PUBLICA LA NOVELA 'LAS PALMERAS'

Jimina Sabadú: "En España, la única forma de prosperar es salir en televisión"

Jimina Sabadú publica 'Las palmeras', un 'road trip' a través de la España más 'kitsch' en plena pandemia para descubrir qué ocurre después del fin del mundo

Foto: La escritora, guionista y directora Jimina Sabadú. (Foto: Carolina Galiano)
La escritora, guionista y directora Jimina Sabadú. (Foto: Carolina Galiano)

Todo empezó en un estadio de fútbol. En una final de Copa. Un afincionado mordió a cinco personas. "Un hincha dando ñascos no debería ser noticia. ¿No pasa todas las semanas?", opina una revista. Pero esta vez es diferente y, mordisco a mordisco, una enfermedad rápida y fulminante se extiende por toda la península. La llaman "el brote". En realidad, todo empieza en un mes de junio en Madrid, cuando todavía faltan unas semanas para que el calor pegajoso gelatinice las calles de la capital. Porque las cosas empiezan cuando empiezan para uno. Mientras el Ministerio de Sanidad ordena cuarentena a los infectados, Verónica planea una huida a través de la España del desarrollismo.

Los telediarios y los periódicos se muestran indecisos entre el alarmismo y la insustancialidad. Como casi siempre, por otro lado. ¿Les suena? Los contagiados se acaban trasformando en "apestosos", muertos errantes sin voluntad más allá de desguazarles los intestinos a los vivos. Eso sí, a los demasiado lentos o demasiado tontos. El fantasma de una antigua conocida le anuncia a Verónica que, cuando sople el viento y oiga las palmeras, el fin del mundo habrá llegado. Por eso decide ir a buscar a Alejandro, "la única mano que querría estrechar en su lecho de muerte". En ese mes de junio pandémico en un Madrid instalado en una especie de duermevela comienza 'Las palmeras' (Algaida, 2020), la nueva novela de Jimina Sabadú, un viaje por carretera por la España más 'kitsch' mientras el mundo se va a la mierda.

Portada de 'Las palmeras'
Portada de 'Las palmeras'

Ahora que gracias al coronavirus hemos recordado que somos mortales, Sabadú, escritora, guionista, directora, actriz y hacedora y a la vez musa de la contracultura milénica y del 'underground' internetero, vuelve cinco años después de 'Los supervivientes' (Premio Ateneo Joven de Sevilla 2015). "He tenido una potra tremenda con esto del coronavirus. Aunque a lo mejor se acaba la humanidad y estáis todos muertos y nadie puede comprar mi libro", bromea. "De todas maneras, empecé a escribir ‘Las palmeras’ durante un verano, que es cuando más bajan las noticias y los medios recurren a las alertas estivales: un año fueron los perros asesinos de la sierra, otro las motos acuáticas, hace muchos años un chino que se hizo una paja en unas latas de Coca-Cola. Siempre hay pequeñas amenazas que al final se desinflan, porque la gente se va de vacaciones y se olvida".

Porque, ¿qué pasa después del fin del mundo? Nada.

La vida sigue. "Al final sólo quedan los afectados reclamando. ¿Quién se acuerda de los del Fórum Filatélico? Pues todavía hoy hay jubilados afectados que van enfrente de la sede del PP a quejarse. Gente que le ha dejado de importar a todo el mundo, que representan la resistencia. Ya no son noticia y ya está. Hace dos meses teníamos a los canguros ardiendo en Australia. Un tiempo antes, el Amazonas quemándose y la gente dejando de tuitear y de quejarse antes de que apagaran el fuego. No hay seguimiento de nada, nunca".

 (Foto: Carolina Galiano)
(Foto: Carolina Galiano)

El mundo puede seguir ardiendo que siempre habrá quien prefiera seguir de fiesta en fiesta. Ese es el caso de los protagonistas de 'Las palmeras', que empiezan su periplo con té, pastas y sándwiches fríos en el Ritz y acaban en Playa Bolonia el fin del mundo arreciando. "Ellos, que tienen un concepto de sí mismos como de personas elegantes; empiezan en el Ritz, en El Cock, en el Tonydós y según va avanzando el verano se van volviendo más descuidados y se alojan en sitios peores y más degradados", explica. "Es como una noche muy larga en la que todo empieza bien pero acaba de forma lamentable. La novela se me ocurrió en un viaje a Peñíscola y Torremolinos me encanta, porque hay una cantidad increíble de cantantes fracasados; me fascina la costa española, sitios que se han quedado en el intento de ser la vanguardia y que están hechos polvo desde el punto de vista de la naturaleza".

Entre medias aparecen tronistas, antiguas vedettes y cómicos noventeros venidos a menos. "Yo salgo mucho por Madrid sola, porque es una ciudad llena de fantasmas, de gente que conoces de la tele, que a lo mejor les has visto, que hace siete o diez años te hubieses matado por hacerte una foto con ellos, pero que ahora, si te acercas a ellos, pueden ser muy pesados. Les quitaron la corona para ponérsela a otro y queda una figura rota", analiza. ""Son gente que sale de un sitio súper divertido y se encuentra, de repente, en medio de la calle, sola, borracha y sin saber muy bien hacia donde va".

Cuando no tienes un euro, la vida es vagar, que es la peor condena

Porque ‘Las palmeras’ trata de gente que vaga por la vida, que no sabe muy bien qué va a ser de ella. "A Verónica y Alejandro, lo que les une, es que no quieren a nadie. O, más bien, quieren de manera muy superficial. No se preocupan realmente por nadie. Intentan entretenerse, porque realmente no se lo pasan bien. Que es un poco de lo que habla el libro de Neil Postman ‘Divertirse hasta morir’", prosigue. "Mientras tienes el móvil, mientras la música está sonando, mientras tienes dinero para ir y venir, la vida es una. Pero cuando no tienes un euro, la vida es otra. La vida es vagar, que es la peor condena".

En su relato, los medios están muy presentes. Sobre todo la televisión. Es una forma más de alienación, sí, pero también el único ascensor social que queda en España."En realidad, si os fijáis, en España somos todos primos. Los pijos son primos de otros pijos, y los muertos de hambre son primos de otros muertos de hambre. Pero los pijos y los muertos de hambre no son primos entre sí, así que la única manera de romper esa cadena es la televisión", escribe en 'Las palmeras'. "Muchas veces te metes en el Linkedin de alguna de la gente pudiente y te vas dando cuenta de que todos son familiares entre sí. Ves que todos han trabajado con todos. En los últimos tiempos no ha habido ninguna movilidad social".

Jimina Sabadú.
Jimina Sabadú.

"Decía Santiago Lorenzo en ‘Los millones’ que la única forma de prosperar en España es ganando la lotería y que, por eso, el país entero está pendiente de los sorteos", parafrasea. "Antes la gente ascendía a través del sexo —los hijos— o el matrimonio. Pero de un tiempo para acá eso ha ido cambiando y la prosperidad se consigue a través de la tele. Conozco mucha gente de barrio obrero, chicos jóvenes que son reponedores, ramperos o conductores, cuya esperanza es salir en ‘Mujeres, hombres y viceversa’. Es una salida en la que, aunque no te paguen mucho, luego consiguen bolos y una vida a la que no podrían llegar de otra manera. Además, en el mundillo de la tele, el trabajo está bastante denostado. Si trabajas eres un pringado".

En realidad, toda mi carrera ha sido gracias a ‘Mondo Brutto’

Sabadú es un pozo de sabiduría pop: erudita del manga, militante de los karaokes y súbdita de la paramonarquía española de serie zeta. Una pluma incisiva envuelta en falsa ligereza. Por algo, sus primeros pasos fueron en 'Mondo Brutto'."En realidad, toda mi carrera ha sido gracias a ‘Mondo Brutto’", agradece. "Para mí eran una familia. Todavía hay gente que consigue curro porque escribía allí. Yo hice mi primer fanzine con once años; con catorce empecé a escribir en revistas de manga, de ahí voy a ‘Mondo Brutto’. Antes de terminar la carrera, firmo un contrato para escribir el guión de ‘La máquina de bailar’, que la produce Santiago Segura. La película fue mal en taquilla y me pasé unos meses dedicándome a proyectos personales que cobraba bajo convenio, cosa que con 23 años era muy fuerte. en la radio empecé directamente en la Ser, colaborando en La Ventana. En Televisión Española trabajé en un ‘late night’ con Cayetana Guillén Cuervo".

La triste realidad es que, casi siempre, para poder ser escritor o creador, hay que contar con algún apoyo familiar

Un comienzo de altura. "Iba con gente que me sacaba muchos, muchos años. Jordi Costa se portó conmigo de una forma muy generosa: en una colaboración que tuvimos él iba a cobrar más dinero que yo por el mismo trabajo y él pidió que se dividiese equitativamente entre los dos. Eso no lo hace nadie. Eso es una persona realmente comprometida con el mundo. Pero luego tuve un parón de cuatro años y mi vida cambió por completo. Coincidió la crisis, no me salía curro y por eso ahora tengo la sensación de que si dejo cualquier curro me va a ir mal y voy a acabar en la calle".

(Foto: Carolina Galiano)
(Foto: Carolina Galiano)

Además de escribir, Sabadú imparte clases de Guión en la escuela Séptima Ars. Es difícil vivir exclusivamente de la literatura. "El panorama editorial cambia todo el rato y cada vez a peor. Pero no es sólo la situación de los escritores; también la de los editores y los libreros. Mis editores se han portado muy bien conmigo porque han esperado pacientemente —muy pacientemente— a que les entregase esta novela. La triste realidad es que, casi siempre, para poder ser escritor o creador, hay que contar con algún apoyo familiar. En mi caso, yo no pago alquiler. Pero una persona que haya tenido que ayudar desde joven en cas ay que tuviese que trabajar desde el principio, tiene muy pocas posibilidades de escribir, publicar o dirigir. Y es una pena, porque estamos perdiendo por eso un montón de talento que quizás existiría si las cosas fuesen más justas. Estamos perdiendo patrimonio, y parece que a nadie le importa".

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