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'1994', la gran serie italiana que enseña el camino de la decadencia política a España

Esta serie, emitida ahora en Movistar, retrata la crisis política de Italia a comienzos de los noventa, cómo desaparecieron los partidos hegemónicos y surgieron los populistas

Foto: Cartel de '1994'
Cartel de '1994'

Crisis de gobierno constantes, millones de votos que salen volando de un partido para ir a parar al partido de al lado, proliferación de nuevos partidos que se van como han venido, tipos con pinta de vendedores de crecepelo subidos a una montaña rusa de éxitos fulminantes y fracasos aún más fulminantes, transformismo político generalizado, desenganche social de las instituciones políticas, el oportunismo entendido como una de las bellas artes y, sobre todo, el malestar social como una característica permanente del modelo político.

Quizá algunos de estos síntomas le remitan a la situación actual del estado español tras la última, por ahora, repetición electoral. Lo cierto es que no hay motivo alguno para llevarse las manos a la cabeza, España en esto ni es diferente ni ha llegado a ningún punto novedoso. Italia fue el laboratorio de eso que en lenguaje técnico se llama "crisis de la representación" y que después de la crisis económica de 2009 y la política de 2011 se ha instalado en la piel de toro con bastantes perspectivas de quedarse un buen tiempo.

Tangentopoli no se debió a un rasgo de la "personalidad" italiana, sino a una primera aparición de un tipo de solución a las crisis

Como sucedió en España con la burbuja inmobiliaria, el paso del tiempo ha dejado claro que el caos político que vivió el país tras la operación judicial 'mani pulite' que sacó a la luz un gigantesco sistema de sobornos entre las grandes empresas del norte industrial y la clase política romana no era un síntoma de anormalidad sino el laboratorio de tendencias que veríamos en medio mundo. La crisis de Tangentopoli no se debió a un rasgo de la "personalidad" italiana, a su gusto por lo alambicado y barroco, sino a una primera aparición de un tipo de solución a las crisis políticas que pasa por una reinvención constante de líderes y partidos bajo la que se camufla una misma estructura de poder que suele pasar desapercibida entre el estruendo de los movimientos tácticos y giros espectaculares de guión.

Llevando el ascua a la sardina de la política española, podríamos decir que el ejemplo italiano nos enseña que algo como las innumerables repeticiones electorales de estos últimos años, lejos de ser una forma aberrante del modelo, son la única posibilidad de supervivencia de un sistema de partidos que se enfrenta antes a la indiferencia y el desprecio que a la oposición activa de la ciudadanía.

Imagen de '1994'
Imagen de '1994'

Hasta hace un par de años, adentrarse en las complejidades del modelo italiano para entender algo mejor el resto del mundo suponía convertirse en una mezcla entre un egiptólogo descifrador de jeroglíficos y un detective privado con acceso a los micrófonos secretos instalados en la oficina del primer ministro en el Quirinale.

Hoy tenemos la suerte de tener una serie italiana, que comenzó llamándose ‘1992’, su segunda temporada ‘1993’, y su tercera temporada que se emite ahora en Movistar, ‘1994’. La serie resume el caótico comienzo de los noventa italianos, a través de unos personajes que, aunque tienen una clara tendencia a ser clichés sociales, no dejan de desarrollarse en una trama dramática bien construida. A la manera de la mejor novela negra, las tramas de intriga y suspense solo tienen sentido como apéndices de juegos de poder e intereses de mucho mayor calado.

Tangentopoli, la ciudad de los sobornos

La trama central de la serie se sitúa a partir de la detención en febrero de 1992 de Mario Chiesa, un parlamentario del Partido Socialista Italiano, por orden del magistrado Antonio Di Pietro de Milán, con cargos de aceptar un soborno de una empresa de limpieza. En su declaración, Chiesa implica a políticos de todos los partidos de gobierno en Italia en una gigantesca trama de sobornos sistemáticos de grandes empresas. Es el evento fundacional de la operación Mani Pulite (manos limpias). A partir de ahí, y con el equipo del juez Di Pietro, que en Italia es también fiscal, en el centro de la narración de la primera temporada, las investigaciones van cogiendo cada vez más escala y envergadura, y los imputados cada vez más rango: Tangentopoli, la ciudad de los sobornos se va haciendo visible.

El proceso relacionado con la gigantesca fusión de empresas públicas y privadas que dio lugar al conglomerado químico Enimont, terminó con media clase política italiana con condenas por recibir sobornos, a la cabeza, Bettino Craxi, el primer ministro del PSI en aquel momento. Craxi en su declaración no sólo admitió y extendió los hechos imputados, sino que sostuvo que este era el funcionamiento habitual del sistema político italiano desde la segunda guerra mundial.

En términos políticos es habitual que los casos de corrupción política terminen siendo saldados únicamente con responsabilidades individuales, las ya famosas "manzanas podridas": cuadros medios de los partidos que han abusado de la confianza que en ellos depositaron sus organizaciones, normalmente para favorecer a esas mismas organizaciones. El caso de Italia desde el inicio se presentó como un juicio a las organizaciones políticas que habían dado vida a la primera república italiana, muy especialmente, la Democracia Cristiana, que estuvo cuarenta años a cargo del gobierno, en distintas coaliciones, y que simplemente se fundía con el estado hasta hacerlos casi indistinguibles. El Partido Socialista Italiano desapareció casi a la misma velocidad que la Democracia Cristiana.

El Partido Comunista Italiano fue el otro gran protagonista de esta historia. El eterno aspirante a tomar el poder político en Italia desde el final de la segunda guerra mundial, se hizo célebre por el famoso "compromiso histórico" en el que asumía una posición de contención, a pesar de ser mayoritario, por las órdenes de Moscú de mantener los equilibrios de la guerra fría en Europa. Los dirigentes del PCI de esa época Togliatti o Berlinguer están, sin duda, en el Hall Of Fame de la integración del comunismo en los estados capitalistas occidentales. El PCI se convirtió en la fuerza hegemónica desde el punto de vista cultural y social mientras el aparato de estado quedaba controlado por la democracia cristiana.

El PCI gobernaba en distintas ciudades y regiones, cosa que le valió para estar implicado en esos niveles en la trama de Tangentopoli. Pero fue el único de los antiguos partidos que sobrevivió a la primera oleada de encausamientos, y, con el nombre cambiado, era el claro favorito para ganar las elecciones de 1994. Cuando todo parecía sonreír al fin al partido comunista, Berlusconi ganó las elecciones, algo absolutamente inexplicable para las elites culturales del PCI y que, en lo que luego sería un clásico de las justificaciones progres, valió para que se echara la culpa de todo a la ignorancia de los votantes de Berlusconi antes de para intentar comprender y asimilar lo sucedido. La evolución del PCI con distintos nombres bajo la batuta del fontanero mayor de la primera y la segunda república italiana, Massimo D'alema, figura bien representada en '1992' y '1993', terminó por destrozar la organización comunista y su legado a fuerza de pasilleo y cortesanismo.

El publicista vendido

Leonardo Notte, interpretado por el actor y creador de la serie, Stefano Accorsi, es el personaje central sobre el que pivota la trama y que sostiene sobre sus hombros buena parte de la explicación de lo que fueron aquellos años según los guionistas de la serie. Notte, tras una intensa militancia juvenil en la autonomía obrera italiana, rama del movimiento obrero desgajada del PCI, se reinventa como publicista de éxito en la Publitalia del entonces magnate emergente de los medios de comunicación, Silvio Berlusconi. Antes, en un giro edípico clásico, su padre, alto cargo del Partido Comunista Italiano, el enemigo histórico de la Autonomía Obrera Italiana, tiene que sacarle de una condena segura tirando de influencia y contactos. Este será el último contacto amistoso de Notte con la izquierda. Desde ese momento, el ex revolucionario estará contra todo lo que defendía de joven, usando todo lo que aprendió en esos mismos años.

Leonardo Notte comparte algunos rasgos con un personaje ya estereotípico, el militante desencantado tras revueltas del 68

Leonardo Notte comparte algunos rasgos con un personaje ya estereotípico, el militante desencantado tras revueltas del 68 que, en su renuncia, salta por encima del mainstream centrista para convertirse en un furioso defensor de posiciones radicales neoliberales o neocon. Por otro, plantea cuestiones propiamente italianas. Una de las cosas que más sorprenden al observador externo cuando se acerca a la política italiana de aquellos años es no ver por ninguna parte la potente escena de los Centros Sociales Okupados que en los años setenta y ochenta no paró de crecer en Italia. Leonardo Notte es en parte la respuesta a esa pregunta, tal y como viene representado en la primera temporada, esta escena política alternativa sirvió como escuela de cuadros políticos que salieron de ese ámbito para ser fundamentales en la construcción de un nuevo régimen diametralmente opuesto a sus principios pero que, sin duda, dinamitaba el antiguo orden.

Leonardo Notte es el inventor de la figura de Silvio Berlusconi. Una invención de cierto calado que hoy está quizá más en auge que en la Italia de 1992. Un líder político es un producto publicitario sin partido y sin organización, elementos que lastran la construcción del personaje. El líder mediático establece de forma directa, y sin necesidad de programa político definido, un vínculo afectivo y emocional con sus votantes. El partido se construye como una simple camarilla de arribistas en torno al líder carismático. Con estos principios, Berlusconi, siendo como era un producto del modelo Tangentopoli, logró aparecer como alguien completamente desvinculado de sus organizaciones y estructuras políticas. Algo que seguro que nos recuerda algunos casos de hiperliderazgo prominentes en la España actual.

El Guerrero cooptado

Pietro Bosco es el otro personaje central sobre el que se construye la trama de la serie. Parado estructural y con una familia desestructurada y pobre, Pietro se alista en el ejército y es enviado a la guerra de Irak. A su vuelta se encuentra con el mismo panorama de exclusión social que dejó, hasta que interviene en un atraco callejero salvando a uno de los fundadores de la Liga Norte, que inmediatamente le recluta para el nuevo partido. Bosco tiene todo lo que la entonces emergente Liga necesita para marcar un espacio político de "outsiders": fuerza bruta, antiintelectualismo, resentimiento. Bosco sale elegido diputado y marcha a Roma junto con toda la caterva de hooligans leguistas.

La Liga Norte, hoy el partido más antiguo de los que quedan en Italia, es el contrapunto al ascenso de Berlusconi. Donde el Cavaliere se presentaba como un seductor de medio pelo vestido de lino blanco y cantando baladones napolitanos en un velero en el Adriático en prime time, La Liga Norte irrumpía a gritos en la escena política con todo lujo de gestos violentos. Si Berlusconi era el padre amable que hacía la vista gorda con los pecadillos venales de los italianos a cambio del mismo trato para él, la Liga Norte era el señalamiento de los italianos del sur como vagos redomados a los que había que subsidiar y la burocracia gubernamental romana como cómplices necesarios del "laborioso" y honrado norte de italia. Es un guion conocido: una antigua región prospera se resiste a aceptar su decadencia económica y lanza un doble o nada separatista acusando al gobierno central y las regiones deficitarias de arruinar la región. En este caso una región inventada exclusivamente para fines xenófobos: la Padania.

La Liga Norte, hoy el partido más antiguo de los que quedan en Italia, es el contrapunto al ascenso de Berlusconi

Las dos perspectivas no tardaron en hibridarse y personajes actuales como Francesco Salvini son deudores de ambas, oportunismo extremo, venalidad tolerada y capitalización del odio y el resentimiento, que ya no se proyecta contra los terroni del sur de Italia, sino contra los migrantes y solicitantes de asilo que atraviesan el Mediterráneo. A pesar de esta confluencia, Pietro Bosco es de alguna manera, el antagonista cultural de Leonardo Notte. Frente a la sofisticación y el cinismo de uno la tosquedad y la fuerza del otro. Aun así, ‘1992’ y ‘1993’ nos cuentan como no solo de gestos de rechazo de lo político instituido se puede vivir, la evolución de Pietro Bosco desde su llegada a Roma es una historia de aprendizaje de los peores vicios de la política italiana y de la fuerza de las instituciones para transformar a quienes llegan a ellas por primera vez pensando que ya han ganado.

Una sociedad decadente

Salvo en la representación de las mujeres dentro de ese maremágnum político, un tanto de trazo grueso y reducida a figuras totalmente dependientes del poder de los hombres como la aspirante a Showgirl televisiva sin escrúpulos, Veronica Castello, o la rica heredera, Bibi Mainaghi, hija de uno de los implicados en el escándalo Enimont en fase de negación contracultural, ‘1992’ y ‘1993’ son una afinadísima representación de una Italia en decadencia. Lo más evidente es la decadencia de la clase política, pero por detrás late una crisis muchísimo más profunda de la Italia que fue gran ejemplo del milagro económico y social de la posguerra europea. Un país donde apenas quedan elementos de dinamismo económico y potencia social y que necesita del clientelismo y la venalidad del poder político para poder mantenerse a flote. Hace años, durante la larga burbuja inmobiliaria española, España podía mirar por encima del hombro la crisis política y económica permanente italiana. Ya no.

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