AUTOR DE 'FRANQUISMO S.A.', DE AKAL

Antonio Maestre: "El franquismo fulminó las empresas de la República y conformó el Ibex"

La Transición lo cambió todo, pero las estructuras empresariales no cambiaron un ápice

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El franquismo y la Transición han sido abordados en centenares de libros, aunque siempre desde la misma perspectiva. Conocemos el nombre de ministros, militares e incluso religiosos favorables y contrarios al régimen, pero apenas se ha publicado nada sobre los imprescindibles poderes económicos que sostuvieron el franquismo. Los empresarios que hicieron negocio en la dictadura y nunca hicieron la Transición. Este es precisamente el nicho que ataca Antonio Maestre (Madrid, 1979), en 'Franquismo S.A.', su primer libro, a la venta el 4 de noviembre.

Se trata de una obra que traza la línea entre los que financiaron la dictadura y sus descendientes, para comprobar, con poca sorpresa, que su reputación y fortuna siguen intactas en democracia. Es también una obra dura, propia de un documentalista, tanto en la forma como en el fondo, que disecciona el prestigio los más poderosos del país sin margen para valoraciones. Un texto escrito con intención por un autor que no reclama atención. Es, al final, una sucesión de nombres, fechas y lugares que obligan a la reflexión.

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Pregunta. Mi idea antes de empezar el libro era preguntarte por los casos, empresa por empresa, pero viendo que prácticamente sale todo el Ibex, empezaré por las que no salen. ¿Estas no colaboraron con el franquismo?
Respuesta. No lo sé. Yo partí con la premisa de estudiar qué empresas se lucraron con el franquismo y hoy siguen vigentes, no de hacer un estudio de cada empresa del Ibex. El libro no pretende ser una enciclopedia de empresas colaboradoras del régimen, sino demostrar que las que fueron beneficiadas por el franquismo, siguen siendo las más potentes hoy. En resumen, no están todas las que son, pero sí son todas las que están.

P. En el libro recurres a la escala de cuatro peldaños con la que los alemanes delimitaron la responsabilidad de cada individuo en el nazismo. Va desde la calificación más baja, la gente que simplemente tenía el carnet de NSDAP, hasta los 'hauptschuldige', los incriminados mayores. ¿Qué empresas tendrían esta consideración en España?
R. En el libro he preferido dejar que el lector valorase el nivel de implicación de cada una, pero es obvio que yo tengo mi opinión. Para mí el incriminado mayor en esta historia es Gas Natural Fenosa (Naturgy), porque tanto Pedro Barrié de la Maza como Gómez de Quiroga fueron prácticamente responsables de la expropiación de su principal competidor, el represaliado Pepe Miñones, que finalmente fue ejecutado. Barrié de la Maza se quedó con su negocio y de ahí nacería Fenosa, pero nunca sabremos qué habría pasado de no matar a Quiñones, que era un innovador y un empresario reconocido.

Es un ejemplo muy flagrante, pero hay más. Huarte (una parte de OHL), que construyó el Valle de los Caídos con trabajo esclavo o Cepsa, que puso la refinería de Tenerife al servicio de los sublevados, fueron fundamentales para el franquismo.

P. Te dirán que es normal, que antes de 1975 cualquier empresa tenía relación con el franquismo.
R. Puede ser, pero lo que es obvio es que hubo un cambio de guardia empresarial en el franquismo. No hay una gran empresa de esos años que no sea, cuando menos, connivente al Régimen. No he encontrado a un solo empresario de izquierdas que tuviera éxito, porque hasta para poner una agencia de viajes tenías que pedir un permiso especial.

Los que no eran afines cayeron en desgracia, como la naviera de Sota y Aznar, y otras florecieron en la dictadura y siguen aquí, nunca hubo una Transición para ellas. Es justo decir que no todas tuvieron el mismo nivel de implicación, porque algunas simplemente eran afines al movimiento falangista, pero creo que es importante también fijarse en qué han hecho con esa herencia.

P. Escribes: "Nadie hereda los pecados de sus padres. Los pecados, no. Pero el fruto de esos pecados no lo escupen", y aún así nombras muchos descendientes.
R. Hay un libro, Calle Este-Oste de Phillipe Sands, que cuenta la historia de lo que hacen dos familiares de nazis con el legado de su padre. Uno exculpa a su padre, un general de las SS, de cualquier crimen cometido, mientras que el otro guarda en la cartera la foto suyo, solo que una que le hicieron después de ser fusilado. Uno no quiere mirar atrás y otro quiere tener siempre presente lo que sucedió. Tú no puedes escoger tu herencia, pero sí lo que haces con ella.

P. ¿No es demasiado duro pedirle a un hijo que reniegue de su padre, aunque sea el demonio? Pienso en la familia Franco y la exhumación: para todos es un dictador, pero para ti es tu abuelo.
R. Una cosa es valorar el vínculo familiar, que es completamente legítimo, y otra heredar una forma de ver la vida. La mayoría de los casos que trato en el libro corresponden a sucesores que no ponen una pega a cómo su familia ha obtenido ese patrimonio, e incluso se llenan la boca hablando de la cultura del esfuerzo y el trabajo. ¿De qué esfuerzo me hablas, si estás ahí porque financiaste un golpe de Estado?

Cuidado, que yo no le pido a estos herederos que devuelvan el dinero, tan solo un propósito de enmienda. Que no sucedan casos como el de Muñoz Ramonet, uno de los principales empresarios del franquismo, que decide ceder al ayuntamiento de Barcelona unas obras que había obtenido de forma ilícita y son los hijos los que se niegan a devolverlas contrariando la opinión del padre. Y, cuando no les queda más remedio, las entregan rotas. Hay maneras y maneras.

¿Cultura del esfuerzo? ¿De qué me hablas, si estás ahí porque financiaste un golpe de Estado?

P. Tu libro deja en mala situación a casi todas las familias poderosas de este país y no son gente acostumbrada a la crítica.
R. Es que es muy difícil encontrar mirlos blancos en el franquismo, no hay prácticamente 'self made men' en España. No hay empresarios durante la dictadura que tuvieran grandes negocios sin ser muy cercanos a Franco. Este libro, al final, es una enmienda a la cultura del esfuerzo.

P. Dices también que España no ha tenido una transición real.
R. No, España y Polonia son los únicos países que pasaron de una dictadura a una democracia con los mismos actores de la dictadura. Por eso el franquismo no murió en la Transición sino que, como dijo Umbral, "pasamos de un franquismo azul a un franquismo blanco". El franquismo social existe y es como el machismo, algo que lo impregna todo y que a menudo no somos conscientes de que está en lo más profundo de nuestro ser. En Alemania, las primeras leyes de memoria histórica las redactaron los aliados, porque quizá ellos no hubieran podido solos. Cuando estudias los procesos de transición democrática de otros países te das cuenta de que vivimos en una anomalía.

P. Las que no cambiaron fueron las grandes empresas.
R. No, de hecho en el libro remarco su facilidad para adaptarse al sistema democrático sin despeinarse. Es ilustrativo el caso de José María Oriol y Urquijo, falangista y preboste en materia energética del franquismo, que cuando llega la democracia se cuadra militarmente ante Felipe González y le dice: "Presidente, aquí me tiene para lo que sea necesario". Después también le pidió que le arreglase un problema que tenía en Marruecos (ríe).

P. Hay una parte del libro que desconocía por completo. Tiras un hilo negro desde las noches wagnerianas del Liceu, lugar de reunión de los nazis expatriados en Barcelona, que atraviesa media burguesía catalana y acaba en Mercedes Milá.
R. Esta es una de las partes más novedosas del libro, la conexión entre la burguesía catalana y los empresarios nazis. Sucedía a través del Patronato del Liceu y la industria química catalana, que tenía muchos negocios con la IG Farben, la fábrica alemana que diseñó el Ziclon B, el gas con el que se asesinaba a los judíos, y extraía mineral con los presos de los campos de concentración. Con ellos tenían negocios y departían los Valls Tabernier, los Milá, los Millet... casi todos.

Después de la II Guerra Mundial, los aliados constataron que IG Farben era una corporación demasiado corrupta como para intentar ser reformada, de modo que la cerraron. En España, la burguesía catalana se quedó con el 51% de la filial de IG Farben, pero la empresa la seguían dirigiendo los empresarios nazis que Franco siempre se negó a extraditar.

P. Le atizas incluso a Mercadona, la columna emocional del país.
R. 'Cárnicas Roig', la empresa del padre de Juan Roig que dio lugar a Mercadona, fue acusada de trato de favor en las cuotas de importación durante el tardofranquismo. Pero no solo eso: era una familia cercana al régimen, tanto que siempre había altos cargos del régimen en las bodas familiares, y no podemos olvidar que su hermano también tuvo un caso de corrupción en Guinea con el Banco Exterior de Comercio. Juan Roig presume mucho de la cultura del esfuerzo y no niego que sea su caso, pero tampoco se puede negar que su padre y su hermano le legaron un patrimonio que procede de la connivencia con dictaduras.

P. ¿La muerte de Franco en su cama, con aquella concentración en la Plaza de Oriente, validó las estructuras del régimen a futuro?
R. Completamente. La Transición se aceptó de buen grado en todos los sectores siempre y cuando se respetase el 'statu quo' y la posición de cada uno. El "de la ley a la ley" de Suárez significaba no tocar las estructuras del régimen y las esferas de poder, especialmente las económicas.

Las sagas empresariales del franquismo son las mismas que están ahora y las diez empresas con más capital de 1960 sigue siéndolo ahora, solo cambian el orden. ¿Cómo entonces va a exigir una repación económica la familia Miñones, por la forma en la que le quitó Fenosa su negocio, si los que tienen poder siguen siendo los mismos de entonces?

Las mayores empresas antes, durante y al final del franquismo
Las mayores empresas antes, durante y al final del franquismo

P. Da la sensación de que la limpia a nivel político que se hizo en la Transición, al menos con los apellidos más infaustos del franqusimo, no alcanzó a las elites económicas. No veo, por ejemplo, a un Milans del Bosch como presidente del Gobierno, pero a nadie le extrañaría que fuese CEO de un 'blue chip' del Ibex, y la cuota de poder entre ambos cargos es parecida.
R. Es así. El círculo de amigos íntimos de Felipe VI cuenta con apellidos como los Oriol, los Entrecanales y los Primo de Rivera, pero no pasa nada, porque vienen por la parte económica. El patriarca de los Oriol, un falangista que fue alcalde de Bilbao, publicaba en 1938 listas negras de republicanos en el periódico, y hoy es una familia muy respetada sin ningún tipo de reproche ya no digo penal, sino social o moral acerca de cómo han conseguido su dinero.

Yo encontré una foto en el archivo de ABC de la construcción del Valle de los Caídos en la que se ve el rótulo del constructor, Huarte. Pues bien, en el anverso de la foto, pone a lápiz: "Borrar el cartel de Huarte si se va a volver a publicar". Ese es el nivel de blanqueo con el trabajo esclavo y, por supuesto, los medios han tenido su parte de culpa.

Los empresarios no han asumido, porque nadie se las ha pedido, ninguna responsabilidad por su apoyo a Franco. Aquí la impunidad ha sido absoluta. ¿Por qué la familia Franco se permite lanzar loas al dictador en la televisión pública? Porque se saben impunes. Esto en Alemania es impensable.

P. Comparas a menudo el nazismo con el franquismo y son dos procesos muy diferentes.
R. Porque el franquismo tuvo el tiempo suficiente, cuarenta años, para hacer calar su propaganda en la sociedad, para conseguir una cosa imposible: ser asimilado. En 'Patria', una novela de Robert Harris, se fantasea con la idea de qué habría sucedido si los nazis hubieran ganado la guerra. Y lo que lees es el relato de la Transición española: que los alemanes nunca habría sabido de los campos de concentración, porque la propaganda los habría ocultado mientras pudiera.

En España la población ha sufrido la propaganda durante décadas, como una gota malaya, y ahora está integrada en su forma de ser. El otro día Carmen Calvo, del partido socialista, que tiene especial delito, habló de "las víctimas de ambos bandos" y de Primo de Rivera como "víctima", que es la visión que ha impuesto el franquismo. Cuando se habla de "ambos bandos" se olvida que uno de ellos dio un golpe de Estado.

P. Es curioso el caso de la familia March, que tiene éxito tanto en la República como en el franquismo, pese a que ambos regímenes desconfian de ellos.
R. Sí. El ministro de Hacienda Jaime Carner llegó a decir que "O la República somete a March, o March someterá a la República". Después, en los últimos años del franquismo, hay un informe que se le hizo llegar a Franco en el que se receleba de "las elites intelectuales y empresariales que estaban creando los March y que podian poner en cuestión la cúpula del Gobierno".

Estas familias tan poderosas tienen muchas cosas en común, pero una en especial, que se extienden a todos los estratos sociales: cultura, política, economía y educación. Eso les garantiza llegar a casi todo el país. Y, por supuesto, hay muchísimas relaciones entre familias: se trata de una endogamia social de tal calibre que es imposible plasmarla en un árbol genialógico en un libro, creéme que lo he intentado, solo se puede hacer en internet.

P. Y en el otro lado están los Espinosa de los Monteros, que no se bajan del caballo.
R. No se puede negar que van de frente. Aunque los Espinosa de los Monteros son muchos, hay varios relacionados con el franquismo. El hermano del bisabuelo del cargo de Vox, Eugenio Espinosa de los Monteros y Bermejillo, se encargaba de ingresar en campos de concentración a los cargos de la República. Y su abuelo fue un embajador filonazi en Suiza. Yo nunca le he escuchado desmarcarse de estos familiares, pero tampoco presumir.

P. Acabamos. ¿Cómo van las preventas del libro?
R. Muy bien, hemos vendido la primera edición por completo y eso que no se publica hasta la semana que viene. Mi editor está seguro de que son los abogados de los aludidos y debe ser verdad, porque son un montón (ríe).

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