¿A dedo o concurso?

Susto o muerte: por qué elegimos tan mal a los gestores culturales públicos

Los últimos nombramientos de directores de los teatros públicos de Madrid han desatado la polémica, pero la controversia con los cargos de gestión cultural alcanza a todos los partidos

Foto: Andrea Levy, Natalia Menéndez, nueva directora del Español y el Matadero, y José Luis Martínez Almeida
Andrea Levy, Natalia Menéndez, nueva directora del Español y el Matadero, y José Luis Martínez Almeida

En la película 'Recuerdos' (1980), Woody Allen hacía su particular reflexión sobre la aplicación del sistema democrático: "El mejor régimen para un país es una democracia, aunque el que tenemos en Estados Unidos no está mal del todo". El chiste, con los años, no ha perdido su vigencia -lo que es una de las mejores virtudes del cineasta. Sólo hay que echar un vistazo a lo sucedido en la última semana en el área de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, en manos de Andrea Levy (PP), en relación con la dirección de los teatros municipales. Un cese fulminante, el de Isla Aguilar y Miguel Oyarzun al frente del centro cultural Conde-Duque, elegidos por concurso durante la administración de Manuela Carmena y sustituidos por Natalia Álvarez Simó, que a su vez había sido despedida hace menos de un mes por la consejera de Cultura de la Comunidad de Madrid, Marta Rivera de la Cruz (Ciudadanos), como directora de los Teatros del Canal para colocar en su lugar y bajo designación directa, a Blanca Li.

A estos cambios se han sumado los que Levy ya había realizado en septiembre en el teatro Español y Matadero al no renovar los contratos de sus anteriores directores, Carme Portaceli y Mateo Feijoo, respectivamente -elegidos también en época de Carmena de manera concursal-, y elegir directamente a Natalia Menéndez como nueva directora de ambos centros. En definitiva, una semana en la que no se ha dejado de hablar de “dedazos”, injerencias políticas y de faltar al sistema democrático de los concursos públicos.

La fragilidad que vive nuestro sector se debe en gran medida a la injerencia política que imposibilita los proyectos culturales

Desde el área de Cultura del consistorio madrileño defienden sus actuaciones. Para empezar consideran que el caso de Aguilar y Oyarzun ha sido el único cese -el resto han sido no renovaciones de contrato- y que se debe a una situación de “ansiedad y estrés” en la plantilla de los trabajadores del Conde-Duque. Según revelan a El Confidencial, si bien las actividades en 2017 fueron 387, en 2019, cuando tanto Aguilar como Oyarzun ya se encargaban de la dirección -llegaron a finales de 2017-, estas habían aumentado a 669. Casi el doble. “Esto da idea de cómo estaba la plantilla. Extenuada”, afirman desde Cultura, que también aportan el informe psicolaboral realizado a los trabajadores en febrero de este año, y en el que aunque no se acredita acoso laboral sí se habla de “situación de conflicto recurrente” y de “estrés, incertidumbre y tensión” entre los trabajadores. Asimismo en Cultura destacan que mientras que la afluencia de público en 2017 era de 194.301 espectadores, dos años después se ha quedado en 130.112.

Por supuesto, tanto Aguilar como Oyarzun han negado la mayor indicando que “nos encontramos con algunos trabajadores que nos acusaron de extralimitarnos en nuestras funciones simplemente por el hecho de dirigirnos a ellos. La sucesión de bajas empezaron a escasos dos meses de nuestra toma de posesión, cuando aún ni siquiera habíamos empezado a desarrollar nuestra programación. Los problemas laborales del equipo de Conde Duque eran previos a nuestra llegada, de lo que se deduce que en cualquier caso se deben a la mala gestión de Madrid Destino”.

Las Naves del Matadero de Madrid
Las Naves del Matadero de Madrid

Sin embargo, más allá de este conflicto laboral lo que sí que han querido dejar claro los directores es que hay algo que no funciona. Que algo huele mal en Dinamarca con este asunto de los cargos culturales públicos. “La fragilidad que vive nuestro sector se debe en gran medida a la injerencia política que imposibilita que los proyectos culturales y artísticos puedan crecer y desarrollarse”, afirmaban en un comunicado en el que añadían que “esta politización propagandística de la acción cultural en un signo inequívoco de una mirada antigua, tanto de las derechas como de las izquierdas”.

¿Falta cultura democrática?

¿Por qué no elegimos bien a nuestros gestores culturales públicos? ¿Por qué cuando se produce un cambio de gobierno se arrasa con cargos que no son realmente políticos para colocar a alguien con quien tenemos más feeling? ¿Vivimos en una democracia pero nos falta cultura democrática? Porque ahora ha sucedido con el PP de Levy -y con Ciudadanos en la Comunidad de Madrid- pero tampoco se olvida que la llegada de Ahora Madrid al consistorio madrileño en 2015 trajo consigo despidos como el de Juan Carlos Pérez de la Fuente, que era el director del Español, que tenía contrato en vigor y que había sido elegido por concurso público en la era de Ana Botella. El equipo de Manuela Carmena puso en marcha concursos públicos para elegir a nuevos directores de los teatros- de ahí salieron Portaceli, Feijoo, Aguilar y Oyarzún más el resto de directores de los diez centros que gestiona el ayuntamiento-, pero para ello tuvo que acabar con quienes estaban anteriormente en esos cargos. Así que: ¿dedo o concurso? ¿Susto o muerte? Woody Allen puede seguir disfrutando de la fiesta.

Se elogia mucho de los concursos públicos, pero estos también blindan al creador

En un principio la idea del concurso, por aquello de presentarse varios proyecto, suena bien. Pero tiene sus defectos. “Se habla mucho de los concursos públicos, pero estos también blindan al creador. Por ejemplo, estos chicos [Aguilar y Oyarzun] llegan y se encuentran con que no tienen plantilla suficiente para hacer su proyecto. Y luego, lo fácil del concurso es que te puedes lavar las manos, que es lo que hizo el gobierno de Carmena con este problema que tenían en el Conde Duque”, comentan desde el área de Cultura del ayuntamiento madrileño donde también critican que “hay que pensar cómo se montan los concursos, porque si tú eliges las personas que forman parte de la comisión que va a elegir el proyecto del nuevo director…”.

Efectivamente, mucha independencia no hay. Y no son pocos los que recuerdan cómo hace no hace muchos meses cambiaron también los directores de los teatros que dependen del Estado, mediante concurso público, y hubo polémica. Sobre todo con el caso de Lluís Homar, elegido para dirigir el Compañía Nacional de Teatro Clásico cuando no había dirigido un solo clásico en toda su trayectoria profesional. Y todo esto con el PSOE en el Gobierno. Pónganse en fila, porque en este farragoso asunto hay para todos los partidos políticos.

El Código de Buenas Prácticas

Precisamente un miembro del partido socialista que conoce bien este asunto de los concursos, las elecciones a dedo y todo lo que tiene que ver con la gestión cultural es César Antonio Molina. Cuando estuvo al frente del Ministerio de Cultura, en la era de Zapatero en 2009, sacó adelante el Código de Buenas Prácticas mediante el cual todos los directores de los museos e instituciones dependientes de Cultura debían ser nombrados por un tribunal internacional que valoraría sus currículos y proyectos eligiendo según su criterio al mejor. “Yo redacté esa ley, e hice que se aprobara, y aunque con bastante discrepancia dentro de mi propio gobierno, se aprobó”, comenta Molina a El Confidencial. De hecho, es un código que se mantiene -también lo mantuvo el PP de Mariano Rajoy- pero como afirma Molina, “los que han venido después han hecho con el código lo que les ha dado la realísima gana”. Es decir, la idea era buena, la puesta en práctica, un poco peor.

César Antonio Molina. (EFE)
César Antonio Molina. (EFE)

Para Molina, el problema que tenemos con la elección de este tipo de cargos, ya sea por concurso o dedo, se debe a que “nos falta educación. El problema de este país es la educación cívica, política, histórica, artística, musical. Y si ya falta el pilar esencial, imagínate todo lo demás”. El exministro reconoce que “un director no es un funcionario que gana un oposición. Todavía existen esos casos y eso es igual de malo que un concurso en el que no hay independencia. Hay gente que parece indefinida. Y hay cambiar para que las ilusionen renazcan”.

Otra defensora de los concursos públicos es la diputada de Más Madrid y portavoz de su área de Cultura, Jazmín Beirak. Según ella, las polémicas que siempre se suceden con los cargos culturales se deben a que “la política cultural se entiende como si fuera el desarrollo de la agenda de un partido en el gobierno, y eso es porque no sé da importancia a la cultura. Cuando se llega a gobierno se piensa que hay que tener una agenda propia como si la cultura fuera poner un sello propio. Por eso los nombramientos se convierten en los greatest hits de la política cultural, cuando lo lógico es que los tiempos de las instituciones culturales no vayan con los ciclos electorales”. Es una buena receta, pese a que hace cuatro años en el propio ayuntamiento no se llevara a cabo.

El problema de este país es la educación cívica, política, histórica, artistica, musical. Y si ya falta el pilar esencial, imagínate todo lo demás

No obstante, para Beirak sería necesario que “la cuestión de la independencia se pusiera en el centro del debate”; a ello añade que debería ser el sector de las artes escénicas el que tuviera esta discusión porque todavía hay gente que no cree en los concursos. El propio sector debe exigir un código de buenas prácticas en Madrid porque no importa quién esté gobernando para que los proyectos culturales puedan desarrollarse con naturalidad”.

Desde el ayuntamiento madrileño, sin embargo, de momento van a seguir defendiendo sus designaciones directas, aunque también revelan que no le van a hacer ascos al concurso público: “Cuando tienes claro qué perfil quieres y esa persona te lo va a dar… Para el Conde Duque, Español y el refuerzo en el Fernán Gómez [con Laila Ripoll] hemos hecho designación porque lo teníamos claro, pero las direcciones de CentroCentro y Veranos de la villa las vamos a sacar a concurso”, admiten.

Al final hay algo evidente: o bien porque hay concurso o bien porque no lo hay surgen los problemas. Parafraseando a Woody Allen: aquí tengo una democracia, pero te puedo poner otra.

Cultura
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
5 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios