gira de despedida

Burning, 45 años de veneno y rock: "Hemos visitado el infierno y arañado el cielo"

La banda madrileña, encabezada por Johnny Cifuentes, se despide de los escenarios después de casi medio siglo de actividad y de una trayectoria turbulenta

Foto: Los Burning
Los Burning

Superaban por poco la mayoría de edad y ya rasgaban la guitarra emulando a sus maestros: los Rolling Stones, David Bowie, Lou Reed o Eric Burdon. La Elipa era su musa y donde dios no existía, allí reinaban ellos. En sus letras perpetraban atracos con ‘bardeos’, ‘recortadas’ y un cheli de cosecha propia aludiendo a mujeres deseadas o gente del barrio. Toño Martín al micrófono, Pepe Risi a la guitarrra, Enrique Pérez al bajo, Ernesto Estepa a la batería y Juan Antonio ‘Johnny’ Cifuentes al piano formaron Burning en 1974. Ahora es este último quien lo mantiene en pie, después de 45 años de actividad y una vida turbulenta: desde la pérdida de dos miembros de la banda hasta el ostracismo en La Movida.

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Queda poco para lo que Cifuentes, con 64 años, llama “la prejubilación”. Hasta el próximo día 5 de octubre estarán de gira por varias ciudades despidiéndose de los escenarios después de más de 2.000 conciertos, según calcula el fundador y líder actual. Medio siglo de veneno del rock que, asegura, seguirá cabalgando por su organismo, pero ya en de manera privada. “Es algo que nunca te abandona. Jamás me planteé disolver el grupo porque solo contemplé seguir haciendo música”, comenta desde la barra del Cocodrilo, bar que montó hace 30 años Cifuentes en el barrio de Lucero, al sur de Madrid y donde seguramente acabe volcando esa pasión. “A lo mejor me desquito pinchando desde la cabina”, sonríe, confesando que aún se estremece con un buen riff o una pista que surja al azar.

Johnny Cifuentes recibe totalmente de negro. Pantalón, camisa y chaleco, sin chupa de cuero ni gafas de rock: aún pegan los estertores del verano. Encadena dos cigarrillos que lía con parsimonia y fuma en pequeñas caladas. Ofrece bebida y avisa de que pone una cerveza tan fría que no sabe si beberla o enmarcarla. Dice dejar este sendero vital “por probar nuevas sensaciones”. “Estoy muy contento con todo lo que hemos hecho. Ha salido como ha salido, siempre con la intención de hacerlo lo mejor posible. Ha sido muy divertido. Burning nos ha hecho felices un montón de veces, a pesar de las bajas”, reflexiona.

Los Burning en su composición original
Los Burning en su composición original

Esas bajas a las que alude son las de Toño en 1993 y la de Pepe Risi en 1997, ambas derivadas de la adicción a la heroína. “Hemos visitado el infierno y hemos arañado el cielo”, resume lacónico, pasando de soslayo por esos dolorosos trances y sin mencionar en ningún momento las drogas o los periodos más negros. “Bajones tenemos todos. Pero te agarras al rock and roll, que es lo que te lo ha dado todo”, sopesa, rematando: “No cambiaría ni una coma de nuestra historia. Vuelvo la vista atrás solo para rememorar los buenos momentos, pero siempre quiero mirar para adelante”.

Un grupo en los márgenes

Porque Burning ha sido un grupo en los márgenes. Nació en la periferia y allí continuó, a pesar de la explosión musical de los ochenta. Hijos de una generación en el limbo, con Franco agonizando y una incipiente escena musical que tendía a lo ‘heavy’ (con compañeros de viaje como Topo, Asfalto, Barón Rojo o Ñu), las letras del grupo eran un reflejo de la vida en la calle. Historias del ‘talego’ o los bajos fondos expresados con una cadencia y actitud vacilona. “Hacíamos un rock en el filo de la navaja. Ni era un pop blandengue ni era un rock aguerrido o contestatario. Soñábamos con mudarnos al centro de Madrid, con estar en el circuito del momento”, rememora Cifuentes.

Hacíamos un rock en el filo de la navaja. Ni era un pop blandengue ni era un rock aguerrido o contestatario

Y lo consiguieron: deambularon por el Penta, el Rockola o los adorados ‘drugstore’ de la calle Fuencarral en medio de un movimiento –La Movida- donde “no encajaban”, según afirma el cantante. La purpurina y el ‘moderneo’ no iba con ellos, incluso siendo considerados los impulsores del ‘glam rock’ en nuestro país. Eran de otra pasta. Quizás con menos pretensiones. Hijo de taxista, Johnny Cifuentes podría haber acabado de mecánico si no llegan a golpear en su puerta cuatro chicos del norte de la ciudad. “Éramos de barrio. Ellos venían de La Elipa, que tiene una deuda pendiente con Pepe y Toño, y yo de Carabanchel, aunque no lo digo porque el rey es Rosendo”.

El primer brinco a la fama les llegó en 1978 con el rodaje de ‘¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?’, de Fernando Colomo. El título de la película se convirtió en el de la canción por la que todavía se les recuerda. Fue todo casualidad: el crítico musical Jesús Ordovás conocía al director y le recomendó hacer una prueba a Burning. Colomo accedió y les citó tres días después. Se pasaron horas encerrados, tallando los acordes para introducir esa frase interminable en un estribillo. Al final, gustaron. Rodaron varios días en un teatro de la capital y forjaron una relación con el cine que se extendió poniendo la banda sonora de ‘Navajeros’ (Eloy de la Iglesia, 1980) y ha terminado con el documental ‘Burning. Noches de rock and roll’ dirigido por, precisamente, Fernando Colomo.

“Todo el rollo quinqui se adueñó del rock y derivó en la rumba pop. Nosotros hablábamos de las tías, era lo que nos gustaba”, relata Cifuentes. “Siempre nos dedicamos a esto por pasárnoslo bien. Nunca hablábamos de política porque para eso ya estaban los cantautores. Solo hablábamos de nuestro colega que le habían pillado con algo y metido en el trullo, del que te daba el palo, del más chulo del barrio”, razona, agradeciendo que les tocara una época con el dictador “a punto de palmar” y cuando “todo el mundo tenía muchas cosas que contar”.

Desarrollaron una carrera subterránea, lejos de los grandes carteles pero influyendo a los nuevos. “Había mucha competencia para que te contrataran. La relación con otros grupos siempre fue de agradecimiento, de haberles abierto la puerta, aunque Burning ha sido bastante autónomo. Y luego los alumnos han aventajado al maestro”, comenta Cifuentes. En 1991 hicieron un directo que contó con Joaquín Sabina, Miguel Ríos, Los Secretos o Loquillo, con quien la relación de admiración no ha dejado de ser mutua. Fue probablemente el punto más alto de ese periodo con la banda original.

Tiempos convulsos

Luego vinieron rachas convulsas. El 9 de mayo de 1993 y el de 1997, el mismo día, con cuatro años de diferencia, murieron Toño y Pepe Risi. Un batacazo que noqueó al grupo. “Pepe se fue con 42 años, pero lleno de sabiduría, de momentos, de guitarrazos. Y sabíamos dónde nos estábamos metiendo: el rock es así. Todos esos momentos son los que te empujan a tirar para adelante”, resopla. “Tardamos un año en pasar el golpe, pero acordarme de ellos me motivó para seguir. Yo no quería que acabase, porque necesito el grupo para vivir. Y hemos ido componiendo los trozos poco a poco, aunque el corte fuera profundo”, analiza Cifuentes, que se hizo con el nombre de Burning en lo que alguna vez ha calificado de “judiada”. “Hice lo que tenía que hacer, con todo el dolor del mundo. El tiempo cura las heridas. Cuando tienes un concierto y la carretera en mente todo se queda atrás”, apostilla: “Para salvar las desgracia lo mejor es grabar un disco y rodar”.

Toño y Pepe Risi, de los Burning.
Toño y Pepe Risi, de los Burning.

Cambiaron los componentes. En 2002, Johnny Cifuentes prefijó en ‘Altura’ parte de la formación actual, con Eduardo Pinilla a la guitarra, Carlos Guardado al bajo y Kacho Casal en la batería. Sumaron 10 canciones de estudio sin el toque de Risi y mantuvieron el repertorio anterior para tocar en salas. El actual líder nunca desistió. En 2005 celebró 30 años con un acústico, ‘Dulces dieciséis’. Hasta se rodeó de músicos jóvenes como Rubén Pozo o Leiva, de Pereza. Con este último llegó a firmar un disco que no salió por problemas de derechos. “Lo grabamos, pero tuvimos nuestras cosas. Cada uno tiraba de la sábana hacia un lado y no había sábana para los dos”, zanja el tema Cifuentes.

Burning - 'Pura Sangre'
Burning - 'Pura Sangre'

En 2013 publicaron nuevas estrofas en ‘Pura sangre’, que supuso el último empujón de Johnny Cifuentes por el proyecto. El álbum devolvía el espíritu ‘stoniano’ de la banda, con letras macarras y ritmos melancólicos y permitió conmemorar los 40 años de trayectoria en la gira ‘Vivo y Salvaje’, donde participaron compañeros de profesión como Josele Santiago, Carlos Tarque, Bunbury o Luz Casal y se rodó el documental mencionado. Parecía cerrarse un ciclo y consumarse ese vuelo del Fénix que siempre les atribuyeron ante cualquier adversidad.

“La leyenda negra que se relaciona con Burning nos viene hasta bien”, reflexiona Cifuentes. En varios artículos se les cita como una banda desdichada. Decían de ellos que era un grupo “entrañable, pero residual” de “repertorio indestructible y tenacidad única”. A estas alturas, a Johnny Cifuentes le da igual la leyenda. ¿Cómo se les valorará dentro en el futuro? “Me da igual”, responde Cifuentes, “creo que todo va ligado a las canciones: eso es lo que realmente quedará. Serán ellas las que respondan por ese rock que salió del barrio y amó profundamente Madrid, su ciudad”.

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