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Este escritor desconocido será la revelación de 2020: “Me siento como Bisbal en OT”

La editorial Penguin Random House decidió publicar la novela 'Todo esto existe', del arquitecto Íñigo Redondo, tras leer solo las cinco primeras páginas del manuscrito

Foto: Íñigo Redondo.
Íñigo Redondo.

Hace siete años por el mundo editorial corrió la noticia de que un autor desconocido había escrito una novela excepcional. Se trataba de 'Intemperie', de Jesús Carrasco. Fue publicada por Seix Barral, que realizó un muy buen trabajo de márketing, pero la novela también consiguió notables críticas. E incluso años después se rodó una película. En este comienzo de 2020 algo sucede desde su máximo rival, Penguin Random House, que publica la novela 'Todo esto existe', del desconocido Íñigo Redondo (Bilbao, 1975), un arquitecto que, como él mismo dice, “soy un outsider, no tengo contactos, no tengo ni agente”. Pero ya ha conseguido que su editorial la venda como esa novela “espectacular”, encontrada bajo un buen montón de manuscritos, que decidió publicar tras leer solo las cinco primeras páginas del texto y que pretende ser la revelación del año que comienza. Y eso no es fácil en un negocio en el que los nombres de los autores más vendedores están contados con los dedos de la mano.

'Todo esto existe'
'Todo esto existe'

Lo cierto es que 'Todo esto existe' goza de un inicio increíblemente sugerente: es la historia de un hombre, Alexei, en los inicios de la cuarentena, en plena crisis existencial y que vive en la Ucrania de la pre Perestroika, esos años ochenta en los que el régimen soviético estaba a punto de desmoronarse. Fue la editora Carme Riera la que dio con ella y decidió enseguida publicarla. Redondo, cuando se lo confirmaron, se quedó helado. “Ahora mismo me siento como David Bisbal en OT”, confiesa a El Confidencial mientras pide que le traten bien en la entrevista: “Es mi primera vez”.

Esta es de las historias que no suelen darse en el mercado editorial. Hasta la fecha, Redondo trabajaba en su estudio de arquitectura y como revela, “escribía para mí mismo, con esa actitud decimonónica de estar en tu casa en zapatillas escribiendo”. Había enviado algunos poemas y relatos a concursos, “y muy circunstancialmente sonaba la flauta y quedaba finalista, pero mi aproximación a todo esto ha sido totalmente extemporáneo”, afirma este escritor que se confiesa lector de autores como Beckett, Bernhard y Walser, “aunque realmente luego me pueden influir otras cosas, como un capítulo de Falcon Crest que viste de niño o incluso un programa de Sálvame”.

Tampoco había pisado nunca una escuela de escritores ni ningún taller en los que te enseñan cómo desarrollar un proyecto literario. De hecho, hace unas semanas, cuando su editorial ya le empezó a mover por saraos como el del 15 aniversario del sello Caballo de Troya conoció a otros tantos escritores y “vi que todos son profesores en escuelas de escritura, talleres de creación y yo me sentía como un marciano allí. Mi formación es como arquitecto. En la escuela sí aprendes procesos creativos, pero nada que ver con esto”.

Escribía para mí mismo, con esa actitud decimonónica de estar en tu casa en zapatillas escribiendo

La novela 'Todo esto existe', cuyo manuscrito tenía el título 'Asíntota' -”pero que no gustaba realmente a nadie”- empezó a fraguarse a finales de 2011. Para finales de 2012 realizó un viaje a Kiev con el fin de documentarse y para 2015 ya tenía, más o menos, una versión final. Comenzó entonces el arduo proceso de enviar el manuscrito a concursos y editoriales. Lo único que recibió fue el ‘no’ por respuesta.

Por el camino, además, se encontró con algunas de esas cosas algo menos honestas de esta industria, como la de los servicios editoriales. “Enviaba el manuscrito a algunos concursos y algunas editoriales me decían que le iban a dar el premio a fulano, pero que les interesaba mucho mi novela…Al imprimir bajo demanda lo que te ofertan es que les mandes la novela con el compromiso de que les vas a comprar cien ejemplares. Y mira, si me la quiero autoeditar me la autoedito pero no te pago a ti, no me hagas el lío. Ese tipo de maniobras son una forma encubierta de autoedición y yo me he batido mucho el cobre con esto”, comenta.

A lo mejor la envié a entre 60 y 80 editoriales y todas me fueron diciendo que no encajaba en el catálogo, que no reciben manuscritos...

Cuando creía que estaba todo perdido decidió pasarse un día por la Feria del Libro de Madrid. Hizo una foto al panel en el que aparecen todas las editoriales y las ordenó según su volumen de negocio y prestigio. “Las verdes eran las guays, las naranjas las medianas y las rojas las que menos me interesaban”, indica. Envió la novela a todas las verdes y naranjas y cuando estaba a punto de enviarla a las rojas, recibió la llamada de Penguin. “A lo mejor la envié a entre 60 y 80 editoriales y todas me fueron diciendo que no encajaba en el catálogo, que no reciben manuscritos no solicitados…”, cuenta. Es decir, la historia habitual. Hasta que algo cambió: “De repente, interesó. Me dijeron que me contestarían en los próximos seis meses y me llamaron a los tres días diciendo que adelante. Y desde ese momento estoy que no me lo creo”, sostiene.

Un relato ucraniano

El argumento de la novela tampoco parece muy usual para un autor español. Está ambientado en Ucrania y el protagonista es un maestro de una escuela que entabla una curiosa relación con una alumna adolescente. Pronto comienzan a aparecer los turbios problemas que sufre la chica en su casa. Caída a los infiernos, posibilidad de redención y todo mientras la propia órbita soviética se va yendo por el sumidero.

“Yo no tengo ninguna relación con Ucrania más allá del viaje que hice a Kiev para documentarme. Me interesaba este asunto de la Ucrania pre perestroika, esa sociedad como una fantasmagoría comunista que ya está como en retirada y cómo esa cosa de la crisis absoluta forma parte del metabolismo social, del metabolismo del propio país. Es la foto de algo que está desapareciendo”, cuenta acerca de la novela.

No obstante, sin haber vivido nunca allí, Redondo sí tiene recuerdos de lo que ocurría en esa zona del mundo durante su niñez. Todo lo que una generación vio por la tele: Chernobil, la caída del Muro, el fin de la URSS. “Por ejemplo, me he acordado de unos unos diagramas que explicaban la nube tóxica por toda Europa y que ponían por la tele”, comenta.

Yo no tengo ninguna relación con Ucrania, pero me interesaba este asunto de la Ucrania pre perestroika

Por supuesto, en todo el proceso de la edición, este escritor también descubrió cómo funcionan algunas cosas como el trabajo de editing. Las novelas prácticamente nunca llegan a las librerías tal y como el escritor las ha creado. “Cada vez que me llegaba el manuscrito estaba hipercurrado. Por ejemplo, me habían tachado cinco páginas seguidas y, en ese momento, sientes que no lo vas a aceptar, pero luego ves lo que te han mandado y entiendes por qué te han tachado esas cinco páginas…”, mantiene Redondo, que insiste en que, aunque “quiero creer que tiene que ver con la calidad de la novela”, ve su caso como “una cosa milagrosa. He tenido la suerte de que la persona adecuada se ha leído el texto en el momento adecuado, si en lugar de cogerlo Carme lo coge otra compañera que está en otra situación… Igual no hubiera pasado”.

Mil manuscritos

Y, ¿cómo ve alguien de fuera todo este negocio? A Redondo lo que más le ha sorprendido es que su caso “sea raro, ya que en principio los editores se dedican a esto”. Recuerda la conversación que tuvo “con un tío de una editorial pequeñita que me dijo en abril que ya había recibido mil manuscritos, que no le daba tiempo a leerlo y que se lo mandara a las grandes. En fin, si el libro tiene valor, los editores tienen que darse cuenta, pero claro, también es cierto que debemos ser miles de personas las que estamos dando la brasa todo el rato”.

Si el libro tiene valor, los editores tienen que darse cuenta, pero también es cierto que debemos ser miles de personas las que estamos dando la brasa

Tras la publicación de este libro, este arquitecto se muestra cauto ante una posible carrera literaria. “Vamos a ver qué pasa, no creo que esta novela me saque de pobre. De momento creo que puedo vivir del estudio de arquitectura, así que no estoy necesitado de entrar en el mercado literario. Ni conozco el mercado, ni sé lo que se escribe ahora, lo que está de moda, lo que está dejando de estar de moda… Veo que hay mucha cosa de autoficción, pero yo como no tengo necesidad de entrar en este mercado escribiré de lo que me apetezca”, sostiene. Eso sí, igual todo cambia a partir de ahora. “Sí, ya veremos qué pasa entonces”. Quizá no hay que olvidar su nombre ni su novela.

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