Documental

'American factory': la historia de terror chino que te cuentan los Obama

Netflix ha estrenado el documental que narra las condiciones laborales draconianas de unos empleados cuando la fábrica es comprada por un multimillonario chino

Foto: 'American factory'
'American factory'

Es un documental, pero podría ser una película del género de terror. En ‘American factory’, producido por los Obama para Netflix y ganador del Oscar al mejor largometraje documental, aparecen trabajadores, jefes, cadenas de montaje y el dueño de todo el cotarro, pero bien podrían ser monstruos, asesinos y víctimas. Es una historia de obreros, pero también podría ser la historia más terrorífica jamás contada sobre el capitalismo/neocomunismo -es probable que ya no haya mucha diferencia- que viene. No es broma: si usted todavía cree que existen los derechos laborales asusta mucho.

Eso es lo que pretendían los Obama, quienes también se podrían llevar otro Oscar a la comunicación. Y así se lo cuentan a Steven Bognar y Julia Reichert, los directores del documental, en un apéndice de diez minutos a la película, que no es nada baladí ni está rodado porque sí. “Somos abogados y lo que nos ha gustado siempre es contar historias, comunicar”, afirma el expresidente de EEUU en la charla que los cuatro mantienen en una cafetería como si fueran cuatro amigos comentando una película tras salir del cine. La moderna puesta en escena es brutal: recordemos que estamos hablando del expresidente; es imposible imaginarse esta escena con alguien como Trump. Michelle, que no le va a la zaga, señala además que las imágenes sobre los trabajadores saliendo y entrando de la fábrica y fichando le recuerdan a su padre. “Esto era mi padre, y esto es lo que hacía para pagarnos las facturas y poder enviarnos a la universidad”, sostiene la ex primera dama. El marco político ya está hecho y hay que reconocer que en este tipo de imágenes y lenguaje empático los Obama -que jamás dan la sensación de ser millonarios- siempre se movieron como pez en el agua.

Los directores junto a los Obama
Los directores junto a los Obama

La crisis de 2008 y el ‘milagro’ chino

¿Y qué está detrás de la pretensión de los Obama? En versión corta: una historia del viejo y el nuevo mundo. En versión larga, hay que empezar por el principio.

El documental se inicia con el cierre de una fábrica de la General Motors -¿hay algo más estadounidense que esta marca de automóviles en el país del automóvil?- en 2008 en Dayton, una población de Ohio (tampoco es casual que sea en este estado de la América profunda que suele ser el termómetro de las elecciones en EEUU). La factoría tenía miles de empleados en las cadenas de montaje, pero también en otros puestos cualificados -ingenieros, informáticos etc- y echa el cierre arreciada por la crisis económica -sí, aquella de las subprimes que lo cambió todo, aunque ahora parezca lejana. Todo el mundo a la calle.

Jeff Reichert, Julia Reichert y Steven Bognar, directores del documental y ganadores del Oscar 2020, junto al actor Mark Ruffalo (izquierda) (EFE)
Jeff Reichert, Julia Reichert y Steven Bognar, directores del documental y ganadores del Oscar 2020, junto al actor Mark Ruffalo (izquierda) (EFE)

Tras las lágrimas y la debacle para muchas personas que llegaron a estar varios años en el paro, en 2015 llega el milagro en forma de capital chino. Cao Dewang, un multimillonario que tiene varias fábricas de de cristales en China -la Fuyao Company-, decide invertir en la antigua fábrica de la General Motors y contratar a sus exempleados. Todo es felicidad, como se transmite a través de la cámara. Vuelven los contratos, los salarios, el trabajo. Solo hay que adecuar la mentalidad china a la estadounidense. Algo… sencillo.

Ciertas formas autoritarias también se observan cuando los estadounidenses le aconsejan colocar un toldo por si llueve. “No va a llover”, sentencia Cao. Y no se pone el toldo

Pero aquí es cuando comienza el terror. La primera visita de Mr Cao a la fábrica da algunas pistas al espectador. Prácticamente se queja de todo y conmina a cambiar algunas cosas que ya se habían puesto en marcha como la orientación de una puerta -”El cambio costará 35.000 dólares”, dice uno de los directores de la fábrica. “Hay que pensar antes de hacer las cosas”, contesta simplemente Cao. Ciertas formas autoritarias también se observan cuando decide hacer la fiesta de inauguración el 7 de octubre y los estadounidenses le aconsejan colocar un toldo por si llueve. “No va a llover”, sentencia Cao. Y no se pone el toldo.

La ola del terror que viene

A medida que transcurre el metraje las cámaras van mostrando un ambiente de pesar entre los trabajadores. Les cuentan a los directores del documental cómo en la época de GM cobraban 30 dólares a la hora y ahora no pasan de 14 y cómo las medidas de seguridad son ínfimas -y si tienes un accidente corres riesgo de despido. Durante un viaje a China para conocer las fábricas de allí algunos trabajadores estadounidenses se muestran estupefactos al ver cómo los chinos no dudan en hacer horas extras, trabajar los fines de semana y tener solo dos días de descanso al mes. De hecho, uno de los estadounidenses le llega a decir a un superior chino: “Es verdad que los norteamericanos somos muy vagos”.

(Menos mal que no estamos hablando de Europa y del Estado del Bienestar donde todavía hay un mes de vacaciones pagadas y en los salarios se incluye la seguridad social. Todavía).

Los chinos no dudan en hacer horas extras, trabajar los fines de semana y tener solo dos días de descanso al mes. Menos mal que la comparación no es con Europa

El núcleo argumental del filme es la creación o no de un sindicato de trabajadores. Pero no el sindicato vertical chino -típico de dictaduras- que aparece en una de las escenas y que da más miedo que exista a que no. Los trabajadores de Ohio, ante las condiciones draconianas impuestas por los chinos, quieren defender los derechos laborales que tenían hasta 2008 en varias encuadres que parecen los inicios del siglo XX en Europa con la industrialización. Y eso es quizá lo que causa más terror. Sobre todo cuando se escucha que si alguien se queja los robots están a la vuelta de la esquina.

Para más información, es mejor que lo vean.

Trump, Obama y la guerra comercial

Este documental ha recibido muchos aplausos y el ala progresista de Hollywood, que siempre ha adorado a los Obama, lo ha premiado. Es muy paradójico, porque hay momentos en los que se puede llegar a entender que los ciudadanos compraran el mensaje populista de Donald Trump sobre el ‘America first’ y el regreso de las fábricas estadounidenses. Y también se comprende que fuera Trump quien venciera en las elecciones de 2016 aupado por los blancos de clase obrera (y seguramente no pocos afroamericanos, como se ve en el filme), pese a que es un estado en que el Obama había ganado en las dos ocasiones anteriores. Muy curioso (o no) que los Obama expliquen la derrota de los demócratas (y lo que puede suceder en 2020). Y tampoco se escapa que este tipo de productos cinematográficos también están bajo el paraguas de la guerra comercial actual entre EEUU y China.

Se puede llegar a entender que los ciudadanos compraran el mensaje populista de Donald Trump sobre el ‘America first’

Pero precisamente por esto el documental ha recibido también críticas desde el ala izquierda que recuerdan algo en lo que no han incidido tanto ni los Obama ni los directores y es, como han señalado algunos espectadores, que “este estado postapocalíptico ha sido propiciado por el gobierno de Estados Unidos al que le interesa más la inversión extranjera que el bienestar de sus ciudadanos empleados por estas corporaciones desalmadas. La crisis económica y las casi nulas políticas sociales han orillado a la clase media a aceptar este tipo de tratos injustos y deshumanizantes”.

Es decir, de los lodos de 2008 y todo lo que se hizo anteriormente a estos barros. Esperemos que no nos suene demasiado.

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