Entrevista

Pablo und Destruktion, el trovador asturiano más punk: "¿La oficialidá? Pa mí no ye"

El músico publica su nuevo álbum 'Futuros valores', en el que reivindica el amor, la amistad y su acento, pero no canta en asturiano "porque hay muchos intereses políticos"

Foto: Pablo und Destruktion. (EFE)
Pablo und Destruktion. (EFE)

“Vamos al Valle de los Caídos porque es paraje sin igual, que bien pasamos juntos los domingos, comer, pasear e hincharnos a follar”. Esta es parte de la letra de ‘Credo paisano’, el tercer 'track' de 'Valores futuros', el nuevo disco del asturiano Pablo García, es decir, Pablo und Destruktion, un trovador que con este álbum ya ha colocado seis en el mercado y se afianza en el panorama nacional. Vuelve también más asentado -"me he hecho mayor", canta en esta misma canción- menos apocalíptico, más esperanzado, más nostálgico, pero también sin que falte el humor. “Es esperanzador pero sin pijaditas. Con la ironía y humor negro pertinente que tiene a día de hoy tener esperanza, que parece una broma. Juego con un humor velado para ser capaz de imaginar cosas un poco mejor que las que tenemos, que hay un ambiente de apocalipsis generalizado, de fin de los tiempos, cuando lo que ha llegado es el fin del imperio americano”, resalta. Y, eso sí, a esperar, como diría Gramsci, a que lo nuevo acabe por llegar.

Es un disco esperanzador pero sin pijaditas. Con la ironía y humor negro pertinente que tiene a día de hoy tener esperanza, que parece una broma

Por eso en este disco, que como sucede en toda su discografía, tiene ecos de trovadores y cantautores como Paco Ibáñez o Chicho Sánchez Ferlosio, se permite desacralizar un buen puñado de historias y de mitos, como el de ese monumento del franquismo que tantos minutos de telediario ocupó en los últimos meses. “Esa canción la escribí durante la exhumación. Estaba harto de la nigromancia y de utilizar los fantasmas para conseguir puto poder todo el rato y engañar a la peña y despertar odios y enfrentar a la gente y prefiero asociar el valle de los caídos con un paraje sin igual y con ir los domingos a comer y a follar, y rebajar la intensidad”, sostiene, ya que, según él, “si tú quieres acabar con el maligno lo primero que tienes que hacer es dejar de llamarlo Belcebú y llamarlo piticlín. Porque si lo llamas piticlín lo metes en el 'bolsillu' y es más pequeño que tú y puedes con él, pero si lo llamas Belcebú es más grande que tú y te come”.

Rambal y los currelas de Cimadevilla

En las nueve canciones que destila el álbum, que ha vuelto a grabar con Humo Internacional, la casa con la que ya editó su primer disco, 'Sangrín', en 2012 - “porque coincido ideológicamente mogollón y son mis amigos, y a mí me importa mucho la amistad, que está por encima del componente económico”- hay un poco para todos, no solo para Franco y el electoralismo estratégico en el que se han instalado los partidos.

'Futuros valores'.
'Futuros valores'.

Para empezar, la segunda canción es ‘Gijón’, un himno a la ciudad que bebe directamente del ‘Amsterdam’, de Jacques Brel. “Él canta desde el presente pero ya no se pueden hacer canciones como Ámsterdam porque ya no existe ese mundo. Así que solo puedo hacer una versión desde mi piel y mi lugar y ver lo que ha ocurrido”, explica sobre esta letra que rezuma nostalgia de un mundo perdido donde trabajaban los marineros, las pescaderas y “otros currelas”. En ella hay un reivindicación de Rambal, el cantante transgénero que fue asesinado en el barrio de Cimadevilla en 1976 y cuyo crimen a día de hoy aún permanece impune. “Es una canción que critica al mito del progreso y crítica al adanismo, a ese todos hemos nacido hoy. En los 70 había gente como Rambal, que más que marica es un héroe porque es una persona valiente que mantiene sus convicciones pase lo que pase. Y eso es lo que caracteriza a los héroes. Para mí los militares, en algunas circunstancias, o maricas y cupletistas en otras, pero en ambos casos, es gente heroica”, manifiesta este músico que defiende su profesión como “el segundo oficio más antiguo de la humanidad y muy relacionado con el primero”.

Y eso le lleva también a hablar mucho del amor. Pablo und Destruktion se define como un trovador romántico, pero el de la canción de amor de verdad. “La canción romántica de mentira es horrible y es un atentado al amor, pero la de amor real en sus distintas formas, que incluye el amor romántico, a mí me parece de lo poco salvable de este valle de lágrimas. Y cuanto más haya mejor. En este contexto de que todo el mundo es malo, todo el mundo es perverso, son unos chungos, no existe el amor, no existe la bondad, la honra, mira que os den por culo”, mantiene. De ahí que canciones como 'La reyna' -”podría ser la reina o no, ahí está la gracia”- tenga una letra que, revestida de humor, “en realidad, es una canción de amor a una persona”.

El punk estaba equivocado

Hace ya unos cuantos años, antes de empaparse de terruño y de la música de trovadores como Joaquín Díaz y de bucear como él en composiciones del siglo XVII, XVI y XV, que trataban temas como el amor, la muerte o la vejez de una forma muy distinta “a la llegada de la revolución cultural que es la mercantilización absoluta de la música y de todo, en último lugar de nuestros cuerpos hasta el último centímetro, pero en primer lugar de nuestras almas”, Pablo und Destruktion estaba mucho más cercano al punk, y a letras mucho más rabiosas y oscuras. Pero ahora, según dice en Credo Paisano, “es el punk el que está equivocado”.

Pablo Und Destruktion. (Samuel Fonseca)
Pablo Und Destruktion. (Samuel Fonseca)

“Hay que equivocarse y para equivocarse hay que ser joven y para dejar de equivocarse hay que dejar de ser joven. Y esa canción va de eso. Otro de los mitos que me joden es el de la efebocracia y el mito a la juventud, que lo inauguró en nuestro contexto el nazismo y después la cultura del rock and roll y luego el punk y ahora la música urbana. La efebocracia, el culto a la juventud, la potencia y la pureza… mira, no cuela, porque hay muchas cosas que no se pueden hacer a los veinte años, no tienen las herramientas y porque además a mí ya no me llama, es un mito cutre y casposo”, argumenta.

¿Pero entonces Rosalía? “Es distinto, por eso es tan valiosa su figura y sí que consigue la cuadratura del círculo, pero claro, Rosalía hay una. Pero en todo el disco hay una reivindicación de que ya soy pureta y no tengo ninguna gana de fingirlo Y desaparecen ciertas cosas y aparecen otras nuevas y lo que aparece me mola más que lo que desaparece porque se supone que uno puede ir puliéndose y mejorando”.

Política y ‘acento asturiano’

Queda evidente que en Pablo und Destruktion hay una notable sintonía entre la música y la política. Todo el asunto del amor, la generosidad, la amistad no es mera cuestión de gusto estético. “Las carencias afectivas que hay ahora en el mundo son muy grandes. Hay otras cosas que están cubiertas pero hay mucha carencia afectiva, y en vez de dejarlo en el terreno de los afectos se lleva a terrenos políticos, económicos y demás y se transforman en monstruos. Estamos en una época un poco desalmada”, arguye.

Con el asturiano hay muchos intereses políticos por el medio y creo que no es el momento de meter más distinción

Pesa bastante también la ‘asturianidad’, que desparrama con ese acento con el que cuenta cómo fue el encuentro que tuvo hace un tiempo con el crítico gastronómico Anthony Bourdoin -de hecho, poco antes de que este muriera- para grabar un programa para la CNN dedicado a Asturias: “Me llamaron los de la CNN. Fueron pa Asturias y estuve con ellos mogollón de tiempo y grabamos en la cueva, Y les llevé al pueblo a comer arroz con pitu, que les dije, ‘esto es arroz con pitu de Caleya, pitu with rice’. Y Anthony Bourdoin, ‘ah, sí, sí’”.

Y sí reivindica su acento, con el que habla y canta porque “yo soy defensor a muerte del acento de las regiones, porque es el alma. La gramática es la carne, pero la carne se corrompe pero el alma no”, señala. Ahora bien, ahora mismo no cantaría en asturiano. “Con el asturiano hay muchos intereses políticos por el medio y creo que no es el momento de meter más distinción. El asturiano si se caracteriza por algo es por no ser distinguido y eso es una virtud”, ataja. ¿Y entonces la ‘oficialidá’? “Pa mí no ye”, zanja.

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