TEATRO

'Elena Fortún': el teatro hace justicia a la feminista que nos regaló a 'Celia'

La obra ofrece un perfil complejo y no lineal de uno de los grandes referentes de la literatura infantil española

Foto: Imagen de 'Elena Fortún'.(Centro Dramático Nacional)
Imagen de 'Elena Fortún'.(Centro Dramático Nacional)
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Decía Carmen Martín Gaite que “aceptar la existencia de Elena Fortún equivalía a poner en tela de juicio la de Celia y admitir que era un invento de aquella señora (…) A la niña que yo fui no le importaba nada de Elena Fortún, pero a la mujer que soy ahora nada puede gustarle tanto como seguirle el rastro a aquella escritora que sin duda llevaba una niña dentro y me la regaló para que jugara con ella”. Martín Gaite, otro emblema indiscutible de la literatura infantil española, acabaría siendo la guionista de la serie 'Celia'. La producción de TVE adaptaba las historias del personaje ideado por Fortún: el de la niña intrépida, fabuladora, contestona y rebelde que adornó las vidas de los niños de la República. Pese al éxito de ficción, dirigida por José Luis Borau, y de la reedición de aquellos libros naturalistas, divertidos y críticos, parece que nunca se ha acabado de hacer justicia con la creadora de Celia; con la vida en sombras de una mujer con el alma rota.

Tras poner en pie la adaptación teatral de 'Celia en la Revolución', libro que contaba las penurias de una Celia adolescente en un Madrid sangrado por la Guerra Civil, el Centro Dramático Nacional ofrece estos días (hasta el 8 de marzo) una obra sobre la vida de Encarnación Aragoneses. Ese era el nombre real de una escritora que albergó sentimientos ambiguos por otras amigas, recibió el apoyo de las 'maridas' del legendario Club Lyceum, y vivió con estoicismo el exilio en Buenos Aires y el suicidio de su marido.

Cartel de la obra 'Elena Fortún'
Cartel de la obra 'Elena Fortún'

Dirigida por María Folguera, 'Elena Fortún' hace de la necesidad una virtud y aprovecha sus limitados recursos (una sala pequeña y actores que encarnan a varios personajes) con gran inteligencia. Jugando a la metáfora, los encajes se convierten en libros y los lazos transforman a los adultos en niños. La vida de Elena Fortún (y su desparpajo, inseguridades y miedos más profundos) van pasando ante nuestros ojos gracias a la emoción contenida y auténtica de Montse Díez, la actriz que le da vida. Al personaje principal le acompañan aquellos otros que jalonaron su existencia: desde la María Lejárraga que la empujó a escribir a la Carmen Laforet que se carteó con ella o la Matilde Ras con la que, dicen, tuvo algo más que una simple amistad. Es significativo que el texto no convierta a Eusebio de Gorbea, marido de Fortún que no supo (y a veces no quiso) comprender el universo de su mujer, en una caricatura. Interpretado por Javier Pérez-Acebrón, sobre el escenario Gorbea es lo que fue realmente: un militar y comediógrafo torturado, un hombre de su tiempo para el que los cuentos de Celia solo eran 'cosas de niños' y su mujer un mero adorno en su vida.

La obra incluye monólogos dirigidos al público y personajes complejos que salen y entran de un escenario que, simbólicamente, está presidido por un biombo. No puede haber mejor metáfora de la ocultación, de la pasión reprimida de la propia Fortún que tan bien expuso su novela 'Oculto Sendero'. Folguera mete con calzador diálogos de la propia Celia y acierta de lleno. Al fin y al cabo, Elena Fortún era una maestra a la hora de jugar con frases hechas que, puestas en boca de una niña, eran armas incendiarias que quebrantaban el rígido mundo de los adultos, la religión y las convenciones sociales.

En un país que olvida rápido a sus talentos, es de agradecer este homenaje teatral y minimalista a la desgraciada reina de los cuentos. España no siempre fue un país con suficiente apego a la literatura infantil. 'Elena Fortún' también es un tributo melancólico hacia aquellas mujeres que, como la madre de la propia Celia, preferían llegar a su casa pasada la hora de la cena para no ahogarse en hogares que eran lúgubres como una cárcel.

Imagen de 'Elena Fortún'.(Centro Dramático Nacional)
Imagen de 'Elena Fortún'.(Centro Dramático Nacional)

En uno de los mejores libros de Fortún, la propia Celia nos contaba que había bajado a "hacer títeres al fondo del mar" y había visto "ballenas atadas a los corales como si fueran perros guardianes". A continuación, justificaba su enorme poder para imaginar: "Eso ha sido verdad porque lo tengo escrito. Ya sé que las aventuras con los titiriteros no han pasado nunca pero, ¿y qué? A veces lo que sueño creo que es verdad, y lo que me pasa me parece que lo he soñado antes. Además, lo que me pasa no está escrito en ninguna parte y al fin, se olvida. En cambio lo que está escrito es como si estuviera pasando siempre". Las obras que reivindican nuestro legado, como esta 'Elena Fortún', también deberían pasar siempre.

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