ENTREVISTA A MÁXIMO PRADERA

"Me encanta esa tensión de no saber si el otro se va a levantar a darte una hostia"

"Obélix se cayó en la marmita de poción mágica y yo en la de tocar los cojones". El escritor y ávido polemista contesta a las preguntas de El Confidencial

Foto: Fotos: Jorge Álvaro Manzano
Fotos: Jorge Álvaro Manzano

Máximo Pradera (Madrid, 1958) es como el líquido de batería: contenido, da luz, pero cuando se derrama corroe hasta el metal. Máximo, guionista, presentador, escritor, fontanero del PSOE y melómano, siempre ha preferido vivir desbordante, al filo del fuera de juego. Han pasado casi veinte años desde que dejase 'Lo + Plus', el programa de entrevistas que lo metió en casa de los españoles, y nos encontramos a un Pradera centrado en los 40 principales del siglo XVIII. "¿Sabíais que por entonces se hacían duelos de compositores en invernaderos? Los primeros DJ de la Historia", disfruta explicando.

El tiempo parece haber moderado la acidez de Máximo, pero es solo apariencia: aunque se programa un temporizador para la perfecta infusión de su té verde, "tres minutos, cuatro para el té rojo", cuando hace memoria no escatima un nombre. Envejecer no es callarse, sino miedo a perder lo que tienes. Y Máximo siempre ha tenido algo que perder y siempre ha seguido hablando, con nombres. En directo, en Twitter, en persona: hasta el final, hasta que el de enfrente, como él dice, se levante a darle una hostia.

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PREGUNTA. Se sabe poco que es usted nieto de Rafael Sánchez Mazas, fundador de Falange Española.
RESPUESTA. Sí. Yo le conocí ya muy mayor. Recuerdo que mi abuela, que no tenía con qué entretenerse y sí mucho dinero que gastar, hacía reformas en la casa constantemente. Era su pasatiempo. En una de ellas montó una tan enorme que mi abuelo dijo que se mudaba al Hotel Velázquez hasta que acabase. Y allí se quedó (risas). En realidad los nietos le veíamos muy poco: íbamos de cuando en cuando, estábamos unos minutillos con él y nos sacaban de la habitación. Recuerdo que tenía una pecera con monedas en la entrada y nos decía que cogiéramos unas cuantas.

P. No se puede negar que es usted un hombre político, pero es que le viene de familia.
R. Desde luego. Tengo familiares fachas y progres. La generación de mis abuelos es facha y la de mis padres, progre. Mira: mi bisabuelo Víctor Pradera formó parte de la CEDA, con su grupúsculo carlista, y también tuve un tío, terrible, que fue Juan José Pradera, vicesecretario general del Movimiento y director de Ya. Este hombre se tuteló a mi padre y a sus hermanos cuando fusilaron a mi abuelo, Javier Pradera, en 1936. Pues mi padre, también Javier Pradera, salió del Partido Comunista, y uno de sus hermanos del PSOE.

En las cúpulas del franquismo no debió sentar muy bien que los niños de Jorge fueran todos rojos, así que le destituyeron del Ya y le mandaron de embajador a Siria, que por entonces no era una zona muy agradable. Y ya se quedó como embajador, no volvió al gobierno. Lo despeñaron.

P. El principal causante fue su padre, Javier Pradera, uno de los fundadores de 'El País'.
R. Es que mi padre era muy llamativo, salió demasiado rana. Estuvo en la cárcel dos veces: una en un castillo militar y otra en Carabanchel. Tuvo un tercer arresto, pero este fue domiciliario, de un año: estuvo una pareja de grises todo ese tiempo en el recibidor de mi casa. Que se podían haber quedado en el portal, pero no, dentro de casa todo el día.

P. ¿Dos grises en casa? ¿Al menos eran simpáticos?
R. Sí, eran muy majos. Eran dos cazurros de Almendralejo, de unos veinte años, que estaban allí mandados. Yo tenía como 6 años y me llevaba muy bien con ellos. Me enseñaban la pistola, la porra... y nosotros les cantábamos canciones comunistas, porque no entraba otro tipo de música en mi casa.

De niño, la policía franquista pasó un año dentro de mi casa

P. De su padre se ha dicho que era el ideólogo del PSOE y de Prisa, ese bloque cultural y políticamente hegemónico en los 70, 80 y 90. ¿Qué hay de esto?
R. (Piensa). Mi padre intelectualmente era una autoridad. Aplicaba esa lógica jurídica que tanto le gusta y era imbatible en cualquier debate, que se lo pregunten a Semprún. Esto Cebrián, que era el director de 'El País', no lo llevaba bien: veía en mi padre lo que habría querido ser él. No eran amigos, mi padre llegó a 'El País' por Polanco.

Cebrián siempre ha querido ser un intelectual, pero lo que ha sido es un excelente director de periódico. Ese era su cargo, su umbral de competencia. Cuando intentó ser la sardinilla de Wall Street, como dice Maruja Torres, es cuando sobrepasó su capacidad. El 23-F mi padre fue el que concibió el famoso editorial "'El País', con la Constitución" y Cebrián le apoyó al momento. Juntos fueron a convencer a Polanco, que no quería moverse hasta ver qué pasaba con el golpe.

Mi padre le guardaba un gran respeto a Cebrián. Luego ya se le fue la cabeza con los negocios.

Yo mismo le debo mucho a Cebrián, él me puso en la televisión. No nos engañemos: en televisión se trabaja porque uno te pone ahí, no hay otra manera, y a mí me puso Cebrián en 'Lo + Plus'. Me cambió la vida, pero yo no había hecho méritos para estar en el Plus, yo estaba haciendo una revista de prensa en el Hoy por Hoy de la SER.

P. Disculpe que le interrumpamos, pero fue usted guionista en un programa de Gurruchaga en el que entrevistaron a un enano francés que se parecía a Felipe González. Nos interesa mucho la génesis de este astracán.
R. Fue Gurruchaga, que era experto en enanos, quien lo vio en el cine. Era el malo de una película de James Bond, Scaramanga. Javier (Gurruchaga) tenía mucho ojo para estas cosas. Él quería entrevistarle y yo creé un sketch a medida. Me pregunté: ¿por qué es Felipe enano? Y lo vi claro: por el desgaste del poder (risas). Así que ya teníamos justificación para traer al enano, de modo que Javier creó el personaje de Victoria Prego para sí mismo.

P. Mofándose de la periodista estrella y el presidente desde la televisión pública. Esto pasa menos ahora.
R. En aquella época las entrevistas de Victoria Prego con Felipe González eran muy comentadas, casi le faltaba al final sacarle una alfombra de lo amables que eran. Incluso Cebrián escribió un artículo pegándole un palo, porque entonces se estilaba un periodismo más crítico y estas eran abyectadas, con un altísimo grado de servilismo.

P. ¿Todo esto lo permitía Pilar Miró?
R. Sí, y mira que era otra lacaya de Felipe González, pero tenía la costumbre de intentar no intervenir nunca. Luego era bastante disparatada en otras cosas, pero su dejar hacer funcionó bien.

P. Se hacía una tele mucho más experimental.
R. Claro, y eso que las audiencias importaban. A Gurruchaga le llamaban de TVE a primera hora del día siguiente para echarle la bronca por lo bajo del 'share'... y qué más les daría, si no había más cadenas. Me vienen a la cabeza las sabias palabras de un maestro de la tele, Enrique Nicanor, que decía: "Cuando no había audímetros, los defectos de las personas se convertían en su estilo". Por ahí nacieron comunicadores tan extraños como Tola, Arozamena, Felipe Mellizo, Carrascal, Carandell... había gente muy rara en TVE, pero a base de mantenerlos, la gente se acababa acostumbrando.

Ahora, como la referencia a la hora de contratar un presentador es el del programa del mes pasado, todos son prácticamente iguales. Me pasa cuando pongo La Sexta: tiene presentadoras muy buenas, pero todas me parecen el mismo perfil. Se ha clonificado el comunicador, porque si en dos semanas tu programa no ha despegado, vas fuera. Hay que ir a lo que sabemos que ha funcionado. Carrascal hoy no habría sobrevivido.

P. 'Lo + Plus' era también experimental: dos presentadores antagónicos que compartían plano.
R. No podíamos ser más distintos: Fernando Schwartz, tan diplomático él, era capaz de hacer que un invitado se sintiese a gusto con dos frases. Y luego estaba yo, que estaba para tensar las situaciones. Yo soy propenso a tensarlo todo, lo heredé de mi madre, pero es que encima allí me lo exigían. Éramos una mezcla muy extraña que funcionaba bien.

P. A menudo iban al programa invitados vinculados con Prisa o el Gobierno. ¿Cómo resolvían aquello?
R. Exagerando tanto el peloteo hasta que fuera ridículo. Cuando vino Cebrián, Fernando (Schwartz) y yo nos levantamos como si fuésemos mayordomos y le pedimos permiso para volver a sentarnos, como si él fuera el amo de una plantación. Así, al menos, nos reíamos.

En aquellos años había un servilismo en torno a Cebrián y González impresionante. Miguel Ángel Aguilar contaba que una vez vio cómo Miguel Gil, secretario de Estado de portavocía, poner las manos en forma de cuenco, emulando un cenicero, para que la ceniza del puro de Felipe no cayese al suelo. No era raro, había un peloteo tremendo.

P. ¿Había consignas en 'Lo + Plus'?
R. No, hacíamos lo que nos daba la gana. A veces Juan Cruz, de 'El País', nos intentaba colocar a escritores amigos suyos, pero le decíamos que no. La verdad es que Prisa nos dio siempre libertad.

P. ¿Cómo afrontó un hombre de radio y guion el debut como presentador estrella de un programa?
R. Yo tenía un humor muy de colegio mayor y creía que no iba a funcionar en la radio, pero luego me escuchaban todos los periodistas importantes de España y el Gobierno. Un secretario de Estado me contó que incluso a veces tenía que parar el coche de la risa. Así que, para sobrevivir en 'Lo + Plus', apayasé mi personaje. Creo que fue un acierto.

P. Cuando estaba en la cima de su popularidad televisiva, Antena 3 le fichó para presentar 'Maldita la hora', un 'late night' para competir contra 'Crónicas marcianas' (Tele5). La cosa acabó en desastre: solo se emitieron doce programas. ¿Qué pasó?
R. Pues pasó… Que nos contrataron en verano y en agosto no teníamos ni redacción física donde reunirnos…

P. Pero ¿cuándo empezaba el programa? ¿En septiembre?
R. Sí (se mesa los cabellos).

P. Parece que le está dando dolor de cabeza solo de recordarlo.
R. Sí (risas)… Es que el grado de improvisación era… Faltaba redacción, equipo, colaboradores… No teníamos un Berto, solo al Pulpo. ¿Os acordáis del Pulpo? Yo no podía hacer de presentador y de payaso al mismo tiempo, era imposible.

P. No fue el único que se estrelló esos años contra Sardá…
R. Yo era consciente de lo traicionero y arriesgado de la oferta, intuía que no lo iba a conseguir, porque Sardá tenía a veces un 60% de 'share', así que firmé por dos años. El contrato era solo dos hojas: la pasta y lo que pasaría si no lo conseguía, que Antena 3 me ofrecería otro programa.

El tipo que me contrató, Manuel Villanueva [responsable de contenidos de Antena 3], me dijo una de esas frases geniales de creativos televisivos: "Máximo, no hace falta que lo lleves preparado, tú ve haciendo pilotos". Mi padre decía que los ejecutivos de la tele eran como compradores compulsivos de lotería, que compran muchos boletos —a ver si toca— y luego se cabrean si no les toca. ¡Si has comprado al azar!

Antes la programación de Antena 3 se iba a negro tras la película nocturna, pero ahora tenía que haber alguien rellenando ese espacio, y ese alguien era yo. Villanueva me decía que los pilotos harían mi rodaje, que no hiciese nada más. ¡Pero hombre, si me estás pagando dos millones de euros, algo más tendré que hacer! En cuento vieron que no funcionaba dijeron “¡Pero a quién se le ocurre hacer pilotos en directo!" y cancelaron el programa, que a nivel de audiencia era insostenible.

En otros tiempos sí podía haber estado seis meses haciendo pilotos, y lo hubiera sacado adelante. 'Lo + Plus' era horrible al principio y luego mira. La Sexta estuvo a punto de cancelar 'El Intermedio' porque no funcionaba…

Yo nunca pierdo un juicio

P. Calentó la promoción de 'Maldita la hora' con una ristra de descalificativos hacia Sardá. Dijo de él que "era un tiburón sediento de sangre" y "un coñazo conformista". Y añadió: "Está claro que como comunicador yo la tengo más larga que Sardá". ¿Era una especie de performance?
R. Mi lógica fue: dado que tenemos una semana para prepararlo todo…

P… voy a liarla otra vez…
R… a ver si Sardá me responde. Pero claro: Sardá tenía mucha audiencia, se jugaba mucha pasta y no cayó en la trampa.

P. No entró al trapo como usted esperaba.
R. Exacto.

P. ¿Qué armas utilizó Sardá para neutralizar a la competencia? Dicen que movía los bloques publicitarios en función del rival.
R. Sí, conmigo lo hizo. Sardá ordenó que no metieron cortes de publicidad hasta el final para laminarnos. Nosotros no solo teníamos de grandes cortes de publicidad, sino un boletín informativo por medio de Rosa María Mateo, ya en horas bajas, que te cortaba el ritmo del programa.

P. ¿Pero por qué metían un boletín en mitad del programa?
R. Pues porque en Antena 3 no había un Sardá que dijera que aquello era un disparate. Pero os digo una cosa: ni siquiera puedo presumir de haber hecho el peor programa posible de esa temporada, hubo otro aún más desastroso: 'Estudio de actores', un talent show con Juan Ramón Lucas, que llegó a tener más audiencia en los cortes publicitarios que durante el programa (risas). Ni siquiera fue primero en el concurso de mediocres: quedé detrás de Lucas.

P. Antena 3 intentó entonces romper su contrato.
P. Sí, Ernesto Sáenz de] Buruaga (director de informativos y consejero delegado de Antena 3) dijo: "A Pradera que no se le pague", pero les demandé y gané el pleito. Tuvieron que pagarme todo, más las costas. Yo jamás pierdo un pleito.

P. ¿No le llegaron a ofrecer otro programa antes de intentar romper el contrato?
R. Sí, uno semanal que iba a llamarse 'Bendita la hora', pero Buruaga se metió por medio y ocupó la franja nocturna con un telediario delirante sobre el 11-S. Al final dijeron que ni programa ni nada y me cortaron la luz y el internet del despacho.

P. ¿En serio?
R. Sí.

P. O sea, que podía entrar en el edificio pero no en el despacho…
R. Más o menos.

P. Vaya.
R. Sí. Orden de Buruaga.

P. ¿Pero por qué le purgaron a usted de Antena 3?
R. Porque Buruaga pidió que me purgaran.

P. ¿Pero por cuestiones ideológicas?
R. Por supuesto, porque yo era un chico Prisa. ¿Sabías lo que decía Ana Botella sobre las diferencias entre Urdaci (TVE) y Buruaga? Que a Urdaci había que llamarle todas las mañanas para explicarle qué tenía que llevar en el Telediario y con Ernesto no hacía falta (risas).

P. ¿Pero se pasaba usted por ahí a enredar o dejó de ir?
R. Algún día iba. Al principio no sabía qué hacer con mis cosas: si me llevaba todo iba a parecer que quería dejar el trabajo. Era imposible ganarme el pleito. Mi contrato eran dos folios en los que quedaba todo muy claro, porque me conozco a esta gente...

P. ¿Es fácil trabajar con Máximo Pradera?
R. Trabajar conmigo es una de dos: o facilísimo o imposible. No hay término medio.

P. ¿Depende de a quién le preguntes?
R. No, no, depende de cómo me entres: si me tocas los cojones, me voy, pero si me tratas bien, yo no me dedico a poner chinitas.

P. ¿Se arrepintió de irse de 'Lo + Plus'?
R. No, pero algunas cosas las hubiera hecho de otro modo, como mi campaña contra Sardá. La monté porque era lo único que podía aportar: mi provocación. A ver si pinchándole un poco conseguíamos audiencia. Ahora no me expondría de ese modo. Pensé que decir que yo la tenía más larga podía beneficiar al programa. Igual que pensé que no se atreverían a romper un contrato de dos millones de euros.

P. Años después fue usted entrevistado en 'Lo +Plus'. Dicen que hubo gran tensión con sus compañeros, es una leyenda en los foros de internet. ¿Había tensión real o fue performance?
R. Vamos a ver… 'Lo + Plus' éramos Fernando y yo. El contraste. Yo solo no hubiera funcionado. Cuando me fui yo, el programa siguió [con Fernando Schwartz y Ana García-Siñeriz], pero ya no era 'Lo + Plus', sino otra cosa. Ellos sacaron pecho delante mío: "Fíjate, nos va bien sin ti". No, no, no os va bien, es una mierda lo que estáis haciendo (risas).

P. Era lógico que ellos defendieran lo suyo…
R. Sí, sí, pero les dije que estaban pegados al guion y no sabían improvisar. La tensión vino de ahí, de pedirles que no sacaran pechito porque no eran nada, igual que yo no era nada porque venía de pegármela.

P. Vamos, que hubo pique.
R. Sí, sí, claro que hubo pique, por su exceso de soberbia: no reconocían mi trabajo anterior. Yo tiré mucho del carro de 'Lo + Plus', sobre todo al principio.

P. Con Ana García-Siñeriz ya tuvo usted algunos piques —de guion— cuando usted presentaba el programa y ella entraba a hablar de cine.
R. Lo que le pasaba a Siñeriz es que venía de informativos y estaba un poco encorsetada. Era una pija de Pozuelo. Yo le hacía unas provocaciones sexuales un poco bestias para desencorsetarla, y como el programa era en directo, tenía que contestar.

P. Es que le sacaba de su zona de confort.
R. Al principio no le sentó bien, pero luego le dijeron en su casa que funcionaba, y se relajó. Ella y su marido, que se dedicaba al marketing, me reconocieron luego que le vino bien.

P. Ha pasado usted por todos los estratos de la tele: también fue tertuliano de '13 TV' durante un año.
R. Fue maravilloso. Cuando me invitaron no me lo podía creer. Pero acabé chocando con Hermann Tertsch y me largaron.

P. ¿Tertsch le vetó?
R. Les dijo a los obispos "él o yo" y al final acabamos los dos fuera.

P. ¿Sacaba usted de quicio a Hermann?
R. ¡Si ni siquiera coincidíamos! Pero no soportaba verme por la tele. Sacar de quicio a Tertsch me encanta.

P. ¿Pero se la tenía jurada de cuando coincidieron los dos en 'El País'?
R. No, yo creo que es simplemente por mis opiniones políticas. A Hermann le pasó un poco lo mismo que a Martín Prieto: no soportaron que no les nombraran directores de 'El País', puesto al que se creían con derecho, y decidieron revolverse y pasarse al reverso tenebroso.

P. En esas tertulias siempre hay un rojo al que todos atizan. ¿Era una especie de performance o había tensión?
R. Hay gente que no lo soporta, pero a mí me encanta la tensión. Pero incluso la tensión de no saber si el tertuliano de enfrente se va a levantar de pronto y te va a meter una hostia. Tensión de discusión de tráfico.

P. Tensar bien la cuerda.
R. Sí, ese tipo de tensión es la que me gusta. Ocurrían cosas inauditas. Una vez Antonio Jiménez dio la palabra a todo el mundo menos a mí, y dije en Twitter: "No me dan la palabra. Voy a intentar llevármelo crudo sin abrir la boca en todo el programa", y lo seguidores de13 TV comenzaron a bramar: “Este cabrón se lo quiere llevar calentito. ¡Que hable! ¡Que hable!” (risas).

Este PSOE peca de lo mismo que el de Rubalcaba: de exceso de moderación

P. Usted ha conocido el PSOE desde dentro por las conexiones del partido con Prisa. ¿Cómo ve al nuevo PSOE de Sánchez?
R. Yo fui consultor de Rubalcaba. Con Zapatero estuve a punto de entrar en Moncloa de escritor de discursos, pero me vetó alguien, aunque les di algún eslogan de campaña. Con Rubalcaba sí tuve contrato. Las primeras semanas, Rubalcaba decía por la mañana lo que yo les había enviado por la noche, me daba la sensación de tener mucho poder, pero en seguida empezaron a acojonarse y suavizar el discurso: tenían la teoría de que los partidos socialdemócratas en crisis no debían girar a la izquierda o tardarían quince años en volver a recuperar el centro. Les ofrecía ayuda para preparar el debate electoral televisivo, pero Rubalcaba dijo que se lo preparaba él solito… y se mató el solo.

Y ahora voy a tu pregunta: ese mismo miedo lo percibo ahora. El exceso de moderación. En política hay gente a la que tienes que cabrear sí o sí porque el abuso es total es todas las esferas. Si no cabreas a los ricos aunque sea un poquito… malo. Pero no quieren. Prefieren que su principal consultor [Iván Redondo] venga del PP y sea el que se inventó el eslogan más racista de la historia de España: el "limpiando Badalona" de Albiol. ¿Limpiando de qué? De gente. ¿De qué gente? De Rumanos. Ah, vale, que los rumanos son basura, no lo había pillado.

P. ¿Por qué escribe novelas con seudónimo siendo experto en música clásica?
R. Yo tengo ya cuatro libros de intriga musical, pero al principio me dijeron que no era creíble que un gamberro televisivo escribiera novela seria y me puse el nombre de un compositor checo [Joseph Gelinek].

P. Su último libro es una enmienda a 'Amadeus' que habla del tan manido relato.
R. Es una gran denuncia del poder del relato. Salieri no se volvió loco de remordimientos por creer que había matado a Mozart, sino porque nada más morir Mozart, como estaba hinchado y entonces las autopsias se hacían de aquella manera, se dijo que había sido envenenado. Años después, los austriacos empezaron a machacar a los italianos, el pueblo superior debía tutelar al pueblo sucio e inferior, y como Salieri era del norte de Italia, empezaron a acusarle de haber asesinado a la joya austriaca de la corona: Mozart. La propaganda austriaca era muy potente y el bulo corrió por toda Europa. ¡Salieri ha matado a Mozart! Yo he padecido campañas de prensa en contra y son muy desagradables. A Salieri le pilló ya medio senil y claro: le dio un colapso nervioso y acabó en un frenopático. ¡Con lo que había admirado él a Mozart! O sea, exactamente lo contrario de lo que contaba 'Amadeus'. Me apetecía darle la vuelta al relato de los ganadores.

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