EL HUNDIMIENTO DEL PRÍNCIPE DE ASTURIAS

La historia del Titanic español: el enigma de la joya de la marina mercante nacional

Considerado como uno de los grandes barcos de nuestra historia, este transatlántico no llegó nunca a Buenos Aires, especulándose mucho con el motivo que le llevó a hundirse

Foto: La historia del 'Titanic español': el enigma de la joya de la marina mercante nacional. (CC/Wikimedia Commons)
La historia del 'Titanic español': el enigma de la joya de la marina mercante nacional. (CC/Wikimedia Commons)

Si pensamos en el mayor accidente marítimo de todos los tiempos, rápidamente a todos nos viene una misma palabra a la cabeza: Titanic. Pero precisamente aquel naufragio dejó en el olvido otro muy similar que se produjo solo cuatro años después y con absoluto sabor español: el del 'Príncipe de Asturias'. Una de las más grandes y desconocidas tragedias de España que, a día de hoy, sigue albergando un gran misterio: ¿por qué se fue al fondo del mar?

El caso del 'Príncipe de Asturias' guarda muchas similitudes con el propio Titanic. El primero, y más evidente, es que ambas embarcaciones fueron construidos en Reino Unido. La nave española, propiedad de la Naviera Pinillos, fue diseñada en los astilleros Kingston, en Glasgow (Escocia), siendo botada el 30 de abril de 1914. Con 146 metros de eslora y 18 de manga, se trataba de un monumental transatlántico plagado de lujos construido con la intención de ser el buque insignia de la marina mercante española.

Como ocurría en la época, la embarcación estaba pensada para tres clases de billetes diferentes, destacando como no podía ser de otra manera las comodidades de los más pudientes: contaba con impresionantes salones de baile, salas para fumadores, bibliotecas variadas y camarotes con baño propio. Su principal novedad radicaba en que todos los espacios de primera clase estaban lujosamente iluminados con luz eléctrica: no en vano, el pasaje costaba 3.000 pesetas de la época más impuestos.

Sin embargo, el 17 de febrero de 1916 su historia iba a cambiar para siempre. Aquel día daba comienzo a su último viaje, partiendo del puerto de Barcelona en dirección a Buenos Aires (Argentina).

José Lotina, capitán del barco. (CC)
José Lotina, capitán del barco. (CC)

Capitaneado por José Lotina Abrisqueta, contaba con más de 600 personas en su interior, además de un importante cargamento: más de 40.000 libras esterlinas de la época en lingotes de oro (casi 1 millón de euros de la actualidad), diamantes asegurado por valor de 18.000 libras (unos 450.000 euros), un Renault 35 HP, varios monumentos para la población española en Argentina y tres arcones con antigüedades para el Museo de Arte de Denver.

Todo el viaje transcurrió con absoluta normalidad, hasta el 4 de marzo. En las últimas horas de aquel día, sábado, la embarcación tenía que atracar en el puerto de Santos (Brasil). La noche estaba cerrada y plagada de niebla, pero la visibilidad se complicaba aún más por culpa de la gran tormenta que arreciaba. Tras hacer un primer intento, no lo consiguió, por lo que decidió alejarse y volver a intentarlo unas horas más tarde, con la situación climatológica más calmada.

Pero no solo no se tranquilizó, sino que el 5 de marzo se complicó aún más, con la mar picada y altas olas que complicaban las maniobras. Eran las 04:15 horas de la mañana cuando el capitán Abrisqueta descubrió había perdido la ubicación por unos instantes y que la cercanía del barco con la costa era realmente peligrosa: trató de maniobrar para evitar el impacto contra los acantilados, y lo consiguió... pero no pudo apreciar que bajo el caso del 'Príncipe de Asturias' se encontraban los arrecifes de Punta Pirabura.

Un impacto inminente

El casco del barco impactó irremediablemente contra sus rocas, provocando una brecha de alrededor de 20 metros. Como en el caso del Titanic, la nave contaba con compartimentos estancos para, en casos como este, evitar que se hundiera antes de llegar a puerto o, en el peor de los casos, de que sus ocupantes pudieran ser rescatados por otro barco... pero la fortuna no estaba de su lado. El impacto se produjo en la sala de máquinas, dando lugar a una monumental explosión que hizo que se hundiera en poco más de 10 minutos.

La cercanía de las rocas y el mar embravecido provocó que fallecieran 457 personas en el hundimiento del 'Príncipe de Asturias', salvándose un porcentaje muy bajo de los ocupantes del barco. Pero el misterio llegó solo unos meses después: cuando las autoridades consiguieron llegar al fondo del mar y encontrar la embarcación, se dieron cuenta de algo: ni el oro ni las joyas aparecieron en las bodegas de la nave. ¿Quién las había hecho desaparecer?

Los conspiranoicos hablaron de teorías como que huían de un barco 'pirata' o, que un submarino alemán se encargó de hundirlo o, incluso, que la propia naviera es la que decidió hundirlo para cobrar el alto importe del seguro. Sea como fuere, estas teorías se alimentaron porque en sus bodegas apareció absolutamente toda la carga, a excepción de ese oro y los diamantes de elevado valor, que se perdieron para siempre en el olvido.

Lo cierto es que es misterio nunca se resolvió y el hundimiento del vapor 'Valbanera' solo tres años después -la mayor tragedia marítima de la historia de España, con 488 muertos- lo dejó absolutamente en el olvido. Así quedó sepultada para siempre la historia del 'Titanic español', una de las grandes joyas que un día surcó los mares de medio mundo pero que acabó de la manera más trágica posible antes de llegar a su destino.

Cultura

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios

Lo más leído