CINE

'Lo que el viento se llevó', 80 años después: ¿es una película racista?

La película está considerada como el sumun de Hollywood, del cine entendido como arte colectivo, del espectáculo histórico con personajes de altura

Foto: Extracto de un cartel de 'Lo que el viento se llevó'. (MGM)
Extracto de un cartel de 'Lo que el viento se llevó'. (MGM)

"Existe 'Lo que el viento se llevó', y luego existen el resto de películas". La frase, pronunciada por un crítico norteamericano, hace honor a la que, teniendo en cuenta la inflación, sigue siendo la película más vista de todos los tiempos. Solo en Estados Unidos, la historia de Scarlett (o Escarlata, como la rebautizó el ajado doblaje español) O'Hara habría recaudado más de 1.800 millones de dólares de 2019. Una barbaridad a la que no se acercan ni los 'Avengers', ni el amor de DiCaprio y Winslet en 'Titanic' ni las naves cósmicas de 'Star Wars'. Pero 'Lo que el viento se llevó' fue un fenómeno tan grande que no puede ser explicado con unas cuantas cifras llenas de ceros.

En Hollywood, una industria que mezcló como ninguna otra arte y negocio, la película también recibió el aplauso de la crítica. Además de ganar 10 Oscars, consiguió la aprobación de la mayor parte de la prensa y su prestigio permaneció intacto durante décadas. En los 70, el American Film Institute la eligió la mejor película norteamericana de toda la historia, por encima incluso de 'Ciudadano Kane'. Durante años, también ha generado un sinfín de literatura más allá de su germen, la novela homónima de Margaret Mitchell. Han abundado, por tanto, los relatos sobre su intrincado rodaje, el baile de directores (del despido de George Cukor a la contratación de Victor Fleming sugerida por el propio Clark Gable), el publicitado casting hasta contratar a la británica Vivien Leigh o el multitudinario estreno en Atlanta aquel 15 de diciembre de 1939. 'Lo que el viento se llevó' es (o ha sido durante la mayor parte del siglo XX) el fenómeno sociológico más grande asociado al cine. En el interconectado siglo XXI, el mito parece devaluarse como otro síntoma de un tiempo líquido. Todo es efímero, lo sagrado pertenece a otro mundo que, desde luego, no es el nuestro.

A las puertas de su 80 aniversario, Hollywood (y un Estados Unidos que aún expía las culpas del pasado esclavista del Sur que la película retrata de una forma idealizada) parece querer olvidar su antigua joya de la corona. Los motivos del arrinconamiento de 'Lo que el viento se llevó' ya los resumió la historiadora Camille Paglia en el documental 'The legend goes on'. "La película no es honesta con lo que sentían los esclavos de esa época", dijo en 2014. Curiosamente, ese también fue el año de la victoria de '12 años de esclavitud', cinta que criticaba ferozmente los feudos esclavistas de las viejas plantaciones sureñas, en la ceremonia de los Oscar. La Academia de Hollywood, siempre dispuesta a demostrar su (muchas veces impostado) compromiso social, prefirió celebrar el aniversario de otro icono del 39, 'El Mago de Oz'.

Algo parecido ha ocurrido este 2019. Hace apenas unas semanas, la película protagonizada por Judy Garland volvió a recorrer el camino de baldosas amarillas en Blu-Ray con una restauración 4K. De 'Lo que el viento se llevó', que también sopla 80 velas este año, ni rastro. Hace apenas unos meses, la película gozó de un discreto reestreno en cines estadounidenses que pasó de puntillas. Y no parece que Warner, propietaria actual de la superproducción, haya ideado nada para festejarla de aquí a finales de año.

Vivien Leigh y Clark Gable en 'Lo que el viento se llevó'. (MGM)
Vivien Leigh y Clark Gable en 'Lo que el viento se llevó'. (MGM)

En tiempos de corrección política y redes sociales inquisitorias, ¿son Rhett y Escarlata una bomba de relojería? Además de dar una visión romántica del Sur estadounidense de la Guerra Civil y la Reconstrucción, ¿es una película racista o se limita a colocar a los esclavos en un segundo plano de la historia? En agosto de 2017, el icónico cine Orpheum, de Memphis, decidió retirar las reposiciones de la cinta de su programación veraniega. A través de Facebook, los asistentes a la primera proyección se quejaron del retrato que 'Lo que el viento se llevó' ofrece de la gente de color y de la perspectiva sudista del conflicto bélico. Otros clientes intentaron defender su permanencia "para enseñar a nuestros hijos y nietos lo que está mal con la esclavitud". Pese a estas declaraciones, prevaleció la autocensura. "Como organización cuya misión es entretener, educar e iluminar a las comunidades a las que sirve, el Orpheum no puede mostrar una película que sea insensible a un gran segmento de su población local”, dijeron los responsables del cine.

Muchos medios norteamericanos no han dejado de apoyar esa visión crítica desde entonces. Unas semanas después de aquella retirada, el periodista Lou Lumenik dijo, en el 'New York Post', que 'Lo que el viento se llevó' debería seguir "el mismo camino de la bandera confederada", retirada de muchos edificios de los estados sureños por ser un símbolo inapropiado. Poco tiempo antes, una encuesta realizada en Estados Unidos también bajó a la señorita Escarlata de su trono. El estudio arrojó datos muy interesantes: 'Titanic' es la película favorita de los millennials, 'Star Wars' la de la generación X y 'Lo que el viento se llevó' la de los 'baby boomers' (los que tienen de 50 años en adelante). Además, los republicanos la prefieren muy por encima de los demócratas. En España, país al que tardó en llegar once años y cuando lo hizo, en 1950, fue con grandes fanfarrias (se contaba que, en los cines de Madrid, llegó a haber servicio de guardería para que las mamás pudiesen estar tranquilas durante cuatro horas de metraje), ocurre más de lo mismo. Ya existen muchos menores de 30 que jamás la han visto. No está disponible en plataformas de 'streaming' y ya se sabe que, en esta década, lo que no está en Netflix sencillamente no existe.

Existen muchos menores de 30 que jamás la han visto y no está disponible en plataformas de 'streaming'

La conclusión parece clara: los jóvenes han dejado de reverenciar el gran clásico popular del cine y los conservadores son los únicos que, aparentemente, la siguen idolatrando. Pero, ¿hasta qué punto es cierto?

Frente a los que tratan de censurar o borrar un pasado que no encaja con las actuales ideas sociales, están los que defienden la necesidad de recordarlo, de explicarlo para aprender de él. Incluso los más insospechados, como Whoopi Goldberg. La protagonista de 'El color púrpura' dijo en televisión que 'Lo que el viento se llevó' "es una gran película y, simplemente, la descripción de una época. La bandera confederada te la encuentras delante de tus narices, pero una película eliges verla tú. Jamás debería prohibirse ". También quedan jóvenes que comparan la censura de una película con las quemas de libros que llevaba a cabo el régimen nazi. El veinteañero youtuber ColdCrashPictures ha recordado, a través de uno de sus vídeos, que personajes de la cinta como el de Rhett Butler se burlan de la guerra y de la falsa bravura de los confederados. "Nosotros solo tenemos algodón, esclavos y arrogancia", asegura Clark Gable en una secuencia al compararse con los enemigos nordistas. Dice el joven que no está tan claro que la causa proesclavista sea la que sale mejor parada.

Otro momento de 'Lo que el viento se llevó'. (MGM)
Otro momento de 'Lo que el viento se llevó'. (MGM)

Otros críticos, como la propia Camille Plagia, recuerdan que 'Lo que el viento se llevó' también supuso, de forma indirecta, un acicate para los actores de color. Hattie McDaniel, la impagable Mammy, fue la primera actriz negra que ganó un Oscar, aunque durante la ceremonia de entrega del premio se sentó en la parte de atrás. "En la película, ella es la verdadera madre de Escarlata. Es la que conoce sus verdaderas emociones. Es la relación más apasionada de la película y casi nunca se discute en la actualidad porque Hattie McDaniel interpreta a una esclava".

Resulta curioso que el propio Selznick, el megalómano productor tras 'Lo que el viento se llevó', ya advirtiese del peligro que suponía seguir al pie de la letra el tratamiento de la esclavitud que se hacía en la novela de Margaret Mitchell. Sensibilizado con la persecución que sufrían los judíos en los años 30, prohibió al guionista, Sidney Howard, que en su película se hiciesen referencias al Ku Klux Klan. "Me repugnaría caer en cualquier recurso que diera una imagen positiva, en cualquier sentido, del linchamiento de un negro". En aquel Estados Unidos en el que aún existía la segregación racial, fue lo más atrevido que pudo hacer para evitar la controversia.

Escarlata O'Hara fue un icono feminista y de modernidad, un símbolo de supervivencia

También en ese Estados Unidos que salía de la Gran Depresión, Escarlata O'Hara fue un icono feminista y de modernidad, un símbolo de supervivencia. Pese a cuatro horas de fechorías (se casa con el novio de su hermana para salvar la hacienda o intenta conquistar a un hombre casado sin el menor pudor), jamás se puso de rodillas ni sufrió la moralina de un Hollywood que castigaba a los personajes femeninos que se salían del tiesto. Desconocemos lo que pensarían las feministas de nuestro siglo de un personaje que utiliza sus armas sexuales para conseguir lo que quiere. Pero, ¿acaso se puede juzgar una película de los años 30 bajo los parámetros de nuestro tiempo? ¿Se debe censurar el pasado porque no se ajusta a lo que somos hoy?

Como a Rhett Butler, todas estas polémicas les importan "un bledo" a los 'windies', definición afectuosa de esos fans que se reúnen de cuando en cuando, escriben cientos de cartas a la última superviviente del reparto, una centenaria Olivia deHavilland, o compran algunas de las docenas de libros que hablan del impacto de la película. Al fin y al cabo, piensan ellos, 'Lo que el viento se llevó' siempre tuvo enemigos. Desde los que la vieron como un producto lucrativo y 'kitsch' a los que la consideraron culebronesca y envejecida antes de tiempo. Ya en 1975, la escritora Carol Traynor la consideró merecedora de olvido tras ver una reposición con una copia muy descolorida. "Parecía más una vieja pintura que una película. Como el viejo mundo del Sur. Como nuestra infancia, también se convirtió en un recuerdo", escribió. Un año después de estas palabras, la NBC la estrenó en televisión y batió récords de audiencia.

Durante décadas y décadas, la película ha sido considerada el sumun de Hollywood, del cine entendido como arte colectivo, del espectáculo histórico con personajes de altura. 80 años después, solo la corrección política puede hacer que se la lleve el viento.

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