DAÑADA DE MANERA IRREVERSIBLE

La Capilla Sixtina del Sáhara, la cueva del desierto llena de personas nadando

En los primeros años del siglo XX, esta increíble cueva fue descubierta en mitad del desierto, pero realmente saltó a la fama después de aparecer en 'El paciente inglés'

Foto: La Capilla Sixtina del Sáhara, la cueva del desierto llena de personas nadando. (CC/Wikimedia Commons)
La Capilla Sixtina del Sáhara, la cueva del desierto llena de personas nadando. (CC/Wikimedia Commons)

Corría el año 1933 cuando el explorador húngaro Lázsló Almásy se encontró con algo completamente inesperado: en mitad del macizo montañoso de Gilf Kebir, en Egipto, surgía lo que parecía ser la entrada de una extraña cueva. Antorcha en mano, decidió entrar en su interior para ver qué secretos podía esconder, encontrando algo único: en mitad del Sáhara, aparecían pinturas rupestres... ¡de personas nadando! ¿Agua en el lugar más seco del planeta? ¿Era posible?

Aquel increíble lugar pronto pasó a ser conocido como la Cueva de los Nadadores, en honor de aquellos impresionantes dibujos. Datados en algo más de 10.000 años de antigüedad, estos increíbles dibujos estaban realizados en color rojo y se encontraban en perfectas condiciones de conservación, lo que le valió el apodo de la 'Capilla Sixtina del Sáhara'. Un lugar increíble y que quedó en el más absoluto olvido durante muchos siglos hasta que fue redescubierto.

Pero su gran explosión llegó en 1996. ¿El motivo? Una réplica de la cueva apareció en la película de 'El paciente inglés', lo que pronto provocó que se convirtiera en un lugar turístico por excelencia. Hasta entonces, los visitantes llegaban a la zona de manera residual, pero tras la película el número de gente que quiso conocer la zona se multiplicó. Pero como pasa la mayoría de las veces, los seres humanos no solo no respetamos las joyas de nuestro pasado, sino que nos encargamos de estropearlas.

Las autoridades se vieron obligadas a tomar medidas después de encontrar partes que fueron arrancadas con las manos o, incluso, dañadas con firmas hechas con rotuladores. Pero la práctica más habitual de los visitantes era echar agua de sus botellas sobre las paredes para dar 'contexto' a los nadadores y realizar una fotografía de bella factura con alto contraste. Evidentemente, esta situación agrietaba las paredes y dañaba los pigmentos de las pinturas rupestres.

Pero durante muchos años, una duda estuvo presente: ¿por qué los habitantes de la zona de hace 10.000 años se afanaron en pintar a personas nadando cuando el Sáhara es, posiblemente, el punto más seco del planeta? Los expertos aseguraron que la presencia entre estas pinturas de animales como las jirafas, los antílopes o los orix indican que, en el momento de ser pintadas, la zona podía tratarse de un gran oasis en el que existiera un lago en el que bañarse.

La respuesta llegó en 2007, cuando el geomorfólogo Eman Ghoneim consiguió dar con la clave, al encontrar un inmenso lago de 30.000 kilómetros cuadrados bajo las arenas del Sáhara en Darfur (Sudán). Pese a encontrarse a 1.000 kilómetros de distancia de Gilf Kebir, asegura que es la demostración de que un día hubo agua en aquel sistema montañoso y que el cambio climático es el que terminó por secarlo para dejar sus 'restos' bajo tierra muchos kilómetros tierra adentro.

Otros expertos apuntan a que las pinturas podrían ir más allá de ser simples nadadores y podrían tener un sentido más simbólico. Es el caso del etnólogo alemán Hans Rhotert, quien afirma que podrían estar representado las almas de personas fallecidas que se encuentran flotando en las aguas de Nun, la deificación del abismo acuático en el Antiguo Egipto. Sin duda, una de las grandes joyas de nuestra historia que, por desgracia, nos encargamos de dañar sin contemplaciones.

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