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El arte que se esconde detrás de la segunda temporada de La Peste

por ec brands

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an pasado cinco años desde que Mateo embarcó hacia el nuevo mundo… pero los últimos acontecimientos sucedidos en Sevilla le han obligado a regresar. La Garduña, el crimen organizado que controla la ciudad con puño de hierro, se ha hecho fuerte en una de las ciudades más prósperas del mundo y dos hombres se han propuesto terminar con ella. 'La Peste, la mano de la Garduña' ya está disponible en Movistar+ con una segunda temporada poco convencional, puesto que no se trata de una continuación al uso. “Nos parecía interesante descubrir otro camino, no ponernos las cosas fáciles, y hemos querido mezclar el thriller con la acción, para que sea más muscular, más trepidante”, afirma Rafael Cobos, Director Creativo de la serie.

Hay referencias pictóricas, guiños lingüísticos y literarios y hasta cuadros famosos escondidos en los carteles de promoción

La segunda temporada tiene más acción, es más coral —“con personajes fuertes masculinos y femeninos”— y que trata de arrojar luz, nunca mejor dicho, sobre algunas decisiones estéticas de la primera temporada: “La primera temporada tenía poca luz porque la dramaturgia lo exigía. Intentamos ser lo más veraces y rigurosos y la historia te decía que no había luz. En esta segunda temporada Mateo se ha curado, ha revivido después de una enfermedad y era interesante alumbrar la ciudad: pasamos de la investigación a la aventura y esto implica que haya más luz”.

En esta segunda temporada de 'La Peste, la mano de la Garduña', el arte está muy presente. Hay referencias pictóricas, guiños lingüísticos y literarios y hasta cuadros famosos escondidos en los carteles de promoción. Los develamos.

Encuentra la referencia

Sevilla, siglo XVI. La ciudad se ha convertido en una capital próspera por la que fluyen las riquezas llegadas desde el Nuevo Mundo. En esta ciudad de contrastes entre las élites y el pueblo llano, entre el Estado y la Garduña, el arte renacentista está en pleno esplendor que se ha impregnado en el material promocional de esta segunda temporada.

Los retratos homenajean a los clásicos esfumados de la pintura del siglo XVI y, para reforzar esos homenajes, han tomado ‘prestados’ los fondos de algunos de los cuadros más importantes de la época. La Torre de Babel, La Cosecha, Madonna con diadema azul o la sempiterna Gioconda han sido los elegidos para recordar a los espectadores la carga histórica con la que se juega en la serie.

Estas pequeñas piezas que mezclan pintura digital y fotografía exponen un sinfín de claves de cada personaje y, tal y como hacían los maestros flamencos, sevillanos o italianos esconden secretos para los ojos más entrenados. Enigmas que, quién sabe, podrían esconder algún secreto sobre la trama de esta nueva temporada.

El detalle del vestuario

A Fernando García, responsable de vestuario, se le notaba contento pocos días antes de comprobar el resultado en pantalla de su trabajo en la segunda temporada de 'La Peste, la mano de la Garduña'. La escala de una serie de época como esta demuestra hasta qué punto la producción se ha alejado de los estándares de las ficciones españolas. “Construimos un taller en el que trabajaban unas 30 personas. Alquilamos 1.700 trajes para vestir a toda la ciudad”, cuenta por teléfono.

Tal y como explica García, esos trajes alquilados —“el 80% es de Peris, el 20% restante de Cornejo”— son los mismos que se pueden apreciar en otros rodajes, pero es en sus talleres donde se les da el toque especial para que no se parezcan a nada que se haya visto hasta la fecha. “Todo se alquila y a todo se le da un punto”, explica.

Teresa

Un personaje del que ha sido “placentero” poder pasar de los tonos negros de la primera temporada, fruto de su nuevo estado civil, explica Fernando García, responsable de vestuario. “Ahora han pasado cinco años y le hemos dado bastante color”. Aunque la sobriedad sigue siendo marca de la casa, el responsable de vestuario señala “algunos vestidos verdes preciosos” de la protagonista en otro intento por hacer la serie más clara en esta segunda temporada.

Y aunque la serie ha presumido en todo momento de rigor y verosimilitud, García admite que ha puesto su grano de arena para lograr que el vestuario se funda con la trama, pero que no le reste atención: “Me pasó en Grupo 7, ambientada en los ochenta, cuando decidí prescindir de las hombreras. Aquí me he tomado la licencia de quitar el cuello de Cervantes, que me parece un poco disfraz. Cuando quitas elementos, eliminas cosas que pueden llamar demasiado la atención. En la secuencia tienes que estar atento del guion y no de un pendiente”.

El vestuario de los personajes nos indica, también, que están en otro momento de sus vidas, es un mensaje no verbal para el espectador. Como el caso de Mateo, un personaje más luminoso en este regreso. Aunque al principio de la serie le encontramos en Tierra del Fuego, lo que obligó al equipo “a investigar cómo iban vestidos, con pieles”. Un vestuario “muy pictórico” que les permitió salirse del jubón y la camisa habitual. A su vuelta a Sevilla, eso sí, vuelve a ser “el típico hombre de la época”. Su vestuario no es muy prolífico porque, admite García, “en el s.XVI se pasaban todo el día con la misma ropa”.

Si hablamos de los personajes de pueblo, como Baeza, el equipo no tenía muchas alternativas, cómo si les ofrecen los personajes de la nobleza o las élites. “He usado mucho marrón en sus tejidos pero he querido darle un toque 'sexy', aunque sin contarlo, con camisas muy abiertas para que se le vea el pecho. Que tenga un punto de dureza y de héroe”, explica. En este estrato social está Escalante, la prostituta a la que Baeza rescata y que les ha permitido desmarcarse para contar la historia del personaje a través de su atuendo. “Ha sido uno de los personajes más fáciles”, admite García. Un personaje en el que han prevalecido “pequeños detalles para diferenciarla del resto, el uso del color nude y la dulcificación de sus formas”.

Pontecorvo

El representante del Estado era una oportunidad para salirse de la norma, aunque García también recuerda que le dio la oportunidad de “hacerle más elegante pero sin ser explícito, lo hemos hecho de manera neutra, minimalista, hasta un poco contemporánea”. En los atuendos de Pontecorvo “se ha utilizado mucho el oro, aunque huyendo de los trajes que abusan de él o de la pasamanería”.

Esos mensajes no verbales a través de la ropa son claros en la antigua jabonera. “Tiene cara de pícara”, recuerda García cuando se le pregunta por ella. Para su vestuario se optó por “darle un toque de malicia” con el uso de capas y escotes. “El traje más importante que tiene es uno de color chocolate, con una capa. Aunque no se vea, es un terciopelo al que se ha tratado para que no pareciera negro y que añade sutilezas al personaje”, explica el responsable de vestuario.

Recreando la Sevilla del XVI

Trabajar en una serie como 'La Peste, la mano de la Garduña', con la posibilidad de recrear la Sevilla de aquella época, es un caramelo pero también “un reto”, ya que se conserva “entre poco y nada” de aquella época en la urbe actual por lo que los responsables de la serie han tenido que encontrar “elementos que permitan hacer verosímil cualquier creación que hagamos”, argumenta Pepe Domínguez, responsable de arte de la serie. Una forma de dar verosimilitud has sido despojar el carácter monumental de edificios como el Alcázar o la Casa de Pilatos.

Esta última es uno de los pocos palacios que se conservan de aquella época y en los que se ha apoyado la ficción para dar vida a esa Sevilla de hace cinco siglos. De cara a representarlo en la serie se ha intentado que fuera una “representación más purista de lo que era un palacio en el siglo XVI”. Domínguez también señala que se ha utilizado parte del Alcázar, además de casas, palacios y monumentos de aquella época: “Decorados pensando en el siglo XVI tienen un poderío tremendo”.

El responsable de arte lamenta que “se hayan perdido todas las calles con arcadas”, un elemento que se ha conservado en otras ciudades. En ese sentido, el equipo de 'La Peste, la mano de la Garduña' construyó “una calle con su nexo para contar distintas fisionomías de la ciudad, desde una avenida por la que pueden pasar carruajes hasta las calles estrechas propias de la judería”.

Pero no todo en 'La Peste, la mano de la Garduña' son exteriores. El equipo dirigido por Domínguez también ha trabajado en los interiores. “Recuerdo una bañera que queríamos construir pero teníamos un problema, porque en las bañeras de la época la gente estaba sentada y queríamos que fuera más sensual. Al final, hicimos una pieza de madera, combinando bronce y cuero y usamos unas conchas como luminarias. Ahí claramente tuvimos la referencia de la Venus de Boticelli”, concluye.