¡OPERACIÓN CAPRABO!

Los supermercados, los otros pantanos de Franco: el plan que cambió nuestro consumo

Un viaje a EEUU cambió la percepción de los tecnócratas españoles sobre el atraso de nuestro sistema de distribución y venta: se quedaron fascinados con las grandes superficies

Foto: Uno de los supermercados americanos que fascinaron a la delegación española. (Cordon Press)
Uno de los supermercados americanos que fascinaron a la delegación española. (Cordon Press)

“Inaugura el jefe del Estado el supermercado de La Coruña, cuyas instalaciones recorrería en unión de sus acompañantes. La implantación por la comisaría de abastecimientos primero en San Sebastián, Bilbao, Gijón y ahora en La Coruña del supermercado significa un notable ahorro en los presupuestos familiares gracias al sistema directo de autoservicio. Los artículos quedan notablemente reducidos en sus precios y la iniciativa privada tendrá la oportunidad de seguir este ejemplo, que abarata en un 40% las carnes, los huevos, los pescados y las legumbres”.

Dicen que la política hace extraños compañeros de cama, y no hay nada que propicie tanto los surrealistas encuentros que siguen la lógica de la máquina de coser y el paraguas sobre una mesa de disección que las inauguraciones. Especialmente, si uno es un dictador que, dos décadas después de su llegada al poder, necesita darle un barniz de modernidad a su régimen y agradar a la comunidad internacional. Es una buena razón por la que, en el NO-DO del 15 de septiembre de 1958, uno puede contemplar a Francisco Franco, con su uniforme blanco de capitán general del Ejército de Tierra, observando con lejano interés una pechuga de pollo envasada.

"Las estructuras comerciales estaban muy anticuadas en aquellos tiempos.Solo Galerías Preciados y El Corte Inglés comenzaron a innovar"

La historia y el tópico han consolidado la imagen de Franco inaugurando pantanos, tal vez menos veraz de lo que se pretende, pero han obviado otra bastante frecuente a finales de los años cincuenta: la del dictador cortando la cinta que daba entrada a los flamantes supermercados que por aquel entonces comenzaban a brotar en rincones estratégicamente localizados de la España del protodesarrollismo. Si no era Franco, quizá se trataba de la esposa del ministro de Gobernación, escoltada por un berlanguiano cardenal, como ocurrió en la apertura del primer autoservicio madrileño en la calle Embajadores, en diciembre del 58.

“El viraje en política exterior contribuye a potenciar, en gran medida, la imagen de modernidad y prosperidad que el régimen quería ofrecer en el entorno internacional y que tendrá su propia representación en la esfera nacional”, explican en un trabajo recién publicado en la ‘Revista española de Salud Pública’ tres profesores de la Cátedra Balmis de Vacunología de la Universidad de Alicante. “Así, y al igual que sucede en las noticias de carácter científico-sanitario, se relatan inauguraciones de los primeros supermercados, surtidos con los ‘diversos productos de los que existe la abundancia que puede apreciarse en las imágenes”. Abundancia a bajo coste. Una fórmula ideal en un país en el que el recuerdo del hambre aún no se había borrado.

“Fue un signo de la modernización y progreso del país”, explica Jorge Hernando Cuñado, profesor de Economía y Empresa de la Universidad de Nebrija, que dedicó su tesis doctoral a la evolución del comercio español. “Las estructuras comerciales estaban muy anticuadas en aquellos tiempos. En el sector privado, Galerías Preciados y El Corte Inglés innovaron trayendo a España vía Cuba las modernas formas comerciales que triunfaban en Estados Unidos”.

Es difícil resistir la tentación de comparar los supermercados con los célebres pantanos. “No sé si la inauguración de los supermercados estaría al nivel de la inauguración de los pantanos, que era una inversión mucho más costosa, lo que está claro es que era un símbolo de la modernización del país”, valora el economista. “La actitud hostil que había tenido Estados Unidos hacia el régimen franquista se había suavizado debido a la importancia estratégica de España en la Guerra Fría. En 1953, se firmaron los llamados Pactos de Madrid, por los cuales Estados Unidos proporcionaba ayuda económica, militar, técnica y apoyo internacional y a cambio se establecían bases militares estadounidenses en España”.

Sea usted moderno, no vaya al economato

La aparición del supermercado en las grandes ciudades españolas no fue espontánea, sino un plan dirigido dentro de la dinámica del Plan de Estabilización de 1959 desde las autoridades, sorprendidas ante la eficiencia de las grandes superficies estadounidenses, con el objetivo de modernizar el viejo sistema de comercios tradicionales, mercados, ultramarinos, venta ambulante y economatos. “Ahora tenemos asimilado y damos por hecho tanto el autoservicio como el supermercado, pero en esa época aún existían tiendas arcaicas que no mostraban los productos a los clientes, con escasa variedad, poca higiene y mala iluminación, escasa formación de los vendedores, etc.”, prosigue el economista, que recuerda los prejucios de la época contra las actividades comerciales, percibidas de menor valor que las productivas.

A los tecnócratas se les quedaría grabada esta idea en su viaje a EEUU: “Vender barato, pero mucho, es el lema de todo buen comerciante de súper”

“El Estado era consciente del atraso comercial y de distribución del país respecto a las estructuras productivas”, prosigue. “Esto podía lastrar el desarrollo económico. Debido a ello, estableció diversos organismos públicos y lanzó diversas iniciativas, una de ellas fue la ‘operación Supermercados’, que sirvió como lanzadera para la implantación del autoservicio y supermercado en España”. Entra en escena el nombre clave en este plan para sustituir el ultramarinos por el súper que, a juzgar por las imágenes del NO-DO de la época, estaba más cerca de las grandes superficies de la periferia que de los súper urbanos que se han popularizado durante los últimos años: Alberto Ullastres.

Nacido en Madrid en 1914, el economista Ullastres conformó el canon de la España del plan de estabilización de los sesenta junto a Mariano Navarro Rubio: miembro del Opus desde 1940, había sido alférez provisional en el bando nacional, gracias a lo cual se había ganado un puñado de medallas, y era especialista en la obra de Juan de Mariana. Era parte esencial del equipo de tecnócratas que, en un país que había perdido el pulso global —también en lo alimentario, tras años y años de racionamiento y dieta a base de patatas, cereales y legumbres—, debían rediseñar la economía. “Ullastres, ministro de Comercio, fue parte de esos tecnócratas que sentaron las bases del desarrollo posterior del país y el responsable de la operación Supermercados”, explica Hernando.

Alberto Ullastres.
Alberto Ullastres.

El origen del interés de la tecnocracia española por los supermercados americanos se encuentra, de hecho, en un viaje realizado a EEUU en 1956 por miembros de la Comisión Nacional de Productividad Industrial (CNPI), del cual salió un informe que el economista cita profusamente en su tesis. “Desde tiempo atrás, los comerciantes norteamericanos han venido afanándose en buscar un método de venta, diríamos revolucionario, cuyas características principales son la concentración de productos y la libertad en el servicio. Estas dos facetas unidas constituyen lo que hoy se entiende por un supermercado”, concluía el informe con admiración franca.

Se les quedaría grabada la siguiente idea: “Vender barato, pero mucho, es el lema de todo buen comerciante de supermercado”. Dicho y hecho. A su retorno, se comenzaría a poner en marcha un plan que diese lugar a los primeros supermercados, eso sí, de titularidad pública. ¿Podía funcionar uno de esos grandes almacenes de las ciudades americanas en un país cuya estructura urbana era sensiblemente diferente? Para comprobar si se podían reproducir esas grandes naves en el corazón de las ciudades españolas, con su 'parking' correspondiente para que pudiesen acceder los por aquel entonces aún pocos conductores que vivían lejos de los establecimientos, tan solo había que probarlo.

El día que conocimos el beicon

“¡Cómo lo voy a olvidar! Fue la primera vez que vi el beicon”, recordaba en el año 2008 Juan Manuel Iglesias Mato 'Palau', concejal coruñés que al final del verano de 1958 acudió a aquella célebre inauguración protagonizada por un Franco recién salido del pazo de Meirás. Una nave construida en un tiempo récord de 48 días donde el coruñés que lograse entrar (estaba aquello abarrotado) podía procurarse un caldo Avecrem por dos pesetas.

"Aunque el Estado inició la implantación de los supermercados, su objetivo no era sustituir al sector privado, buscaba mostrar el camino"

El primer establecimiento que puede ser considerado como supermercado probablemente sea el mercado de Barceló cercano a Tribunal, en Madrid, inaugurado en junio de 1956. De ahí a Embajadores, algunos kilómetros más allá, y al Cantábrico: San Sebastián, Gijón o Bilbao, las ciudades del norte industrial. “En el día de hoy, será inaugurado con asistencia del ministro de Comercio el supermercado instalado en la plaza del mercado del Ensanche”, anunciaba el gobernador civil en la prensa local ante la apertura, justo antes de la Semana Grande, del primer supermercado de Bilbao, el segundo en toda España.

Una vez más, un acontecimiento con bomba y boato que parecía presentar el supermercado como un milagro de la modernidad. “Realmente, lo más importante de la operación Supermercados es que supuso la lanzadera de la iniciativa privada de este sector en España”, prosigue Hernando. “Aunque el Estado inició la implantación de los supermercados, su objetivo no era sustituir al sector privado, buscaba mostrar el camino a la iniciativa privada mediante el ejemplo. La operación fue efectiva, ya que esta nueva forma comercial surgió con fuerza a partir de entonces”. Los datos hablan por sí mismos, con un crecimiento de tres a 1.078 nuevos establecimientos autorizados entre 1958 y 1970.

El primer supermercado de índole privada, de hecho, fue el mítico Caprabo, nombre surgido del acrónimo de Carpó, Prat y Botet, que abrió sus puertas el 11 de julio de 1959 en Barcelona. “Con el tiempo, todos estos supermercados públicos desaparecieron, pero cumplieron el propósito para el que fueron diseñados”, concluye Hernando. El NO-DO recoge otra llamativa variante de los autoservicios: los supermercados ambulantes que, a bordo de camiones, llegaban a localidades de la periferia madrileña como Torrelodones o Villalba. Una mezcla entre el Amazon actual y el tradicional mercadillo de los martes.

En el proceso, no solo cambiaron los hábitos de compra de los españoles, sino sobre todo y casi más importante, los alimenticios, pues la variedad ofrecida por los supermercados permitía remediar el déficit de variedad que se arrastraba desde hacía décadas y completar la otra transición, la alimenticia, que había arrancado durante los años de la República. Como narraba el ‘ABC’ tras la inauguración del supermercado de Embajadores, el ministro de Comercio se congratuló de que los españoles comiesen “menos legumbres, tocino y grasas animales y más carne, huevos y pescado”. A la supervivencia del régimen a través de la dieta.

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