67 EDICIÓN DEL FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN

Dos retratos de la Guerra Civil parten San Sebastián: la trinchera contra la academia

Los últimos filmes de Amenábar y del colectivo de Aitor Arregi, Jon Garaño y José María Goenaga coinciden en el punto de partida, pero no en la concepción de la forma de hacer cine

Foto: Antonio de la Torre da vida a Higino, inspirado en la vida del carpintero y novelista andaluz Juan Rodríguez. (eOne)
Antonio de la Torre da vida a Higino, inspirado en la vida del carpintero y novelista andaluz Juan Rodríguez. (eOne)

El primer fin de semana del Festival de Cine de San Sebastián se ha trasladado a 1936. Dos de las películas españolas de Sección Oficial, dos de los títulos que aspiran a hacerse con la medalla de película española del año, se han solapado casi con estrenos contiguos, y si las comparaciones son inevitables, más si ambas se remontan al comienzo de la Guerra Civil, para deleite de quienes no se cansan de repetir que en el cine español el único género es el del guerracivilismo. La primera, 'Mientras dure la guerra', es la esperada vuelta de Alejandro Amenábar cuatro años después de regresión y tras más de una década rodando fuera de España. La segunda, 'La trinchera infinita', el tercer largometraje del colectivo formado por Aitor Arregi, Jon Garaño y José María Goenaga.

Dos películas que arrancan en el mismo punto de la historia de España, que están dirigidas por cineastas pertenecientes a la misma generación -Amenábar ha cumplido 47 años y Arregi, Garaño y Goenaga se mueven entre los 42 y los 44 años- , pero que son producto de una concepción del cine muy diferente. 'Mientras dure la guerra', con 6,4 millones de euros de presupuesto, es un fresco con una intención de didacticismo objetivo que recupera un momento histórico, el enfrentamiento entre Miguel de Unamuno y Millán Astray en el Paraninfo de Salamanca, como un ejercicio de concordia social y de memoria, que intenta mantenerse en el plano de la narración y la reconstrucción.

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Por el contrario, y aunque también está basada en un hecho real como fue el caso de Juan Rodríguez Aragón -un gaditano que se escondió en un zulo a comienzos de la Guerra Civil y que sólo salió de su escondite 30 años después, habiendo vivido la vida a través de apenas un resquicio-, 'La trinchera infinita' es un ejercicio de una belleza plástica y un despliegue de emoción nada convencional, que reconfirma a Arregi, Garaño y Goenaga como voces fundamentales del cine actual en nuestro país. Su cine, expresivo y táctil, no pretende en ningún momento ser un reflejo ortodoxo del hecho, sino que utilizan la ficción como un destilado de la verdad. Si 'Mientras dure la guerra' es un 'tableau vivant' académico, 'La trinchera infinita' es una pintura barroca en el mejor sentido del adjetivo. La trinchera contra la academia.

Un momento de 'Mientras dure la guerra'. (Movistar  )
Un momento de 'Mientras dure la guerra'. (Movistar )

Para reconstruir uno de los momentos más trágicos de la historia reciente de España y construir una analogía con la actualidad, Amenábar se apoya en personajes que fueron indispensables para el devenir de los acontecimientos: por su película pasan Franco, Carmen Polo, Millán-Astray y el propio Unamuno. La historia vista en plano general, con una narración ortodoxa y una cronología severa.

Por 'Mientras dure la guerra' pasan Franco, Carmen Polo, Millán-Astray y el propio Unamuno

Sin embargo, 'La trinchera infinita' se centra en el detalle, en lo aparentemente significante, pero que resulta representativo de un contexto mayor. Los cineastas vascos se centran en Rosa e Higinio, una pareja como cualquier otra si no fuese por la muestra de heroísmo y abnegación de ambos, que en el cine se convierten en los protagonistas de una historia de amor en tiempos de guerra. Higinio, vecino de un pueblo andaluz, Republicano y esposo es la representación de todas aquellas vidas puestas en hiato por un conflicto que, aunque la guerra en sí durase tres años, se extendió durante cuatro décadas y marcó profundamente el espíritu de un país.

Antonio de la Torre y Belén Cuesta en 'La trinchera infinita'. (eOne)
Antonio de la Torre y Belén Cuesta en 'La trinchera infinita'. (eOne)

'Miesntras dure la guerra' es el intento de reconstruir el pasado pieza a pieza, pero desde un punto de vista externo y distante. 'La trinchera infinita' es el opuesto absoluto, contado desde los ojos de una pareja encerrada en una casa y que vive la contienda de una forma íntima y parcial. Mientras las frase de Miguel de Unamuno, aquella de "venceréis pero no convenceréis", ha quedado grabada para los anales, el sacrificio de Juan Rodríguez Aragón, Higinio en la película, es la demostración de cómo los grandes acontecimientos geopolíticos toman como rehenes -y mártires- a miles de vidas anónimas a las que la historia no ha compensado ni aplaudido. Mientras Unamuno es la representación de la academia, de la oratoria más elevada, Higinio y Rosa hablan la lengua del pueblo.

Donde sí coinciden 'La trinchera infinita' -que se postula como una de las favoritas a la Concha de Oro- y 'Mientras dure la guerra' es en la reflexión sobre la imprevisibilidad y la confusión reinante cuando se produce un seísmo como es una guerra a nivel nacional, entre vecinos, entre hermanos. El film de Amenábar se reitera en la legitimidad de la duda -Unamuno empezó apoyando el levantamiento- y en la dificultad de tener una perspectiva clara sobre los acontecimientos cuando no hay distancia temporal ni emocional. Los cineastas vascos profundizan en la incertidumbre, en la incapacidad de acotar el espacio y el tiempo de influencia de un conflicto externo en la vida de cualquier individuo. Y ambas trazan una analogía con la actualidad, cuando el fascismo parece resurgir de sus cenizas a nivel global y los ciudadanos nos enfrentamos al dilema entre la acción y la inacción, y al juicio al que nos someterá la historia.

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