Trapicheos, quiebras y negros

Este libro sobre el rock español es un escándalo... Pero hay algo mucho peor

Tras ocho años de tortuosa elaboración, llegan las memorias de Tibu, mánager de El Canto del Loco encarcelado por apropiación indebida. Hablan los negros —impagados— del libro

Foto: El Canto del Loco. (EFE)
El Canto del Loco. (EFE)
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Todo el mundo debe dinero a todo el mundo en esta historia. De hecho, debería ser una historia sobre sexo, drogas y rock 'n' roll, pero los trapicheos han acabado opacando todo lo demás.

Las memorias de Carlos Vázquez Moreno, alias Tibu, no pueden ser más morbosas. Tibu era el mánager más poderoso de la música española (Aute, Marta Sánchez, José Mercé, Hombres G), pero El Canto del Loco lo denunció por apropiación indebida, fue condenado y pasó cuatro años en la cárcel (2015/2019). Sisar dinero a tus representados es todo un cliché del rock. Y tras salir el mánager de prisión, otro cliché: el ajuste de cuentas: Tibu pública ahora un libro explosivo, 'Memorias de un mánager', que no gustará a Dani Martín y David Summers. Pero aunque las interioridades de Hombres G y El Canto del Loco sean morbosas, lo más escabroso quizá no esté en el libro, sino en su elaboración, una senda repleta de cadáveres. Desde que empezó a cocinarse el texto en 2012, ha pasado absolutamente de todo: cuatro negros literarios, una quiebra, una condena, un negocio turbio con los Pujol y varios impagos después, ya puede usted disfrutar de la rajada de Tibu.

Este libro puede ser un escándalo, pero cómo lo hicieron es un tumulto aún mayor.

Mucha cara B

A Tibu no le va el perfil bajo, según su editorial: "Si tuviéramos que pensar en la vida de Tibu en versión cinematográfica, sería, según él, una mezcla entre 'Easy Rider', 'El Álamo', 'Alguien voló sobre el nido del cuco' o 'Apocalipse now'".

"Nunca me han dejado contar mi versión y estoy un poco harto. A estas alturas me da igual lo que piense la gente, se han dicho ya tantas mentiras. Quiero contar la puñetera verdad, me crean o no", contó Tibu a ‘Vanity Fair’ en su primera entrevista al salir de prisión.

¿Qué contiene el libro según su editorial? "Trapicheos de concejales de festejos, desfases y bacanales top secret de la crème del politiqueo, comisiones y mucha cara B, oportunismo de las discográficas, trapos tiesos y sucios de roces extraconyugales, protocolos penitenciarios inhumanos y cuestionamiento del sistema judicial". En efecto, en las memorias de Tibu hay "mucha cara B", y no es el único lugar...

Portada del libro
Portada del libro

El libro lo pública Malpaso (a través de su sello Lince Ediciones). Malpaso es un grupo editorial barcelonés financiado por un misterioso empresario mexicano (Bernardo Domínguez Cereceres). A mitad de la pasada década, Malpaso empezó a comprar sellos independientes, quería jugar en las grandes ligas, pero un follón judicial reventó la burbuja en 2018: Domínguez Cereceres fue acusado de blanquear dinero para el clan Pujol. La editorial dejó de pagar a decenas de colaboradores y se organizó un pequeño quilombo. Pero Malpaso resucitó discretamente hace unos meses, y ahora publica las muy poco discretas memorias de Tibu... ante el estupor de algunos implicados en su elaboración, que se preguntan: ¿En serio sale el libro de Tibu? ¿Pero quién lo ha escrito al final?

He aquí la historia de un texto (y de un mánager caído en desgracia) contada por sus negros literarios (y por su editor original).

El negro número tres

En 2013, Malpaso, 'contrató' al periodista David Saavedra para escribir las memorias de Tibu sin firmar. Hablamos con él.

PREGUNTA. ¿Cómo le llegó el encargo?
RESPUESTA. En 2013, un compañero me contó que el editor Julián Viñuales, entonces en Malpaso, le había ofrecido escribir las memorias de Tibu. Como él no podía entonces, me preguntó si a mí me podría apetecer, y si era así, me recomendaría. Me advirtió que otro periodista —a quien no conocía— ya había empezado el trabajo, pero, por motivos personales inconcretos, lo había dejado a medias, aunque las entrevistas que tenía ya grabadas me las podría pasar en un pendrive y utilizarlas libremente, así como un esquema ya hecho de los capítulos que se iban a tratar.

Al menos han sido cuatro negros los que han pasado por el proyecto

Un segundo compañero, a quien sí conocía, retomó el libro antes que yo pero, tras unas pocas entrevistas, lo dejó también. Yo por entonces estaba en una situación muy precaria y necesitaba el dinero, además de que me apetecía la experiencia de escribir un libro como negro, que es algo que no había hecho nunca. Tenía muy reciente la película 'The ghost writer' de Roman Polanski y la cosa me molaba, me daba morbo.

P. ¿Qué le ofreció Malpaso a cambio?
R. Entablé contacto con el editor de Malpaso vía 'email'. Me ofreció 2500 euros, creo recordar que la mitad en adelanto. Le pedí un contrato donde eso figurara por escrito, y me dijo que no habría ningún problema. Nunca vi ese contrato. Tras recordárselo en varias ocasiones, en 2015 me planté tras haber invertido muchísimas horas de mi tiempo en diversas entrevistas y comenzarlas a transcribir.

El editor me volvió a pedir disculpas y me rogó que lo escuchara. Vino un día a Madrid y me invitó a desayunar. Me pidió mil disculpas y me dijo que le enviara una factura. Así lo hice. En abril de 2015, el editor me mandó su último 'email' hasta la fecha. "No me olvidé del asunto. Todo en marcha" fueron las últimas palabras que leí de él. Sigo, desde entonces, sin haber recibido un euro.

P. Siete años después, y tras pasar Tibu por la cárcel, el libro se publica al fin. ¿Cuántos negros han estado detrás?
R. Suponiendo que el que lo terminó haya sido uno solo, al menos han sido cuatro los que han pasado por el proyecto.

P. ¿Por qué tantos?
R. Del primer negro, Tibu me contó que eran amigos y se habían peleado, aunque en la reunión presencial que tuve con el editor, me contó algo mucho más turbio: que Tibu y él habían acordado repartirse el primer adelanto pero que Tibu se quedó toda la pasta. Respecto al segundo negro, creo que al ver todo lo que Tibu estaba soltando sobre Dani Martín (cantante de El Canto del Loco) prefirió evitarse problemas y quitarse de en medio.

P. ¿Qué impresión le dio Tibu durante las entrevistas?
R. Conmigo fue muy amable desde el primer momento, en el trato, aunque guardando siempre ciertas distancias.

Tibu empezó a soltar mierda sobre El Canto del Loco y Dani Martín de forma muy poco elegante

Cuando Tibu soltaba la lengua parecía un poco un conversador de bar que narraba historias sobre épocas pasadas, algunas muy interesantes, con nostalgia de sus días de gloria y con cierta sensación de resentimiento por su pérdida de influencia.

P. ¿Le sonaban verosímiles sus historias?
R. No me parecían inverosímiles del todo pero sí muy maquilladas. Por ejemplo, él vendía que, cuando había sido mánager de Las Ketchup, ¡David Bowie las había teloneado! En realidad, lo que había sucedido es que habían coincidido en un programa de tele en no se qué país europeo, había actuado Bowie y después habían actuado las Ketchup.

P. ¿Hablaba en modo ajuste de cuentas?
R. Sí. Yo eso no lo advertí hasta el final, cuando empezó a soltar mierda sobre El Canto del Loco y, en concreto, sobre Dani Martín, de forma muy poco elegante, contando intimidades que, además, podían afectar a terceras personas (en especial, las relativas a una fan del grupo, al parecer poco agraciada físicamente, a la que, en petit comité, ellos insultaban de modo muy chungo). En una de esas entrevistas dejó caer que la banda le había puesto un pleito, pero sin extenderse demasiado. Cuando leí la noticia de que había sido condenado a prisión por aquella demanda, empecé a entender cuáles podían ser las verdaderas intenciones de esas memorias.

El negro número dos

Justo antes de David Saavedra, hubo otro negro, con el que hemos hablado, aunque prefiere no aparecer por su nombre. Resumen de la conversación:

"Sabía de los problemas de Tibu con Aute, con Marta Sánchez, con casi todos sus artistas había tenido líos, aunque lo de El Canto del Loco fue lo más gordo, con denuncias cruzadas. Tibu era un personaje. Empezó como bajista de un grupo heavy, Banzai, y acabó de capo de El Canto del Loco con cachés desorbitados. Vamos, que me pareció una historia que merecía la pena escribir, pero antes de tirarme a la piscina y de firmar nada, me junté con Tibu para escuchar lo que quería contar".

Cuando vi que iba a ser un libro ajuste de cuentas-venganza y con cosas difícilmente comprobables pasé del asunto

"Tuve un par de entrevistas con él, pero cuando vi que iba a ser un libro de ajuste de cuentas-venganza y con cosas difícilmente comprobables pasé del asunto".

"Tibu me contaba cosas alucinantes, pero como iba a ser un libro en primera persona, sin posibilidad de réplicas, me pareció un poco delicado. No era un libro de investigación, sino de contar él sus cosas, que me parece bien, pero no tenía ganas de meterme en el fregado en el que Tibu y la editorial querían meterse. También es cierto que un libro así tiene que tener chicha para que interese y venda".

"Tibu era muy amable, un encantador de serpientes, en las distancias cortas era fabuloso, supongo que cabreado sería otra cosa".

El negro número uno

Estamos en 2012. Íñigo García Ureta —que venía de llevar el área de No Ficción en Ediciones B, donde publicaba a Loquillo, María Teresa Campos, Labordeta o Pedro Ruiz y que ahora trabajaba por su cuenta— conoce a Tibu por amistades comunes. "Me pidió ayuda para escribir sus memorias", recuerda García Ureta, que aceptó trabajar con el mánager: le preparó un 'book proposal' (en la jerga, una propuesta seria con índice detallado, objetivos y un capítulo de muestra), le buscó editorial (Global Rhythm Press, con un catálogo donde aparecían desde Elvis o Miles Davis a James Brown o Nick Cave) y le negoció el contrato. "Sugerí a Tibu arrancar sus memorias con algo impactante, como el accidente de coche que tuvo con Antonio Flores", rememora.

Es un gremio donde las batallitas y las exageraciones están a la orden del día

Lo lógico es que García Ureta hubiera acabado escribiendo las memorias como negro de Tibu. "Como editor y escritor acostumbrado a ayudar a otros no me importa no firmar con mi nombre; tampoco veo nada malo en la figura del negro literario", admite. Pero la cosa se torció porque Tibu decidió no pagarle por los servicios prestados. "Conservo mi factura del 1 de julio de 2012, de la que nunca cobré un duro. Se quejaba de que estaba arruinado, pero también sabía que yo me casaba ese verano y que me habría venido muy bien ese dinero. Tibu no parecía el tipo de persona a la que hay que atosigar para que pague, y no lo hice. Me fie de él y ni siquiera tuvo la franqueza de decirme que no pensaba pagarme. Eso sí, vino a mi boda".

Ureta no cree en hacer leña del árbol caído. "Coincidí con él antes y después de salir de la cárcel. No me sale a cuenta estar cabreado con nadie, pero yo cumplí y él no puede decir lo mismo".

¿Qué recuerda de las peripecias que le contó Tibu? "Algunas anécdotas —sobre los Scorpions o las Ketchup— parecían demasiado buenas, pero mi primer objetivo era montar una historia y hay que otorgar el beneficio de la duda. Además, a Tibu le gusta verse como un hombre de acción. Luego he leído que Tibu tiene un conflicto con la realidad, pero no debe olvidarse que es un gremio donde las batallitas y las exageraciones están a la orden del día. Con él yo siempre recordaba eso que Michael Caine contaba sobre los sesenta: si de verdad los recuerdas es que no los viviste. Eran tiempos con una dieta muy valiente", zanja García Ureta.

Las memorias quedaron entonces paradas. Para colmo, Global Rhythm Press quebró. Pero Malpaso fichó luego a su editor (Julián Viñuales) y reactivó el libro de Tibu con la 'contratación' de varios negros que, como ya hemos visto, no lograron terminar el proyecto. ¿Qué pasó después?


El editor y el empresario

El empresario mexicano Bernardo Domínguez Cereceres había hecho negocios con la familia Pujol en México. Ahora era él quien tenía 'bisnes' en Barcelona: con la creación de una editorial (Malpaso) que pretendía competir de tú a tú con los grandes del sector. En el verano de 2018, la Audiencia Nacional le abrió una investigación por blanqueo. Cereceres fue acusado de confeccionar contratos de préstamo ficticios por 28,5 millones de euros para ocultar la fortuna del clan Pujol —con ayuda del primogénito, Jordi Pujol Ferrusola—. Malpaso saltó por los aires. A día de hoy, Cereceres sigue investigado y en libertad provisional, según fuentes judiciales.

Hora de hablar con el editor Julián Viñuales, hombre clave del libro de Tibu, que primero lo intentó publicar en su editorial, Global Rhytm Press, y luego en Malpaso, donde era editor a las órdenes de Domínguez Cereceres, con el que acabó a tortas. Viñuales asiste ahora estupefacto a la publicación de 'Memorias de una mánager' en su antigua casa.

Ignorábamos que los impagos se iban acumulando sin solución de continuidad


PREGUNTA. ¿Por qué quiso publicar las memorias de Tibu?
RESPUESTA. No existía una historia de la música popular española narrada desde la óptica de lo que otrora, en su acepción más castiza, se dio en llamar apoderado —mánager, si se quiere, en la actualidad—. Venía yo de publicar las memorias de algunos de mis ídolos en la órbita anglocéntrica y afroamericana, con productores y mánagers como Joe Boyd, pero, sobre todo, de cantautores, intérpretes y compositores como Bob Dylan, Duke Ellington, Woody Guthrie, Keith Richards, Johnny Cash, Ray Charles, etc.; y Tibu parecía dar el tipo para contar la intrahistoria de las grandes figuras del pop patrio, perdóneseme el símil taurino, desde la barrera.

P. El libro nunca se publicó en Global Rhythm Press. ¿Por qué?
R. Se firmó el contrato y se pagó el anticipo… pero Tibu se esfumó. No hubo forma de dar con él. Y así quedó la cosa: autor en paradero desconocido.

P. ¿Tibu no le cogía el teléfono?
R. No hubo manera de dar con él. Entiendo que por la escalada judicial de sus problemas con sus clientes. Todos podemos equivocarnos y pasar por situaciones difíciles. Pese a haberse esfumado, no perdí la confianza en Tibu. Todo el mundo en esa industria tiende al enaltecimiento de sus propias andanzas, con no pocas concesiones a la ficción en la remembranza de sus presuntas hazañas y desventuras; pero del trato con él, hasta ese momento, no tuve queja alguna ni tenía tampoco motivos para desconfiar.

P. El que empezó a tener problemas seguidamente fue usted; es decir, su editorial…
R. Los problemas traían causa de desventuras anteriores. El acuerdo con Tibu se firmó durante los últimos coletazos de Global Rhythm Press, a la que la crisis económica y la no menos extraña desaparición de la comercial, Enlaces Editoriales, pusieron en una situación muy difícil. La banca no quiso aceptar la propuesta de reestructuración de la deuda recogida en el plan de viabilidad presentado en el preconcurso, y tuve que cerrar.

P. Y le fichó Malpaso.
R. No, me fichó Bernardo [Domínguez Cereceres], a finales de 2012, y empecé a trabajar para este empresario en octubre. Acompañándole en el proceso de negociación para la compra de la comercial de Planeta, Anagrama y Edicions 62, así como en el estudio de otras posibles inversiones (Melisa) pero, al prolongarse dichas negociaciones por más tiempo de lo anticipado, me encargó contratar al núcleo fundacional del equipo y poner en marcha Malpaso: desde la creación de la propia marca —cuyo nombre entraña ecos tristemente proféticos— y la supervisión del desarrollo de la imagen y el 'packaging', hasta la contratación y producción de algunos de los primeros libros.

P. Malpaso reactivó entonces las memorias de Tibu.
R. En efecto, tratamos de dar con alguien que quisiera oficiar de negro y escribirle el libro a Tibu, pero fue complicado. Unos cuantos periodistas rechazaron acometer el proyecto, por motivos de diversa índole que, a decir verdad, algunos nunca llegaron a especificar con demasiada claridad.

P. Algunos cuentan que tenía todo demasiada pinta de ajuste de cuentas, que Tibu contaba cosas un poco extrañas, que era un poco fregado...
R. Es cierto que a Tibu le precedía una leyenda negra, pero, bendita ignorancia provinciana, no teníamos conocimiento del alcance de sus diferencias con El Canto del Loco ni, menos aún, de las consecuencias que le acarrearían esos litigios. Aunque también es cierto que nunca creímos que sus pleitos pudieran ser obstáculo para que contara su historia.


P. Uno de los negros literarios empezó el trabajo y se bajó del barco porque no logró garantías de que Malpaso fuera a pagarle.
R. Yo estaba a las órdenes del patrón y propietario —y administrador, para más señas—, de la editorial; pese a lo que muchos pudieran llegar a pensar, dado que, al principio, mandaba a sus "virreicitos" a cuidar de sus intereses. Validos a quienes, para colmo, gustaba llamar "sus socios". Bernardo confió, inicialmente, la dirección editorial a profesionales veteranos que había contratado para tal fin, pero pronto se autoproclamó, con toda la pompa [sic], Publisher, tomó las riendas de la dirección editorial —sin hacer, apenas, acto de presencia— y no hubo ya manera de hacerle entender cómo se hacían las cosas en este gremio. Empezó a ignorar todos y cada uno de los compromisos adquiridos y a retrasar la ejecución de los contratos.

Para mayor gloria, cuando la prensa se hizo eco de sus vínculos empresariales con sus amistades peligrosas lugareñas, la editorial entró, al poco tiempo, definitivamente en barrena. Cerró también la librería hace poco. Pese a todo, en esta nueva etapa, siguen sin escrúpulos, son incluso capaces de publicar ediciones de obras para las que no tienen derechos, con títulos distintos y en sellos y soportes distintos; o de vender, para colmo, derechos de obras que tampoco contrataron.

Lo que, de veras, fue muy indignante y de una indecencia abominable es que se nos ocultara la situación, durante más de un año, y no se nos informara sobre cuanto estaba sucediendo; y que, precisamente, por esa misma razón, no pudiéramos comunicar a muchos colaboradores, como a David Saavedra y a tantísimos más, la situación de la empresa —si podía hacerse aún acreedora a tal distinción—. Ignorábamos qué se cocía en la mente del propietario y que los impagos se iban acumulando sin solución de continuidad.

P. ¿Dejó de fluir el dinero?
R. Digamos que al poco de estallar el 'affair' que presuntamente le implicaba en diversos asuntos con Pujol, Malpaso deja, casualmente —o n—-, de tener acceso a las fuentes de financiación de las que había disfrutado hasta entonces. Con todo, lo cierto es que te mentiría si te dijera que sé lo que pasó exactamente. Hasta que el escándalo llegó a la prensa, los que trabajábamos allí no sabíamos nada, pese a que sí sucedieron cosas, a plena luz del día, que alertaron a propios y extraños [la presencia de Jordi Pujol Ferrusola en algunas fiestas de la editorial]. Luego todo reventó, dejó de fluir el capital y llegaron los despidos masivos. No sé si realmente dejó de haber dinero o qué sucedió, lo que sin duda menguó fueron las ganas de pagar.

P. ¿Qué pasó entonces?

Luego todo reventó, dejó de fluir el capital y llegaron los despidos masivos. No sé si realmente dejó de haber dinero, lo que sin duda menguó fueron las ganas de pagar

R. Las cosas fueron agravándose sin remedio en la editorial. Harto de aquella pantomima, cuando la ex directora general nos conminó a renovar el juramento de vasallaje, a principios de 2018, exigí, con la vehemencia debida, y por enésima, que la empresa se responsabilizara del cumplimiento de los compromisos adquiridos, sabiendo que aquello me costaría el despido… como así fue: a las 48 horas, me encontré de patitas en la calle, junto a otros cinco editores.

P. ¿Pero los trabajadores de Malpaso cobraron con regularidad esos meses?
R. Con regularidad, nunca. Dejamos de cobrar durante meses, luego cobrábamos una semana; tres meses más tarde, una mensualidad. No solamente no pagaba a los autores, ni a los agentes literarios, ni a los traductores, ni a muchos otros proveedores y colaboradores, sino que tampoco tuvo miramientos con sus propios empleados; a quienes culpaba de los sinsabores de su heterodoxa administración.

P. Volvamos a Tibu. Pasado el follón, Malpaso ha regresado discretamente y publica ahora las ‘Memorias de un mánager’. ¿Quién ha escrito el libro?
R. Eso es lo que me parece más asombroso y delirante. El libro, como tal, no existía cuando dejé la empresa. Y, por cuanto pude averiguar luego, deduzco que tampoco se hizo nada más con él. El anterior editor de mesa, encargado de la edición de dichas memorias, me ha confirmado que el libro no llegó ni siquiera a concebirse como tal ni, menos aún, a estructurarse... lo único que tenía en sus manos la editorial era poco más que una amalgama de transcripciones de varias conversaciones entre Tibu y sus negros, y otras tantas entre Tibu y quienes tomaron el relevo de los periodistas en la editorial. Pero el libro ni siquiera llegó a Redacción. No había libro. Lo que deduzco que se habrá hecho es compilar todo ese material sin orden ni concierto, componerlo de cualquier manera y publicarlo sin demasiadas contemplaciones. Cuando tuve noticia, hace unos días, de que iba a publicarse, no alcanzaba a salir de mi asombro.

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