Entrevista

Esteban González Pons: "Los hombres nacidos en los 60 ofendemos solo por pensar"

El político del Partido Popular reconoce que corren malos tiempos para el romanticismo y la épica, dos temas que aborda en su primera novela, 'Ellas'

Foto: Esteban González Pons.
Esteban González Pons.

Nada más responder a la llamada en Bruselas, Esteban González Pons (Valencia, 1964) se disculpa. Él querría haber hecho la entrevista en persona, pero ha sido una semana bastante ajetreada en el Parlamento Europeo con un Brexit de por medio. Un día que, como confiesa, le hizo saltar las lágrimas. El político del Partido Popular reconoce que corren malos tiempos para el romanticismo y la épica, dos temas que aborda en su primera novela, 'Ellas', que publica ahora con Espasa. También que, ante todo, él siempre quiso ser escritor. Que lo de la política llegó ya después. Eso sí, admite que lector ha sido siempre. Ahí va la lista de los libros que tiene ahora sobre la mesa: 'El infinito en un junco', de Irene Vallejo, 'En tiempos de héroes', de Javier Reverte, '14 de julio', de Eric Vuillard, la recopilación que ha hecho Luis García Montero, 'Almudena' —"que para un hombre divorciado es imprescindible", sostiene— "y luego uno que me ha recomendado un amigo, 'Vindolanda, la última frontera del imperio romano', de Adrian Goldsworthy".

PREGUNTA. ¿Qué hace un político, ahora europarlamentario, metido a novelista?

RESPUESTA. La vocación de escribir se lleva dentro y siempre acaba apareciendo. La política es un espacio épico que no adormece las ganas de escribir sino al contrario. Y cuanto más intenso es uno más necesidad tiene de decir cosas. Trabajar en Bruselas me ha dado espacios para la tranquilidad que necesitaba para poder escribir. Los aviones, las salas de espera de los aeropuertos, los trenes y las salas de espera de las estaciones. Lugares en los que el móvil no suena, en los que todo el mundo está a tu alrededor pero nadie te habla. Puedes estar en un silencio casi absoluto. Y esta novela ha sido escrita viajando en avión, tren o en salas de espera de trenes y aeropuertos.

P. Es una novela de amor… ¿salida de escape de la política?

R. No. Esto es lo que querría haber querido hacer desde el principio. Si hubiera sido capaz cuando era joven de escribir, hubiera sido capaz de encontrar a alguien que publicara lo que yo escribía, quizá nunca habría sido político.

'Ellas', de González Pons
'Ellas', de González Pons

P. Es un político que habla del amor cuando parece que ha desaparecido la empatía de los parlamentos.

R. El amor es un sentimiento en desuso y al borde de convertirse en un sentimiento políticamente incorrecto. La idea de que el romanticismo es machista está extraordinariamente instalada entre nosotros. Hablamos cada día más de sexo y cada día menos de amor, encontramos cada día más consejos sobre sexo y menos consejos sobre amor en los medios de comunicación. Pero yo creo que el amor es un sentimiento imposible de desarraigar en el ser humano. Estoy convencido de que esta época pasará y que el romanticismo volverá a estar de moda.

P. Usted también habla de esta falta de empatía en el libro. ¿En qué se ha convertido la política?

R. La épica ha desaparecido de nuestra vida y los héroes también. Hoy es imposible levantarle una estatua nadie. El deporte universal es la demolición de las personas que destacan. Ni siquiera una heroína como Greta Thunberg es capaz de aguantar más de dos meses subida en el pódium. Enseguida, a través de cualquier red social o medio de comunicación, se la baja del pedestal. Hoy la épica, como el romanticismo, no tienen espacio, pero yo creo que solo es un momento que pasará. Vivimos un momento similar al del final de la Grecia clásica, del imperio romano, por lo menos en lo cultural y las costumbres.

P. También en España tenemos partidos como Vox, a los que gusta hablar 'sin complejos'. ¿Qué le parecen estos políticos?

R. En la vida hay que tener contención. La contención es el resultado de la buena educación. Vivimos en relación con otros y el respeto que exigimos es el que debemos ofrecer. Uno no debe imponer sus ideas y sus costumbres ni su forma de vida. En todo caso debe intentar convencer a otros si es que quiere que alguien se le sume. Pero yo creo que la falta de contención de muchos a día de hoy no es más que una pose, un modo de llamar la atención en un mundo en el que todo el mundo habla a la vez y nadie escucha. Gritar o insultar es una forma de hacerse visible.

P. Pero además de una pose me pregunto si puede ser peligroso. El populismo en Reino Unido ha llevado al Brexit; es decir, hay hechos, consecuencias, como ustedes vieron esta semana en el Europarlamento.

R. Sí, hemos olvidado lo que pasó. Hemos olvidado la guerra. Hemos olvidado el drama que la guerra supuso, tanto la Guerra Civil española como la II Guerra Mundial. Y la razón por la que Europa existe como comunidad y la razón por la que España existe como Estado, como nación constitucional… La Constitución del 78 supuso la reconciliación de los españoles que se habían dividido en dos bandos y se habían matado a conciencia. La UE supuso la reconciliación entre dos partes de Europa que se habían odiado y se habían matado a conciencia. La UE existe porque hubo una II Guerra Mundial y la Transición existe porque hubo una Guerra Civil. Hemos olvidado el pasado y, por tanto, estamos muy cerca de correr el riesgo de volver a repetirlo.

La falta de contención de muchos a día de hoy no es más que una pose, un modo de llamar la atención en un mundo en el que todo el mundo habla a la vez

P. Este es un libro que tiene como protagonistas a las mujeres. En el prólogo afirma "espero no ofender" porque estamos en una época de ofendidos. ¿En otro momento no le hubiera dado reparo escribir sobre esto?

R. Es una novela de mujeres. Los papeles, no más importantes, pero sí más atractivos, son mujeres. El personaje principal es un hombre de mi generación, y por lo tanto, se expresa y piensa como los hombres de mi generación. Hay muchas personas a las que les puede parecer que los pensamientos de los hombres de mi generación son incorrectos y en este sentido estoy seguro de que habrá quien se ofenda con lo que piense mi personaje porque los hombres que nacimos en los 60 hoy ofendemos solo por pensar.

P. ¿Por qué cree que lo que dice su personaje o los hombres de su generación pueden ofender?

R. Creo que el mundo está cambiando muy deprisa. Estoy convencido de que la revolución feminista es el mayor bien que nos ha traído el siglo XX y todavía no está del todo desarrollado en el siglo XXI. Pero yo pertenezco a una generación atrapada entre dos siglos. Una generación que se quedó en un sándwich entre el pasado oscuro y el futuro tecnológico. Nací cuando todavía vivía Franco, mi infancia la viví con Franco. Me educaron en colegios franquistas y después he crecido en un mundo de la Transición, que ha sido sustituido rápidamente antes de que yo cumpliera los 50 años por la sociedad del siglo XXI. Por tanto, pertenezco a una generación despistada. Los que nacimos en los 60 y principios de los 70 teníamos que esperar a que nuestros padres se fueran para llegar a ser algo, y antes de que nuestros padres hubieran terminado de irse llegaron nuestros hijos, que decidieron que eran ellos los que iban a ser algo. El personaje del libro dice "mi padre llevaba corbata y mi hijo vuelve a llevarla".

P. Pero ¿qué es lo que ha sufrido esta generación que define como generación sándwich y que es la suya?

R. Más que la generación sándwich, somos una generación estrato de bizcocho árido en una tarta de crema. Nuestros padres son crema, nuestros hijos son crema y nosotros somos el trozo de bizcocho de la tarta que a nadie le gusta. Una de las cosas que he aprendido con la edad es a no juzgar la historia. Yo no creo que la Historia deba ser juzgada moralmente. Y, por tanto, no sé si el tiempo pasado fue mejor. Sé que yo, como cincuentón que pertenece a una generación a la que nunca nadie le dará el relevo, tengo nostalgia de mi infancia. Sé al mismo tiempo que es una infancia de laboratorio porque pertenezco a esa generación que fue educada en colegios del franquismo para la que las mamás siempre nos mimaban y los papás se ganaban el sueldo con el sudor de su frente.

P. ¿Por eso los hombres de su generación, como su personaje, se sienten desubicados con asuntos como el movimiento feminista?

R. No. El movimiento feminista está cambiando el mundo. Yo me adscribo al feminismo e intento en la medida de lo posible adaptarme a la revolución que trae. Pero en el libro lo que se refleja es lo que siente un hombre nacido en los sesenta o setenta, enamoradizo y fiel en el amor, y por tanto un hombre al que le cuesta adaptarse a este tiempo y decide huir de él.

P. Por eso le comentaba lo de la desubicación… Con respecto a la época de la Transición, ¿usted es de las que la recuerda con nostalgia porque era adolescente/ joven o por lo que políticamente se hizo?

R. A mí generación el corazón político se le quedó encerrado en la Transición. Fue una época luminosa para la política española, una edad de oro de la política española. Yo veía a los políticos en televisión, en los setenta y en los ochenta, los gobiernos de Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González… los veía como gigantes. Y viendo aquellos debates en televisión yo decidí hacerme político. La Transición la hicieron los españoles comunes. Siempre he dicho que la Transición la hicieron entre Adolfo Suárez, el rey Juan Carlos y mi padre y mi madre. Y mi generación, precisamente, no era entonces ni lo bastante mayor como para participar de la política de la Transición ni lo bastante joven como para considerarse nacida después de la Transición. Somos los adolescentes de la Transición, de los que nadie habla. Y como nos quedamos fuera de la foto nadie nos ha vuelto a incluir desde entonces. Si se mira a los políticos de ahora todos son o de antes del 50 de después del setenta y muchos. Pero en literatura también. A la generación de novelistas de los 50 les han sustituido los del 75 y más jóvenes. Yo creo que a la generación de los sesenta y principios de los setenta nos ha pasado en todo.

El Gobierno de hoy de España es hijo del tiempo que vivimos. Y desconcierta. Y se encuentra desconcertado, tanto como los propios ciudadanos

P. Precisamente parte de esos niños de la Transición son los que la llamaron Régimen del 78…

R. Sí, es normal. Los que lo vivimos lo valoramos. Los que eran niños o vinieron más tarde tienen un juicio crítico hacia el pasado. Y no debería ser de otra manera.

P. Se lo decía porque son estos niños los que gobiernan ahora con un partido que sí ha defendido siempre la Transición.

R. El Gobierno de hoy de España es hijo del tiempo que vivimos. Y desconcierta. Y se encuentra desconcertado, tanto como los propios ciudadanos. Reino Unido es presa del populismo, en Francia la única alternativa al presidente es la extrema derecha, en Italia los nuevos fascistas están a un paso de llegar al Gobierno y en España hay un ministro o más de uno que se consideran a sí mismos comunistas cuando en más de un país del Este de Europa los comunistas hicieron tanto daño como las nazis. Vivimos un tiempo confuso y de confusión en el que nada es seguro. El futuro en este momento es un bebé que balbucea, y ya veremos por dónde anda. Para los que nacimos en aquel mundo seguro y protector el futuro es una incógnita mayor.

P. ¿Cómo vivió la salida de Reino Unido en el Europarlamento?

R. Fue un día muy triste. Yo lloré. Tenemos que tener mucho cuidado para que no sea el principio del fin, porque ahora mismo si Reino Unido consigue que no le vaya del todo mal, como solo le hemos respondido con argumentos económicos y no políticos, va a parecer que tenían razón con el Brexit. Y nosotros si no somos capaces de volver a los principios fundamentales de por qué la Unión Europea existe y seguimos reduciéndola solo al mercado y no solo a su razón política de ser, también vamos a tener difícil justificar la continuidad del proyecto. Fue un día muy triste pero cuando ya iba a terminar espontáneamente empezamos a cantar una vieja canción escocesa, nos cogimos de la mano y por un instante volvimos a sentir la razón por la que somos europeos. Así que yo me quedo con eso. Fue un momento romántico y épico.

P. Por cierto, su ex jefe Mariano Rajoy ha vendido más de 60.000 ejemplares de su libro. ¿Aspira a superarle?

R. No, no. Yo escribo novelas y no libros de memorias ni de políticos. No aspiro tanto a vender como a que quien me lea le guste y me considere como escritor. Este no es el libro de un político que escribe, es el libro de un escritor que ha conseguido publicar su primera obra a los 55 años.

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