Manuel Gómez Pereira con música de Bernardo Bonezzi, y 'Días contados', el drama político de Imanol Uribe con composiciones de José Nieto.

Portada de 'Spogliati, protesta, uccidi!', de Ennio Morricone. (Quartet Records)
Portada de 'Spogliati, protesta, uccidi!', de Ennio Morricone. (Quartet Records)

Pronto se dio cuenta de que en España los productores no planteaban la prioridad de conservar y editar la banda sonora de sus películas y decidió abrir mercado creando su propio sello independiente: volvió a apostar por Bernardo Bonezzi con su trabajo para 'Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto' (1996), el estreno de Agustín Díaz Llanes en la dirección, con el que ganó ocho goyas, entre ellos el de Mejor música original. "Al poco de empezar con mi primer sello, que estaba únicamente dedicado al cine español, me di cuenta de que, lógicamente, los números no daban", recuerda Benítez. "Yo era muy joven, así que lo cerré y estuve años coordinando y produciendo CD de bandas sonoras españolas para otra discográfica. Después estuve coordinando los catálogos de BSO para Sony, y de ahí, de la oportunidad de poder trabajar con estos y otros catálogos y nació Quartet".

En España es el gran desastre. Prácticamente ningún productor conserva ya los derechos de sus películas. Nadie pensó en el valor cultural

Cuenta Benítez que este no es país para bandas sonoras. Que no hay una voluntad de preservación y que muchas de las músicas del cine español se han perdido, si no definitivamente, casi. "Mientras en Estados Unidos, Italia o Francia las películas continúan perteneciendo a los mismos propietarios desde el origen de las mismas, en España han ido cambiando de mano constantemente", lamenta. Los estudios americanos cuentan con departamentos encargados de archivar, catalogar y preservar las bandas sonoras —"aunque muchas se han perdido en incendios, inundaciones, etc."—, al igual que en Italia. "Pero España es el gran desastre. Prácticamente ningún productor conserva ya los derechos de sus películas. Y los másteres con la música era algo que se usaba para sincronizar con la imagen y después se tiraba. Nadie pensó que había un valor cultural ahí detrás, ni tan siquiera los compositores, que en su mayoría consideraban esto un trabajo menor y meramente alimenticio".

'El placer de los extraños', de Angelo Badalamenti. (Quartet Records)
'El placer de los extraños', de Angelo Badalamenti. (Quartet Records)

"A partir de los noventa esto cambió, ya que hubo una nueva generación de músicos que se tomaron su trabajo más en serio, y al estar la música grabada en soporte digital, el compositor siempre se quedaba con un DAT o un CDR, que es fácil de conservar", prosigue. "Hemos conseguido recuperar un buen número de bandas sonoras de los años sesenta y setenta gracias a que los compositores o sus familiares guardaban alguna copia en una cinta mono, o un casete y cosas así, nunca en buen estado. Pero la gran mayoría está perdida, lamentablemente. Aunque estamos trabajando duramente para seguir recuperando nuestro patrimonio".

Componer por encargo no tiene menos valor, ni debe estar en ningún escalafón secundario, siempre que el compositor mantenga su voz

Entre sus trabajos de recuperación más complicados se encuentran los de Bernard Herrmann para el film de Truffaut 'La novia vestía de negro' y para 'La noche sin fin', de Sidney Giallat. "La primera parecía imposible porque los másteres se quemaron en un incendio en las oficinas de United Artists en París. Pero conseguimos recuperar el manuscrito original de Herrmann y la regrabamos con la Orquesta Sinfónica de Euskadi dirigida por Fernando Velázquez. Fue una inversión grande, inédita en nuestro país, pero conseguimos recuperarla", explica. "Con [el director de orquesta] Fernando Velázquez y la Orquesta de Euskadi también hemos grabado la otra partitura perdida de Herrmann, la de “Noche sin fin”, que se editará a finales de año".

José María Benítez
José María Benítez

Quizá esta desidia proviene de la idea preconcebida de que las bandas sonoras son un arte menor dentro de la composición musical, quizá porque el trabajo del músico está supeditado a las instrucciones de un director o un productor. "Morricone siempre se defendía diciendo que cuando Mozart o Bach escribían una ópera o una cantata también era por encargo", defiende Benítez. "Componer música por encargo no tiene menor valor, ni debe estar en ningún escalafón secundario, siempre que el compositor mantenga su voz y su libertad para afrontarlo, lo que lamentablemente no siempre sucede. Alberto Iglesias también decía algo muy divertido al respecto, y es que mientras unos consideran a la música de cine como 'música de segunda clase', él prefería pensar que no era ni de primera ni de segunda, sino que iba en el vagón restaurante".

Para Benítez, una banda sonora no se puede desligar de la película para la que fue concebida: "es como una segunda piel, como un segundo guion". Pero cuando la música es buena "automáticamente tiene entidad, y es una música tan válida como cualquier otra para ser disfrutada independientemente de la imagen, incluso para dar vidas a nuevas imágenes, como sucede con las películas de Tarantino". Porque para él, la obra de compositores como Morricone, Barry, Goldsmith, Herrmann, North, Williams, Mancini, Jarre, Delerue, Schifrin, Legrand, Rota, Sakamoto, Gaigne, Zimmer, y un larguísimo etcétera, "ha hecho de este uno de los géneros (si es que se le puede llamar así) más ricos, eclécticos y originales, aunque sea un cajón de sastre". Viniendo, todos ellos, de un pasado y un contexto diferente. "A mi juicio, el mejor compositor cinematográfico no es aquel que más sabe de cine o el que ha estudiado y conoce los recursos, sino el que tiene más imaginación".

Me parece que la generación que salió en los años sesenta es irrepetible, no ha sido superada, y no solo por la calidad musical, sino por su valentía

Benítez descubrió las bandas sonoras a la vez que el cine. "Al contrario que la mayoría de gente de mi generación, no fue John Williams y 'Star Wars' lo que llamó mi atención, sino las músicas de Henry Mancini para 'La pantera rosa' y 'La carrera del siglo', y las de John Barry para James Bond. Después, un casete con los westerns de Morricone ya me hizo adicto de por vida".

Era la música del cine de los sesenta y setenta. "Me parece que la generación que salió en los años sesenta es irrepetible, no ha sido superada, pero no únicamente por la calidad de la música, sino por la capacidad de experimentación y valentía, de sorpresa, de cambio. Y fue una corriente que surgió en todo el mundo, no solo en Hollywood. Italia y Francia también vivieron sus años dorados en los años sesenta y setenta, donde el legado que han dejado es ciertamente impresionante", analiza. "Desde finales de los ochenta siempre escucho eso de 'ya no hay bandas sonoras como las de antes, lo de ahora es todo tan aburrido', y después las siguientes generaciones han considerado a esos compositores 'aburridos' como sus ídolos y han menospreciado a los nuevos, y así sucesivamente".

Portada de 'Gritar a los extraños', de Maurice Jarre
Portada de 'Gritar a los extraños', de Maurice Jarre

Las bandas sonoras son hoy el último bastión del formato físico en la música, consideradas como objetos de colección y con un público reducido, pero muy fiel. "Hacemos tiradas muy pequeñas, que actualmente se distribuyen 'online' para el mundo entero. Lo bueno es que ahora puedes comprar un CD o un vinilo por internet y recibirlo en Hong-Kong en 72 horas", celebra. "Somos varios sellos, casi idénticos repartidos por el mundo, los que estamos haciendo la labor de recuperación y preservación de este legado no solo para esta, sino también para generaciones futuras. No es un trabajo fácil y los beneficios, cuando los hay, son muy pequeños. Pero es algo que solo podemos hacer los sellos independientes que, normalmente, los gestionamos coleccionistas locos".

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