entrevista

Feminista, anticapitalista y gitana: "Derribar estatuas es necesario"

La abogada Pastora Filigrana publica 'El pueblo gitano contra el sistema-mundo' en el que señala la discriminación de los gitanos desde hace cinco siglos por cómo está montado el sistema

Foto: La abogada y ensayista Pastora Filigrana
La abogada y ensayista Pastora Filigrana
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“Cuando llegan los días señalaítos hay muchos gachositos que son gitanos”, cantaba Raimundo Amador en ‘Gitano de temporá’ allá por 1995. Y este verso, que seguía “visten gitano, fuman gitano y juran que su abuelo fue un buen gitano, cuando pasan los días señalaítos los mismos gachositos cazan gitano, muerden gitano, no quieren en la consulta a los gitanos y juran que en el mundo sobran gitanos”, le sirve a Pastora Filigrana, abogada, sindicalista y gitana de Triana -nació en Sevilla en 1981- para explicar una de las tesis de su ensayo ‘El pueblo gitano contra el sistema-mundo’ (Akal), un análisis histórico que abunda en la discriminación hacia los gitanos desde hace cinco siglos por la ordenación económica y social del mundo. “Porque eso sí, para el flamenco, la feria, para el folclore sí, pero para alquilar un piso todavía no nos vale el gitano”, resume la abogada. Esto es: mucho lirili y poco lerele.

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Filigrana se licenció en la Universidad de Sevilla y se ha especializado en Derecho Laboral y Sindical. Desde muy joven se curtió en el activismo montando asociaciones como la de 'Mujeres gitanas universitarias de Sevilla'. Aunque ella no tuvo problemas para estudiar siempre pensó que había que visibilizar otras realidades del pueblo gitano más allá del “95% que sale en la prensa y que está ligado o a la crónica negra, es decir, son delincuentes, o a las manifestaciones folclóricas”, afirma en conversación telefónica. “Queríamos cambiar los estereotipos porque todavía hacen mucho daño cuando se quiere conseguir un trabajo o alquilar una vivienda”, añade.

El pueblo gitano contra el sistema-mundo
El pueblo gitano contra el sistema-mundo

La abogada no esconde ni su adscripción ideológica -el subtítulo del libro es ‘reflexiones desde una militancia feminista y anticapitalista’ - ni tampoco a quién va dirigido el libro: “A la disidencia política y a la izquierda”. Como explica en la introducción, “me interesa más camelarlos para la causa que tenemos por delante que deslumbrarles”. A partir de ahí comienza una revisión histórica sobre cómo desde 1499 con los Reyes Católicos, el deseo del poder y de crear un Estado-Nación blanco y católico conllevó a la promulgación de leyes antigitanistas que han llegado hasta nuestros días. Con datos, normativa y casos.

Vagos, machistas y maleantes

“No fue solo contra los gitanos sino que también está la persecución a los judíos y los moriscos. Empieza a perfilarse la unificación de los dos reinos y un estado-nación que se va a identificar con una religión, una raza y un proyecto económico. Se deja cada vez menos espacio a los oficios que podían practicarse al margen del trabajo a cambio de salario. Los gitanos están en el epicentro de todo esto y hay que perseguirlos por sus formas de vida”, comenta Filigrana que sostiene que si los judíos han sido menos denostados después -pese a que en España hemos acuñado expresiones como “perro judío”- se ha debido a que “ocupaban clases sociales distintas. La comunidad sefardí era dueña de los medios de producción, tierras, manufactura… Los gitanos, sin embargo, forman parte de una clase social excluida y eso hace que la persecución haya sido más cruenta”.

El 95% de lo que sale en la prensa está ligado o a la crónica negra, es decir, son delincuentes, o a las manifestaciones folclóricas

Durante todo el ensayo revolotea la palabra libertad. También autonomía como forma de ser de los gitanos. No plegarse. No aceptar un trabajo a cambio de salario. Esto, que Filigrana considera “de forma más osada”, una manera de resistencia política, es la razón de ser de su persecución y de que se les haya tildado de vagos, maleantes e incluso machistas. “El sistema socioeconómico actualmente genera grandes bolsas de pobreza y exclusión de manera sistemática y paro estructural. Pero es más fácil decir que estos son así o asá. El poder necesita criminalizar la pobreza”, manifiesta la abogada. ¿Pero no es cierto que también hay gitanos al margen que no están integrados ni se integran? “Claro, es que los 500 años de persecución han hecho que buena parte del pueblo gitano sí viva hoy en la exclusión y la marginalidad. Esto te aboca a seguir manteniendo formas de vida y de economía alternativa”, contesta.

La cuestión machista también está estereotipada, dice. Para ella, en el pueblo gitano, como en el payo, hay realidades muy diversas, desde familias muy conservadoras, “hasta parejas de mujeres lesbianas aceptadas por sus familias”. Según Filigrana, en una idea que desarrolla en el libro, “al final terminan siendo los latinoamericanos, los musulmanes y los gitanos los más machistas, lo cual hay que poner un poquito en cuarentena, porque qué casualidad que el occidente blanco que domina el mundo y que es el principal beneficiario de la desigualdad de la mujer se considere a sí mismo ejemplo de feminismo”. Y pese a que estima hay que multitud de discursos feministas rechaza aquel que “cree tener un solo discurso y que olvida la cuestión racial y colonial. Y es peligroso pensar así porque así es como piensa el capital, que cree que hay un grupo de personas que merecen más derechos que otras”.

Esquizofrenia cultural

Precisamente este tipo de estereotipos son los que, razona Filigrana, que también estaban presentes en una película como 'Carmen y Lola', de la cineasta Arancha Echevarría, que trataba la relación lésbica entre dos gitanas y sus dificultades sociales y familiares para estar juntas. Una cierta modernidad revestida una vez más de estereotipos, insiste en el libro, en el que también critica las declaraciones de la directora cuando señaló que las payas tenían que hacer ese tipo de películas porque las gitanas no tenían libertad para hacerlas.

“Lo problemático de la película fueron las declaraciones obviando muchas asociaciones de gitanas que llevan años en marcha. Incluso hay un asociacionismo de gitanos LGTBI. Era seguir dando esa imagen primitiva y subdesarrollada del pueblo gitano”, dice Filigrana.

Al final es seguir quedándose con el tópico de la flamenca, el volante y el olé, esas manifestaciones culturales que, dice, España sí ha apreciado “hasta convertirlas incluso en imagen de marca”, mientras denosta todo lo demás de la cultura gitana. “Hay un mercado cultural y musical que se ha apropiado de ciertos rasgos de la comunidad gitana, sin embargo, otras cosas de los gitanos han sido perseguidas y criminalizadas como su forma de economía familiar. Eso no mola y no se ha comprado”, insiste la ensayista, que sostiene que todo esto es “una esquizofrenia, porque por un lado se ha perseguido cómo vivían los gitanos y su lengua, porque no gusta, pero los reyes sí han disfrutado de la danza gitana”.

Hay un mercado cultural y musical que se ha apropiado de ciertos rasgos de la comunidad gitana, sin embargo, otras cosas de los gitanos han sido perseguidas y criminalizadas

Y de ese tablao a los que llegaban personajes como Ava Gardner y Frank Sinatra durante el franquismo, un régimen que exaltó con fuerza el flamenco y a la folclórica de la copla y el fandango. ¿Le parece que sigue ocurriendo?

“No señalo nombres concretos, pero todo esto sigue. Se coge la manifestación artística y se comercializa y se vende obviando todo el contexto social y económico del que viene. Es lo que llamamos apropiación cultural y hace daño. Pero hace daño no solo el fenómeno en sí, sino todo el ocultamiento e invisibilización de todo lo demás de ese pueblo”, responde.

A favor del derribo de estatuas

Con todo, esta abogada no cree que la sociedad española sea racista per se ni de forma individual. No atribuye estas esquizofrenias a una actitud personal sino a “una ordenación económica y social del mundo”, que se asienta “sobre la idea de lo blanco y lo católico. Esta aversión al moro histórica tiene que ver con eso. La identidad española está muy ligada a la supremacía de lo blanco y lo católico”, lo que deja excluida a otras razas. Es el mundo el que está mal hecho.

-¿A ti qué te parecen las recientes manifestaciones, el derribo de estatuas?

-Son muy necesarias porque estás poniendo sobre la mesa que hay un orden racial en el mundo y podemos tener un falso espejismo de que la igualdad existe pero la realidad es que no. Así que creo que hay que apoyar estas manifestaciones aunque no nos gusten todas las consignas. Son protestas que pueden ser el inicio de cambios. Se necesita que la gente tome conciencia”, sostiene. La otra idea es impregnarse bien de la historia en todo su contexto. “Es la única forma de entender las realidades de hoy para tener una perspectiva más amplia. Conocer la historia del pueblo gitano nos va a ayudar a mirar las cosas de otra manera”, manifiesta. Y no solo a quedarnos, según ella, en las palmas, el tablao y el traje de flamenca.

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