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El jardinero que ‘recupera’ las plantas del Museo del Prado

Eduardo Barba, botánico de profesión, publica el libro 'El jardín del Prado', en el que analiza las plantas que aparecen en 45 lienzos de la pinacoteca

Foto: El botánico Eduardo Barba
El botánico Eduardo Barba

El año de la crisis no fue una buena época para casi nadie, pero a Eduardo Barba le sirvió para desarrollar una nueva pasión: el arte. Jardinero y botánico de profesión, se quedó en paro en aquella negrura de 2012 y 2013 y “como no quería hacer trabajos que no me llenaran me puse a estudiar”. Pintores, movimientos artísticos, escultores, historia del arte. “Me levantaba a las seis y media, estudiaba y a las nueve me iba con una libreta al museo que más amo, que es el Prado”, señala. Comenzaba por los antiguos flamencos y los pintores del norte de Europa, Van der Weyden, Antonio Moro, Patinir, Brueghel el Viejo, el Bosco. Y, delante de aquellos lienzos, aunaba esta nueva pasión con la de la botánica analizando qué plantas y flores se esconden en estas telas, su significado y por qué estaban allí.

De aquello surgió el libro ‘El jardín del Prado’ (Espasa), que es un ejemplar espectacular para todo aquel que ame el arte, las plantas o simplemente lo bello. Barba habla de las malvas, la rosa que porta María Tudor en el cuadro de Moro, la borraja que escondió El Bosco en 'El jardín de las delicias', claveles, caléndulas, milenramas, azucenas, jacintos, lirios o dientes de león que están, agudizando un poco la mirada, en lienzos de Tiziano, Fortuny, Botticelli, Velázquez o Goya. En total, este botánico analiza 45 plantas en 45 lienzos, aunque podrían ser muchas más puesto que el jardín artístico del museo es enorme. “Hay más de 500 especies. Eso significa que, por ejemplo, está el clavel, pero el clavel puede aparecer en 70 cuadros. Hay unas 1.100 obras del Prado que tienen ya alguna presencia botánica”, recalca Barba.

La borraja de 'El jardín de las delicias'
La borraja de 'El jardín de las delicias'


El amor por las plantas había comenzado en él incluso antes de la adolescencia. “Parte de un interés por lo que me rodea y también me rodeaban las plantas de madres y abuelas que estaban en las ventana y balcones. Y es tan sencillo como prestar atención”, cuenta Barba que, no obstante, recuerda con especial cariño a su madre: “Ella es la gran culpable porque cuidaba mucho las plantas y solía recoger esquejes de la calle, los llevaba a casa y las cuidaba. Y yo veía cómo aparecían esas plantas en las macetas de casa”. De ahí vino el estudio y después su dedicación como profesor en colegios y centros como en el que se encuentra ahora en Leganés dando cursos de Botánica a personas en situación de desempleo.

La fresa, martirio de Cristo

Hay personas que cuando hablan de lo que les gusta inoculan la pasión a sus oyentes. Es lo que ocurre con Barba cuando explica el simbolismo que se encuentra en las plantas que aparecen en los lienzos. “Depende de qué planta en qué cuadro. Una misma planta, por ejemplo, la fresa, si está representada al lado de la Virgen puede simbolizar el martirio de Cristo por su fruto rojo, o la pureza de la Virgen por los pétalos blancos. Pero si esa fresa está presente en un cuadro del Bosco puede hacer mención a esa herencia tradicional antigua y clásica en la que la fresa representaba el paraíso, los placeres sensuales de este mundo”, comenta. ¿Por qué? “Porque por mucho que se comieran fresas no se saciaba el apetito”.

'El jardín del Prado'
'El jardín del Prado'

Otros significados son los de la azucena, que está presente en muchas situaciones “y normalmente suele representar la pureza”, resalta el botánico. O la hoja de la palmera, “símbolo del martirio y del triunfo ante la muerte. En las catacumbas romanas aparece representada como símbolo de triunfo”. A poca gente se le escapa, por otra parte, el laurel como “símbolo de la victoria”, o el clavel, que “simboliza la fidelidad en el matrimonio”.

Ignorancia botánica

Pese al entusiasmo que destila Barba por su profesión reconoce que “en España nos hemos desligado mucho de las plantas”. De hecho, este alejamiento lo cuenta en un capítulo dedicado al jacinto. “Estamos más distanciados del conocimiento tradicional de las plantas que otros países como Italia. Aquí es muy normal que los adolescentes no conozcan absolutamente nada de las plantas porque nadie se lo ha enseñado”, reflexiona. Y cuenta la anécdota que le ocurrió en Marbella hace unos años: “Trabajaba para un cliente que me pidió que podara un ficus de hoja pequeña que había acabado englobando una farola. Le recomendé que era mejor cambiar la farola por una más pequeña y el cliente también lo vio más acertado. A la planta se la compara muchas veces con una papelera y no como a un ser vivo”.

La península ibérica es la zona más rica de Europa en cuanto a número de especies. Tenemos la idea de que Reino Unido es más rico, pero es un desierto

Y, sin embargo, la península ibérica no es un yermo botánico. Al contrario, como señala Barba, “es la zona más rica de Europa en cuanto a número de especies. Es un paraíso para un botánico. Tenemos la idea de que Reino Unido o Bélgica son muchos más ricos en vegetación, pero en realidad a efectos botánicos son desiertos por la poca variabilidad genética que hay”. En parte, según él mismo explica, se debe a que la glaciación nunca fue tan fuerte como en otras zonas. “Aquí se refugiaron muchas especies que han acabado siendo endemismos”.

Monocultivo madrileño

El botánico también reflexiona sobre las plantas y las ciudades. Preguntado por Madrid conviene que “es una ciudad muy verde, pero creo que le hacen falta más árboles, sobree todo en este momento de cambio climático”. Para él hubo un cierto abuso de los árboles que prácticamente están por toda la ciudad, que son los aligustres del Japón y los plátanos. “El centro es un monocultivo, y eso trae consecuencias, ya que si un plátano se pone enfermo, se ponen todos enfermos. Como son clones comparten la misma genética y si una tiene un problema lo tienen todas”, observa.

Madrid es una ciudad muy verde, pero creo que le hacen falta más árboles, sobree todo en este momento de cambio climático

A él le gustaría que en la ciudad se plantaran dos tipos de árbol, el Gingko Bilova y la Melia. “El Gingko es muy resistente a la contaminación, tiene hoja caduca, lo cual es perfecto para una ciudad porque en invierno deja pasar los rayos de sol y en verano da sombra. No hay que podarla, tiene una coloración en otoño bellísima con un amarillo limón que es única y tiene una simbología especial a nivel de resistencia frente a la adversidad porque fue la primera planta que rebrotó después de Hiroshima y Nagasaki”, dice del primero. “La Melia es uno de los árboles del paraíso y tiene una floración muy especial, el cinamomo. Un aroma muy bello, crece muy rápido y tiene unas bolitas que están todo el invierno luciendo y parece que es fiesta”, afirma del segundo. Esto es lo que ocurre cuando alguien habla con pasión de lo que le gusta.

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