premio formentor de literatura 2019

Ernaux: "Los intelectuales que critican a los chalecos amarillos son más racistas que ellos"

La escritora francesa más impúdica y descarnada recibe el gran galardón de las letras europeas en Mallorca

Foto: Annie Ernaux en el hotel Formentor donde ha recogido el gran premio de las letras europeas. (EFE)
Annie Ernaux en el hotel Formentor donde ha recogido el gran premio de las letras europeas. (EFE)

Y en la última pregunta de la entrevista, Annie Ernaux (1940) se enciende. Ríe, gesticula, niega... Niega tajantemente: "No, no, no, no". Produce un efecto extraño observar a esta anciana menuda y nerviosa en pleno rapto de ira. "No, no, no, no. El movimiento francés de los chalecos amarillos no es masculino, hay muchas mujeres. ¡De hecho lo empezó una mujer! No, no es reaccionario, no es conservador, no es nihilista. Como no está promovido por los intelectuales parisinos, como no tiene etiqueta política, como no lo promueven el sindicato o el partido comunista, pues esos mismos intelectuales quieren desprestigiarlo y tratarlo de antisemita y racista. ¡Pero esos intelectuales son más antisemitas, racistas y xenófobos que ellos! De manera larvada, claro. Tanto por mi origen humilde como por mi escritura, solo puedo estar del lado de los chalecos amarillos".

Vástago de tenderos de un pequeño pueblo normando, hija única desastrada que pudo nacer y existir en una familia de limitados recursos gracias al espacio libre que dejó una hermana mayor fallecida prematuramente y a la que no conoció, desclasada y aburguesada a golpe de buenas notas y estudios universitarios de Literatura, profesora a distancia de letras modernas, escritora impúdica y descarnada de una obra única que transmuta alquímicamente su propia vida, su pasión, su sexo, su amor, en literatura, Annie Ernaux ha recibido este viernes en Pollença (Mallorca) el premio Formentor de las Letras. Patrocinado por las familias Barceló y Duadas y dotado con 50.000 euros, el galardón se entrega por el conjunto de toda una obra durante las célebres Conversaciones Literarias que tienen lugar en el Hotel Barceló Formentor entre el 20 y el 22 de septiembre y que este año versan sobre 'Monstruos, bestias y alienígenas: las foscas quimeras de una ilusión'.

'La mujer helada'. (Cabaret Voltaire)
'La mujer helada'. (Cabaret Voltaire)

La obra de Ernaux, apenas conocida en nuestro país hasta hoy por iniciados, vivió una trayectoria editorial dispersa y desafortunada hasta que hace unos ellos el pequeño y selecto sello Cabaret Voltaire inició la publicación de la mayor parte de sus títulos en las extraordinarias traducciones de Lydia Vázquez Jiménez. Allí han aparecido 'Memoria de chica' donde relata su primera y catastrófica noche con un hombre, 'Los años', que funde su biografía y la historia reciente de Francia, o 'La mujer helada', acerca de los sinsabores de la vida de una mujer casada, con hijos y despojada de su curiosidad natural. Y en noviembre la editorial Tusquets republicará con nuevo formato los dos títulos cuyos derechos aún conserva: 'Pura pasión' y 'El acontecimiento'. Y sin embargo, con una literatura tan extensa y aclamada al fin en su país, al recibir el premio Formentor, Ernaux ha confesado su irremediable sentimiento de incredulidad e ilegitimidad por recibirlo. "Porque esa vergüenza es la fuerza de mi escritura y el pasaporte entre dos mundos".

Ficción y realidad

¿Lo escuchan? Es el runrún de una reacción aún tímida pero creciente a esa burbuja gigantesca que ha venido a llamarse literatura del yo o autoficcion y que dice así: casi todos los escritores ya solo hablan de sí mismos y de por qué, cómo, cuándo y dónde escriben porque son narcisistas, carecen de imaginación, no tienen nada que contar. Y de pronto, conceden a Annie Ernaux el Formentor y en España nos ponemos a leerla y descubrimos que ella los precedió a todos. Pero sin narcisismo, con parca aunque segura imaginación, con tanto que contar. "La contraposición entre ficción y realidad es un falso problema", alega la escritora, "lo importante es escribir la verdad. Y la forma que esta verdad adopte, ya sea la ficción, la no ficción, la autobiografía, no es crucial, lo crucial es la verdad. El que escribe establece una relación con el mundo, se implica en el mundo a través de su escritura".

Annie Ernaux. (Cati Cladera / Efe)
Annie Ernaux. (Cati Cladera / Efe)

Admiradora de la premio Nobel Svetlana Alexievich de la que asegura que ha hallado "una nueva forma de contar la verdad", Ernaux, también innovadora y original, recuerda cómo su literatura fue durante muchos años incomprendida en su país, que tuvo que soportar el rechazo y la condescendencia por ser una mujer que narraba sin filtros ni trampantojos de sus felicidades y miedos, de su inseguridad, su síndrome del impostor, de su deseo. Y que cuando al fin alcanzó el éxito con 'Pura pasión', en donde da cuenta de la aprensión de una mujer que espera a su amante casado, pendiente del teléfono y conservando en su seno el esperma de una noche pasada, las feministas se lanzaron por ella y los hombres por su parte la tacharon de "cachonda".

Macron presume de cultura, la pone en el escaparate, pero Mitterrand y Chirac eran más cultos que el y no presumían

Pero Ernaux es feminista y se le atraganta el marchamo de 'literatura femenina' con el que tantas veces se denigró su propia obra: "Por desgracia, en el inconsciente está muy marcado que la literatura es un asunto de hombres". Y no puede ver ni en pintura a aquellas actrices francesas como Catherine Deneuve o Catherine Millet que a principios del 2018 se revolvieron contra el supuesto puritanismo del #Metoo. "Conozco bien a esas mujeres, son unas privilegiadas que han podido escoger y disponer de su vida sexual como han querido. Pero luego está la chica a la que le tocan el culo en el Metro o a la que el patrón obliga a acostarse con él para mantener su puesto de trabajo. Me parece gravísimo que unas mujeres no comprendieran ni fueran solidarias con las otras mujeres".

A la espera de una revolución que le coja escribiendo, Ernaux entiende la violencia de los chalecos amarillos como contrapeso ético necesario de la arrogancia del actual presidente de Francia Enmanuel Macron cuya supuesta cultura le parece impostada: "presume de su cultura, la pone en el escaparate, pero Mitterrand y Chirac eran mas cultos que el y no presumían. Y en el nivel de política cultural solo hay golpes de efecto".

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