FUE RETRATADO POR WARHOL EN 1981

Berrocal, el matemático de la escultura: por fin le hacen caso al creador de los Goya

Uno de los escultores europeos más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, reaparece en una muestra en la Aduana de Málaga. Su fundación impulsa un museo con obra estable

Foto: Una reproducción del monumento a Picasso de Miguel Ortiz Berrocal en el almacén de su obra en Villanueva de Algaidas (Málaga). (Toñi Guerrero)
Una reproducción del monumento a Picasso de Miguel Ortiz Berrocal en el almacén de su obra en Villanueva de Algaidas (Málaga). (Toñi Guerrero)

— ¿Por qué me hablas de usted?

— Maestro, porque para mí usted es Dios.

— ¿Y tú le hablas de usted a Dios?

A Picasso no le gustaba recibir visitas en la Villa La Californie, su hogar de Cannes escondido entre un enjambre de cuestas y calles sin salida. Miguel Ortiz Berrocal tenía 23 años y era un pintor malagueño, amigo de Giacometti, que vivía en París con su pareja Ursula Ratner, divorciada de un estadounidense y al que ella llamaba "Miguelito". Ursula, una década mayor que el artista, quería ser pintora. Berrocal pasó el verano de 1956 en Cannes, junto a su pareja y el hijo de la berlinesa. Peregrinó a La Californie... pero ni siquiera le abrían la puerta.

Un día tomó su pasaporte español y lo tiró sorteando la verja, como si fuera una jabalina.

“Soy español y de Málaga”, dijo al mismo tiempo que el documento llegaba al suelo. ‘Dios’ Picasso le abrió su casa y pasaron un día juntos. Solo un día, pero Berrocal jamás olvidó ese encuentro que acabó viendo juntos, en pantalla grande, el documental 'El misterio de Picasso'. La anécdota se la recordaba con frecuencia a María Cristina Blais de Sajonia-Coburgo Gotha y Braganza, su viuda, con la que se casó en 1975.

Vista del taller de Miguel Berrocal en Villanueva de Algaidas. (Toñi Guerrero)
Vista del taller de Miguel Berrocal en Villanueva de Algaidas. (Toñi Guerrero)

Cristina de Braganza, como es conocida y se hace llamar, reivindica junto a sus hijos Carlos y Beltrán el legado de 550 esculturas de quien abandonó la pintura, tenía amplios conocimientos de Arquitectura (empezó esta carrera y Ciencias Exactas en Madrid) y se convirtió en uno de los escultores europeos más sobresalientes de la segunda mitad del siglo XX, retratado incluso por Andy Warhol en 1981 en su estudio The Factory.

Berrocal fue un trovador del vacío interior que conduce hacia el infinito. Un investigador permanente de la metamorfosis.

Contemporáneo y multidisciplinar

Falleció en mayo de 2006 y su formidable estudio/taller de Villanueva de Algaidas, su localidad natal, situada en el interior de la provincia de Málaga, a una hora en coche de la capital, está formado por un despliegue de obras, reproducciones y bocetos listos para los estudiosos. Buscan un espacio expositivo estable. Consta de 420.000 documentos de papel, 600 horas de películas, 5.000 diapositivas y una biblioteca de 5.000 libros de obras de arte.

Berrocal, de la añada del 33, es el escultor matemático, el estudioso de la mecánica de los elementos. Una obra con muchas capas conectada con la contemporaneidad y lo multidisciplinar. Sobre el artista pesa la influencia de los Maestros: siempre Picasso. También Dalí. O Goya. Porque él fue quien creó en 1987 la estatuilla de los Premios de la Academia del Cine.

El busto del pintor Francisco de Goya incluía una cámara cinematográfica. La estatuilla pesaba casi 15 kilos. La insignia se podría usar como pin

“Fabricado en bronce, era una escultura desmontable que combinaba el busto del pintor Francisco de Goya con una cámara cinematográfica. La estatuilla venía acompañada de una insignia de los Goya, que podía quitarse y usarse como pin. Pesaba casi 15 kilos”, explica la Academia sobre la estatuilla que se sustituyó en 1990 por su elevado peso.

La Academia no le comunicó a Berrocal que habían decidido sustituir la estatuilla. Él ya había decidido rebajarle el peso de la figura inspirada en el Goya de Mariano Benlliure y muy ‘berrocalizada’ en su interior. Fueron Carlos Saura, Román Gubern y Pere Portabella los quienes, en una tormenta de ideas con Berrocal, ocho años antes de los primeros premios y de fundar la Academia, decidieron que los galardones se llamarían Goya.

Un detalle del estudio de Miguel Berrocal en Villanueva de Algaidas. (Toñi Guerrero)
Un detalle del estudio de Miguel Berrocal en Villanueva de Algaidas. (Toñi Guerrero)

La institución presidida por Mariano Barroso había previsto una exposición en homenaje a Berrocal, pero se ha aplazado. Es otro más de los olvidos que sufre el escultor desde que se organizara en Madrid una exposición antológica de su obra en el Palacio de Velázquez en 1984.

En Andalucía acaba de inaugurarse en el Palacio de la Aduana, sede del Museo de Málaga, una muestra de una decena de esculturas, patrocinada por Fundación la Caixa, sobre los guerreros almogávares (tropas de la Corte de Aragón), que fueron la base de la exhibición madrileña. A principios de la década de los ochenta, Berrocal y Cristina encontraron en unas forjas en desuso del paraje de las Ardenas (sur de Bélgica) un grupo de 20 yunques de hierro macizo (de entre 300 y 400 kilos). Son contornos masculinos con armadura que se montan y desmontan entre 10 y 15 elementos.

Sin apoyos ni públicos ni privados

Esta muestra podría ser el embrión del museo que no llega y que impulsa la fundación que lleva el mismo nombre del escultor y ahora carece de medios. No cuenta con ningún patrocinio ni público ni privado. Los privados apoyarían a la fundación si primero hay un reconocimiento institucional. Y atrás quedó la Asociación del amigos de Miguel Berrocal que tras 25 años de actividad cerró tras no poder inaugurar un museo en Villanueva de Algaidas, tampoco en Málaga.

Ya a finales de los años sesenta le propusieron a Berrocal montar un museo en su ciudad… en el Palacio de Buenavista, que entonces era sede del Museo de Bellas Artes y ahora el hogar del Museo Picasso Málaga desde 2003. Envió diez esculturas que estuvieron depositadas en una casa particular y estuvieron a punto de ser subastadas tras un abandono inexplicable. Berrocal llamó al depósito Macarrón de Madrid e hizo retirar las piezas, enviadas a la Bienal de Sao Paulo de 1973. Málaga se quedó sin obras.

Pieza de guerreros almogávares en la exposición de Berrocal en la calle Larios de Málaga de 2006. (EFE)
Pieza de guerreros almogávares en la exposición de Berrocal en la calle Larios de Málaga de 2006. (EFE)

Enfadado por el trato, solo volvió a pisar Andalucía en tres ocasiones antes de su vuelta definitiva en 2005: para la inauguración del monumento a Picasso en 1977; en 1990 cuando lo nombraron Hijo Predilecto de Villanueva de Algaidas y en 1993 para recibir la Medalla de Oro de Andalucía. En el mismo acto de reconocimiento también le concedieron esta consideración institucional a Camarón de la Isla y a Curro Romero.

El último intento se produjo en 2012. El espacio del Cubo del Muelle Uno de Málaga, convertido ya en icono contemporáneo de la ciudad, iba a transformarse en un centro de culturas creativas dedicado para los más jóvenes que hubiera integrado también obra de Berrocal. Finalmente ese espacio privilegiado se convirtió en 2015 en el Centro Pompidou Málaga.

El artista volvió a Andalucía en 2004 junto a Cristina de Braganza, musa y cómplice de vida. Su abuelo era Carlos I de Portugal

El artista regresó a Andalucía en 2004 junto a Cristina de Braganza, musa y cómplice de vida. Cristina, de cabello largo, liso y blanco y gafas de color ilusión, tenía un abuelo que se llamaba Carlos, Carlos I de Portugal, el antepenúltimo monarca luso. Cuando asesinaron al rey y al príncipe heredero en 1908, María Pía de Sajonia-Coburgo Gotha y Braganza, la madre de Cristina, tenía un año. Luego el dictador Salazar ordenó su ingreso en prisión tras depositar un ramo de flores en el monumento situado en la plaza del Chiado de Lisboa, donde fue asesinado Carlos I.

El padrino de la madre de Cristina era el rey español Alfonso XIII. María Pía se casó con un militar italiano y Cristina ya nació en Roma. Su infancia y juventud cosmopolita está trufada de continuos viajes y lecturas.

Cristina de Braganza, en la inauguración de la exposición de los almogávares en el Museo de Málaga. (A. R)
Cristina de Braganza, en la inauguración de la exposición de los almogávares en el Museo de Málaga. (A. R)

Conoció a Berrocal en Roma en 1971, cuando ella tenía 25 años y él 38. Ella estaba intentando independizarse. Les presentó una coleccionista amiga de la madre de Cristina. Se quería marchar del cóctel, pero la amiga le dijo: “No te vayas, no te vayas, que te voy a presentar a Berrocal”. Le gustaba mucho la escultura (había asistido a un taller desde que tenía 11 años) y esculpía de modo académico. Cristina quería aprender a soldar.

— Vente a Verona, que te voy a enseñar.

Y Berrocal jamás le enseñó.

“Cuando nos conocimos trabajaba en un monumento y me ‘chantajeó’. Me dijo que no terminaría la obra si no me iba a vivir con él. Al final tuve que elegir. No podías compartir la vida y ser dos personajes. Esta es una de las cosas que ha cambiado ahora: el sacrificio de la mujer por el artista. No pude tener relación con Portugal porque se sufría la Dictadura de Salazar”.

"Un príncipe con suerte"

No se podía decir (más bien fue un acuerdo del matrimonio) que Berrocal se había casado con una Princesa. Cristina no quería convertirse en un personaje interesante para la prensa del corazón. “Yo elegí estar al lado de Miguel y ser súbdita del rey de España. Que un artista se casara con una princesa estaba muy mal visto. Yo le decía que él era un príncipe con suerte y se reía”.

Y en cualquier referencia a Cristina y Miguel conviene imaginarlos en Verona como príncipes apócrifos de la ciudad inevitable de Romeo y Julieta. Porque fue allí donde Berrocal desarrolló la mayor parte de su producción artística. Y ahora en Verona, donde llegó tras triunfar con una gran exposición en el Pabellón español de la Bienal de Venecia, no queda nada; apenas obras en colecciones particulares. Lo mismo ha ocurrido con otros artistas como Miró, Fontana o Eugenio Chicano (fallecido el pasado mes de noviembre, que vivió más de 20 años en la ciudad italiana, impulsor del pop-art en España, y primer director de la Fundación Picasso-Casa Natal de Málaga).

Una vista de Villa Rizzardi, hogar de Miguel Berrocal cerca de Verona.
Una vista de Villa Rizzardi, hogar de Miguel Berrocal cerca de Verona.

Verona, la ciudad que le atrajo para vivir por contar entre las fundiciones de bronces más importantes de Europa y también ser un sitio más barato que París, no ha sabido retener el patrimonio de estos Maestros. Y Berrocal no se puede entender sin la luz de Verona, su castillo/fortaleza de las afueras. Siempre buscaba vivir en un lugar lo más grande posible y apartado.

Villa Rizzardi es un palacete de 900 metros. Tiene tres pisos y unos jardines italianos de paraíso en medio de un paraje del Véneto conocido por sus excelentes viñedos. Con un teatro al aire libre con excelente acústica que aprovecha el declive del terreno. Situada en Negrar, a unos 10 kilómetros de Verona, Berrocal la alquiló a un precio irrisorio desde 1964 hasta que regresó a Villanueva de Algaidas. La villa ahora está muy demandada para la celebración de bodas.

Cuando Cristina se refiere a su marido pocas veces le llama Miguel. Habla de Berrocal. El artista al que es difícil encasillar

“Antes nadie quería ese tipo de casas tan enormes. Se pagaba sola y no valía mucho dinero. Teníamos un jardín a la italiana, precioso”, relata Cristina de Braganza. Busca el pasado con la mirada de los años bien vividos. Y cuando se refiere a su marido pocas veces le llama Miguel. Habla de Berrocal. El hombre, siempre con cigarrillo negro en la boca, el artista influenciado en su primera etapa por Chillida y Oteiza, y al que es difícil encasillar.

Fueron años de constantes encargos. De exposiciones en la amada Italia, en Alemania, en Estados Unidos. Y en España. La escultura que hay en la entrada de la Fundación March de Madrid; el espectacular ‘Citius Altius Fortius’ que le encargó de Juan Antonio Samaranch para la sede del COI (Comité Olímpico Internacional en Lausanne); varios trabajos para la Familia Real; ‘Manola’, en el Parque Ferial Juan Carlos I (Opus 397). También uno de Dalí (‘Dalirium tremens’) que estaba destinado para el Museo de Figueras y al final se quedó en suspenso…

Biblioteca de Miguel Berrocal en su estudio-taller de Villanueva de Algaidas. (Toñi Guerrero)
Biblioteca de Miguel Berrocal en su estudio-taller de Villanueva de Algaidas. (Toñi Guerrero)

El monumento a Picasso es una de sus obras más populares. En el estudio/taller de Verona ejecutó esta escultura de tres metros de alto y seis metros de largo que ha tenido múltiples variaciones. Antes de llegar la ciudad andaluza se expuso durante un par de meses en los Campos Elíseos de París.

Fue un encargo para el 90 cumpleaños del creador de ‘Guernica’. Ubicado en los antiguos jardines de la Aurora de Málaga, ahora denominado jardines de Picasso. Hasta el momento de su estreno fue su producción más grande. El Ayuntamiento malagueño costeó la obra. Él cedió sus ‘royalties’.

Rodin y el "viejo barbudo"

Siempre pensaba en el siguiente proyecto. "El arte de innovar", glosa la catedrática Rosario Camacho en un texto del Ateneo de Málaga. No se acomodaba en lo ya hecho y resuelto. Desafiaba lo desconocido.

— ¿Qué puedo hacer para que la gente se fije en la escultura antes de ser un viejo barbudo como Rodin?

La pregunta de Berrocal responde a la necesidad de rellenar el vacío, de encontrar las distintas posiciones de la escultura, de obras que por muy simples que puedan parecer son “ingenierizadas”, precisa el arquitecto Carlos Berrocal, hijo del autor (Verona, 1976). Y sus obras no se pueden concebir sin la importancia del taller, “el lugar donde las obras cobran vida. Todo empieza alrededor de una mesa y la tranquilidad del estudio”.

Detalles de obras de Miguel Berrocal en su estudio/taller de Villanueva de Algaidas. (Toñi Guerrero)
Detalles de obras de Miguel Berrocal en su estudio/taller de Villanueva de Algaidas. (Toñi Guerrero)

Cuando a Berrocal le venía una idea viajaban por su cabeza diez o más al mismo tiempo. Y es un clásico de su proceso creativo que ejecutara varias obras en paralelo. Y era metódico, muy ordenado. A cada idea nueva, abría un expediente y le otorgaba un número de Opus. Todo lo documentaba.

La fotocopiadora era la herramienta estrella del estudio, transformado en un santuario de la extensión de la mente del artista. Se encerraba con llave a trabajar. Para concentrarse escuchaba música de su discoteca particular. Coleccionaba música andalusí y villancicos. Y sonaba Radio Clásica de fondo.

Y se quedaba entusiasmado escuchando el disco homenaje a Velázquez que surgió a raíz de su escultura múltiple titulada ‘La Menina II’. Berrocal le pidió a Rafael Alberti que elaborara una introducción denominada ‘Casi malagueñas de La Menina II’. Y el disco contaba en una cara con la voz de Alberti recitando y la otra el cante por malagueñas de Enrique Morente, que por entonces tenía 24 años, acompañado en la guitarra por Curro de Jerez.

Frecuentó a Fellini y a Alberti en Roma. "Lo que le interesa es la metamorfosis, no el puzle estéril; no es un juego sin sentido"

Verona fue su cotidianidad, pero los viajes a Roma para ver a Alberti, exponer en sus galerías o almorzar con Federico Felllini se hicieron cada vez más frecuentes, como la visita en 1974 al director de ‘Amarcord’ en los estudios de Cinecittà al entregarla la pieza 'La Totoche' (La mujer gorda) (Opus 118).

Su primer contacto con la producción en serie y la matemática combinatoria llegó muy temprano, ya con 23 años. Empieza a definir su lenguaje, su léxico artístico. Utiliza todas las técnicas industriales del monumento y desarrolla su conocimiento tecnológico hasta ejecutar esculturas cada vez más complejas y que pueden ser transformables. Siempre con la intención de romper los cánones.

Berrocal y Fellini en los estudios de Cinecittà, en Roma, en 1974 (Fundación Berrocal).
Berrocal y Fellini en los estudios de Cinecittà, en Roma, en 1974 (Fundación Berrocal).

“Lo que le interesa es la metamorfosis, no el puzle estéril; no es un juego sin sentido. Basa sus realizaciones sobre temas clásicos: el torso y la figura humana en un momento en el que otros artistas elegían la abstracción”, recalca Carlos Berrocal mientras enseña una colección de la ‘Enciclopedia’. Lector voraz, el artista hablaba poco de su obra. Prefería que escritores elaboraran los prólogos de sus exposiciones como las de la escultura ‘El caballo casi naide’, un texto inédito y divertido de Camilo José Cela de 1979. Los libros de Berrocal se integran en su obra, no son capítulos anexos fuera de contexto. Introducen parte de su proceso creativo.

Una muestra del valor de su obra. Para elaborar una escultura como ‘Torero’ (homenaje al ‘Niño de la Palma’, el padre de Antonio Ordóñez, Opus 116 y fechada en 1972) hacían faltan cuatro moldes y ocho meses para acabarla. Cada molde valía 250.000 euros, sin contar las 30 toneladas de metal, el trabajo del artista, fotografías, maquetación e impresión.

El concepto de la multiplicación nace por la difusión del mensaje, eje básico de Berrocal que radiografía en sus memorias, inéditas. Escribió 800 páginas

La multiplicidad es uno de los afluentes creativos del escultor. Solo multiplicaba sus mejores obras. El concepto de la multiplicación nace por la difusión del mensaje, ese es el punto principal, el eje básico de Berrocal que radiografía en sus memorias, inéditas. Escribió 800 páginas y en la poda se quedó en 450 páginas. “Son como un autoanálisis”, define su viuda.

El artista ha sido penalizado por el mercad. Los marchantes preferían vender una obra de Berrocal de 30.000 dólares que no 1.000 obras de 30 dólares. No querían hacer el esfuerzo de la difusión. El artista ejecutó esculturas de formato pequeño para poderlas manipular y utilizó unas técnicas reservadas a la industria de la alta precisión.

Detalle de la obra 'La Totoche' de Berrocal en homenaje a Fellini. (Fundación Berrocal)
Detalle de la obra 'La Totoche' de Berrocal en homenaje a Fellini. (Fundación Berrocal)

Siempre fue a su aire y no se doblegó a lo que le exigía el mercado. Se fijaba en el arquetipo y “multiplicaba su genio para la gente”. Le acusaban de ser comercial, “criticando una acción que solo ha hecho sobre el 10% de la producción”, cuenta Cristina de Braganza, que recuerda que la multiplicación del arte se remonta al alfabeto griego y llega hasta las impresoras 3D.

Reina Sofía, Pompidou o MoMA

El universo Berrocal, subraya tanto Cristina, como Carlos y Beltrán, su otro hijo (Verona, 1978) y diseñador industrial, se merecería una exposición, trabajándola al menos con un lustro de tiempo, en el Reina Sofía o por qué no en el Pompidou de París o en el MoMA de Nueva York. “Ahora que su obra está concluida, todo está preparado”, cuenta Carlos Berrocal.

Miguel Ortiz Berrocal, un artista inclasificable que no se puede conocer solo por tres obras. Se trata de un escultor de múltiples rostros, de propuesta continua. El soñador en bronce que le hablaba de usted a Dios.

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