Entrevista

Has leído seguro una novela de Joël Dicker: "La pandemia afectará a la libertad creativa"

El bestseller suizo regresa con 'El enigma de la habitación 622', una novela con un crimen y secretos financieros en Ginebra

Foto: Joël Dicker (PATRICK FOUQUE-GETTY IMAGES)
Joël Dicker (PATRICK FOUQUE-GETTY IMAGES)

En 2012 el suizo Joël Dicker entusiasmó a los lectores con 'La verdad sobre el caso Harry Quebert'. Fue una de las novelas -policiacas- más vendidas (y premiadas) del año. Desde entonces ha sido un bestseller, también con otros libros como 'El libro de los Baltimore' o 'La desaparición de Stephanie Mailer'. Su última novela es 'El enigma de la habitación 622' (Alfaguara) que vuelve a contar con los ingredientes que gustan de este escritor: un crimen, una investigación, una sucesión sin pausa de hechos, personajes, diálogos rápidos. Esta vez la trama transcurre en Ginebra y en un ambiente muy suizo: el secretismo de las organizaciones financieras. Dicker ofrece esta entrevista vía zoom y habla un poquito de Madrid, que también aparece en su novela: “Me gusta Madrid, me siento muy bien y me apetecía. Quería rendirle homenaje”.

'El enigma de la habitación 622'
'El enigma de la habitación 622'

PREGUNTA: En su última novela, el protagonista es un escritor llamado Joël Dicker que acude a un hotel donde se ha producido un crimen y empieza a escribir una novela sobre este crimen. Un escritor, un hotel y la montaña. Quitándole la pátina del terror, me recordaba a 'El resplandor', de Stephen King. ¿Se inspira en sus libros? ¿De dónde sale la idea?

RESPUESTA: No, no especialmente. Es una película que vi hace mucho tiempo. Es siempre muy dificil saber y afirmar de forma convincente lo que ha sido una inspiración y lo que no. la inspiración procede de la suma de todo lo que uno ha visto, leído, las películas, las obras de teatro, las obras de arte… Y hay cosas que nos han gustado y que suponen una inspiración, pero hay otras cosas que no nos han gustado, pero también suponen una inspiración. Vi 'El resplandor' hace muchos años y no puedo jurar que no haya sido una inspiración sin darme cuenta. Conscientemente yo no quería hacer un paralelo con esta película, pero la temática de la montaña, el hotel… sí que es un tema que ha sido un buen recurso para muchísimas películas y libros.

P: La trama criminal se desarrolla entre los tejemanejes de una entidad financiera suiza. Desde fuera, Suiza y los bancos también se ven con muchos secretismos y opacidad. ¿También desde dentro?

R: Lo financiero para los suizos es un universo bastante mítico y cerrado, un poco secreto. Para un novelista suizo también es un buen medio de encontrar un decorado que se presta a traiciones, intrigas y secretos de ese tipo. Suiza no tiene unos servicios secretos tan conocidos como los de EEUU o Inglaterra; no hay una industria importante, tenemos la del chocolate y el reloj pero no es una universo que se preste a una novela policiaca. Pero el mundo financiero, como no se conoce bien y está lleno de secretismos, sí que se presta a imaginar una novela policiaca.

P: Y usted muestra una imagen del país un poco menos apacible de lo que parece.

R: Suiza es un país muy tranquilo, incluso demasiado tranquilo. Para comprar un periódico temnemos unas cajitas en la calle y hay que coger el periódico y meter la moneda en una especie de hucha y uno puede pagar o no pagar. El sistema se basa en la confianza porque la caja se puede abrir sin necesidad de pagar, no es como en otros países donde tienes que primero pagar y luego abrir la caja. Es decir, es un país con una atmósfera muy tranquila, pero eso no quiere decir que no haya asesinatos y los problemas que afectan a todo el mundo.

P: La novela también aborda el proceso de escritura de una novela. En un momento el personaje dice que lo más importante es ir haciéndose preguntas. ¿Es ese su método?

R: Sí y no. Me cuesta definir un método ya que no tengo. Lo que sí hago es pensar en las preguntas que oigo a mis lectores cuando tengo encuentros con ellos. Y son preguntas que también me hago. Por ejemplo, una de las preguntas que más me hacen es: ok, tengo una idea, pero ¿luego qué hago? Yo no sé si ese es un método que yo aplico conscientemente, pero que sí es mi forma de ver una idea. Es decir, no hay que decir “hay un asesinato”, no, lo que hay que preguntarse es “por qué hay un asesinato”, “por qué este personaje ha actuado así”. Formular una idea a través de preguntas abre la posibilidad a muchos tipos de mundos y enriquece la construcción novelesca. Si solo nos limitamos a un hecho o a los hechos, ¿quién ha muerto?, por ejemplo, pues no es muy interesante. Lo interesante es ¿por qué ha muerto?, ya que eso nos abre todo un espectro de posibilidades para construir un relato.

El escritor Joël Dicker
El escritor Joël Dicker

P: Su personaje dice que "no quiere escribir noveluchas policíacas". ¿Las suyas qué son?

R: Esa es una buena pregunta, ¿qué es la novela policíaca? El hecho de que haya un asesinato o un muerto no hace que una novela sea policiaca. El género policaco para mí es un género que está protegido porque tiene que responder a unos códigos concretos. Hay que respetar una forma de hacerlo, un método… porque de lo contrario el lector de novela policiaca se siente decepcionado. Si a mí me entrevistan y yo digo ahora “esto es una novela policiaca” voy a recibir cartas de lectores que me dicen, su libro no es una novela policíaca; pero si digo que "esto no es una novela policiaca" entonces voy a recibir cartas de lectores que me van a decir “esto sí es una novela policiaca”. Estamos siempre girando en torno a lo que es el género novelesco y podemos imaginar que una novela puede tocar distintos géneros sin tener que encasillarse en uno u otro.

P: Entonces, ¿cómo definiría sus novelas?

R: Diría que es literatura general, es decir, un tipo de literatura que para mí es la fundadora de la novela. Es la literatura de las grandes novelas. No se trata de hacer una obra maestra sino una novela en la que ocurren todo tipo de cosas: la pasión, suspense, la reflexión, investigación. Es una gran mezcla de elementos.

Lo que yo escribo no es novela policiaca sino literatura general, es decir, un tipo de literatura que para mí es la fundadora de la novela

P: Esta novela está dedicada a su editor, Bernard de Fallois, que falleció en 2018. ¿Qué significa para usted un editor hoy en día?

R: Fue una relación muy particular porque fue él quien me permitió expresarme como escritor, salir de mí mismo. Yo escribía pero no me publicaban, todas las editoriales rechazaban mis libros y me costaba mucho afirmar la idea interior que yo tenía como escritor. Y fue él el primero que me permitió reafirmar exteriormente esta idea de escritor. Fue el hombre que me llevó al éxito, me dio muchísimos consejos relacionados con el mundo de la edición, consejos sobre el oficio del escritor y ha sido una persona fundamental. En términos más generales un editor es como el entrenador de un boxeador. Ayuda, guía, apoya cuando el escritor tiene la moral baja… El editor te impulsa. Es un elemento muy importante para la vida del escritor.

P: En estos tiempos de Internet y autoedición, ¿cree que perderá peso esta figura?

R: No, todo lo contrario. Precisamente con la autoedición nos damos cuenta de hasta qué punto un editor es importante. La autoedición está bien porque permite comunicar, transmitir con facilidad un texto que hemos escrito. Y hay gente que si no ha encontrado un editor también le puede convenir esto. Tiene su parte buena porque nos permite encontrar un público. Pero cuando uno se autoedita no pasa por una fase importante que es la nos permite reflexionar cómo llevar a cabo el trabajo. Ese es el problema de la autoedición porque el editor ayuda a salir del ciclo de la repetición.

P: Estamos en una época de mucha información que no es real y que se transmite por redes sociales. ¿Cómo juega con eso un novelista que ya de por sí se dedica a la ficción?

R: En la ficción sabemos que no estamos en la realidad. Y la ficción no miente porque lo dice: la definición de una novela es que es ficción, cuando vemos una película sabemos que son actores. Sabemos que estamos en un mundo ficticio. Sin embargo, con las fake news nos encontramos en la mentira, el engaño. Consciente o inconscientemente lo que hacemos es canalizar informaciones voluntariamente falsas que están ahí para modificar la realidad y para mentir. La ficción nos permite escapar de la realidad, pero somos conscientes.

A mí lo que me preocupa de las fake news son los millones de personas que propagan estas noticias sin verificarlo. Me inquieta mucho más el funcionamiento de nuestra sociedad. La gente ve una información en Facebook y la hace circular sin comprobar su veracidad. Las cosas que se han oído del coronavirus absolutamnete descabelladas… de gente que yo conozco, que es buena gente, pero las han propagado… porque no se ponen a verificar si eso es cierto. Vivimos en un mundo en el que tenemos acceso a la información de forma sorprendente. Si estamos en una conversación hablando de algo y nos falta un dato, enseguida lo consultamos con el teléfono. ¿por qué no tenemos ese reflejo cuando vemos una información que nos parece un poco rara? Eso es lo que más me preocupa porque eso quiere decir que hemos perdido el sentido de la responsabilidad.

Si queremos poner en nuestra novela a gente que se besa y se toca entonces tendremos que hablar de antes del 15 de marzo


P: En su novela la gente queda a comer, a cenar, se reúne en oficinas, despachos, se toca, se besa… ¿Cómo se va a escribir sobre esto después de la pandemia?

R: Es una buena pregunta para un novelista. Yo no tengo ni la más remota idea de que lo que va a ocurrir. Espero que rápidamente podamos volver a nuestra vida normal, pero nadie puede decir si dentro de dos meses nos habremos olvidado de todo o si dentro de diez años volveremos a estar como ahora. Pero es interesante porque al escribir una novela ahora los escritores van a tener la idea de la pandemia en mente. Si esta fase de las máscarillas, no tocarse… si ha terminado, el novelista la utilizará para su novela, pero si la pandemia continua y nuestra nueva realdiad va a ser estar en casa, usar mascarillas, no poder estar en contacto… eso querrá decir que si queremos poner en nuestra novela a gente que se besa y se toca entonces tendremos que hablar de antes del 15 de marzo. Es decir, en cuanto a la libertad creativa esto va a afectar al novelista y a los creadores.

P: De hecho, cuando uno lee ahora esas escenas parecen hasta extrañas, un poco ciencia-ficción.

R: Sí, ahí nos damos cuenta de que en el fondo el límite entre la ciencia ficción y a la literatura general está definido por la realidad. En enero de 2020 una novela que relatara una pandemia sería ciencia-ficción, la misma novela en julio de 2020 sería la vida real. Es decir, los límites están marcados por la realidad.

En enero de 2020 una novela que relatara una pandemia sería ciencia-ficción, la misma novela en julio de 2020 sería la vida real

P: Usted publicó en 2012 una novela con un gran éxito y desde entonces no ha parado. ¿Cómo se maneja con el éxito?

R: Cuando se publica una novela no puedo evitar establecer una relación con los libros anteriores y esperar que a la gente le guste la novela nueva y que va a funcionar tan bien como las otras. Tengo este miedo porque mi proceso de escritura está liberado del éxito. No pienso en el éxito cuando escribo. Yo podría escribir todos los años una novela policiaca con Markus en EEUU, pero no es eso lo que quiero hacer. Quiero mantener mi libertad creadora y además ni siquiera es un esfuerzo porque cuando termino la promoción comienzo a escribir otra novela. Pienso en lo que me apetece hacer, lo que me inspira. Y no podría escribir un libro durante dos o tres años, doce horas al día si no tuviera ese deseo de hacer algo que me gusta. Pero una vez que se publica sí surge el miedo del éxito, si va a gustar, se va a vender, la gente va a entender lo que yo he querido contar…

P: ¿Miedo a defraudar?

R: Sí, pero sobre todo a no haber logrado expresarme correctamente. No haber logrado expresar la temática, lo que quería hacer… Como toda forma de arte, a veces puede estar menor comprendida o peor. Todos hemos visto un cuadro y hemos dicho: “y esto qué es”. Ese es el miedo que yo tengo, pero no tanto la decepción.

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