EL ATAQUE AÉREO MÁS MORTÍFERO DE LA HISTORIA

La barbarie del bombardeo de Tokio: 105.000 personas mueren en una sola noche

En Hiroshima fueron 80.000 de modo inmediato y en Nagasaki, 74.000. El 9 de marzo de 1945 se destruyeron 260.000 hogares y 40 kilómetros cuadrados de edificios

Foto: Conmemoración del 71 aniversario de la Segunda Guerra Mundiall en el tempolo de Yasukuni de Tokio (EFE).
Conmemoración del 71 aniversario de la Segunda Guerra Mundiall en el tempolo de Yasukuni de Tokio (EFE).

Incluso en la Segunda Guerra Mundial (tan escrita y filmada) quedan capítulos arrinconados. Hiroshima y Nagasaki cambiaron la Humanidad. Dresde y Londres fueron dramáticos, pero el de Tokio fue el mayor ataque aéreo de la Historia, el que se saldó con más víctimas.

Los B-29 amenazaban el cielo japonés. Japón dudaba si era mejor una invasión terrestre, con la consiguiente sangría de vidas, o amplificar los bombardeos. Tokio era una ciudad de tres millones de personas. Cuando acabó la tragedia del 9 de marzo de 1945, al menos una cuarta parte de la ciudad quedó aniquilada.

El bombardeo de Estados Unidos sobre Tokio, del que justo mañana se cumplen 75 años, fue el más mortífero que haya habido. En una sola noche murieron 105.000 personas y al menos destruyó 260.00 hogares de la capital japonesa. Quedaron destruidas más de 4.000 hectáreas de edificios (40 kilómetros cuadrados).

Los decisivos B-29

Se trató del mayor ataque contra la población civil en la Humanidad, eclipsado por la Guerra del Pacífico con batallas como las de Okinawa y, sobre todo, por el Holocausto de las bombas atómicas. Estados Unidos trataba de minar la moral del pueblo japonés y los B-29, las Superfortalezas, el bombardero más grande de la historia, que garantizaban gran autonomía de vuelo, eran piezas indispensables para alcanzar el objetivo.

La defensa aérea japonesa era muy débil. Solo derribaron cuatro aparatos estadounidenses. Sus señales de radar se habían quedado anticuadas. “Los pilotos de caza recibían una instrucción deficiente e iban mal pertrechados, tanto para localizar a los bombarderos como para derribarlos. Perseguir a los B-29 resultaba una pesadilla para los aviones japoneses”, relata Max Hastings en ‘Némesis: la derrota del Japón 1944-1945’.

"Corrientes de aire caliente muy poderosas hacían tambalearse fuertemente nuestros aviones y traían consigo el horrible olor de la carne que se quema"

Fueron 334 aparatos que volaron a baja altura, entre 6.000 y 9.000 pies. La operación recibió el nombre de ‘Meetinghouse’ (“Templo de los cuáqueros”). Lo contó Georges Beck, artillero de uno de los B-29, en sus diarios: “Se formaron nubes de humo negro y apestoso, de hasta 20.000 pies de altura, causando corrientes de aire caliente muy poderosas que hacían tambalearse fuertemente nuestros aviones y traían consigo el horrible olor de la carne que se quema”.

La temperatura de la ciudad subió hasta los 980 grados centígrados.

Los despegues desde las islas Marianas (a unas cuatro horas de vuelo de Tokio) tuvieron lugar entre las 17:36 y 19:30 horas. Los bombardeos empezaron a la una de la madrugada. Arrojaron 496.000 bombas incendiarias, de ‘racimo’ sobre la zona este de Tokio: 1.665 toneladas. ¿Cómo eran estos artefactos? Pesaban 2,7 kilos, contenían napalm de combustión interna que se expandía tras el impacto y estaban programados para explotar a una determinada altura.

Hiroshima antes y después de la bomba atómica.
Hiroshima antes y después de la bomba atómica.

Las ciudades japonesas eran muy vulnerables. El Gobierno japonés era consciente de esa debilidad e impulsó la evacuación de cerca de 1,7 millones de personas de la ciudad al campo, casi todas niños y mujeres.

“La fragilidad de las casas japonesas, más preparadas para afrontar los peligros desde el subsuelo que desde el aire, facilitó una destrucción mucho mayor que la que tuvo Alemania”, cuenta Florentino Rodao en ‘La soledad del país vulnerable. Japón desde 1945’.

La destrucción de Tokio no se puede entender sin la figura del general Curtis LeMay, de 38 años, y responsable del XXI Comando de Bombardeo

Los bombardeos obligaron a construir cuatro millones de casas en todo el país. Y la destrucción no solo fue mayor que en Dresde (el 13 de febrero de 1945 murieron 25.0000 personas), sino también en Japón: en Hiroshima fueron 80.000 personas de modo inmediato, mientras que en Nagasaki fueron 74.000).

El bombardeo de Tokio no se puede entender sin la figura del general Curtis LeMay, de 38 años, y responsable del XXI Comando de Bombardeo, cuyo objetivo inicial se centraba en la industria aeronáutica y bélica. Ni los oficiales ni los pilotos eran muy optimistas.

Los aviadores de la Superfortaleza, el primer bombardeo presurizado del mundo con espacio para una tripulación de 12 personas, expresaban “melancolía”, como recoge Hastings en ‘Némesis’:

Cuando oigo gemir los motores, ¡qué sensación de soledad!

Los B-29 desintegran

La que solía ser mi panda:

allá va Jack, allá va Bill,

en vuelo directo hacia Tokio.

Pero ansiamos volver a casa,

en cuanto pueda ser, quién sabe…

Y este es un fragmento de la carta que escribió el piloto Robert Copeland a su madre:

A 650 kilómetros por hora el pánico es tan poderoso, que una hora no parece tiempo suficiente. El bombardeo solo dura cuatro o cinco minutos, pero se antoja que son horas. Las puertas del compartimento de las bombas solo se abren uno o dos minutos, pero ese tiempo parece una eternidad.

Miles de tokiotas iban de un lado a otro de la ciudad “casi enloquecidos por el terror”. El fuego asolaba calles. Las casas de maderas se convirtieron en cenizas. Fue toda una noche de infierno. La religiosa española Begoña Dochao, en un documento sobre el Tokio en guerra al que ha tenido acceso El Confidencial y que obra en poder del profesor Rodao, recuerda que los primeros aviones americanos "visitaron" la capital japonesa "por abril de 1942". "Era un día de Pascua de Resurrección e hicieron varios destrozos”, relataba.

Sin ceremonia por el coronavirus

Continuaban los ensayos para hacer sonar las sirenas de alarma, huir a los refugios, apagar los incendios. “Fueron militarizándose las fábricas, se establecieron departamentos de estas en las escuelas de ambos sexos y la carestía general crecía más y más en todo género de artículos”, cuenta Dochao.

Ahora, 75 años después, tras el estreno de una nueva era y el primer emperador que llega al trono del Crisantemo en el siglo XXI, la ciudad no olvida aquella trágica primavera. Esta vez la ceremonia será muy reducida a causa del coronavirus, como ha anunciado el Gobierno Metropolitano de la capital nipona. Tokio tardó décadas en recuperarse. Ahora es la metrópolis más avanzada del planeta y espera celebrar en julio los Juegos Olímpicos.

Y el general LeMay no se arrepintió en ningún momento de la masacre. “Nada nuevo sobre la muerte, nada nuevo sobre las muertes de causa militar. Quemamos y hervimos y carbonizamos hasta la muerte a más gente en Tokio, en aquella noche del 9 al 10 de marzo, que la que se vaporizó en Hiroshima y Nagasaki juntas”.

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