ENGANCHÓN DEL RESPONSABLE CON EL ARQUITECTO

El "inaceptable" lío por Notre Dame: ¿replicar su aguja original o construir una moderna?

Dos de los principales responsables de la reconstrucción de la catedral parisina se han enganchado en una discusión en la que el propio gobierno ha tenido que llegar a intervenir

Foto: La famosa aguja de Notre Dame, consumida por las llamas. (reuters)
La famosa aguja de Notre Dame, consumida por las llamas. (reuters)

El 15 de abril, París vivió uno de los días más negros de su historia reciente. Un monumental incendio desatado en la catedral de Notre Dame consumió lentamente buena parte de uno de los grandes símbolos de Francia y del gótico europeo. Después del duro golpe sufrido, el gobierno de Emmanuel Macron anunciaba que, en cinco años, la estructura estaría reconstruida... pero solo unos meses después, han llegado las primeras discrepancias públicas.

En el incendio, más allá de las estructuras internas que quedaron arrasadas por el fuego, el principal daño se produjo en la archiconocida aguja de la catedral, posiblemente la parte más reconocible del edificio. Ahora, pocos meses después de haber comenzado los trabajos para revitalizar las zonas afectadas por el fuego, dos de los principales pilares de la reconstrucción se han enzarzado en una discusión que divide a Francia en partes iguales.

El general del ejército Jean-Louis Georgelin es el encargado de la reconstrucción de Notre Dame, un trabajo que será llevado a cabo por Philippe Villeneuve, el arquitecto principal del proyecto. Pero ambos tienen divergencias en la manera en la que enfocar los trabajos, lo que ha provocado un debate en el pueblo: ¿construir una aguja similar a la que se cayó o, por el contrario, levantar una torre completamente contemporánea?

Las dudas sobre el camino a seguir han provocado un enfrentamiento público entre Villeneuve y Georgelin. Mientras el arquitecto afirma que la única manera de cumplir los plazos es replicar la aguja que ya existía, el militar ha asegurado en alguna ocasión que es partidario de incluir algún toque contemporáneo en la construcción. Pero la última defensa de Villeneuve en pos de la antigua construcción ha hecho perder los papeles a Georgelin.

Jean-Louis Georgelin, el principal responsable de la reconstrucción de Notre Dame. (Reuters)
Jean-Louis Georgelin, el principal responsable de la reconstrucción de Notre Dame. (Reuters)

Así, durante la última reunión del comité de asuntos culturales de la Asamblea Nacional de Francia, celebrada el pasado miércoles, Georgelin mostró su enfado por la defensa de Villeneuve de un proyecto para reconstruir Notre Dame con la misma apariencia que tenía la catedral antes del incendio. "En cuanto al arquitecto jefe, ya le he explicado que debe de cerrar la boca", fue su polémica frase, que le ha costado la reprimenda por parte del gobierno francés.

Ha sido Franck Riester, ministro de Cultura galo, el que ha mostrado su enfado por las polémica palabras de Georgelin: "No es aceptable. El respeto es un valor fundamental de nuestra sociedad. Como funcionarios públicos, debemos ser ejemplares", espeto. Pero lo cierto es que este enganchón entre los principales valedores de la reconstrucción de Notre Dame no hace más que exponen las verdaderas dudas sobre qué hacer con la catedral.

Los expertos consideran que la decisión final se tomará en 2021 y que, hasta la fecha, existe tiempo para decantarse por la mejor opción. Pero básicamente las dudas se dividen en dos grandes corrientes: reconstrucción 'copiando' la famosa estructura del edificio que comenzó a levantarse en el siglo XII o mantener parte de la tradicional estructura introduciéndole toques contemporáneos, incluso hablándose de una torre de cristal. Dudas que, de momento, no tienen una respuesta concreta.

Pero, din duda, la polémica está servida. Tras asegurar la estructura y confirmar que ya no existen emisiones de plomo, Villeneuve ha lanzado un órdago: "O lo restauro como arquitecto jefe de forma idéntica o harán una aguja contemporánea, pero entonces se encargará otra persona". El lío está servido, pero no se sabrá hasta al menos dentro de dos años qué vía será la que Francia decida tomar para restaurar uno de los grandes símbolos de su país.

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